Pedro Lemebel, ofrenda y puro fuego del artista que no tuvo miedo

Fue poeta, narrador, cronista, performer, militante. Desafió desde el arte y la palabra a la dictadura de Pinochet y también a la homofobia de su tiempo. El documental “Lemebel”, de Joanna Reposi, y la reciente reedición de sus libros son un motivo para el feliz reencuentro con la vida y y la obra del gran artista chileno

Pedro Lemebel (1952-2015) fue un poeta, un narrador, un cronista, un performer, un actor, un militante chileno. Desplegó su talento a lo largo de los años y puso el cuerpo hasta el final de su vida en cada uno de esos oficios, en cada una de esas profesiones y actividades en los que se lo vio combatir y hacer arte. Lemebel tenía el don de la sensibilidad y la estética y el compromiso atravesaban sus proyectos en sus diversas acciones artísticas como también en su activismo en defensa de los derechos de la comunidad homosexual y en su militancia política cercana al Partido Comunista chileno, que, tristemente y en sintonía con la falta de sensibilidad de la época, lo rechazó durante mucho tiempo por su homosexualidad.

Lemebel miraba su país desde las múltiples exclusiones que había padecido por su origen proletario y su lugar de homosexual y lo hacía desde sus actuaciones efímeras como performer así como desde la retórica de sus poemas o la letra poderosa de sus textos: lo suyo era una ofrenda y el puro fuego del artista, de un artista extraordinario e irrepetible que acompañó los reclamos de las minorías y embelleció el mundo mientras lo habitó. Un artista que desafió la dictadura de Pinochet a fuerza de talento y potencia.

Lo suyo era una ofrenda y el puro fuego del artista, de un artista extraordinario e irrepetible que acompañó los reclamos de las minorías y embelleció el mundo mientras lo habitó

Por estos días, quienes lo conocen y también aquellos que nunca supieron de él pueden acercarse a su obra en las ediciones y reediciones de sus libros: su novela Tengo miedo torero (Seix Barral) es acaso su texto más conocido, pero también hay grandes escritos de diversos géneros que pueden leerse en diversos volúmenes, al igual que la gran recopilación de sus ponencias y crónicas que hizo la editorial de la Universidad Diego Portales de Chile, con prólogo del crítico español Ignacio Echevarría y que lleva como título Poco hombre.

Pero hay también otro modo amoroso y sensible de conocer a Lemebel y es a través de un premiado documental que puede verse en Amazon Prime. La película se llama Lemebel y fue dirigida por la chilena Joanna Reposi Garibaldi, quien fue amiga del artista durante varios años y hasta su muerte.

Trailer de "Lemebel", de Johanna Reposi Garibaldi


El documental tiene registros propios -fue filmado de manera intermitente a lo largo de 8 años- y tiene también imágenes de video y fotografías del archivo del propio Lemebel y de diferentes amigos y fotógrafos que capturaron a su tiempo la figura del artista que no tuvo miedo de mostrar y de decir. Hay un Lemebel íntimo que canta un tema de Jeanette (tiene el corazón de poeta/ de vagabundo, de mendigo), que se conmueve con las fotos en diapositivas que lo muestran de niño con su madre; hay un Lemebel público, en una de sus pocas apariciones televisivas, sus performances, sus lecturas en teatro. Hay un Lemebel enfermo y coqueto en la enfermedad, que cuenta de manera magistral y emocionante, con su voz robótica del último tiempo, cómo fue el momento en que en los 90 consiguió robarle un beso a Joan Manuel Serrat luego de una presentación del cantante ante estudiantes en el Arcis -es posible ver ese video en Youtube-, una universidad vinculada al PC chileno.

Lo que sigue es la conversación que Infobae Cultura mantuvo con la directora Joanna Reposi, por medio de contactos en redes sociales, mail y audios de whatsapp, pero antes, voy a permitirme una arbitrariedad. Me daré el gusto de incluir aquí el célebre manifiesto de Lemebel, uno de los escritos más potentes y hermosos contra la institucionalización de la izquierda y sus formas, muchas veces esquivas a lo largo de los años, de entender la libertad.

Este texto fue escrito y leído por su autor como intervención en un acto de la izquierda en Santiago de Chile, en 1986.

Hablo por mi diferencia (Manifiesto)

No soy Pasolini pidiendo explicaciones

No soy Ginsberg expulsado de Cuba

No soy un marica disfrazado de poeta

No necesito disfraz

Aquí está mi cara

Hablo por mi diferencia

Defiendo lo que soy

Y no soy tan raro

Me apesta la injusticia

Y sospecho de esta cueca democrática

Pero no me hable del proletariado

Porque ser pobre y maricón es peor

Hay que ser ácido para soportarlo

Es darle un rodeo a los machitos de la esquina

Es un padre que te odia

Porque al hijo se le dobla la patita

Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro

Envejecidas de limpieza

Acunándote de enfermo

Por malas costumbres

Por mala suerte

Como la dictadura

Peor que la dictadura

Porque la dictadura pasa

Y viene la democracia

Y detrasito el socialismo

¿Y entonces?

¿Qué harán con nosotros compañero?

¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos

con destino a un sidario cubano?

Nos meterán en algún tren de ninguna parte

Como en el barco del general Ibáñez

Donde aprendimos a nadar

Pero ninguno llegó a la costa

Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas

Por eso las casas de caramba

Le brindaron una lágrima negra

A los colizas comidos por las jaibas

Ese año que la Comisión de Derechos Humanos

no recuerda

Por eso compañero le pregunto

¿Existe aún el tren siberiano

de la propaganda reaccionaria?

Ese tren que pasa por sus pupilas

Cuando mi voz se pone demasiado dulce

¿Y usted?

¿Qué hará con ese recuerdo de niños

Pajeándonos y otras cosas

En las vacaciones de Cartagena?

¿El futuro será en blanco y negro?

¿El tiempo en noche y día laboral

sin ambigüedades?

¿No habrá un maricón en alguna esquina

desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?

¿Van a dejarnos bordar de pájaros

las banderas de la patria libre?

El fusil se lo dejo a usted

Que tiene la sangre fría

Y no es miedo

El miedo se me fue pasando

De atajar cuchillos

En los sótanos sexuales donde anduve

Y no se sienta agredido

Si le hablo de estas cosas

Y le miro el bulto

No soy hipócrita

¿Acaso las tetas de una mujer

no lo hacen bajar la vista?

¿No cree usted

que solos en la sierra

algo se nos iba a ocurrir?

Aunque después me odie

Por corromper su moral revolucionaria

¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?

Y no hablo de meterlo y sacarlo

Y sacarlo y meterlo solamente

Hablo de ternura compañero

Usted no sabe

Cómo cuesta encontrar el amor

En estas condiciones

Usted no sabe

Qué es cargar con esta lepra

La gente guarda las distancias

La gente comprende y dice:

Es marica pero escribe bien

Es marica pero es buen amigo

Súper-buena-onda

Yo no soy buena onda

Yo acepto al mundo

Sin pedirle esa buena onda

Pero igual se ríen

Tengo cicatrices de risas en la espalda

Usted cree que pienso con el poto

Y que al primer parrillazo de la CNI

Lo iba a soltar todo

No sabe que la hombría

Nunca la aprendí en los cuarteles

Mi hombría me la enseñó la noche

Detrás de un poste

Esa hombría de la que usted se jacta

Se la metieron en el regimiento

Un milico asesino

De esos que aún están en el poder

Mi hombría no la recibí del partido

Porque me rechazaron con risitas

Muchas veces

Mi hombría la aprendí participando

En la dura de esos años

Y se rieron de mi voz amariconada

Gritando: Y va a caer, y va a caer

Y aunque usted grita como hombre

No ha conseguido que se vaya

Mi hombría fue la mordaza

No fue ir al estadio

Y agarrarme a combos por el Colo Colo

El fútbol es otra homosexualidad tapada

Como el box, la política y el vino

Mi hombría fue morderme las burlas

Comer rabia para no matar a todo el mundo

Mi hombría es aceptarme diferente

Ser cobarde es mucho más duro

Yo no pongo la otra mejilla

Pongo el culo compañero

Y ésa es mi venganza

Mi hombría espera paciente

Que los machos se hagan viejos

Porque a esta altura del partido

La izquierda tranza su culo lacio

En el parlamento

Mi hombría fue difícil

Por eso a este tren no me subo

Sin saber dónde va

Yo no voy a cambiar por el marxismo

Que me rechazó tantas veces

No necesito cambiar

Soy más subversivo que usted

No voy a cambiar solamente

Porque los pobres y los ricos

A otro perro con ese hueso

Tampoco porque el capitalismo es injusto

En Nueva York los maricas se besan en la calle

Pero esa parte se la dejo a usted

Que tanto le interesa

Que la revolución no se pudra del todo

A usted le doy este mensaje

Y no es por mí

Yo estoy viejo

Y su utopía es para las generaciones futuras

Hay tantos niños que van a nacer

Con una alíta rota

Y yo quiero que vuelen compañero

Que su revolución

Les dé un pedazo de cielo rojo

Para que puedan volar.

Un proyecto de a dos

Luego de la poesía, ahora sí, la entrevista con Reposi Garibaldi, directora del documental Lemebel.

— ¿Cómo conociste a Pedro, cómo se hicieron amigos? ¿Eras lectora de sus libros o conocías su actividad como performer?

— Fue por ahí, en el año 2000. Yo trabajaba en un programa de televisión cultural acá en Chile que se llamaba El show de los libros, el conductor era el escritor Antonio Skármeta. Era un programa que unía la literatura y el cine, y hacíamos entrevistas a escritores y luego hacíamos como pequeños cortometrajes o videoarte de la literatura, de los textos de los escritores, de los entrevistados. Entonces estábamos haciendo un capítulo sobre homosexualidad y literatura y ya para entonces Pedro Lemebel era un referente. Había publicado sus crónicas, Crónicas de sidario, De perlas y cicatrices. Y lo fuimos a buscar, quisimos entrevistarlo. Yo la verdad que hasta el momento no era una gran lectora de sus libros. Pedro era bastante reacio a aparecer en televisión, entonces la verdad que costó mucho encontrarlo, no contestaba los llamados, y en un momento le dije a la productora: “Vayamos a buscarlo a la radio”, él tenía un programa en la Radio Tierra en ese momento, una radio feminista, súper de vanguardia en Chile, y lo fuimos a esperar, para explicarle lo que queríamos hacer. El show de los libros era un programa bastante alternativo, salíamos a las once y media de la noche. Después de su programa radial, aparece con todo su turbante en la cabeza, y nos dice: “Ustedes qué hacen aquí”, y yo le dije: “Pero bueno, Pedro, te queremos entrevistar”. Le expliqué lo que queríamos hacer. Y él enganchó y partimos a la productora. Le hice una entrevista por una hora, y enganchamos un poco la conversación. Luego de eso le pedí que llevara distintos atuendos porque yo en esa época ya trabajaba con la fotografía y le hice muchos retratos, que luego los hice en diapositivas. La verdad, yo quería proyectarlos en la ciudad, hacer como una instalación gráfica con esas diapositivas. Y entonces él leyó su manifiesto, que era su obra emblemática, que a mí me encanta, Hablo por mi diferencia, y usé estas imágenes proyectadas en el centro de Santiago, unas con mucho grano, con mucha textura en la imagen, y eso salió al aire. Cuando sale al aire el programa, Pedro me llama enseguida y me dice: “Jovi, me encantó”. Cómo me decía, él me decía Jovi (N. de la R: con la J pronunciada como Y). Y ahí se inicia una amistad, un respeto mutuo por nuestro trabajo. Desde entonces yo iba a su casa, él me iba a ver, pasábamos tardes charlando, conversando de la vida, del cine, de los amores, de los desamores. Nos juntábamos antes sin prender la cámara, hablábamos de la vida. Tomábamos tecito, íbamos a comprar pancito a la esquina. Luego me voy a estudiar cine a Londres, vuelvo. Siempre fascinada con el personaje, por su forma de ser, no solo por su literatura y por lo que representa sino por el ser político, ¿no? Entonces desde ahí quedé con la idea hacer una película. Y le propuse hacer esta película, por ahí, en 2007.

— ¿Cuál era la idea original? O, mejor, ¿qué película imaginaba él que estabas haciendo?

— Es lo que te contaba, yo quedé fascinada con él, con su literatura, con la propuesta, con el personaje. Con su audacia, su inteligencia, su forma aguda y punzante de escribir, sus crónicas. Como una radiografía de Chile, ¿no? Por lo tanto siempre quedé con la idea de hacer algo con él. En un momento no tenía muy en claro si era un libro de fotos. Pero bueno, cuando vuelvo de Londres le propongo: “Pedro, hagamos un documental, hagamos una película sobre tu obra performática”, estoy hablando del 2007, pensaba trabajar sobre aquello que era más desconocido hasta ese entonces, que era bastante más underground y que ocurrió a fines de los 80 en dictadura, principios de los 90. Su obra performática junto a Francisco Casas, otro gran artista, con quien fundaron Las yeguas del apocalipsis, en dictadura. Eran acciones fugaces. Se hablaba mucho de ellas pero no se conocían mucho, no había mucho registro. Porque él no solamente era un escritor, era un performer. Todas las presentaciones de sus libros eran acciones de arte, él se travestía. Bueno, yo creo que literatura y performance estaban súper relacionadas en él y a mí me interesaba indagar un poco en esa faceta más desconocida, en esa mirada desde su obra plástica. Entonces un día me dijo: “Jovi sí, hagámoslo”. Entonces, yo con mi forma de documentalista empecé a filmar esos encuentros en los que soñábamos hacer esta película. Cuando me mostraba su material, sacaba sus cajas Wenco, estas de plástico, me empezaba a desclasificar su archivo, ¿no? Fotografías, dibujos, cómo él pensaba las performances, cómo las construía. Y por mi forma de hacer documental yo siempre ando filmando el cotidiano y para mí ése era un programa, instancias cotidianas de encuentro con él. Yo no sabía si esas grabaciones me iban a servir o no pero creía que era importante al menos tener un registro. Y así fue como empezamos a filmar de manera intermitente esos encuentros durante 8 años, terminé de filmar en 2015, o sea hasta que él murió.

¿Qué película soñaba Pedro? Mira, la verdad que no lo sé. No me atrevo a decir lo que soñaba, pero sí puedo decir que estaba contento. Él quería hacer una película, esto fue mucho antes de la película Tengo miedo torero. Siempre quiso perpetuarse en el cine y estaba muy entusiasmado con esto. Con construir algo, hacer un documental, no una biopic, y por eso creo que me abrió sus puertas también, porque sabía que yo no iba a hacer algo muy clásico si no que iba a tener una mirada mucho más artística, más cinematográfica, para poder contar esta historia y que no fuera algo tradicional, como una biografía donde se tocan todos los puntos. Entonces ahí se generó una simbiosis, un trabajo colectivo juntos. Y, la verdad, nos faltaron muchas cosas por filmar. El tiempo no estuvo de nuestro lado, por la enfermedad.

Volviendo un poco a la idea original, la idea era hacer un documental, un registro desde el videoarte del trabajo más performático que tenía que ver con la fotografía. A mí eso me interesaba porque me permitía explorar cinematográficamente con la proyección de la imagen en las paredes, con estas otras lecturas que entregan la visualidad más que un testimonio o una entrevista. Eso era lo que a mí me interesaba explorar y trabajar. Esa idea siempre estuvo presente. Lo que no estuvo originalmente era que Pedro se enfermara y luego muriera, entonces luego, cuando Pedro muere - pasaron cuatro años-, yo me postulo al fondo concursal, para ganar el fondo, etcétera, empiezo a revisar el material y claro, el tema de la muerte era algo que estaba presente en la imagen, en el archivo, en lo que yo había filmado. Entonces en el montaje aparece un Pedro más enfermo, y el archivo que yo tenía como registro me llevó a construir desde ahí la historia de la película. En los primeros guiones nunca estuvo la muerte presente. Estuvo una vez que Pedro muere y me enfrento al material desde ahí. Me parecía algo poderoso, algo importante, y no podía estar ajeno a la película.

Imagen de una performance de Lemebel, que puede verse en el documental de Reposi.
Imagen de una performance de Lemebel, que puede verse en el documental de Reposi.

— ¿Qué parte de la película es la que más te emociona todavía hoy?

— Desde que la filmé, me emociona en el momento en que hicimos un encuentro en el living de su casa en el que él me estaba mostrando diapositivas y me contaba un poco el contexto de cada una y se encuentra con su mamá. Antes, te diría yo, cuando canta “Corazón de poeta” y dice: “Más que comunista yo era pop”. “Yo no tenía una televisión…” Cuenta la esencia de lo que él era y sentía. A mí ese momento me emocionó profundamente. Mientras yo grababa eso decía: esto tiene que ser el clímax de la película. Y, la verdad, eso está en el clímax de la película. Está tal cual. Y después entramos a todo el tema de su mamá, “mamá, mi mam, mi mamita”, y era un tema súper sobrecogedor donde te abre su corazón. Para Pedro, uno de los grandes amores, no lo digo yo, lo dijo él en infinitas entrevistas, era el gran amor que le tenía a su madre. Fue su gran amor, su referente. El lo explica en la película, es muy bonito. Y cuando su madre muere, Pedro cayó en una depresión profunda. Me acuerdo que se rapó. Que cayó en una oscuridad muy dura. Eso aparece, lo dice en la película. Y también dice de qué sirve el éxito si no tiene con quién compartirlo. Es un momento muy duro, que conecta transversalmente. En distintos lugares del mundo, en distintas edades, las personas conectan con ese momento porque conectan con su propia madre. Entonces es muy momento muy bonito y muy emotivo de la película.

Joanna Reposi Garibaldi, directora del documental "Lemebel" (Instagram)
Joanna Reposi Garibaldi, directora del documental "Lemebel" (Instagram)

Y hay otro momento que también me emociona mucho que es cuando lo filmo en Súper 8 cuando está saliendo del hospital. Es muy bonita esa imagen, que él me mira a cámara y se sonríe como un gesto de complicidad y es la voz que yo luego pongo en el montaje cuando digo: “Me dijiste que te filmara y que nunca dejara de hacerlo”. Pedro estaba en los últimos días de su vida y me llama por teléfono porque yo tenía autorización de filmarlo en todo momento. Entonces iban a hacerle un homenaje en vida, un festival de teatro muy importante donde Pedro iba a aparecer leyendo su crónica pero dado su estado de salud él decide no ir. Bueno, en el hospital también le dijeron que no podía ir digamos, que era muy delicado. Pero el festival decidió hacer igual este homenaje. Entonces voy a verlo al hospital. Y cuando llego es la primera vez que conozco a su familia. Ellos, desconfiados de quién era yo, qué estaba haciendo ahí, les expliqué. Y Pedro me ve, aplaude y dice: “¿Venís a filmar” Le dije: “No, te vengo a ver”. “Es que voy a ir al GAM”, me dice, “voy a ir a este evento contra todo pronóstico”. Estaba todo el hospital vuelto patas para arriba. Él quería ir. Siempre hizo lo que quiso, digamos. Entonces ahí me dijo: “Fílmame ¿vale?” Y lo filmé saliendo. Y siento que ese momento aparece en el montaje de la película y está al inicio y al final, como un mantra. Como que también termino de comprender, de armar una película en el montaje, donde de alguna manera Pedro también era muy cómplice. Y también fue siempre cómplice y fue muy astuto durante toda su vida de tener un registro de sus acciones porque las acciones de arte y las performances existen en la medida que tú tengas una imagen. Si tú no tienes esa imagen, no existe. Por eso siempre se rodeó de grandes fotógrafos como Paz Errázuriz, Pedro Marinello; fueron los grandes fotógrafos que estuvieron fotografiándolo en distintos momentos de su vida para tener esas acciones de arte, esas performances que luego han estado en el MoMA de Nueva York, en distintos museos. Era muy consciente de la imagen. Y siento que también era consciente de esta película en esos términos. Yo siento que sabía que iba a perpetuar de alguna manera. Humildemente, de alguna manera más allá de la literatura, donde él se va a perpetuar por siempre. Pero la película, el cine, es otra forma de estar presente también.

— ¿Qué respondés cuando algunos amigos de Lemebel dicen que la imagen de Pedro en tu película es la de una persona melancólica pero que él tenía otras facetas?

— Bueno, es como te lo conté al principio. Yo partí haciendo esta película con un Pedro sano, vivo, enérgico. Pero luego, con el tiempo, Pedro se enferma. Me acuerdo de las primeras conversaciones en su casa, él tenía como una carraspera, algo en la garganta que no le permitía hablar muy bien y arrastraba hace mucho tiempo. Se pinchaba con abejas me acuerdo, le hacían un tratamiento con abejas. Y luego le detectan este cáncer en la garganta, luego traspasa al pulmón y hace metástasis. Bueno, lamentablemente se enferma de un cáncer muy agresivo y muere. Entonces, a quienes me dicen que esta película es melancólica les digo que sí, por supuesto que lo es. Uno se enfrenta en el montaje con un Pedro con la muerte, con un Pedro enfermo, entonces como artista tampoco puedo hacer oídos sordos a esa realidad, lo que el material me está entregando. Por lo tanto mi película parte desde ahí. No puedo no partir desde ahí. Es una película que tiene mucho humor también, hablamos de música, de muchos otros temas. En la película Pedro se ríe de sí mismo pero también es una película melancólica por supuesto. Es la película que yo viví, son los tiempos que estuve con Pedro y es mi película, ¿no? Ojalá salgan muchas otras más. Éste es el primer documental, vendrán otros por supuesto. No es una película que busca ser una biopic para HBO. Si fuera eso sería otra cosa, tocaríamos muchísimos otros temas o aspectos, su literatura, la temática. No sé, hay tantas formas de poder abordar a Pedro, era multifacético.

Lemebel en Nueva York, imagen del documental "Lemebel".
Lemebel en Nueva York, imagen del documental "Lemebel".

— ¿Y cuando cuestionan que en el documental falta el Pedro comunista u objetan la ausencia de la dirigente comunista Gladys Marín, gran amiga suya?

— Yo creo que quienes critican la ausencia del Partido Comunista o de Gladys Marín tienen un poco de ignorancia cinematográfica porque la Gladys está, está en una foto. El Partido Comunista está al final, en una bandera, en un momento súper importante de Pedro como artista plástico, cuando hace su última performance que es la Frida Kahlo, la Frida vieja, deteriorada, enferma. Es como no entender la película. La película es una película mucho más cinematográfica, artística, tiene un punto de vista, una mirada desde la visualidad. Y si no lo entienden desde ahí, claro, uno puede hacerle críticas por temáticas que no están presentes. Porque una película tiene un punto de vista de autor. Hablar desde la performance, de la interacción, de la visualidad. Bueno, está la foto de la hoz y el martillo, o sea, quien diga que no está el Partido Comunista es no entender el cine y esta película. Porque sí creo que esta película muestra el Pedro político en su esencia desde el principio al fin, desde ese momento en que se pone los tacos aguja en televisión como acto político, desde su travestismo como acto político, desde el Partido Comunista, es mucho más que el Partido Comunista.

Imagen de su funeral
Imagen de su funeral

—¿Cómo decidiste encarar el formato final de la película?

— El material que hay tiene que ver con un registro de archivo que pertenece a mi propio archivo. Luego, cuando Pedro muere en 2015, sentí que me faltaron muchas cosas por hacer, muchas performances con él. Producto de su enfermedad no pudimos hacer muchas cosas. Entonces en ese momento empiezo a contactarme con sus cercanos y a hacer como un catastro de todo el archivo que había en relación a Lemebel. Y la película también tiene una gran colaboración de todos estos fotógrafos, que compartieron sus fotografías conmigo para poder construir este gran collage cinematográfico. Hice más de cuarenta entrevistas, en audio solamente, porque sabía que esas imágenes no las quería ocupar en cámara, de eso estaba segura. Pero en un momento del montaje dije: probablemente me puedan servir para poner en contexto algunos temas. Y fue tal cual. Por eso aparecen ciertas pinceladas de voz de amigos cercanos que estuvieron en distintos momentos para poner mejor en contexto algunas situaciones. ¿Y por qué están en off y no en cámara? Porque a mí siempre me pareció que era importante que Pedro fuera el protagonista, que habláramos desde él, con él, y que su imagen fuera lo más importante.

— Si tuvieras que definir a Pedro Lemebel en pocas palabras para alguien que no lo conoció, ¿cómo lo harías?

— Primero diría que principalmente fue una persona digna. Yo creo en su consecuencia con su historia, con su lucha. Desde los derechos humanos, desde el travestismo. Yo diría que es un precursor del movimiento queer no solamente en Chile sino en Latinoamérica y en el mundo hispano. Les abrió el mundo a muchos chicos y chiques que no saben dónde encajar y él fue desde fines de los 80, yo diría desde Las yeguas del apocalipsis, y desde su literatura, luchó por los derechos de las minorías, no solamente la homosexual sino también los derechos de las mujeres. Fue muy cercano al mundo feminista. Sus grandes amigas fueron grandes feministas chilenas. Y fue un gran luchador de su espacio. E invitaría mucho a conocerlo, a descubrirlo, porque su literatura es fascinante.

Pedro Lemebel (EFE)
Pedro Lemebel (EFE)

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