Gustave Flaubert: apuntes para una lectura colectiva en Twitter del autor que llegó a “la cima de la novela moderna”

Este año se cumplen 200 del nacimiento del escritor francés, autor de la famosa “Madame Bovary”. Ayer comenzaron las lecturas en las redes sociales de sus obras. El ensayista Diego Cano, organizador de #Flaubert2021, dialogó con Infobae Cultura

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Gustave Flaubert y una lectura colectiva en las redes sociales
Gustave Flaubert y una lectura colectiva en las redes sociales

En una carta de 1861, Gustave Flaubert le escribe a Jules Sandeay, también escritor, también francés: “El éxito no es para mí”. No lo escribe en un arrebato de rebeldía, ni siquiera tiene el despecho de los perdedores; no. Apenas cuatro años atrás, en 1857, siente el vértigo de la masividad. Es un momento intenso que deviene en una de las novelas más importantes del siglo XIX: Madame Bovary, su gran obra, aquella que hizo que “la prosa perdiera el estigma de inferioridad estética”, como dijo Milan Kundera.

Hacía once años Flaubert había publicado Noviembre: fragmentos de un estilo cualquiera (1842), su cuarto libro, y no podía cerrar la idea del quinto. Once años de escribir, tachar, releer, tirar y volver a escribir, hasta que, “apartándose del mundo, trabajando muchas horas al día como un galeote de la pluma, sometiendo cada frase que escribía a una autocrítica implacable, Flaubert concibió Madame Bovary”, escribió Mario Vargas Llosa en el prólogo de una reciente edición. Luego, el desastre.

Se publicó en 1857 en formato de folletín —como era común en aquella época— en la Revue de Paris y tuvo una recepción dispar. Algunos la hagalaron, otras la criticaron, hubo quienes no le dieron ninguna relevancia, pero el Estado francés sí: le inició acciones legales por “atentar contra la moralidad”. Ese mismo año y en ese mismo tribunal fue juzgado y condenado Charles Baudelaire por Las flores del mal. Flaubert salió ileso, pero empezó a sentir cómo la moralidad de la época le respiraba en la nuca.

Flaubert según Giraud
Flaubert según Giraud

Desde ayer y hasta el 10 de febrero se estará leyendo en Twitter esta novela. Tuits en torno al hashtag #Flaubert2021, porque se cumplen 200 años del nacimiento de este autor francés. El organizador de esta lectura es el ensayista e investigador Diego Cano, que gestó #Kafka2018, #Lorca2018, #Aira2019, #Arlt2019 y #Dostoievski2020. “Flaubert es un clásico indiscutible de la literatura. El punto máximo de llegada de la novela en el sentido estricto en lo que consideramos la novela moderna”, dice en un diálogo telefónico con Infobae Cultura.

“Es algo que quiero discutir en esta relectura: el mismo Flaubert, hasta llegar a Bouvard y Pécuchet —publicada en 1881, diez meses después de su muerte—, cuestiona el sentido de la novela clásica. Desde ahí toda la reproducción de la forma en la literatura de Flaubert es punto y eje central para pensar qué escribir o qué leer hoy. Evidentemente uno puede repetir ese formato clásico y altamente sensible”, agrega Cano, director del Centro de Estudios e Investigaciones Históricas (CEIH) y autor de Franz Kafka: una literatura del absurdo y la risa.

La “pureza gramatical” de Madame Bovary, como calificó Marcel Proust a la forma en que está escrita, se ve en cualquier pasaje, ya sea un diálogo protocolar, los pensamientos dentro un personaje o la descripción de un escenario. Por ejemplo este: “La atmósfera del baile estaba pesada; las lámparas palidecían. La gente refluía a la sala de billar. Un criado se subió a una silla y rompió dos cristales; al ruido de los vidrios rotos, Madame Bovary volvió la cabeza y percibió en el jardín, junto a las vidrieras, unas caras de campesinos que estaban mirando”.

“Hay ahí una sensibilidad —comenta Cano—, una capacidad descriptiva hermosa y una gran transmisión de sentido que todos han destacado. En principio, los que me gustan a mí: Dostoyevski, Kafka y Arlt. Y también hay una preocupación por la forma que existe en otros clásicos contemporáneos como Balzac, pero Flaubert parecería darle una última vuelta más. Flaubert es el top, la cima de la novela moderna. Después de eso cae como estructura formal o en todo caso es una repetición”.

"Madame Bovary", la obra universal de Flaubert
"Madame Bovary", la obra universal de Flaubert

Emma, la protagonista, es la hija del señor Rouault. Charles Bovary se enamora de ella, le pide la mano a su padre y, desde entonces, Emma es Madame Bovary. Pero, ¿qué es lo que realmente quiere? “Antes de casarse, ella había creído estar enamorada, pero como la felicidad resultante de este amor no había llegado, debía de haberse equivocado, pensaba, y Emma trataba de saber lo que significaban justamente en la vida las palabras felicidad, pasión, embriaguez, que tan hermosas le habían parecido en los libros”, escribe Flaubert.

“Los temas que trata —dice Diego Cano— son muy actuales. Me viene inmediatamente a la cabeza cuando hace poco hicimos la lectura de Dostoyevski: más allá de que hay 200 años del nacimiento hay temas que siguen siendo modernos. En esta sociedad capitalista Flaubert sigue estando presente porque se interesaba en el debate sobre los valores o el lugar de la familia, los celos, la envidia, el engaño, el sentido de la vida y todas esas cuestiones profundas; por eso detestaba la prensa, por su cotidianeidad”.

¿Cómo se lee esta novela hoy? ¿Cómo piensa la moral de esta época las rebeldías y opresiones del siglo XIX? “Madame Bovary es una persona que decide por su vida. Julian Barnes, su biógrafo Herbert Lottman, incluso Vargas Llosa, todos lo destacan: es una exaltación de lo femenino tomando las riendas de su propia vida, más allá de que si está errado. Fue muy provocador para ese momento. También hay que pensar que Madame Bovary vendió mucho por el juicio, no tanto por la calidad literaria. Se convirtió en un clásico después”.

Flaubert era un intelectual porque estaba indagando sobre el espíritu de su época. En su correspondencia, publicada por China Editora en Razones y osadías, dice —como sostendrá Jacques Lacan cien años después— que “la mujer no existe” porque es el “producto de una civilización”. No puede lanzarse a la vida sin antes cuestionarla. “Lo que hay de grotesco en el amor me ha impedido siempre entregarme a él”, dice en una de las tantas cartas. Para Flaubert, el amor “debe permanecer en la trastienda”, no es un “plato fuerte” sino un “condimento”.

Gustave Flaubert
Gustave Flaubert

¿Sobrevive Flaubert a la cultura de la cancelación? Cano prefiere desdramatizar: “Todo lo que sea diez años para atrás, agarrás una correspondencia y sí: está fuera de época y serían cancelados por la crítica del sentido común de lo correcto actual”. Lo interesante es ver cómo, por más que sea considerado parte de la literatura universal, se entiende mejor cuando se analiza el contexto. Allí cada obra cobra sentido y escapa del lavaje ideológico que se le suele hacer con los años.

“Uno tiene que pensar en algo nuevo, como dice Aira. Si ya Flaubert hizo esta maravilla que es Madame Bovary, o Bouvard y Pécuchet, que es una farsa absoluta de lo intelectual, muy pocos levantaron ese guante, uno no debería repetir eso, sino hacer algo nuevo. En principio, ponerse a la altura. Son clásicos para pensar la literatura y disfrutarla, no sólo desde el lugar del escritor, sino desde el lector, desde el puro disfrute de leer. Y en Flaubert está eso: una escritura obsesiva, una búsqueda permanente de las formas y de la musicalidad“, agrega.

¿Y cómo se lee a Flaubert desde las redes? ¿Qué se gana y qué se pierde en estas mediaciones? “Hay que tomar lo positivo”, dice Cano, y agrega: “Twitter es como una cloaca donde está la polarización, la queja, los de un lado contra los del otro, los ataques. Sin embargo hay un montón de gente que construye desde la literatura, aunque políticamente en muchos casos no coincidamos. La posibilidad del debate está un poco restringida porque rápidamente las redes sociales implican tomarse las cosas de manera personal y polarizar, eso pasa mucho”.

“En las lecturas colectivas que organicé siempre hubo alguna situación de conflicto, sin embargo también encontrás muchísima gente que suma, gente que sabe mucho y que no le gusta figurar y que es muy, muy lectora, y quizás no es conocida. También hay lectores muy originales, nuevos, que aportan visiones muy plurales, y que eso es muy rico. Me parece un prejuicio descartar de una la posibilidad de una lectura por las redes sociales”, agrega. Estas lecturas se extienden. Algo de Flaubert resucita: su mirada, sus bigotes, su literatura.


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