La belleza del día: “Monos en la escuela”, de David Teniers el Joven

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

“Monos en la escuela” (1660), de David Teniers el Joven, en el Museo del Prado, Madrid
“Monos en la escuela” (1660), de David Teniers el Joven, en el Museo del Prado, Madrid

David Teniers el Joven (1610 –1690) fue miembro de una casta de artistas singulares, que dejó su marca en la historia del arte. Hijo de David Teniers el Viejo (o David Teniers I), sobrino de Abraham Teniers y padre de David Teniers III, fue un pintor y grabador flamenco que tuvo una notable popularidad por sus obras de género, en la que representaba a aldeanos, y también por su obras de singerie, como Monos en la escuela.

El género singerie (en francés, monería) es un género pictórico que consiste en la representación de escenas protagonizadas por monos, generalmente con actitudes humanas, que son utilizados como alegorías con un objetivo moralizante a través de la sátira.

Introducido en 1575 por Pieter van der Borcht en una serie de grabados de influencia bruegeliana, el singerie fue un tema muy popular en el arte flamenco. Otros pintores que realizaron obras en este género fueron Frans Francken el Joven, Jan Brueghel el Viejo y el Joven, Sebastian Vrancx, Jan van Kessel el Viejo y los hermanos Teniers, David y Abraham.

En sus primeros años, David Teniers el Joven siguió el estilo de su padre y el de Adam Elsheimer, pero pronto se especializó en la pintura de género, en línea con la tradición de los Países Bajos en donde el gusto por ese tipo de obras era mayor que en ningún otro país.

En 1638 ingresó en el Gremio de San Lucas, del que llegaría a ser decano, y pronto fue protegido por Antonio Tries, obispo de Gante, y más tarde por el archiduque Leopoldo Guillermo, nombrado por Felipe IV gobernador de los Estados de Flandes, a quien aconsejó en las adquisiciones de obras. De hecho, hay una serie de obras de escenas de gabinete, donde se mostraban las pinturas más destacadas junto con personajes que acudían a verlas.

En 1651 su nombramiento como pintor de la corte hizo que se trasladara a Bruselas. El año anterior había comenzado a trabajar en el Theatrum Pictoricum, ilustrado con doscientos cuarenta y cuatro aguafuertes de pinturas italia­nas de los más prestigiosos maestros de los siglos XV, XVI y XVIIi, un proyecto ­precursor de los actuales catálogos ilustrados.

Igual que Rubens y Van Dyck, tuvo libertad para trabajar en proyectos para mecenas de otros ­países y contó con la admiración de Cristina de Suecia, el duque de York, Guillermo II de Orange y Luis II de Condé, sin olvidar a Felipe IV, quien poseyó obras suyas desde fecha temprana y apoyó su proyecto de crear la Academia de Amberes, que finalmente se inauguró en 1669.

Sus pinturas enriquecieron las colecciones de los primeros Borbones de España: fundamentalmente, la de Isabel de Farnesio, por lo que hay mucha de su obra en el Museo del Prado, tal como sucede con Monos en la escuela.


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