Argentina, la República de Weimar y los límites de la comparación

El turbulento período en Alemania entre 1919 y 1933 que terminó en la tragedia del nazismo está siendo utilizado para extraer paralelismos con la situación actual en el país. Pero, ¿tiene sentido hacer este ejercicio? Expertos argentinos y alemanes opinan sobre el tema

gpadinger@infobae.com
Arte pictórico producido durante la República de Weimar en la muestra de 2019 "Eclipse of the sun: Art of the Weimar Republic", en la Neue Galerie de Nueva York
Arte pictórico producido durante la República de Weimar en la muestra de 2019 "Eclipse of the sun: Art of the Weimar Republic", en la Neue Galerie de Nueva York

“Este mundo ya no nos interesa. Puede irse al infierno con todo lo que hay en él, por debajo y por encima. Con todos sus seres humanos, mujeres y hombres, con todos sus infernales sinvergüenzas”, Alfred Döblin, Berlin Alexanderplatz (1929).

Entre 1919 y 1933 Alemania transitó su primer, y finalmente fallido, experimento republicano, surgido tras la abdicación del kaiser Guillermo II y la caída del Imperio alemán, y concluido con el ascenso del nazismo. El nuevo régimen democrático, conocido como el de la República de Weimar por la ciudad en la que se firmó la nueva constitución tras el fin de la Primera Guerra Mundial, se caracterizó por fuertes tensiones políticas, económicas y sociales.

En sus inicios el período estuvo marcado por la hiperinflación surgida de la emisión descontrolada del marco, y, tras la estabilización de la moneda, por la dura recesión económica causada por el crack de la bolsa de Nueva York en 1929, una situación empeorada y complejizada por las reparaciones que debían pagarse a los aliados de acuerdo al Tratado de Versalles.

En enero de 1920, cuando el proceso inflacionario comenzó a acelerarse en Alemania, la tasa de cambio del marco alemán contra el dólar estaba en 64,8 unidades, según datos recolectados por el historiador británico Colin Storer en su Breve Historia de la República de Weimar (A Short History of the Weimar Republic). Para enero de 1923 hacían falta 17.972 marcos para comprar un dólar, y a fin de ese año la tasa se había disparado a 4,2 billones de marcos por dólar.

“El resultado fue miseria humana en un escala masiva. Los más golpeados fueron los que dependían de ingresos fijos como los empleados estatales, los estudiantes y los beneficiarios de pensiones y beneficios”, señala Storer.

Una clásica imagen de la hiperinflación en la Alemania de Weimar: niños construyen barriletes con los billetes del marco alemán, ya sin valor
Una clásica imagen de la hiperinflación en la Alemania de Weimar: niños construyen barriletes con los billetes del marco alemán, ya sin valor

La estabilidad de la moneda se logró a finales de 1923 con el rentenmark, la moneda que restauraba el patrón oro que Alemania había abandonado en 1914 al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Pero esto también impactó negativamente en la actividad económica en la antesala de la crisis financiera más fuerte que el mundo había conocido.

También, durante estos 14 años hubo una constante inestabilidad política, fruto del nuevo sistema parlamentario que reemplazó a la monarquía y de la debilidad de sus gobiernos en el contexto de una fuerte atomización en numerosos partidos, lo cual dio lugar, también, a una polarización entre las fuerzas de ultraderecha y comunistas, ambas opositores al régimen republicano y más que dispuestas a enfrentarse violentamente en las calles.

Weimar es también recordada como una época de inmensa creatividad y experimentación en las artes y el entretenimiento (desde la pintura de Otto Dix hasta el cine de Murnau y Reiniger, pasando por la literatura de Döblin) tras la caída de la rígida y conservadora estructura monárquica, así como también por el final trágico de este renacimiento y de toda la primera república con el ascenso de Adolf Hitler como canciller y luego führer, quien guiaría a Alemania y al mundo a la carnicería de la Segunda Guerra Mundial.

Desde entonces el término República de Weimar, o Weimarer Republik (un término despectivo que se cree fue acuñado por el mismo Hitler, de acuerdo a una investigación de 2014 publicada por Der Spiegel), ha sido reciclado numerosas veces para referirse a una sociedad aquejada por problemas económicos (especialmente alta inflación), enfrentamientos políticos internos y experimentación artística. También, para hablar de un trágico fracaso y de expectativas incumplidas.

Y aunque han pasado ya 90 años desde su colapso, la República de Weimar sigue siendo usada para hacer comparaciones polémicas, estirando al máximo los paralelismos entre contextos distantes. La Argentina es uno de los casos más recientes.

Argentina alcanzó en 2019 una inflación del 53,8%, la más alta desde 1991 y entre las más elevadas del mundo
Argentina alcanzó en 2019 una inflación del 53,8%, la más alta desde 1991 y entre las más elevadas del mundo

En redes sociales como Twitter y Facebook y Reddit se suele hablar, especialmente en los últimos meses de pandemia y confinamiento, de Argentina como una nueva república de Weimar. Lo hacen cuentas argentinas y de otros países latinoamericanos, pero las asimilaciones de ambos períodos también han llegado al inglés y el italiano.

Para algunos la comparación es factible; después de todo, ambos procesos parecen estar marcados por la alta inflación (que llegaría en Weimar a la hiperinflación), la debilidad de una democracia joven, la presión de la deuda en moneda extranjera y la confrontación política sin puntos medios.

Los límites de la comparación

Pero, ¿es posible siquiera hacer un paralelismo? ¿Tiene sentido y, especialmente, aporta algo al debate actual?

La comparación no es nueva, ya se había hecho para hablar de la propia hiperinflación sufrida por Argentina a finales de la década de 1980. Así, parece volver a circular cada vez que los precios se descontrolan, la polarización, la mal llamada “grieta”, estalla en el debate público y los gobiernos parecen debilitarse por la falta de apoyo.

Pero más allá de un debate informal y un juego comparativo, marcar paralelismos entre la Argentina actual y la República de Weimar es problemático, según indicaron historiadores y politólogos consultados por Infobae.

El armisticio que dio por finalizada la Primera Guerra Mundial fue firmado el 11 de noviembre de 1918. Marcaría también la transición hacia la República de Weimar
El armisticio que dio por finalizada la Primera Guerra Mundial fue firmado el 11 de noviembre de 1918. Marcaría también la transición hacia la República de Weimar

“Es un dislate”, consideró Andrés Reggiani, historiador y profesor en la Universidad Torcuato Di Tella en Buenos Aires.

“Weimar estuvo afectada por las presiones salariales, las reparaciones impuestas por el Tratado de Versalles y el financiamiento de la guerra con inflación del gobierno anterior”, explicó Reggiani, enfatizando que la gran emisión de marcos realizada por Imperio Alemán entre 1914 y 1918 dio paso a la hiperinflación que afectó los años de Weimar.

“Argentina es diferente, tiene una cultura inflacionaria. Para Alemania fue un shock psicológico muy fuerte que puede haber alejado a la población de una democracia muy joven”, señaló.

Lejos de la hiperinflación de Weimar, Argentina aún así sufre de una creciente inflación desde hace al menos una década y que en los últimos ocho años se “estabilizó” en torno al 30%, con picos del 53,8% en 2019, según datos del INDEC. Este año, y a pesar de la caída en la actividad económica producto de la pandemia de coronavirus, en septiembre de 2020 se registraba una inflación interanual del 36,6%.

“La comparación es difícil, quizás se podría hacer con la Argentina de los 40, 50, pero ya pasaron más de 100 años de Weimar. Y sería más correcto comparar con países sudamericanos, pero Argentina tiene esa tendencia a compararse con Europa”, recalcó Reggiani, quien realizó su doctorado en la Universidad Estatal de Nueva York.

Para el historiador, estas comparaciones son fruto de una “pereza intelectual”.

Un fotograma de "Las aventuras del príncipe Achmed", de Lotte Reinigier. Fue un hito del cine de animación, estrenado en 1926 en Alemania
Un fotograma de "Las aventuras del príncipe Achmed", de Lotte Reinigier. Fue un hito del cine de animación, estrenado en 1926 en Alemania

“Hay números fuertes sobre la cotización dólar-peso comparada al dólar-marco, e inconscientemente Weimar es la antesala del nazismo. Pero la comparación es una simplificación en contextos muy diferentes para hacer decir lo que uno quiere decir. Está motivada por la ignorancia o quizás la mala intención”, enfatizó.

“La crisis del 30′ es el centro de Weimar. La euforia por la libertad tras dejar el régimen monárquico, la experimentación, con gran creatividad le siguen”, agregó.

La explosión artística experimentada en la década de 1920 en el mundo germanoparlante, anclada en el expresionismo de principios de siglo, fue impresionante y tuvo una enorme influencia en todo el mundo, que aún se siente.

Weimar fue, precisamente, una de las sedes del innovador movimiento arquitectónico y de diseño Bauhaus, mientras que Berlín concentró a los artistas pictóricos del Novembergruppe, como Wassily Kandinsky, Otto Dix y George Grosz.

La música clásica estuvo dominada por la experimentación atonal y serialista de la segunda escuela vienesa, con músicos como Arnold Schönberg, Anton Webern y Alban Berg, con sede en Viena, y también estalló el jazz proveniente de los Estados Unidos.

La influyente escuela de diseño y arquitectura de la Bauhaus tuvo su primera sede en Weimar, para trasladarse luego a Dessau y Bernau antes de cerrar por presión del nazismo
La influyente escuela de diseño y arquitectura de la Bauhaus tuvo su primera sede en Weimar, para trasladarse luego a Dessau y Bernau antes de cerrar por presión del nazismo

Alfred Döblin dejó en Berlin Alexanderplatz la más famosa novela sobre el período y una de las principales obras del modernismo literario alemán, pero el período también estuvo marcado por el teatro de Bertolt Brecht y la literatura de guerra de Erich Maria Remarque y Ernst Jünger.

Mientras que en las artes audiovisuales consolidaron sus carreras maestros del cine como G. W. Pabst, Fritz Lang, Friedrich Murnau y Lotte Reiniger.

Como explica María Inés Tato, historiadora por la Universidad de Buenos Aires y coordinadora del Grupo de Estudios Históricos sobre la Guerra (GEHIGue), la historia comparada cuenta con una larga tradición y “puede contribuir a complejizar lecturas excepcionalistas del pasado que presuponen la existencia de fenómenos únicos y autocontenidos”.

Sin embargo, la comparación entre Weimar y Argentina no cumple con recaudos básicos para evitar simplificaciones o distorsiones, señaló la especialista en historia social y cultural de la Primera Guerra Mundial en Argentina a Infobae. “La comparación me parece desacertada”, señaló.

“Enfatizar variables circunstancialmente semejantes entre ambos casos (como la inflación, la polarización política, la crisis de representación) sin considerar factores estructurales específicos ni los procesos históricos particulares involucrados conduce a generalizaciones superficiales que nada aportan al conocimiento histórico ni a la comprensión del presente”, argumentó la doctora e investigadora en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

“La Alemania de Weimar fue la heredera de la derrota en la Primera Guerra Mundial. El Tratado de Versalles le impuso importantes pérdidas territoriales y de recursos naturales, el pago de reparaciones de guerra, la exclusión de la flamante Sociedad de Naciones y de la comunidad internacional, y otras medidas draconianas que contribuyeron a una profunda crisis económica y social, y favorecieron las impugnaciones de extrema derecha y de extrema izquierda a esta ‘república sin republicanos’. La crisis de 1929 y la gran depresión alentaron la radicalización política y facilitaron el ascenso del nazismo, condiciones todas que derivaron en una experiencia histórica singular, difícilmente trasladable a la Argentina del 2020”, consideró.

El transporte público en Argentina en tiempos de la pandemia de coronavirus
El transporte público en Argentina en tiempos de la pandemia de coronavirus

Detlef Nolte, Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Hamburgo e investigador en el Instituto Alemán de Estudios de Área y Globales (GIGA), también consideró que “no tiene sentido” comparar ambos períodos.

“La república de Weimar entró en crisis tras la Gran Depresión. Había polarización entre la extrema derecha (los nazis) y el Partido Comunista, ambos contrarios a la democracia liberal, y con muchos partidos diferentes en el medio”, indicó Nolte, experto alemán especializado en América Latina y especialmente en Argentina.

“Los nazis estaban apoyados por muchos sectores de la industria y las fuerzas armadas, pero sin la crisis económica y la caída de los bancos quizás no hubieran ganado los votos necesarios”, explicó.

El ascenso del Partido Nacional Socialista en las elecciones parlamentarias alemanas parece mostrar este punto. En su primera participación en mayo de 1924, poco después de la hiperinflación, el nazismo obtuvo el 6,5% de los votos, pero en las posteriores elecciones de noviembre de 1924 y mayo de 1928 sólo logró en torno al 3%, según datos publicados por el historiador alemán Eberhard Kolb en La República de Weimar (Die Weimarer Republik), uno de los principales libros de texto sobre el período. Es a partir de la Gran Depresión cuando el partido de Adolf Hitler comienza a crecer, logrando el 18,3% en 1930 y el 37,3% en 1932, lo cual le permitió convertirse en la fuerza más votada y luego en partido gobernante, gracias a la alianza con los partidos conservadores.

No veo en Argentina estos partidos antidemocráticos, o grupos paramilitares en las calles o fuertes sectores empresariales o militares conspirando contra la democracia. Creo que el mayor problema en Argentina consiste en que tienes esta polarización política y estas sub-culturas políticas muy fuertes que no se hablan entre sí. No hay mucho espacio para grupos independientes entre los polos opuestos", argumentó.

"Lo que veo es una profunda crisis económica, pérdida de apoyo por parte del gobierno, protestas pacíficas y una polarización entre peronistas y antiperonistas”, agregó.

El entonces líder del partido nazi y futuro dictador de Alemania, Adolf Hitler, desfila ante sus seguidores en Weimar en 1930 (Hulton Archive/Getty Images)
El entonces líder del partido nazi y futuro dictador de Alemania, Adolf Hitler, desfila ante sus seguidores en Weimar en 1930 (Hulton Archive/Getty Images)

“Creo que es descabellado y una comparación errónea”, precisó Adam Scharpf, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Mannheim y experto en represión estatal, con concentración en América Latina y Argentina. “La república de Weimar presentó dinámicas políticas más extremas y centrífugas que las que existen en Argentina hoy”.

“Más allá de la polarización política y los problemas económicos que Argentina enfrenta hoy y más allá de su turbulenta historia, el país es una democracia estable”, remarcó.

La República de Weimar existió durante apenas 14 años. Sus últimas elecciones fueron celebradas en marzo de 1933, poco después del incendio del parlamento a manos de un extremista de izquierda, y sellaron la consolidación del nazismo como primera fuerza con apoyo de pequeños partidos de derecha. Poco después, Hitler logró que el parlamento aprobara la Ley Habilitante (Ermächtigungsgesetz) que lo convertiría en dictador absoluto. El resto es uno de los capítulos más oscuros de la historia europea y mundial

“Si pudiera hacerse, una comparación entre la República de Weimar y la Argentina entre los años 1973 y 1976 podría ser más correcta. Y Argentina, como Alemania, ha logrado dejar atrás su oscuro pasado”, concluyó Scharpf.

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