De padres, hijos y literatura: un diálogo imperdible entre Eduardo Halfon y Peter Orner

El autor de “Biblioteca Bizarra” y el de “Hay alguien ahí” conversaron sobre sus nuevos hábitos en pandemia, sus lecturas y sobre el inicio de su camino en la escritura. Además, hablaron de los autores a los que debieron “matar” para crear sus estilos y de las relaciones familiares que muchas veces terminan siendo tratadas en sus libros

Eduardo Halfon y Peter Orner
Eduardo Halfon y Peter Orner

Eduardo Halfon y Peter Orner no me dejaron preguntar y fue lo más intenso de esta charla. Un encuentro virtual con dos escritores que se leen entre sí y se admiran. Hay complicidad en el aire, se interrumpen, se entrevistan entre ellos, desnudan ideas, prácticas de escritura, intimidad sobre sus padres y su propia paternidad. Una breve clase sobre el arte de escribir y el amor por los libros y a los padres; a los hijos y al miedo; la incertidumbre del presente y el futuro. También los hábitos lectores, y los autores que los marcaron. Fue más de una hora de conversación en la que pude corroborar, como diría Shakespeare en su soneto CXVI “que el matrimonio entre dos mentes verdaderas no admita impedimentos”.

-¿Pensaron al comienzo del aislamiento que iban a encontrar la forma de utilizar el tiempo libre en casa a su favor? ¿Funcionó?

Peter Orner: Mi respuesta va a ser corta. Si, lo pensé, y no, no pasó. Tener hijos es difícil por los problemas que genera su cuidado. Y también porque actualmente estoy en el norte de Chicago, literalmente a 50 millas (80 kilómetros) de aquí está Kenosha, Wisconsin, (centro de las protestas antirracistas), muy cerca del límite con Illinois. Es un momento difícil para estar encerrado en la crisálida que necesito para trabajar, y con todo esto que está pasando, entro y salgo todo el tiempo.

Eduardo Halfon: Si, igual que a Peter. Supe enseguida que no iba a poder trabajar porque tengo un hijo de cuatro años, así que nuestra casa se convirtió en una guardería. Dejé de ser un padre y me convertí en un maestro todo el día, en un compañero de juegos, me la paso inventando juegos. Así que no solo no tengo tiempo para escribir, sino que tampoco encuentro concentración porque no hay silencio. No existe esa pequeña burbuja, así que fue muy frustrante. Sí ayudó que mi hijo inmediatamente aceptó el cambio y la nueva realidad. Creo que por la edad, porque es muy chico. Debe haber dicho: “Genial, tengo dos maestros y voy a estar en casa todo el día”. Pero para nosotros, para trabajar, fue muy difícil, también por no saber cuánto iba a durar el aislamiento en París, si un mes, si tres meses, y esa incertidumbre lo hizo difícil. Me sentí inundado mentalmente, y creo que pesa mucho más la falta de concentración que disponer o no de tiempo.

-Ese abismo, esa idea de incertidumbre es algo terrible, ¿no lo creen?

PO: O no, a ver, siempre duele. Siempre están algunas de esas cosas que estás nombrando, el riesgo de empezar a trabajar y que algo interrumpa tus pensamientos. De alguna manera eso está siempre en el campo de juego. Estamos en una posición extraordinariamente privilegiada para siquiera estar hablando, incluso para tener el tiempo de hacer esto. Pero cuando tenés trabajadores esenciales, personas en la primera línea constantemente y ves como mi país se está desmoronando, no sé como estarán las cosas en Buenos Aires, escuché por mis amigos que no están nada bien, eso es algo que te inquieta y molesta todo el tiempo. Tenemos que encontrar un espacio para escribir, estoy seguro que lo encontraremos, pero creo que nuestras prioridades viraron hacia cosas más importantes por el momento. Escribir y el arte en general no es algo de importancia crítica, en este momento es algo secundario.

EH: Coincido. Incertidumbre es una palabra capciosa en mi caso, porque yo desde chico viví en esa incertidumbre por la cantidad de veces que me mudé. Nos fuimos de Guatemala cuando tenía 10 años, y tuve que aprenderme muchas direcciones y números de teléfono diferentes. Quiero decir que estuve dando vueltas por todos lados, pero era un tipo diferente de incertidumbre. Estuvimos en Nebraska durante casi ocho años, luego Iowa, ahora Francia. Pero esto se siente diferente. Creo que la sensación o parte de ella en estos momentos, más que la incertidumbre, es el no saber cuando terminará. Y sí, somos privilegiados, estamos en una buena posición, puedo quedarme en el sur de Francia si quisiera, pero la situación en Guatemala, como en EE.UU. se está desmoronado, y ya viene así desde hace varios años, así que es como agregar otra capa de miseria sobre la miseria que ya había. No quiero volver ahora, y ese privilegio es muy diferente con respecto a escribir, porque para mí escribir es algo que sucede espontáneamente, no hay un plan en mi escritura. Creo que Peter trabaja de manera similar, o me va a corregir si me equivoco, pero me refiero al método del escritor para escribir historias cortas, si bien estás al frente de la historia muchas veces no sabés hacia donde va el texto, ni qué está pasando. Me imagino que un novelista trabaja en un terreno mucho más conciso que el escritor de historias cortas.

PO: Parte de la razón de por qué amo el trabajo de Eduardo es porque parecen novelas escritas para autores de historias cortas como yo. Siempre estoy buscando novelas o tratando de escribirlas, que tengan una suerte de sentido de inmediatez. Y creo que en vos la palabra espontáneo calza perfecto. En mi caso necesito caminar, poder sentarme en un café, escuchar a la gente. Y lo más difícil para mi trabajo es no poder escuchar a otras personas conversar, ese es realmente mi pan de cada día. De ahí es donde me surgen las ideas, y esta suerte de estado hermético me liquidó. Lo que sí, pude hacer es una cantidad de lectura como no había hecho en años, pero creo que ese sentido de espontaneidad viene desde afuera y ahora eso se cortó. Aunque de a poco obviamente está cambiando, estamos saliendo un poco más y creo que ustedes también, espero que al menos un poco.

EH: Amé lo que dijiste Peter, eso de que escuchás a las personas hablando y usás ese material porque tus diálogos están tan bien escritos, y ahora puedo decir que tu oído es lo que te llevó a eso, poder escribir no en la manera que pensamos que la gente habla, sino exactamente de la manera que la gente habla. No hay muchos escritores que puedan hacer eso sin fallas.

PO: Sos muy gentil.

Entrevista a Eduardo Halfon y Peter Omer - Parte 1-


- Hay algo en ustedes dos que los hermana como escritores: cada uno con lo suyo, pueden fracturar la escritura en dos piezas: condensadas en sí mismas y a la vez desprovistas, purificadas. Pareciera que limpian mucho cada página, como parte de un proceso para llegar a un párrafo perfecto que cuenta una historia completa. Ambos pueden llegar a eso, y me encantaría saber si es algo que trabajan mucho o si aparece naturalmente.

EH: No sé como será para vos Peter, pero para mí es mucho trabajo de limpieza. Creo que tenemos el mismo bagaje literario, con esto quiero decir que estoy mucho más cerca de los escritores y cuentistas norteamericanos que de los latinoamericanos. Parezco un escritor inglés escribiendo en castellano, y por eso cuando escribo en español condenso mucho más, eso no es muy común en Latinoamérica.

PO: También diría que hay una suerte de parentesco quizás con los escritores judíos de Europa del Este. Pese a lo mucho que amo a Raymond Carver, Andréi Platonov y todos mis rusos me ayudan a pasar el día. Anoche estaba releyendo Mourning (Duelo). No sé si calzará en lo que estamos hablando, pero hay un momento en Mourning que nombrás una palabra hebrea que se usa cuando una madre pierde a su hijo. Y eso es extraordinario, pega en un momento particular del libro, y me hizo silenciar todo el contexto y releer el párrafo. Me dejó pensando de dónde vendría, esa suerte de limpieza de la que estamos hablando cuando llegás a algo así, tan destilado, señalando una palabra para esa clase específica de dolor que no existe en otras lenguas, creo.

-Exacto, quizás no existe en otras lenguas. Es una gran sorpresa, porque es una palabra que quisiera tener en mi vida, una palabra muy necesaria para describir eso.

EH: El dolor de madre. Sí, específicamente el dolor de una madre. Es muy interesante. Trataré de explicar ambas cosas. Estaba viviendo en Nueva York cuando escribí Duelo, que es el título en español, y que es un gran título que se pierde en inglés, porque duelo significa dos cosas en español: dolor, pero también combate. Y la idea del duelo entre hermanos en el libro se pierde en el título en inglés, lo que es una lástima, pero es parte de este trabajo. Decía que estaba en Nueva York y terminé el primer borrador, y tenía ya la historia, una larga historia corta.

PO: Perdón que interrumpa. Esa es la mejor forma de explicar lo que es una historia corta, algunos pueden entenderlo mal porque es muy difícil de explicar.

EH: Es muy difícil porque tenés que mantener la intensidad durante todo el tiempo. Para mí, esa intensidad en las historias cortas supera a la de las novelas, que pueden tener picos y mesetas, pero en una historia corta tenés que mantener la tensión constantemente. Decía que escribí este primer borrador cuando estaba en Nueva York, viviendo en Brooklyn, enseñando durante el otoño de 2015 y empezó un proceso de dos años de limpieza, de buscar menos palabras. Pero no solo sobre la historia, sino sobre el lenguaje en ella para llegar a lo esencial, lo necesario. Es un proceso de edición, en mi caso muy largo, mucho más que el proceso de escritura del primer borrador. Eso es para mí el oficio de escribir, cuando luchás por encontrar un camuflaje sobre un adjetivo en una oración.

Entrevista a Eduardo Halfon y Peter Omer - Parte 2


- El escritor argentino Pablo Ramos dice que la escritura es arquitectura. Escribir libros es como construir una pared, y que si ponés un ladrillo de más se cae toda la pared. ¿Cómo es ese proceso en tu caso Peter? ¿Escribís rápido y editás lento?

PO: No hago nada rápido, ojalá pudiera. Tengo una premisa filosófica que desarrollé por muchos años y es que hay demasiadas palabras; creo que estamos inundados, cada año aparecen más, sobre todo por las redes sociales. Y me siento abrumado además por la cantidad de palabras vacías que hay, y sinceramente también hablo de libros. Creo que mis nociones acerca de comprimir a veces vienen de ese deseo, de no agregar nada extra, de saber qué es innecesario. Y aún así, está esa necesidad de llegar a esa palabra hebrea que adoro de la que acabamos de hablar. Esa idea de perder peso en lo que tenemos que expresar; no estoy buscando libros largos, necesito ese deseo por un poco más de silencio en el trabajo que leo. Y ese silencio lo trato de agregar en el proceso. Usualmente me toma tiempo desarrollar algo, tomo notas, tengo mi libreta aquí, seguro Eduardo y vos también la tienen. Escribo a mano, y con el paso de las mañanas voy desarrollando algunas páginas.

- Estamos hablando de dos libros de ustedes, que tienen semejanzas, ¿Hay alguien ahí? de Peter, y Biblioteca bizarra de Eduardo. En ambos hay mucha referencia a sus propias lecturas. ¿Cuánto ha influenciado leer en sus escrituras? No sobre lo que escriben sino en cómo escriben.

EH: Mi camino a la literatura fue muy accidental. Era un niño aficionado a la matemática y a los deportes en la preparatoria y luego estudié ingeniería. Fui a la Universidad de Carolina del Norte y estudié eso por la ausencia de otras posibilidades ya que no me gustaba ni quería hacer nada. Mi padre es ingeniero y casi que fui empujado en esa dirección. Cuando me recibí tuve que irme de Estados Unidos porque perdí mi visa de estudiante y regresé a Guatemala, a un país que realmente no conocía, a un idioma que ya no podía hablar y a un trabajo que no sentía como algo propio. Empecé un proceso de extrema frustración y una crisis. Ahora sé que es algo normal cuando te recibís de la Universidad, que los siguientes años son difíciles para todos. Tenés que encontrar tu propio camino, y para mí fue un poco más difícil, tal vez por el tema del lenguaje, y por estar volviendo a Guatemala y tratar de volver al español y se puso cada vez peor, no estaba para nada bien. Después de cuatro años encontré la salida, sin ir al psicólogo ni a un rabino. Me metí nuevamente en la Universidad para estudiar filosofía, porque pensaba que esa crisis existencial se iba a arreglar filosóficamente. Y no sé como será en Argentina pero en Guatemela sigue siendo Filosofía y Letras. Uno es forzado, por decirlo de alguna manera, a que si estudiás filosofía tenés que cursar también literatura. E inmediatamente me enamoré de la literatura, de la ficción, de los cuentos cortos. Por alguna razón, en ese momento de mi vida, casi a los 28 años me abrumó y quise convertirme en un lector. Ni siquiera pensaba en escribir, para mi nadie podía llegar a ser un escritor, era algo de otro mundo para mí. Yo solo quería leer, y mucho, todo. No había leído en 28 años, así que me convertí en una suerte de junkie, un adicto a la lectura, quería leer cada vez más y más. Y el camino por el que comencé a escribir solo ocurrió como consecuencia de lo mucho que leí. Me volví loco por los libros. Y ese desbordamiento al principio me llevó a escribir en español, no sé por qué, si casi no podía hablarlo. Pensaba en inglés y escribía en español. Así que Biblioteca Bizarra es una colección de las piezas que estuve escribiendo en los últimos años, bastante corto en comparación con la de Peter, tiene cerca de 100 páginas. Creo que son siete partes las de la versión argentina. La última fue escrita primero en inglés para The Guardian, y luego la traduje al español. Pero cuando se lee el libro te podés dar cuenta del proceso que sufrí en los últimos ocho o diez años como lector, porque el libro comienza con un escritor que está demasiado concentrado en leer, sobre los libros que lee, su biblioteca personal, y luego, lentamente ese narrador, esa voz empieza a dejar de lado sus lecturas y está más interesado en lo que representa convertirse en padre, ya que yo tenía 45 años cuando nació mi hijo. Él va a Colombia, en realidad yo voy a Colombia porque es un libro de no ficción, y hay un evento que me resonó que fue uno que tuve con ex adictos a las drogas, así que el libro está inundado de eso. Creo que te habrás dado cuenta de que el interés muta de los libros hacia algo más, algo que tiene que ver más con la vida, parecido a algo cinematográfico como sinónimo de vida. No sé cómo llamarlo, pero sí, cuando empecé estaba leyendo tanto que puede que sea un producto de esas lecturas.

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PO: Es fascinante Eduardo y genial tu punto de partida y especialmente cómo se vincula con este libro del que estamos hablando. Mi historia obviamente es muy diferente y voy a resumirla. Yo era un chico muy raro, quería ser bueno en deportes, y en un montón de cosas pero no era bueno en nada. En lo único que me destacaba era en leer y en la comprensión de esas lecturas. Recuerdo estar en séptimo u octavo grado, mis padres se habían divorciado; fue un tiempo muy malo, yo era gordito y raro, y me acuerdo de haber leído a W. Somerset Maugham, una historia llamada Rain que casualmente se desarrolla en una epidemia en la que hay una cuarentena y este tipo de cosas. Me hace recordar, pese a que hace tantos años que la leí, que literalmente surgió una especie de cambio en mí. Creo que en cierto punto, aún pese a que hubo grandes desvíos en mi vida, incluso convertirme en abogado, siempre desee hacer lo que él hizo en esa historia: quería afectar a alguien tanto como él me afectó a mí. Y no estoy diciendo que W. Somerset Maugham es el mejor de todos, pero wow, ¿se puede escribir una obra así de buena? Y Rain realmente tiene algo especial, aunque creo que probablemente hay un millón de razones para no leer a W. Somerset Maugham ahora, pero en algún punto me di cuenta de que a través de esa lectura alcancé una especie de tregua conmigo mismo.

Creo que una de las cosas más lindas acerca de escribir y leer, y algo que me encanta es pensar de dónde venimos como lectores. Hay muchos libros que son sobre lectura y son bastante flojos, porque tienden a ser más sobre el escritor en sí. Pero estoy muy interesado en qué tipo de escritura y lectura es la que afecta la forma en la que vivimos la realidad. Bueno, esta entrevista fue pensada en la Argentina, así que supongo pese a ser un cliché que hay que mencionar a uno de los más grandes lectores de todos los tiempos. Borges nos enseñó que ser lector era ser artista, independientemente de todo lo que escribiera. Creo que si él estuviera escuchando esto, diría algo por el estilo y que lo que importa es lo que él leyó, más que lo que escribió, y eso que en él habitaba un increíble rango. Escuché una de sus conferencias en Harvard, sobre los poetas (“El misterio de la poesía”), un pequeño ensayo acerca de la poesía y es notable la forma en que aborda cosas más allá de la comprensión de la gente.

Volviendo al libro, mi padre murió en 2013 o 2014, y él fue siempre uno de mis personajes favoritos para satirizar. Él fue más de una persona para mí, quizá sea un poco tarde ahora, perdón papá, pero yo lo había matado en una historia antes de que se muriera, y creo que no lo apreció mucho, aunque me dijo que sí, que había sido divertido. Luego de su muerte me encontré un poco paralizado en términos de ser capaz de crear una ficción de lo que había vivido. Y empecé un proceso que puede sonar similar al de Eduardo de juntar piezas a través de varios años, notas en la mañana y generando algo ficcional, pero pensaba que lo que estaba escribiendo era principalmente para mí. Luego la gente te pide algo nuevo y como no tenía nada dije: ¿qué tal este pequeño artículo sobre la lectura? Y así empezó a ganar impulso en forma de la vida de un lector. Luego lo que también noté es que a la lectura sola no podemos coordinarla con todo lo demás que nos sucede y, por lo tanto, necesitamos otras cosas. Y acá creo que suena similar también al proceso de Eduardo, porque entran un poco otros aspectos de mi vida fuera de la lectura, pero que relacionados me parecen encajar. Cuando estaba pensando en leer, pensaba en un tío que desapareció. No desapareció porque se perdió, sino porque lo olvidamos por completo. Y luego de unos años, mi hermano literalmente me dijo: “¿qué pasó con el tío Harry que dejó de venir?”. Todos lo habíamos olvidado, y claro, había muerto, pero ni siquiera nos habíamos enterado, probablemente había estado a pocos kilómetros de nosotros cuando murió. Y eso me pareció que se relacionaba mucho con la clase de misterios y rarezas que ocurren en una página de un cuento pero también en la vida. Así que traté de combinar todas esas cosas.

EH: ¿Puedo interrumpir? Tengo una pregunta Peter. ¿El tío Harry es el que siempre entraba por la puerta trasera?

PO: Sí, se convirtió en una pieza no ficcional para este libro, pero para mí es un gran personaje para una pieza de ficción. En algún punto fue un padre ficcional también. Quiero decir, que mucha gente de mi familia, pasó a ser una construcción parcial que hice yo. No sé, Eduardo, tu ficción es muy aceptada, y lo digo como un elogio, pero vos sabés qué es lo que pasa cuando decidís escribir no ficción, esos estrechos confines entre ficción y no ficción me resultan emocionantes. No puedo renunciar a escribir también las líneas que escribo en ficción. Me confieso aquí mismo, a veces miento en las no ficciones, creo que todos lo hacemos, es todo ficción. Entre una línea que escribimos en la ficción y otra en no ficción se encuentra absolutamente todo. Estoy hablando de eso, de ese callejón estrecho.

Entrevista a Eduardo Halfon y Peter Omer - Parte 3


- Los dos escribieron sobre sus padres y ahora son padres, y quería saber sobre cómo los cambió y si eso apareció o no en su escritura y en la visión sobre sus propios padres.

EH: Bueno para mí esa respuesta es muy sencilla, porque solo escribí en segunda persona dos veces en mi vida. El primer libro que escribí en 2003 se llama Saturno, y es una carta a mi padre. Empecé a escribir de una forma kafkiana la descripción de esta gigante y dictatorial figura paternal. El narrador se parece mucho a mí, y el padre se parece mucho a mi padre, y este narrador está obsesionado con los escritores suicidas. Y él le cuenta acerca de cada uno y cómo sus padres jugaron un rol en esos suicidios. Una vez que termina este acto de presencia, de emoción, podríamos decir de un berrinche muy fuerte, al final, como Peter hizo con su padre en su ficción, lo mato. O sea que son cartas para su padre muerto, al final del libro te enterás que había muerto. Y eso es lo primero que publiqué, obviamente está prohibido en mi familia ya que mi padre sigue vivo. Y una pregunta que siempre me hago es si habría escrito el mismo libro si entonces hubiera sido padre, porque es un libro de un hijo que todavía no es padre. Así que viajo rápido hacia Biblioteca bizarra donde hay una pequeña pieza llamada “Halfon, boy”, que es una carta escrita a mi hijo que aún no había nacido.

Nunca quise convertirme en padre, no quería hijos, y cuando tenía 45 mi compañera quedó embarazada, estábamos en Nebraska y lo debatimos por un tiempo, un par de meses y hasta tuvimos una cita en Planned Parenthood (clínica para abortos), tuvimos fuertes discusiones, pero finalmente decidimos tenerlo. Yo no podía dormir, estaba ansioso, nervioso, porque sabía lo que estaba viniendo. Y comienzo contándole eso: “no quería ser tu padre”, y seguí escribiendo durante el embarazo, y por primera vez estaba traduciendo al español historias cortas de William Carlos Williams, The doctor stories. Todos amamos las historias rurales, ¿no? Y es tal la brutalidad que atraviesa su poesía, y sus historias eran muy fuertes. Así que ese texto finalmente fue una bala, convertirme en padre y en traductor al mismo tiempo. Así que estaba escribiendo esto y una nueva edición de Saturno fue publicada en España, donde nunca había sido publicada, solo en Guatemala, así que de repente tenía que darle vueltas y revisarlo. Lo leo 15 años después y pensé que ese narrador era muy fuerte, con un tono muy marcado por ese tiempo, había entrado en un duelo literario y necesitaba matar a mi padre, necesitaba matar todo lo que representaba en mi vida, al hijo obediente que era, al ingeniero, necesitaba que él muriese para encontrar mi lugar. Así que son dos textos muy diferentes, es algo que tengo muy presente en mi vida, especialmente escribir sobre ser un hijo mucho más que ser padre. Mi hijo está encontrando las maneras de aparecer en mis historias un poco, pero no directamente.

PO: Estaba pensando que hay tantas maneras en las que pueden salir mal las cosas. No solemos escuchar, leer, ni contar muchas historias que terminan bien, y quizá deberíamos. Pensaba en mi padre, la única cosa positiva es que estaba orgulloso de que yo fuera escritor, estaba orgulloso de mí pero me pidió que dejara de escribir sobre él. Y le dije: “Sí, seguro, voy a parar”. Y después por supuesto lo hacía de nuevo, pero él tenía buen sentido del humor. También comprendía algo que yo siempre le agradezco: yo estaba haciendo una construcción más allá de él. Entendió que un escritor de ficción lo estaba utilizando. Y mucha gente, especialmente en mi familia, no entenderá nunca lo agradecido que estoy por eso. Porque él quería que parara, pero tenía el conocimiento para entender que lo estaba usando, manipulando como padre. Él era lector, su escritor favorito, y del que leí algo en su funeral, era John Goldsworthy. ¿Quién lee a John Goldsworthy? Nadie, gente como mi padre, obreros, gente a la que le debería ir mejor. He sido bastante anti británico y de repente nombramos a muchos escritores británicos. Mi padre lo amaba, era un anglófilo podríamos decir.

Yo también tuve hijos en mis 40; cuando me enteré de que mi compañera estaba embarazada entré en un shock inimaginable por dos razones. Una, por cómo sucedió, ya que no lo habíamos planeado, y la otra era por lo feliz que estaba más allá de cualquier consideración racional. Si bien pasé por alguna de las mismas cosas que Eduardo contó, recuerdo ese sensación de alegría que tuve y que nunca había experimentado hasta ese momento. Y Dios sabe que hoy hubo una pelea a los gritos acerca de lavarse los dientes, pero no importa, me di cuenta también cuán imperfecto es todo, y obvio que estudié las imperfecciones de mi padre y todo lo que hizo mal durante prácticamente toda mi vida, básicamente fue mi trabajo. Y tengo la idea de que yo voy a ser mejor, pero seguramente termine siendo peor de una manera diferente, estoy tratando de aceptar eso y no es fácil, así que lo dejamos ahí mejor.

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- ¿Qué autores tuvieron que matar para poder ser escritores?

PO: Qué hermosa pregunta, y me encantaría tener una mejor respuesta. Bueno todos los escritores hombres estadounidenses, tuve que hacer un trato con Hemingway, en cierta manera tuve que matarlo pero luego siempre lo desentierro. Leí En otro país la otra noche porque estaba atorado en una historia, y quise leerla porque empieza en otoño de un año en el que se vivía a un ritmo muy hermoso. Es una respuesta obvia pero creo que lo que hizo por el inglés y como persona es inconmensurablemente importante. ¿Y cuál fue el error que cometió? Que tenemos que lidiar con la grandeza de la mayoría de sus libros.

Otro es Carver, pero creo que las razones por las que nos sentimos atraídos por él son las equivocadas, esa idea de que es minimalista. Pero una manera completamente didáctica de ver su obra es la medida de daño que manejan sus personajes y la poca habilidad que tienen para expresarse. Es el contenido de su obra, no la superposición de estilo o lo que editaba o superponía.

Y después hay alguien a quien nunca querría matar, creo que siempre voy a necesitar besarle los pies, que es Eudora Welty. Pero inclusive hay algo con su trabajo, especialmente en las historias de Las manzanas doradas, que es probablemente mi libro favorito de todos los tiempos, del que necesito una especie de distancia para poder avanzar. Hay un menosprecio a ella, que sí, era realmente dulce, agradable y gentil, pero hablamos de la brutalidad en las historias de William Carlos Williams y Welty va a lugares a los que ninguna persona podría ir. Y por eso digo, está bien, tenemos que matar al mito pero entender por qué los leíamos en primer lugar.

EH: Para mi es una pregunta difícil porque yo no vengo de una tradición de lector como ustedes, pero claro, la literatura masculina estadounidense, pero por supuesto podríamos matar a Borges, Cortázar.

- No no, no podemos matar a Cortázar, por favor. No podemos.

EH: No puedo imaginarme lo que debe sentirse ser un escritor joven y seguir esos pasos. No lo viví por dos razones. La tradición literaria de Guatemala es bastante limitada. Hubo grandes escritores, y hasta un ganador de Nobel (Miguel Ángel Asturias), pero nadie lee, los estudiantes no están preparados en Guatemala. Las historias breves de Tito Monterroso son fantásticas, un escritor de un estilo muy culto, pero todos esos escritores interesantes murieron fuera de Guatemala, no por propia decisión sino exiliados. Es muy peligroso ser escritor, y quizá es mejor ser periodista para que te lean, porque nadie lee ficción. Pero también ser periodista en Latinoamérica, en México por ejemplo, es demasiado peligroso. Por eso ¿a quién mato? Ese es el problema que tengo con esa pregunta. Y en segundo lugar yo no soy realmente de Guatemala, sí, nací ahí, pero me fui, así que no es mi territorio.

Cuando empecé a escribir, que fue bastante tarde, hice algo bastante tabú y que se supone que no hagas. Empecé escribiendo covers, historias cortas como si las hubiesen escrito otros autores. El segundo libro que publiqué, El ángel literario, es un libro difícil de describir, como todos mis libros, porque no son muy tradicionales. Pero éste es extremadamente difícil de describir. Estaba en Florida y lo que se pregunta este libro es ¿por qué soy un escritor? No se supone que sea un escritor, se suponía que fuera otra cosa y de repente tengo un libro publicado.

Así que empecé a indagar sobre la vida de estos autores esperando descubrir el momento en el que se convierten en escritores. Hay una famosa anécdota sobre Carver en Iowa City. Él quería escribir pero tenía que lavar la ropa de sus hijos, así que escribí una historia imitando a Carver en ese momento de su vida, en su tono. Otro de Hemingway en París, de Piglia en un burdel en Buenos Aires, Nabokov escribiendo su primer poema en un parque de Rusia. Así que investigaba, encontraba el momento y luego lo recreaba con las voces de ellos. Básicamente era como tocar un cover, literalmente quería imitarlos, agarrarme de sus manos, y publiqué ese libro. Ahí llegó el problema, luego de eso ¿qué hago? ¿dónde encuentro mi voz, mi tono? Así que publiqué este libro en 2004 y después vino un prudente silencio de cinco años en los que trabajé en las historias de El boxeador polaco. Escribía estas historias cortas, que pensaba que eran piezas individuales, pero había una voz que estaba como de luto, y que era una misma voz. Llegó luego de que busqué primero las figuras paternas en todos estos escritores, a las que tuvieron que dejar ir. No sé como pasó, no sé cuál fue el proceso, pero no fue realmente matando a esos escritores. Como Peter, tengo escritores a los que vuelvo constantemente. A Carver, a Flannery O’Connor, aún con la controversia de las últimas semanas.

PO: Tuvimos que matarla de nuevo y eso es muy malo. Surgió ahora el racismo en su obra, y la verdad es que yo nunca encontré en sus páginas que haya representada una voz racista, pero otras personas sienten lo contrario y es realmente una pena. Eduardo describía una especie de idea de venir desde una tierra de nadie, es la palabra apropiada, es un buen lugar desde donde germinar. Creo hasta cierto punto que todos los escritores necesitamos llegar a ese lugar, la mayoría de los autores que me han llegado más intensamente no tienen nada que ver con el lugar de donde vengo. Yo soy judío, y estos escritores no tienen nada que ver con mi tradición, y sin embargo no creo que podría estar aquí sin ellos. Y estoy pensando en un gran escritor, escribía historias sobre pianos, el uruguayo Felisberto Hernández, quizá sea un don nadie en Uruguay, y me lo imagino saliendo de la nada. De todas formas creo que mi padre me dio ideas de otra gente para matar, Grace Paley, creo que si pudiera hacer lo que ella hacía jamás me moriría. Es tan extraordinaria, con esa especie de lengua vernácula judía que trato de capturar, Dios, que escritora maravillosa.

- Se podría decir que hicieron con sus escritores, lo mismo que con sus padres

EH: Absolutamente, es una transposición de los padres, algo edípico en la literatura, es una imagen espejada. El padre de Peter fue un lector, así que de alguna manera entendía. Pero mi padre no lo entiende, el ama que sea escritor y está muy orgulloso, pero no es un lector, así que es muy difícil tratar de explicarle cuando hago una construcción de nuestra relación, que estoy tomando algunas partecitas que necesito.

PH: Los padres no tienen que leernos. Mi madre pone todos mis libros en el estante pero no necesita leerlos.

EH: Pero las madres quieren saber si hay algo escrito sobre ellas.


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