Édouard Levé, retrato de un artista atormentado

Con la edición de “Diario” se completa la traducción de la obra del autor francés al español. Perfil de un artista multifacético que exploró la oscuridad de la existencia y terminó con su vida a los 42 años

Édouard Levé
Édouard Levé

Escribe con letra prolija. Frunce el entrecejo y apunta sus enormes ojos celestes hacia la hoja. Sostiene la birome con firmeza y se concentra para que cada letra le salga del mismo tamaño. Cuando finaliza una carta la introduce en un sobre y lo cierra de manera delicada. Escribe varias. Sus dedos casi rozan el papel. Cada destinatario es importante. Ninguno es elegido al azar, menos ante la inminente decisión que está a punto de ejecutar. Este será su último acto. Lugar y fecha: París, 15 de octubre de 2007. Horas más tarde, su mujer lo encuentra sin vida, ahorcado, de manera pulcra y elegante. Podría ser una puesta en escena para alguna de las fotografías que solía tomar. Tres días antes había enviado a su editor, Paul Otchakovsky-Laurens, el manuscrito de su nuevo libro. El texto lo perturbó. Faltaba poco para que se reunieran. Quería charlar con él. Temía que fuera una suerte de premonición. Su instinto no falló. El título de dicha obra, que terminó publicándose de manera póstuma, era Suicidio (2008).

Édouard Levé es oriundo de Neuilly-sur-Seine, una ciudad francesa del área metropolitana de París donde también nacieron, entre otros, la escritora Anaïs Nin, el actor Jean-Paul Belmondo y fallecieron el prestigioso director de cine François Truffaut y el ocultista armenio George Gurdjieff. Nació el 1 de enero de 1965, fecha que provocó que su cumpleaños pasase desapercibido. Comenzaba a gestarse en su interior una facultad que luego profundizaría por medio de su arte: el observar antes que el ser observado. Estudió en la École Supérieure des Sciences Économiques et Commerciales (ESSEC) aunque no tardó en darse cuenta de que lo suyo era otra cosa. Incursionó de manera autodidacta en el arte. Más precisamente, en la pintura. En principio, abstracta. Cuenta en su libro Autorretrato: “Ejercí la pintura de 1991 a 1996. Pinté unos quinientos cuadros, vendí unos sesenta, unos cien están guardados en las dependencias de una casa en Creuse, los demás, ¿los quemé?”.

"Diario" (Eterna Cadencia), de Edouard Levé
"Diario" (Eterna Cadencia), de Edouard Levé

La cámara lúcida

Luego de un viaje a la India y de tener otra crisis existencial, se volcó a la fotografía conceptual, encontrando allí el lenguaje expresivo que necesitaba. Su primer proyecto (Homonyms) consistió en retratar a personas anónimas para el interés público que encontró en la guía telefónica pero cuyos nombres eran idénticos a los de sus ídolos (Georges Bataille, André Breton o Yves Klein).

Sus fotografías impactaron por su dimensión perturbadora y ominosa. “Lo que más me gusta de Levé es la capacidad que tiene para captar la angustia de la sociedad en que vivimos en elementos mínimos” opina el crítico y escritor Ezequiel Alemián en diálogo con Infobae Cultura. Amplía: “Es como si, en cada caso, abstrajera el objeto de su contexto y en esa abstracción, en ese corte, lo exhibiera en su soledad, en su absurdo, en su insignificancia”. El mayor ejemplo de esto es su serie fotográfica Angoisse (angustia en francés), donde fotografió rincones perdidos de este pueblo homónimo sin la más mínima edición. Con la mayor crudeza posible. Allí se observan un bar, una iglesia, una discoteca, un cementerio, una plaza, rutas, caminos y letreros con la palabra “angustia”. La sensación al verlas es, más bien, como la de una invitación al abismo. Un zoom-in, sin anestesia, a la más profunda desolación.

Del proyecto "Homonyms"
Del proyecto "Homonyms"

Consultada por Infobae Cultura, la periodista cultural Débora Vázquez definió a la obra de Levé como “compulsiva, alucinada e instintivamente conceptual; una obra fragmentada, que no responde a la cronología; una obra exhibicionista y experimental en la que las obsesiones del autor quedan rápidamente en evidencia; una obra desestabilizadora en la que los juicios morales y las explicaciones psicológicas se descartan de antemano y se prioriza una objetividad que se parece bastante a la apatía y también al humor”.

Un ejemplo de esto bien podría ser Pornographie, en cuyas fotos aparecen personas vestidas con ropa formal recreando poses sexuales de lo más variadas. Una especie de kamasutra en plena oficina. Los colores y tonos son pasteles, bien saturados y claros, generando un contraste con el salvajismo de las poses. Esta ambigüedad, entre lo perturbador y lo ridículo, será otra marca registrada de la obra del artista francés. En Fictions recurre a los blancos, negros y grises para combinar a sujetos contemplando la basura o a otros vitoreando a una pareja teniendo sexo salvaje pero, otra vez, con la ropa puesta. De nuevo los contrastes; las contradicciones. El escritor y cineasta Alain Robbe-Grillet definió a su obra como “la mortificación del instante”.

Obras

“Descubrí a Levé hace varios años, un tiempo después de su muerte, cuando noté que en la prensa francesa se lo empezaba a mencionar más seguido como a una figura lateral pero fuerte, influyente, casi insidiosa. Más allá de la buena reputación literaria de los suicidas, me cautivó su costado proyectista, su facilidad para multiplicar ideas, su maestría y calma para lo sutilmente demoledor” cuenta Matías Battistón, traductor de Levé al español en la Argentina, en diálogo con Infobae Cultura. Se encargó de traducir los cuatro libros editados por Eterna Cadencia en el país: Obras, Autorretrato, Suicidio y Diario. Este último de reciente aparición. Agrega: “tiene el encanto de una voz monocorde, que no deja de hacer cosas distintas pero siempre es la misma. Traducirlo es tratar de respetar cierta impersonalidad característica, reconocible, sin estridencias y sin concesiones. Pero más allá de ciertos juegos de palabras, y cierto gusto por el detalle puntual, a veces críptico, la alusión velada o los ocasionales juegos de apropiación de otros discursos, lo que más cuesta es soltarlo. Yo le traduciría hasta las fotos”.

Su primer libro, Obras, lo publicó en Francia en 2002 y se editó en español en 2018. Se trata de un compendio de 533 ideas de obras de arte que no realizó y explica de manera minuciosa de qué se tratarían. Un ejercicio lúdico y experimental a través del arte y de la escritura que remite a otro escritor francés al cual admiraba: Georges Perec. Su influencia es notable. Sobre todo en su libro Me acuerdo en relación a Autorretrato (2005), tercera obra de Levé. Aquí el autor incluye breves pensamientos, semblanzas e ideas sueltas sobre sí mismo que lo pintan de cuerpo entero, desnudando un alma atormentada. Casi como una profecía autocumplida. Lo escribió durante un viaje por los Estados Unidos donde fotografió, en otro ejercicio irónico, ciudades que compartían nombre con otras célebres como Amsterdam, Bagdad, Roma o Florencia. En un pasaje, escribió: “He intentado suicidarme una vez, me he visto tentado de intentar suicidarme cuatro veces. Me cuesta tirar la basura”.

Diario (2004), novedad editorial de Eterna Cadencia que completa la traducción de Levé en Argentina, fue producido a partir de descomponer, armar y desarmar frases de artículos de periódicos. El libro se divide en secciones del mismo modo que un periódico (Internacional, Sociedad, Policiales, Economía, Deportes, entre otras). El principal aporte se basa en la selección y omisión de cualquier tipo de referencia coyuntural, lo que desnuda la construcción de la noticia de una manera descarnada. Genera una lectura aséptica y atemporal al construir frases como “El presidente se prepara para las próximas elecciones” o “Un país dividido en dos luego de la última guerra” sin aclarar a qué países o guerras se refiere, produciendo la sensación de abarcarlo todo.

Pero sin dudas es Suicidio (2008), su último libro, el que cierra el círculo perfecto de toda su obra en donde la muerte siempre estuvo presente. Lo escribió a partir de que un amigo decidiera quitarse la vida. Muy dolido, Levé construyó un monólogo desgarrador en donde intercala reflexiones propias y ajenas. Es allí donde muchos lectores detectaron un enorme componente autobiográfico que presagiaba un desenlace trágico. ¿Hablaba de su amigo o, más bien, de él mismo? Dijo la crítica cultural Graciela Speranza en un artículo: “El tú que invoca al amigo alcanza al autor en una especie de autorretrato oblicuo y también al lector, invitado a ser testigo de la lucidez final del suicida”. En un poema extenso que cierra el relato, el autor escribió: “la felicidad me precede, la tristeza me sigue, la muerte me espera”.

De "Pornographie" y "Fictions"
De "Pornographie" y "Fictions"

Suicidio

Dijo el filósofo, escritor y ganador del Premio Nobel de Literatura Albert Camus: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”. El peso de la existencia, la insoportable levedad del ser, han torturado, y torturan, a una infinidad de hombres y mujeres. Los artistas no están exentos a esta sensación de agobio. Más bien, ocurre lo contrario. Híper sensibilizados ante su entorno, sus malestares, frustraciones y penas se engrandecen generando, en ciertas ocasiones, consecuencias drásticas que los llevan, incluso, a la muerte. En la literatura son célebres los casos de Alejandra Pizarnik, víctima de una depresión crónica; casos como el de Andrés Caicedo, quien vivió rápido y murió joven, o el de autores que fueron víctimas de un cóctel fatal compuesto por severos cuadros depresivos e indiferencia del mercado editorial: John Kennedy Toole (famoso luego de su suicidio por su gran novela La conjura de los necios), Salvador Benesdra (autor de El traductor) o Marcelo Fox (poeta maldito beatnik cuya novela Invitación a la masacre conmovió a autores como Fogwill o Alberto Laiseca y hoy es, prácticamente, inconseguible).

Levé encajaría un poco con cada uno de estos perfiles. Su suicidio podría leerse, recurriendo a una metáfora literaria, como una “crónica de una muerte anunciada”. Había tenido varios intentos suicidas, recibió atención psicológica y hasta llegó a estar internado en un hospital neuropsiquiátrico. Speranza afirmó: “su muerte reescribió toda su obra, la reordenó desde la última y lo convirtió en autor de culto”. En palabras de Battistón, su traductor: “El costo de su autenticidad extrema fue, de cierta forma, el suicidio que, uno quiera o no, le infunde cierto pathos a todo lo que dejó escrito”.

El sociólogo Emile Durkheim realizó una célebre investigación sobre el tema. En El Suicidio (1897) distinguió dos categorías: el Suicidio melancólico, que “se relaciona con un estado general de extrema depresión, de exagerada tristeza, que hace que el enfermo no aprecie seriamente los vínculos que tiene con las personas y cosas que le rodean” y el Suicidio obsesivo que “no se causa por motivo alguno real ni imaginario, sino sólo por la idea fija de la muerte que, sin razón sólida alguna, se ha apoderado subversivamente del espíritu del enfermo. Este está obsesionado por el deseo de matarse, aunque sepa perfectamente que no tiene ningún motivo racional para hacerlo. Se trata de una necesidad instintiva, sobre la que la reflexión y el razonamiento carecen de imperio”. Levé podría relacionarse con ambas definiciones: sufrió de depresión aunque, también, la muerte formó parte de sus obsesiones recurrentes. “Tu suicidio fue de una belleza escandalosa” escribió Levé en Autorretrato sobre Sarah Kane, quien se tomó 200 pastillas —entre antidepresivos y somníferos— tras escribir 4:48 Psicosis, célebre monólogo teatral donde la autora aborda una inmensa angustia existencial.

De "Angoisse"
De "Angoisse"

Pauline Fondevile es una artista y escritora francesa que vive en Argentina. Conoció a Levé cuando este le contó que iba a viajar al país para escribir sobre la Dictadura de Videla, Massera y Agosti. Le pareció una idea fascinante. Finalmente, ese proyecto quedó trunco. Su relación, recuerda en diálogo con Infobae Cultura, “fue amistosa, desarrollada desde el azar de los encuentros. Empezó una noche de inauguraciones y bares en París, en el 2004. Yo conocía sus fotografías y él mis dibujos, pero esa noche nos cruzamos con otros noctámbulos y fuimos derivando por la ciudad hasta la madrugada. Édouard era misterioso, seductor, elegante, fuera de las modas y de las normas, políticamente incorrecto, divertido y muy inteligente. A partir de ahí nos fuimos encontrando regularmente”. Lo definió como “enigmático e irónico, melancólico y utópico”.

A partir de su suicidio, la oscuridad y la pulsión tanática que rodea su obra, uno podría pensar que Levé se trató de un artista depresivo o que su obra estuvo cargada de significados negativos. Respecto a esto, Battistón señala que “una obra tan viva, tan original, tan contagiosa como la de Levé necesariamente te ilumina, aunque sea con una luz negra. Si lo mediocre es deprimente, por más que milite la alegría y la diversión, libros como los de Levé te motivan hasta cuando te despedazan”. Débora Vázquez agrega: “Claramente en su obra hay un gusto gótico por la muerte y aunque él no lo supiera era una suerte de poeta maldito. Sin embargo, ¿quién podría dudar de la ambición y de la vitalidad de alguien capaz de imaginar en un solo libro 533 proyectos que van de la pintura a la performance, pasando por la fotografía, la música, la escritura, la escultura y la videoinstalación? Yo no”.

Irreverente, oscuro pero, a la vez, luminoso; con una predilección por el contraste, la ambivalencia y la experimentación, Levé se ha ganado un lugar como escritor y artista de culto. Su obra emerge a fuerza de talento y originalidad para hacer foco en los detalles más perturbadores de la existencia. Cala en los huesos y, pese a lo ocurrido durante sus cumpleaños cada primero de enero, no pasa desapercibido. Se nutre de la tragedia social y personal aunque, al unísono, también se embebe del humor negro, la parodia y la ironía. Tal como escribió en Autorretrato: “Lo que hay al final de la vida no me da miedo (…) En mis épocas de depresión me hago la imagen mental del entierro que sigue a mi suicidio, hay muchos amigos, hay tristeza y belleza, el acontecimiento es tan conmovedor que me entran ganas de vivirlo y, por ende, de vivir. No sé irme de un sitio con naturalidad”.

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