Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, viste. Salgo de casa… lo de siempre, en la calle y en mí. Cuando de repente, detrás de una enorme puerta, aparece ella. Mezcla de último eslabón de una generación tanguera y música de la buena…

Son las 18 horas del miércoles previo al día de los enamorados. El cielo de la Buenos Aires a la que Amelita Baltar le cantó hace 50 años observa a la musa de Astor Piazzolla, la elegida para ser la voz de Balada para un loco, la composición musical con letra del poeta uruguayo Horacio Ferrer. A ninguno conocía ella antes de ser convocada, en 1968, para interpretar María de Buenos Aires, la operita prima del vanguardista.

50 años después, Amelita recibe a Infobae Cultura y, llave electrónica en mano, sonríe ante el primer gesto que se le hace. Abre una hoja de la pesada puerta con bordes de madera e interior de vidrio sosteniendo la manija de bronce e invita a pasar. El estrecho ascensor hará que los viajes al quinto piso sean en dos turnos. "¡Hace poco me operé de la cadera!", cuenta para explicar por qué no subimos por la escalera. Se la ve radiante, risueña. Nadie diría que dos semanas atrás estuvo en un quirófano.

El 11 de noviembre de 1969, Amelita Baltar interpretó por primera vez “Balada para un loco”, la más aclamada composición de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. (Prensa Amelita Baltar)
El 11 de noviembre de 1969, Amelita Baltar interpretó por primera vez “Balada para un loco”, la más aclamada composición de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. (Prensa Amelita Baltar)

Desde la planta baja, junto al ascensor, Amelita Baltar reconoce los ladridos de Blue Blue, el perro de ojos celestes que rescató en la calle cuando corría aturdido por un show de fuegos artificiales. "Me lo iba a quedar por unos días y a darlo en adopción… ¡Ya pasaron 9 años!", cuenta apenas entramos al departamento y mientras observa cómo rasco el cuello angosto del mestizo de pelaje blanco con manchas marrones y amarillas. ¡"Ya te lo ganaste!", asegura mientras Lola, su gata tricolor de 20 años, sale a ver a las visitas y la otra felina ignora la situación. Más tarde confesará que ama a los animales.

Mientras Blue Blue corre a Lola, Amelita invita un café. "Díganme si está frío, ¡eh!", reclama sinceridad. En la pequeña sala sobresale el piano vertical que expone algunas fotos familiares: un festejo del cumpleaños de uno de sus hijos y retratos en blanco y negro del otro hijo, que fue modelo y que ahora vive en Sudáfrica. A la derecha, la cocina conecta con la terraza y en el otro extremo está el estudio, que bien podría ser el Cuartito azul de Mariano Mores pero es el lugar donde ella pasa las horas.

Los recuerdos y preparativos para celebrar el aniversario de la Balada

Antes de empezar la entrevista, invita a la terraza para mostrar sus plantas. Amelita tiene también dotes de buena jardinera y ese pequeño oasis verde lo demuestra. "Acá vengo a tomar algo mientras miro las estrellas. ¡Se ven enormes!", cuenta.

El actual estudio de Baltar era la casa del encargado del edificio, lo dirá varias veces. Y de vuelta en el interior se acomoda el cabello frente a la cámara, sonríe y cuenta:"Estuve seis días en la cama, así", dice e imita a una momia riendo porque se reconoce inquieta aunque asume que la molestia en sus rodillas, tras la operación de su cadera, se fue. Más adelante aconsejará: "Si les duelen las rodillas, hágase un buen estudio de la cadera".

Cuando le pregunto qué representa ese lugar, responde: "Abajo Amelita duerme (en la planta baja), se despierta y viene acá a desayunar. Y después a la noche baja a comer. Paso todo el día acá porque acá tengo todo. Abajo es una casa: la cama, la mesa, el comedor, si no hay nadie, estoy sola. En cambio acá, tengo una terraza donde a cierta hora empiezan a pasar las golondrinas, en esta época, donde veo las palomas y donde los gatos van tranquilos a posarse en mi falda. Amo a los animales profundamente".

Y de repente… Balada para un loco cumple 50 años. ¿Cómo fue la noche del estreno?

¡Estamos en los 50 años de Balada para un loco…! Y… esa noche, subí al escenario como toda persona que sube… ¡Era muy joven! Tenía 28 años recién cumplidos de aquella época. Yo me subí y había 2 o 3 micrófonos, cosa que nunca me había pasado, porque había una trasmisión o no sé qué cuernos había… Me subí y empecé: "Las tardecitas…"—recita breve— Empecé a cantar y empezaron a chiflar, a silbar… Silbatina. ¡A insultar! Yo estaba en el escenario y abajo estaba Astor con todos los músicos… ¡Ellos tampoco entendían qué era eso! Porque tampoco era una silbatina nada más. Gritaban cosas feas, se acordaban de mi mamá, me mandaban a lavar los platos, tiraban monedazos —se asombra—. Nadie sabía de qué se trataba y era que habían planfleteado a toda la popular, la gente de "izquierda"… Yo también soy una persona… ¡Yo no soy fascista, viste! Pero en ese momento existían los comunistas. Ahora tenés que buscar con lupa a un comunista, pero había algún músico o gente de la grabadora porque el otro tema que competía lo cantaba Jorge Sobral, maravillosamente bien y buen mozo que no se podía más. Y repartieron panfletos para que chiflaran a Piazzolla.  Decían que era un tema oligarca y por eso nos chiflaron en el estreno (porque hablaba de Callao y Arenales).

Amelita Baltar celebra los 50 años de Balada para un loco. Se presentará en el Tasso el viernes 22 de febrero. (Ariel Gónzalez)
Amelita Baltar celebra los 50 años de Balada para un loco. Se presentará en el Tasso el viernes 22 de febrero. (Ariel Gónzalez)

La intérprete —o decidora, como se define— analiza ese momento que vivió en el Primer Festival Iberoamericano de la Danza y la Canción realizado en el Luna Park entre octubre y diciembre de 1969. Allí fue Piazzolla a presentar su obra cumbre, que quedó segunda el 14 de octubre. Admite: "El porteño se masifica y entonces ¡Aaaggr! ¡Siempre hace lío! Y esa vez, algunas miles de personas hicieron lío".

¿Qué pasó con los otros espectadores?

Los de la platea no sabían qué pasaba. No escuchaban lo que decían sino que pensaban que el silbido era a favor ¡y gritaban más! Yo no me escuchaba lo que cantaba porque era tal lo que llegaba que quería respirar… —respira profundo— Y tenía un solero divino y respiré tanto que hizo track el cierre y si se me caía eso quedaba… Terminó la canción y tipo geisha saludé así —recrea el saludo— y me fui retrocediendo unos cinco, seis metros. ¡Me metí entre los telones! Vino una chica venezolana, Gloria Martín, piazzollera y fanática mía, y yo recién salía… y corrió al camarín y buscó un alfiler  y me prendió el vestido atrás. Menos mal porque a los 10 minutos dijeron que éramos finalistas y entonces tuve que salir y volver a cantar… Y volvieron a chiflarnos y a hacer cosas… Y yo volví reculando, cual geisha, y me metí adentro. Y ahí creo que Piazzolla entendió un poco más. ¡Se enojó muchísimo! ¡Decía tantas malas palabras, pero tenía razón! Además yo tenía 28 años de aquella época… Ese fue mi debut, a lo grande. Pero me he resarcido porque he hecho el Luna Park cantando Balada para un loco a sala llena.

En 2002, el bailarín Julio Bocca la convocó para que hiciera los cierres del show que presentaba: él salía de escena y detrás de un telón de tules Amelita comenzaba a recitar Balada. La gente, confundida, no sabía qué pasaba hasta que la luz la acompañaba al medio del escenario. Delirio total. Durante seis noches el Luna la aplaudió de pie. Al igual que lo hicieron durante 50 años en cada rincón del mundo.

—¿Qué le genera seguir interpretando esa canción?

—Pasa que es un tema que toca la fibra de la gente, incluso no entendiendo el idioma. Algo se metió dentro mío con esa canción y como que solo dentro de mi espíritu y ganas de cantar se cultivó y se hizo como cada vez más llegador, más entrador, no sé, pienso. Por ahí hablo pavadas… Pero pasa que yo me pongo a cantar eso en Finlandia y a la mitad de la canción veo que la gente ya está así —hace el gesto de secarse las lágrimas— Y siempre digo, como chiste: ¡Qué alegría, cuando yo canto todos lloran!… Y pasa eso… ¡No sabés lo que es en Japón ver en las primeras filas, hasta donde llegás a verlo por la luz que da en el escenario; hay 7, 8, 10 filas y está todo el mundo llorando con esa canción. ¡Hay algo que yo no sé explicar! Creo que me trasciende a mí también porque me pasa que… ¡50 años! Otro estaría cansado de cantar Balada para un loco y yo ni harta ni nada, sé que la canto y cuando empiezo: "Las tardecitas de Buenos Aires…"  y el público empieza… ¡Guau! ¡Esa energía que el público me da! ¡Esa energía que ellos largan con un grito —imita las ovaciones que escucha— es como que lo incorporo sin quererlo y eso me da una fuerza y hace que eso surja y es recíproco! Ellos se mueren de placer, me dan una energía que me nutre y yo la canto como si fuera la primera vez y aún hasta me emociono… ¡Mirá que son 50 años cantándola!

Amelita, emocionada después de cantar Balada para un loco. (Prensa Amelita Baltar)
Amelita, emocionada después de cantar Balada para un loco. (Prensa Amelita Baltar)

Cincuenta años que tendrán su momento de fiesta el próximo viernes 22 de febrero en el Torquato Tasso. Las invitadas de honor para la gala son Sandra Mihanovich y Teresa Parodi.

Las artistas son parte, también, de la historia de Balada y de Piazzolla."Nos vamos a juntar las tres con mi pianista y vamos a ver cómo nos dividimos el tema. Por suerte las tonalidades están iguales", adelanta Amelita y recuerda una divertida anécdota: "Es muy gracioso porque Teresa cantó con Piazzolla cuando me separé, en el '75, y volví a Buenos Aires… ¡No ves que va la luna yodando por caliao!, Teresa, que es correntina había cantado así y parece que Astor le pidió que lo hiciera más porteño".

Balada fue editada en un sencillo por el sello CBS en noviembre de 1969 con “Chiquilín de Bachín” en el lado B, de los mismos autores

Después del cumpleaños de Balada para un loco: los nuevos proyectos

"¡Bueno! ¡Basta de hablar de Piazzolla!", protesta sonriendo. Pero inevitablemente la conversación volverá al hombre con el que estuvo en pareja entre 1969 y 1975, cuando decidió andar su vida por otro rumbo.

"Le decía a mi pianista Aldo Saralegui, que hace 16 años que está conmigo, que quiero empezar a hacer canciones de Piazzolla que dejé de cantar hace muchos años. Hay algunas muy lindas, muy lindas… Entonces le dije que empezara a ver las tonalidades y lo que puede hacer con el piano para poder cantarlas. Entonces estoy, de pronto, queriendo rescatar un Piazzolla casi desconocido".

También admite que de golpe se dio cuenta de que esas canciones "no podían quedar agonizantes" y asegura: "En cuanto al tango tradicional, cuando aparece algo que me mueve mucho, lo tomo, lo elaboro y lo doy para que lo arreglen. Y al folclore he vuelto hace dos o tres años a cantarlo en mis shows".

¿Cómo vive estos proyectos?

—Estoy como viviendo un renacer a canciones que todavía no conozco porque estoy escuchando y estoy viendo… Pero a esta edad, a un año y medio de los 80, sentir que estás reviviendo, que tenés una juventud adentro, para recrear cosas… ¡Yo le agradezco al Señor! Yo soy muy cristiana.

Amelita, gran lectora de la Biblia, se alejó del catolicismo porque considera que allí pasan cosas que no dice el Testamento. "Dejé el catolicismo porque me resultó pesado. Tengo muchos años de lectura de la Biblia y me di cuenta de que había muchas cosas que vivía del catolicismo que no estaban en la Biblia, venían creadas por el catolicismo y tuve ganas de ser una cristiana como dice el Nuevo Testamento y eso lo encontré en los Bautistas o evangélicos".

Hace 22 años llegó "por casualidad" a un templo Bautista y conoció a un pastor. Lo que más le gusta de la religión que también seguía Martin Luther King es que "entrás a la iglesia y es una familia".

¿Qué es la música para vos?

¡Es mi vida! En mi casa se cantaba por cantar, nada de profesionales. Íbamos en auto y papá decía: "¡Dale, che! Mujeres, ¿no se cantan nada?". Entonces cantábamos. Después me enseñaron guitarra. A mi amiga de arriba, Graciela, le enseñaba una prima… Le enseñaba canciones y yo tenía un profesor que me enseñaba solfeo. Y entonces a los 14 aprendí con ellas a cantar canciones… Después, cuando vivía con mi abuela, mis tías iban de visita, se sentaban a tocar el piano y como yo vivía en la casa de mi abuela, me decían: "¡Amelet!" y sacaban debajo del sillón del piano alguna cosa y me lo daban para que lo cantara. Tenía 10, 11 años—ríe— ¡He cantado cada bodrio! La mía era una casa en la que nadie nunca pensó en el profesionalismo.

Recién a los 21 años, Amelita supo que podría hacer del canto, ese don natural, su profesión. "Un amigo me dijo que tenían un grupo y que la chica que cantaba se había ido y que necesitan a una mujer. '¿Vos querés cantar?', me preguntó. Ensayamos un poco y les dije que no quería, pero otro día llegó otro diciendo 'hay un programa de televisión para hacer'… Y yo, que quiero, que no quiero… Y quise. Y ahí empezó en el ´62. Así que llevo 57 años como profesional".

Amelita, porteña de nacimiento, llegó al mundo el 24 de septiembre de 1940 y se inició en el folclore, género al que ama "profundamente", y compartió escenario con los más grandes. "Tuve la suerte de conocer a todos los grandes porque estuve en el Festival de Cosquín, en Jesús María… Conocí a los grandes: el Cuchi Leguizamón, Armando Tejada Gómez, César Perdiguero, Eduardo Falú, Dávalos… Y de la mano de Piazzolla conocí a los tangueros, que lo amaban, lo adoraban y a Astor le encantaba el tango tradicional, el público era el problema", asegura.

Conmocionada por sus recuerdos, agrega: "Él terminaba de trabajar y decía: 'Che, vamos a visitar a Lionel', así le decían a Edmundo Rivero. Íbamos al Viejo Almacén a escuchar a (Horacio) Salgán y tomábamos un whisky con él y charlábamos con Lionel. Así conocí a Rivero a mis 27, 28 años… Íbamos al Caño 14 a ver a (Aníbal) Troilo, que era donde él tocaba. Conocer a Goyeneche —se le pierde la mirada—, que moría por la Balada para un loco… Alguien le había dicho y la quiso grabar enseguida después de que la había hecho yo".

Roberto Goyeneche grabó “Balada para un loco” en diciembre de 1969, un mes después de que la grabara Amelita, junto a la Orquesta de Astor Piazzolla. La cantó hasta en su última presentación.
Roberto Goyeneche grabó “Balada para un loco” en diciembre de 1969, un mes después de que la grabara Amelita, junto a la Orquesta de Astor Piazzolla. La cantó hasta en su última presentación.

El Polaco estaba ansioso por incluir la Balada en su repertorio y llamaba con cierta insistencia a Astor para que le hiciera los arreglos pertinentes para grabarla. "Dejame un tiempito a mí disfrutarla y después que la grabe él", le decía Amelita cada vez que el teléfono de la casa de la pareja sonaba.

Apenas pasó un mes y en diciembre de 1969, Goyeneche la grabó junto a Chiquilín de bachín para el sello RCA, con la Orquesta de Astor Piazzolla.

“Tengo el honor y el placer inmenso de haber conocido a los autores de las canciones que canto y eso te da dentro tuyo, en espiritualidad”

Actualmente, Amelita da clases de Interpretación de Tango y cuando lo hace transmite todo lo que sabe. "Yo enseño interpretación de tango, no canto. Yo sé cómo se canta el tango, yo sé de esa época y de cómo la cantaban en esa época. Sé lo que hay que hacer para cantar un tango y me gusta enseñar y además decirle a la gente: '¡A Troilo le gustaba así!'".

Sin ocultar su emoción, sigue: "Tengo el honor y el placer inmenso de haber conocido a los autores de las canciones que canto y eso te da dentro tuyo, en espiritualidad… Te sentís colmada cuando estás cantando una música de Troilo y te acordás de cómo era el gordo y cómo la tocaba; y te acordás cómo cantaba esto Goyeneche, que lo amo… ¡Y yo era la nena!".

La mujer que está hablando conoció a Tania en sus últimos años, a Virginia Luque y fue "amigota", así lo dice, de Alba Solís. Y recuerda a todos y a cada uno y honra con el afecto de haberlos conocido y querido.

De esa manera, los interpreta y hace que en su voz, cada uno de ellos regrese a esas callecitas de Buenos Aires donde por las noches salen a bailar los locos que inventaron el amor.

 

*Amelita presentará "50 años de Balada para un loco" en el teatro Torquato Tasso, (Defensa 1575) el viernes 22 de febrero, a las 22.

 

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