Blanca y radiante. No como una novia sino como una mujer que vive la vida que elige. Así estaba este martes, día de esta entrevista, la Tana que durante la hora que duró este encuentro pronunció cinco veces la palabra lucha. Y claro, no le es ajena. Todo lo contrario. Es la sabia que irriga su sangre porque nació del vientre de una obrera y porque en su carrera, exilio mediante, fue trabajada a fuerza de pulmón y talento para estar y permanecer en la cima del tango y de la música de dos continentes. Ama el jazz, canta tango y cierra un año tan movido como potente.

Recuperada de una enfermedad, analizó el presente del país, habló de su familia, contó divertidas anécdotas y también celebró el feminismo que este año puso de pie a miles de mujeres en Argentina. Además, de cara al futuro y a punto de cumplir 83 años confesó: "Ya no espero nada"Susana Rinaldi recibió a Infobae Cultura en su despacho del tercer piso de la Asociación Argentina de Intérpretes, en la que trabaja desde hace más de 40 años, y habló como ella sabe hacerlo, con el corazón en la mano.

Con la misma pasión, que la hace tan única, se presentará este 28 y 29 de diciembre en el Torquato Tasso, desde las 22; y promete una despedida del año para sonreír y recordar. "Serán dos noches para conocernos y pasarla bien… Para divertirnos", anticipa.

(Ricky Levy)
(Ricky Levy)

Susana Natividad Rinaldi nació el 25 de diciembre de 1935 en Buenos Aires. Creció escuchando los tangos que su madre hacía sonar en un tocadiscos y las óperas que allí también sonaban cuando era el turno de su padre para musicalizar la casa.

Inició sus estudios de canto en 1946 y en 1955 ingresó a la Escuela de Arte Dramático. Dos años después arrancó su carrera de actriz en el entonces Canal 7 y en 1959 integró el elenco de una novela juvenil que ganó un Martín Fierro. Desarrolló su carrera actoral en radio, televisión, cine y teatro, esto le valió el reconocimiento del público y recibió galardones.

Recién en 1969, de la mano del legendario Eduardo Bergara Leumann, comenzó casi sin querer su carrera como cantante. Debutó en el escenario el día que la mítica casa La Botica del Ángel abrió sus puertas en San Telmo. A partir de entonces fue imparable.

Las botas verdes y los primeros sonidos del gobierno militar la llevaron al exilio por su militancia política. Es socialista y fue una de las primeras mujeres argentinas en pisar tierras consideradas de hombres sosteniendo siempre su bandera feminista en lo más alto. Se casó con el bandoneonista Osvaldo Piro, con quien tuvo a sus hijos Ligia y Alfredo, también cantantes.

Susana Rinaldi es vicepresidente de la Asociación Argentina de Intérpretes

"Bueno, contame un poco de vos", pidió Susana mientras Ricky, el camarógrafo, armaba el equipo para grabar esta entrevista. A Rinaldi le interesa conversar y saber sobre la vida de las personas que tiene enfrente. Después de bromear con el chico que montaba el equipo en el trípode se dispone a escuchar las preguntas.

—Por dónde arrancar a preguntar cuando alguien tiene tanto camino recorrido y tanta historia tan bien vivida…

—Y, si ves un poco las paredes de este lugar ¡por ahí te inspirás!—sonríe amplio señalando las decenas de diplomas y reconocimientos que cubren las blancas paredes— ¡Trabajando, trabajando! Todo es la consecuencia de trabajar en esta casa que domina el espacio de los intérpretes, músicos, ejecutantes que es AADI y que representa… de qué manera la capacidad de representar a tanta gente en la Argentina y también fuera de ella. ¡Cómo ha crecido esta casa! —reflexiona, se hunde en los recuerdos y sigue—. Yo llevo ya aproximadamente 40 y algo de años, pero más allá de eso, de los casi 70 que nos envuelven ya en esta casa, la satisfacción inmensa de contener la cantidad de jóvenes que han sabido valorar, valorizarla, de darnos la posibilidad de cuidar su dinero, producto de un derecho. Acá pasa por los derechos. Es decir, los derechos que no solo son humanos, que no es poco, sino que es el derecho de los artistas e intérpretes y ejecutantes que vamos por el mundo reivindicando este derecho. Cuando digo que vamos por el mundo, quizás lo mejor que yo haga en esta casa es representar el lado donde la ley se pronuncia y en este caso levanta sus alas todo el tiempo que puede en el Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y donde nos encontramos más de dos veces o tres por año con todos los países que se sienten representados por la OMPI y con quienes debatimos y al mismo tiempo nos maravillamos de que estas leyes… A propósito del derecho siguen todavía amparándonos y, sobre todo, sigan todavía, gracias a Dios, siguen amparándonos y esa es nuestra felicidad mayor. No solo para nosotros sino también para los artistas que nos permiten ser sus guardianes.

¿Cómo fue este 2018 para Susana Rinaldi?

—Según desde donde se mire… Como soy una mujer política y soy una mujer acostumbrada a pensar desde la época donde en que no asomaba dentro de la música sino en el teatro. Desde ese entonces pienso mucho. Pienso mucho en mi país, pienso mucho en la gente que nos acompaña y los que no nos acompañan. En ese sentido he sufrido bastante. Creo que la enfermedad que he tenido ha sido, yo diría, una respuesta a aquello que me ha tenido muy perturbada… Digo permanentemente: "¿En qué momento nos ha pasado esto?" Y cuando digo "nos ha pasado", incluso, hablo de aquellos que pensaron que esta fórmula de tratamiento al país le iba a hacer bien y no la catástrofe que es para la gente… Pero al mismo tiempo digo: "¿Qué derecho tengo yo?" El derecho de ciudadana, nada más ni nada menos. El derecho de alguien que nunca se ha dejado embaucar por nadie y sobre todo de alguien que ha vivido 25 años, nada menos, fuera del país. Quiero decir, la tengo de un lado y del otro; y sé que tengo razón. Y a mí lo que me pasa es que, con la edad que tengo, no tengo ganas de seguir padeciendo una cosa que ya he padecido desde chica, son muchos años, ¿no? Y cuando vos te acostumbraste a que tu Estado sentó cabeza y dijiste "¡Qué bueno! ¡Mirá! ¡Acá pasa otra cosa!"…

Nunca me voy a olvidar el día, muy importante para mi, al ver aparecer en la televisión a un tipo alto, apuesto, decidido que fue Néstor Kirchner y que con la famosa novela, terrible, de que había que pagar toda la deuda que teníamos. Deuda, la palabra deuda, esa palabra que en mi casa nunca quise que existiera, imagínate en mi país. Y que apareció este señor y con una decisión impresionante dijo: "¡Hay que pagar la deuda y no se habla más de la deuda!" ¡Y pagó la deuda! ¡Y nadie se ofendió! No necesitó que la gente se empobreciera. No necesitó de la espiritualidad de la gente para que fuera a llorar a la iglesia… Que ese señor, que a mi me dio pautas que ya no existían más, se muriera tan joven es algo que yo nunca le perdonaré a la vida. 

Susana Rinaldi a solas con Infobae Cultura

Preocupada por la realidad social de Argentina, analiza: "Que después de eso aparezca esto, que es una catástrofe! Entonces digo: 'Yo estoy muy grande ya para escuchar esto! ¡Y dan ganas de llorar! ¡Y no tengo ganas! Veo las cosas que pasan, la gente que antes se preparaba para la cena de fin de año, todo el mundo tenía como una expectación y acá estamos… Aguantando una vez más… ¡No hay derecho!

La vida familiar

Ligia y Alfredo Piro, hijos del matrimonio entre Susana y Osvaldo Piro no pudieron esquivar la pasión por la música y ambos llevaron sus carreras a los escenarios.  "Mis hijos han sabido o han querido aprender de la música muchos beneficios. Ligia, que no voy a mencionar porque estoy feliz de la vida de que ¡la gente la ama! Entonces esto es lo mejor que te pasa… Lo mejor que le puede pasar a una madre es que les quieran a sus hijos. Alfredo ¡ni te cuento! Porque de pronto tiene muchos amigos y los empujes que se toma también para la parte musical que lo embarga y ver crecer a Victoria —su nieta—, que así se llama porque quisimos creer que era una victoria la que vivíamos… y siempre vienen aquellos que nacieron para joderte o para electrizarte y que te demuestran que no es así".

Además de su visión sobre el presente, ¿qué otra cosa le causa pena?

—Me causa además un poco de pena los amigos que se me fueron y que muchas veces no tengo con quién hablar. De pronto digo: "Ay, yo tendría que…" No sé cuánto tiempo así me pasó con mi mamá. Cuando yo vivía en Europa, mi mamá ya había pasado al otro lado, pero todos los días pensaba "¡Ay, tengo que llamar a mi mamá!" Y de pronto me decía ¡Qué idiota! Me pasaba casi todos los días. Estaba demasiado acostumbrada a hablar con ella. Y hay amigos que me gustaría tener al lado, de verdad; amigos con los que me gustaría compartir algunas cosas todavía… Pero bueno, la vida no quiso que fuera así…

Su carrera artística, en el pasado y en el presente

Con la pasión por la música y el corazón en el teatro, Rinaldi se prepara para cerrar el Festival Los Clásicos del Tasso, en Defensa 1575, San Telmo. (Ricardo Levy)
Con la pasión por la música y el corazón en el teatro, Rinaldi se prepara para cerrar el Festival Los Clásicos del Tasso, en Defensa 1575, San Telmo. (Ricardo Levy)

Los primeros años de Susana Rinaldi en los escenario fueron en el teatro. Esa es para ella, al igual que cantar jazz, una gran pasión que sigue ejerciendo. "Ayer grabé María Estuardo y me moría porque estaba haciendo presente la historia de un personaje del teatro universal que siempre me ha fascinado", contó sobre un episodio que grabó en Radio Nacional un día antes de esta entrevista. "¡Me dejó transpirando, que no te cuento! ¡Extasiada por la interpretación de ese personaje!".

De las tablas del teatro pasó a las de los escenarios de la música, adelante de diferentes orquestas. Y allí llegó luego de un año intenso en el que era una joven actriz que había tenido un año de oro en la radio, el cine, el teatro y la televisión. Fue Bergara Leumann quien la llamó para que fuera la voz inaugural de su mítica "Botica del ángel", una casona que mezclaba todas las artes y la bohemia detrás de una empedrada calle de San Telmo.

"Volvía de un viaje a Chile después de haber trabajado en Argentina todo el año haciendo todo junto y al mismo tiempo teatro, cine, radio, televisión, todo junto… Entonces cuando vuelvo… ¡vuelvo tostada! ¡fantástica! ¡Estaba regia…! Riiiiinnng —hace el ruido de un timbre— ¡Bergara! "Cómo te fue", pregunta y qué sé yo… Y yo le dije "Ay, sé que vas a hacer una cosa rara de las tuyas ¡qué maravilla! ¿Cuándo es el estreno?" Y me dice: "¡Mañana! ¿no querés venir? Te pido que vengas y que cantes". "¿Vos estás loco? ¿Cómo voy a cantar delante de la gente? ¡Mirá lo que yo contestaba!".

Y así fue. Cantó, deslumbró. Y a esa noche le siguieron otras y otras…

"A partir de ahí creció 'La botica del Ángel' donde la gente empezó a llegar para escuchar a Susana Rinaldi. Nosotros no teníamos sillas para que la gente se ubicara y era todo muy especial. Por ejemplo, verlo a (Ernesto) Sábato en el suelo, ¡sentándose en un almohadón! Y el rito era que cada almohadón costara $1. ¡Un peso de la época!, ¿te acordás? —se dirige a su amiga y agente de prensa— ¡Era una fortuna!".

Mientras Susana contaba sus días con Bergara Leumann, la puerta de su oficina se abrió y lentamente entró Juan Carlos Saravia, tesorero de AADI. Chiste por medio entre ellos, se fue deseando a todos feliz año nuevo. Ella se quedó mirando la puerta de madera blanca y vidrios espejados que cerraba detrás de la leyenda.

Reflexionó: "Lo que tiene es una vocación... Lo que tiene uno es una vocación. Y esa vocación, te das cuenta, que no importa la edad que tengas, no importa cómo estés, no importa nada. Importa nada más que la vocación que te acompaña y él es una vocación que habla… Hay generaciones que pueden interesarse sobre lo que hiciste y otra que no".

Al hablar de las nuevas generaciones, Rinaldi se reía y los ojos casi le lloraban detrás del marco blanco de sus lentes, y recordó una anécdota, de cuando fue convocada por Pipi Piazzolla a participar de un homenaje a Astor en el Gran Rex. "Estaba lleno de chicos de más de 14 años y yo decía '¡Estos me van a matar! —vuelve a reír—. El curador del show me dice 'Ahora le toca a usted' Yo entré, la gente aplaudió un poco… El Pipi empezó a decir cosas que siempre agradezco muchísimo y empieza un número musical. Y yo empiezo a cantar, empiezo a cantar como canto. ¡Cuando terminé de cantar se vino abajo teatro de los aplausos! Había toda una fila de chicos jóvenes, de 17 años, 16 años qué sé yo… Cuando termino de cantar uno de ellos, con cara de mucho asombro, lo mira al que tiene al lado y le dice: "¡Che! ¿De dónde salió esta vieja?" ¡Y yo adoré! Lo fui contando por todos lados porque hubiera querido conocerlo, pero después le contaron, le dio mucha vergüenza y se fue, pero fue lindo porque eso habla bien los chicos también".

¿Cómo se llevaba con Astor?

—¡No me llevaba! Difícilmente la gente se llevaba con Astor, no porque fuera un tipo jorobado, no, no. Era muy encerrado en sí mismo, pero al mismo tiempo, cuando salía Buenos Aires ¡era un rey! Yo tuve la suerte de encontrármelo y de trabajar juntos en Grecia, porque un señor griego que ya no está apareció en mi vida y me dijo: "¿A usted le molestaría si yo la invito a cantar en un espectáculo que va a presentar Astor Piazzolla?" Yo, casi me caigo. Le dije: "Mire, yo no tengo ningún tipo de problema, pero lo que me gustaría es que le diga al Maestro, no me diga a mí. Yo encantada de la vida!".  

Del teatro a la música, ese fue el camino de Rinaldi
Del teatro a la música, ese fue el camino de Rinaldi

Sigue: "Efectivamente, fue a decirle a Astor y le dijo: 'Ah, por supuesto…' Yo creo que lo dijo para marcar una cosa que él acá, en casa, nunca pudo marcar que es que él cada vez que hablaba, sufría, ¡y cómo sufría!, por lo que fuere, eh. Incluso hay cosas que nosotros no hemos sabido. Creo que, lo lamentable, es que no lo podía hacer acá en Argentina porque sentía que siempre lo estaban presionando o que estaba mal. Y una foto, la única que tengo con Astor, nos estamos riendo a carcajadas detrás del escenario, pero riéndonos de verdad de un chiste que no me lo acuerdo. Y eso acá no hubiera pasado ni por casualidad".

Susana Rinaldi, la señora canción

-Susana cuando comenzamos la entrevista y hablamos sobre este 2018 y lo que fue para el país, usted mencionó varias veces una palabra muy importante: "lucha". Este es un año que seguramente quedará marcado como el de la lucha de las mujeres… Usted fue una mujer que cuando empezó en el tango, que parecía todavía tierra de machos, llegó con su impronta y su estilo decidiendo qué decir y qué no, qué cantar y qué no, a quién cantar y a quiénes no… ¿Cómo ve esta sociedad que debate de la manera que lo hace y sobre todo a las mujeres tan de pie?

—¡Muy bien! ¡Lo veo muy bien! Es que no podría verlo de otra manera. Soy una luchadora permanente. Entiendo que la vida es eso. No espero nada de nadie, si llega, si viene, bienvenido sea. Y abrazo y agradezco, pero esperar, ¡no! Y eso es el país, eso es Argentina. Argentina parece de pronto… Como apareció con esta chica Thelma (Fardin) que un día le pusieron un micrófono y la chica llorando, moqueando, empezó hablar de una realidad que la mujer argentina ha sufrido desde siempre y digo "ha sufrido" porque yo, gracias a Dios, nunca he tenido que pasar un momento desagradable, ni siquiera.

¿Cómo era entonces?

—Cuando empecé a cantar me pidieron un homenaje a (Aníbal) Troilo, de la misma manera que ahora hemos homenajeado con Osvaldo (Piro). En aquel primer homenaje yo era una actriz que cantaba, entonces todo el mundo me aceptaba, a la actriz, porque creía que ahí se terminaba la cosa. Y entonces decían: "Mirá qué bien esta muchacha", "Mirá qué bien dice…" "Qué bien canta". Y nada más, y yo no esperaba nada, realmente no esperaba nada. Lo bueno era que no nos conocíamos con Osvaldo y nos desconfiábamos, seguramente. Y de pronto, yo termino de cantar y saliendo del escenario la gente me conocía como actriz. Aplaudieron muchísimo. Entonces me encuentro con un cantante, que no lo nombro porque ya no está entre nosotros, me mira y me dice: "¡Muy bien, eh! ¡Muy bien! ¡Nos hacía falta una señorita como usted, muy bien vestida! Nos hace falta una cantante muy bien vestida!" Yo lo podía mandar a la mierda, cualquier cosa, pero me quedé tan petrificada, pero al mismo tiempo me empecé a reír sola. Y entonces el tipo dijo "esta pescó todo lo que yo quise decir". 

¿Y cómo siguió?

—A partir de ese momento yo sentí que había una mirada oblicua sobre mí. Simplemente porque empezaron a decir que me perdonaban la vida porque yo era de teatro. En el teatro ya me habían aplaudido tanto, tanto que quién se iba animar a no aplaudirme. Entonces, por las dudas, lo iban adelantando. Pero hasta el día de hoy los hombres del tango no me dicen que soy una buena cantante… Ahora, entre vos y yo: ¡no me importa nada! A mí lo que me gusta es estar contenta con lo que hago. Creo que eso también me ha ayudado muchísimo a aparecer en escena, plantarme como me planto en escena y divertirme porque la canción es una diversión y uno no tiene que penar solamente porque cante el tango… Siento que me pertenece una buena parte de ese tango y que la gente no me ha respondido mal, al contrario, hasta hoy están a favor.

¿Qué desea y espera para 2019?

—¡Yo no espero nada! Porque estoy bastante para abajo, porque para mí no es nada grato lo que estamos pasando. Es como si no termináramos de dar los exámenes y si no terminamos de pasar los exámenes quiere decir que no hemos entendido nada, no hemos captado nada, no nos ha importado nada. No voy a tener más confianza de decir: "No, pero vas a ver que van a votar esto seguramente…" No, no vale la pena porque ya sabemos que acá se vota con comodidad y por la comodidad nada más. Y eso no habla bien del pueblo al cual pertenece uno. Creo que lo que no voy a dejar de hacer hasta que pueda es votar, por lo menos para tener una pequeña esperanza, pero no. ¡Mejor no esperar nada! Lo mejor es, para mí, decir esto que te estoy contestando. Al no esperar nada es como que no se me obliga a un compromiso.

La cámara se apaga. Susana se para y sale a la sala de espera para dejarse tomar unas fotos. Las chequea y saluda agradeciendo la visita.

*Susana Rinaldi se presentará el 28 y 29 de diciembre en el Centro Cultural Torquato Tasso, Defensa 1575, San Telmo. 

 

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