
El huracán Melissa, clasificado como categoría cinco, ha dejado consecuencias notables en Colombia, a pesar de que su impacto directo se concentra en Jamaica y otras islas del Caribe, según informó el experto en metereología Max Henríquez en la mañana del martes 28 de octubre.
Según indicó el meteorólogo en entrevista con Minuto60, en la región de La Guajira, en el norte del país, las intensas lluvias y el aumento del caudal de los ríos provocaron inundaciones, lo que evidenció la vulnerabilidad de las comunidades locales ante fenómenos climáticos extremos.
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La magnitud de estos efectos ha reavivado la preocupación sobre la falta de preparación y la exposición de la población a desastres naturales de gran escala.
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“También afectó a Colombia, y de manera indirecta, porque recordemos que cuando llegó sistema al frente a La Guajira, se montó encima de la península, pero la parte sur del huracán es la parte menos intensa. La parte más intensa está en el norte y en el noreste, que fue la que no nos afectó a nosotros, pero produjo inundaciones en La Guajira, crecientes de los ríos de la sierra, y hubo una serie de eventos que afortunadamente no fueron muchos para Colombia”, señaló el experto.

Melissa se ha destacado como el huracán más intenso que ha atravesado el Caribe en los últimos años, con vientos de hasta 295 km/h. Su paso lento y destructivo sobre Jamaica generó devastación en la isla, donde se prevén deslizamientos, avalanchas y lluvias equivalentes a la precipitación anual de ciudades como Bogotá, pero concentradas en apenas 24 horas.
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Aunque el epicentro de la tormenta se ubicó en la parte occidental de Jamaica, los efectos se extendieron a toda la isla y, posteriormente, a otras zonas del Caribe, como el oriente de Cuba y las Bahamas.
En Colombia, el impacto de Melissa se sintió de manera indirecta, especialmente en La Guajira, según Henríquez. Cuando el sistema ciclónico se aproximó a la península, la parte sur del huracán —menos intensa que el núcleo— generó lluvias torrenciales y el desbordamiento de ríos provenientes de la Sierra Nevada.
Estos eventos, aunque no alcanzaron la gravedad de los registrados en Jamaica, pusieron en alerta a las autoridades y a la población local, que reconocen la limitada capacidad de respuesta ante emergencias de esta magnitud.
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“Dios no lo quiera, pero no estamos preparados. No hay ni siquiera una vía de comunicación pavimentada que conecte al norte de La Guajira, donde ahí vive unas comunidades wayuu enormes, treinta, cuarenta mil personas que están expuestos a todos los impactos que puede hacer de un huracán como este, que este es el Big One de Jamaica, como lo fue el Katrina para los Estados Unidos”, señaló Henríquez a Minuto60.
La situación en La Guajira resulta especialmente preocupante por la precariedad de la infraestructura. En el extremo norte de la región, donde residen entre 30.000 y 40.000 personas de comunidades wayuu, no existe una vía pavimentada que garantice la comunicación y el acceso en caso de emergencia.
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Esta carencia incrementa la exposición de la población a los riesgos asociados a huracanes y dificulta la llegada de ayuda humanitaria o la evacuación oportuna, según indicó el experto. Las viviendas, en su mayoría frágiles, no ofrecen protección suficiente frente a vientos y lluvias intensas, lo que agrava la vulnerabilidad de los habitantes.
La experiencia reciente con Melissa ha traído a la memoria el paso del huracán Iota por la isla de Providencia en 2020, también de categoría cinco, que destruyó el 95% de la infraestructura local.
Esta comparación subraya la amenaza latente que enfrentan regiones como La Guajira, donde la falta de preparación y de obras de mitigación podría derivar en consecuencias similares ante un evento de igual magnitud.
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Desde el punto de vista meteorológico, la formación de huracanes tan intensos como Melissa responde a condiciones específicas: la presencia de una circulación ciclónica, altos niveles de humedad provenientes del mar y temperaturas superficiales del agua superiores a 27℃ (80,6℉).
En el caso de La Guajira, las aguas del Caribe registraron temperaturas tres grados por encima de lo habitual, lo que favoreció la intensificación del sistema. Además, el avance lento del huracán contribuyó a que los daños potenciales fueran mayores, ya que la exposición prolongada a vientos y lluvias extremas incrementa el riesgo de desastres.
La reciente experiencia con Melissa ha dejado claro que la amenaza de huracanes de gran magnitud no es ajena a Colombia. La Guajira, con su infraestructura limitada y comunidades expuestas, podría enfrentar en cualquier momento una situación similar a la vivida en Providencia, con consecuencias devastadoras para la población y el entorno.
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