
Prototipos que han quedado como proyectos estériles en la industria automotriz hay cientos. Aun así, muchos de ellos son parte de la historia más sabrosa sobre los autos y sus fabricantes, y más todavía si al día de hoy aquellos ejemplares se mantienen como piezas únicas de colección.
Cuentan que el Marzal fue hecho especialmente para el mentor de la marca del toro, Ferruccio Lamborghini, aquel ex fabricante de tractores que se le plantó al mismísimo Enzo Ferrari en el campo de los deportivos de raza. A mediados de los 60, Ferruccio ya tenía para su uso algunos ejemplares del catálogo de su marca, un 400 GT 2+2 y por supuesto un Miura, la exquisitez de la firma, pero le faltaba un modelo para que puedan viajar cuatro ocupantes con notable comodidad.
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Quien se puso a trazar las líneas de aquel prototipo fue nada menos que Marcello Gandini, que por entonces trabajaba para el carrocero italiano Bertone, y que cuenta en su frondoso currículum con los copyright de excelentes creaciones como el Miura y el Countach, ambos de la casa italiana.
Con la premisa de concebir un modelo totalmente futurista y de avanzada, en el Salón de Ginebra de 1967 finalmente aparece en público el Lamborghini Marzal, del que sólo se fabricó un ejemplar. Aquel concept car, que cumplía con las cuatro plazas preestablecidas, era una interpretación de la visión futurista de la compañía antes que un proyecto a corto plazo. Pero el impacto no fue menor por su principal característica: las puertas totalmente vidriadas con diseño de tipo alas de gaviota. Al mostrarse con sus puertas elevadas, la extravagante coupé de 4,45 metros de largo, sólo 1,1 metros de alto y con enorme superficie de cristal, parecía lista para volar.
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Revolucionaria como muchas de sus creaciones, esta obra futurista y marketinera de Gandini estaba basada en el chasis del Miura, aunque tenía 12 centímetros de distancia entre ejes, lo que permitió sumarle una segunda fila de asientos. El diferencial, su superficie de cristal, totalizaba nada menos que 4,5 m2. Acompañaba una trompa larga de tono futurista: sin parrilla y solo con un paragolpes de color negro y un juego faros redondos enmarcados en una estructura cuadrada. La parte trasera remataba el diseño con una particular parrilla, ya que allí estaba ubicado el motor, y una luneta al estilo panal de abejas.

Por dentro, ostentosa tapizaría plateada, alfombras grises, y algunos detalles curiosos: el espejo retrovisor no estaba colgando del techo, sino apoyado en el tablero; y desde el habitáculo podía verse el motor, separado de las butacas traseras solamente por un vidrio a prueba de calor. No parecía pretencioso en materia de prestaciones: tenía un modesto seis cilindros en línea con 175 CV de potencia (el Miura, por ejemplo, equipaba un V12 de 350 CV).
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El Marzal nunca vio la luz. Fue una perla que circuló en el circuito de Mónaco en el Gran Premio de Fórmula 1 de 1967, donde se presentó ante el príncipe Rainiero III y la Princesa Grace Kelly. Luego sirvió como plataforma para el nacimiento de otro modelo de la marca, el Espada, aparecido en 1968.

¿Por qué no fue realidad este deportivo tan original y llamativo luego de su aparición rutilante? Las crónicas de años posteriores hablan del descontento mostrado por Ferruccio Lamborghini ante la falta de privacidad en el habitáculo. Desde un principio, el jefe de la marca estuvo en contra de mostrar deliberadamente las piernas de las damas que subieran al Marzal mediante tamaña superficie vidriada.
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Con el pulgar hacia abajo, el veredicto de Ferruccio le puso final a la aventura de aquella coupé. Tendría luego un retorno a Mónaco, en 2018, para mostrarse nuevamente ante una multitud, esta vez junto al Príncipe Alberto. Llamativo y exótico parece no perder nunca su capacidad de atracción, aunque su estilo incomprendido y extremo lo condenó al ostracismo.
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