Uno de tantos momentos mágicos de la carrera de Michael Jordan, el recordado último tiro con los Bulls.
Uno de tantos momentos mágicos de la carrera de Michael Jordan, el recordado último tiro con los Bulls.

Además de ser un documental extraordinario, The Last Dance es la comprobación empírica de que Michael Jordan, 22 años después de haber conquistado su sexto anillo de campeón y a 17 de haberse retirado de la práctica activa, se mantiene como el basquetbolista más grande de todos los tiempos y como uno de los mejores deportistas que se haya conocido, porque cumple con una exigencia fundamental: sigue sorprendiendo. Los diez capítulos producidos y emitidos por ESPN y Netflix no sólo lograron que muchos millones descubrieran la grandeza de Su Majestad, sino que pudieran redescubrirlo otros tantos millones que ya lo habían disfrutado. Y si bien era conocida su afición por los autos deportivos, la pasión de MJ por Ferrari lo llevó a calzarse un par de zapatillas muy especiales en ese último partido del último baile: su último tiro con la camiseta de Chicago Bulls lo hizo con unas Nike inspiradas en la 550 Maranello, una de las coupé que se le vieron en el programa.

El lanzamiento que define el sexto partido de las finales de 1998 contra Utah Jazz, con sólo 5,3 segundos para el cierre del partido, tiene dos instancias de inmortalización. Se llevó la mayoría de las fotos la conclusión, demostración de soberbia deportiva por excelencia: la muñeca derecha quebrada en un ángulo de 90 grados después de que las yemas de esos cinco dedos ejecutaran un disparo con precisión y sangre fría de sicario, mientras la pelota viajaba hacia el canasto y lo atravesaba con un beso mortal a la red, sin rozar siquiera el aro. Pero ese tiro tiene una precuela con el juego mágico de pies, acompañando la cadencia de una cintura que parecía articulada, que quedó impreso en la memoria colectiva por la belleza de sus movimientos y la desesperación de Bryon Russell intentando recuperar inútilmente la vertical. Esos pies, esa noche, bailaron con las Nike Air Jordan XIV.

La Ferrari 550 Maranello, como la que tenía Jordan, de color rojo.
La Ferrari 550 Maranello, como la que tenía Jordan, de color rojo.

Como un Rey Midas nacido en Brooklyn, todo que ha tocado MJ se convirtió en oro. De hecho, en los últimos días se supo de la venta exuberante de un par de Air Jordan originales, usadas por el propio basquetbolista en 1985, por las que en una subasta se pagaron 560 mil dólares. Las Air Jordan XIV son de un diseño más evolucionado e incluso refinado, por la forma en que Nike trabajó para ir mejorando el calzado que usó su estrella máxima.

Esas zapatillas nacieron en 1998 y fueron exclusivas de MJ durante dos décadas, ya que Nike decidió ponerlas a la venta en una edición especial a 20 años de aquella conquista, en 2018, y con precio de 190 dólares el par. Negras, con un aplique en rojo cerca del talón, y el detalle que las distingue: el ícono de la marca Air Jordan (MJ volando para volcarla) en negro sobre un botón amarillo, emulando el sello de Ferrari.

Las Air Jordan XIV que Jordan usó sólo en esas finales de 1998, y en tres de los seis partidos.
Las Air Jordan XIV que Jordan usó sólo en esas finales de 1998, y en tres de los seis partidos.

Hubo otro modelo de zapatillas, las Air Jordan VI, que también tuvieron una pequeña inspiración surgida en un deportivo de los que condujo Su Majestad, un Porsche 964 Turbo. Ese calzado fue el elegido por MJ en su primer título, de 1991, y se distinguía porque la protección del talón imita el alerón del modelo alemán. Pero con Ferrari se fue mucho más allá, por el uso de la insignia, algo que la casa de Maranello les ha permitido a dos estrellas: al propio Air y a Jamiroquai, otro fanático de la marca italiana, quien compuso la tapa del disco Travelling without moving sobre el fondo amarillo característico del Cavallino Rampante.

El amor por los pura sangre

Como se vio en The Last Dance, cuando se disputaban las finales de la NBA de 1998, Jordan se movía con una Ferrari Maranello 550. Así, el diseño de las Air XIV pretendía simbolizar las similitudes entre la forma de maniobrar del deportivo italiano y la de la estrella de los Bulls, ambos capaces de frenar, acelerar y girar más rápido que sus rivales. Una metáfora que encontró en su inspiración Tinker Hatfield, célebre diseñador de Nike que estuvo a cargo del desarrollo de la línea Air Jordan.

Jordan era un apasionado de los súper deportivos, a los que identificaba además con patentes personalizadas, en las que por lo general figuraba el apelativo Air. Su etapa final en los Bulls fue contemporánea con la aparición de la coupé 550 Maranello, que fue coupé lanzada por Ferrari en 1996 y de las que se fabricaron 3.083 unidades. Fue el primer modelo de la marca en contar, en el equipamiento de serie, con control de tracción. El motor V12 de 5,5 litros podía desarrollar una potencia de 515 caballos. La de MJ era roja, como una Testarossa que condujo a finales de los 80, en uno de los primeros contactos que tuvo con la marca de Fiorano, con la que quedó encantado.

Así Jordan definió la serie contra Utah, en 1998.

Pero la Ferrari por la que más se recuerda a MJ es una 512 TR negra, que fue protagonista además de una de las grandes fotos de Jordan: la imagen de Su Majestad bajando de su bólido, rodeado de cinco guardias de seguridad y uno de ellos apuntándole al fotógrafo para que no disparara. Era una 512 TR, con la patente M-AIR-J, la primera evolución que la casa de Maranello hizo de la emblemática Testarossa. Jordan compartió ese modelo con Diego Maradona, quien también por esos años tuvo uno similar y del mismo color.

Se fabricaron sólo 2.261 unidades entre 1991 y 1994. Portaba un motor V12 de 4.9 litros y 428 caballos de potencia, y el color de la tapa de válvulas (roja) le dio el nombre de Testarossa. Aceleraba de 0 a 100 kilómetros por hora en 4,8 segundos y alcanzaba los 314 km/h. También tuvo una Testarossa original, en el color rojo que mayormente se le vio.

Jordan al volante de la 512 TR negra, la heredera de la Testarossa.
Jordan al volante de la 512 TR negra, la heredera de la Testarossa.

Claro que para llegar a la Ferrari más potente que condujo ya hay que situarse en la etapa de empresario: es la 599 GTB Fiorano, una de las ediciones limitadas que se produjeron en Maranello y MJ tuvo una de las 599 que salieron a la venta. Se trató de otro diseño de Pininfarina, producido entre 2006 y 2012, con un impulsor V12 de 6 litros, cuatro válvulas por cilindro y 670 caballos, el mismo que se utilizó en la Ferrari Enzo. Una bestia. La de MJ era de color plata, el mismo que tenía uno de los primeros Corvette que tuvo. Justamente los súper deportivos de Chevrolet fueron otros de los autos elegidos por Jordan, como los Porsche, los Mercedes-Benz y los Aston Martin. Pero en Maranello se pueden colgar una cucarda que otros no, que fue haber quedado en uno de los capítulos más fenomenales de su carrera.

La 599 GTE Fiorano que MJ condujo ya como ex jugador, en su etapa de ejecutivo.
La 599 GTE Fiorano que MJ condujo ya como ex jugador, en su etapa de ejecutivo.

Durante la temporada 97/98, MJ había usado dos modelos distintos de las zapatillas Air Jordan XIII, las blancas y negras de local, y las rojas y negras de visitante. También tenían un toque ferrarista, con el logo formado por la silueta del basquetbolista en negro sobre el fondo amarillo, pero estaba poco visible, en la suela. Empezó las finales con ellas, y las vistió en los dos primeros juegos. En el tercero estrenó las XIV. Ese 7 de junio de 1998 se produjo una marca que se mantiene: Utah convirtió sólo 54 puntos, la anotación más baja en la historia de las finales de la NBA. Jordan volvió usar esas zapatillas en el cuarto punto. Tras ese encuentro, los Bulls estaban match point (3-1), a un triunfo del sexto anillo. En el quinto partido, en el United Center de Chicago, volvió a calzarse las XIII, perdieron por un doble y la serie, ahora 3-2, volvía a Salt Lake City. Por eso, en el Delta Center volvieron las XIV, con las que había ganado los dos duelos en que las usó, y el resto es parte de la historia ya contada. La del basquetbolista más grande de todos los tiempos que, para elevarse todavía más, puede ufanarse de haber convertido el último tiro de su último título sobre un par de Ferrari.

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