
“Debe permitirse a los afganos y a los ciudadanos internacionales que deseen marcharse; las carreteras, los aeropuertos y los pasos fronterizos deben permanecer abiertos, y debe mantenerse la calma”, exigieron más de 60 países en una declaración conjunta difundida por el Departamento de Estado de los EEUU.
El texto lleva la firma de EEUU, Australia, Austria, Bahamas, Bélgica, Burkina Faso, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Costa de Marfil, República Checa, Dinamarca, República Dominicana, El Salvador, Estonia, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Estados Federados de Micronesia, Fiji, Finlandia, Francia, Georgia, Alemania, Ghana, Grecia, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Irlanda, Islandia, Italia, Japón, Letonia, Liberia, Lichtenstein, Lituania, Luxemburgo, Malta , Islas Marshall, Mauritania, Nauru, Países Bajos, Nueva Zelanda, Níger, Noruega, Palau, Panamá, Paraguay, Polonia, Portugal, Qatar, República de Corea, República de Chipre, Rumanía, Sierra Leona, Eslovaquia, Eslovenia, España, Surinam, Suecia, Togo, Tonga, Uganda, Reino Unido, Ucrania y Yemen.
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En el comunicado advierten que “quienes ocupan puestos de poder y autoridad en todo Afganistán son responsables -y rinden cuentas- de la protección de las vidas humanas y los bienes, y del restablecimiento inmediato de la seguridad y el orden civil”.
“El pueblo afgano merece vivir con seguridad y dignidad. En la comunidad internacional estamos dispuestos a ayudarles”, aseguran..
Los talibanes recuperaron este domingo el control de Kabul después de casi veinte años de guerra, con la entrada de sus combatientes en la capital sin encontrar resistencia, mientas el presidente afgano, Ashraf Ghani, abandonaba Afganistán para evitar “un derramamiento de sangre” entre la población.
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Después de una semana en la que los insurgentes fueron tomando una tras otra casi la totalidad de las 34 capitales de provincia afganas, este domingo amanecía con la noticia de que los talibanes se habían apostado al norte, oeste y sur de los límites de Kabul.
El pánico estalló entonces en la capital, con las autoridades afganas pidiendo a todos los funcionarios que abandonasen sus puestos de trabajo y fueran a sus hogares, mientras cerraban tiendas y bancos, con el tráfico paralizado por grandes atascos.
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Los talibanes, sin embargo, pidieron a sus combatientes no entrar en la capital.
“Dado que la capital Kabul es una ciudad grande y densamente poblada, los muyahidines del Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes) no tienen la intención de entrar en la ciudad por la fuerza o combatir, sino más bien entrar en Kabul pacíficamente”, remarcaron en un comunicado los insurgentes. Para ello, continuaron, “se están llevando a cabo negociaciones para garantizar que el proceso de transición se complete de manera segura, sin comprometer la vida, la propiedad y el honor de nadie, y sin comprometer la vida de los kabulíes”, un extremo que confirmó también el ministro del Interior afgano, Abdul Satar Mirzakwal.
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Pero a medida que se iban retirando las fuerzas de seguridad afganas de varias partes de la capital y comenzaban en algunos lugares a escucharse disparos, los talibanes anunciaron que finalmente entraban en Kabul “para evitar actos de saqueo y que los oportunistas hagan daño a la gente”.
“No le está permitido a ningún combatiente entrar en casa alguna o torturar o molestar a nadie”, advirtieron.
Tras la orden, combatientes talibanes comenzaron a patrullar las calles de Kabul, registrando a las personas que se iban encontrando, para luego dejarlas seguir, según pudo ser testigo Efe.
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La salida del mandatario afgano se hizo pública al tiempo que los talibanes entraban en Kabul, cuando el presidente del Alto Consejo para la Reconciliación Nacional de Afganistán, Abdullah Abdullah, anunciaba en un mensaje de vídeo que “el expresidente” Ghani había abandonado el país, culpándole de lo que sucedía.

Al final del día, y tras soportar numerosas críticas por su huida rápida y silenciosa, Ghani justificó su marcha para evitar “un derramamiento de sangre”, algo que logró, dijo, con su salida y la toma de Kabul por los talibanes sin encontrar resistencia. “Los talibanes ya habían declarado que, para expulsarme, estaban dispuestos a llevar a cabo ataques contra la ciudad de Kabul y sus ciudadanos. Para evitar un derramamiento de sangre, pensé que era mejor marcharme”, aseguró el presidente en un comunicado.
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Ghani afirmó que se trató de una “decisión difícil”, al tener que elegir entre enfrentarse a los talibanes que querían entrar en el Palacio Presidencial o salir del país al que dedicó su vida.
La entrada en el Palacio Presidencial finalmente se produjo, como mostraron imágenes de televisión con los insurgentes recorriendo el recinto, pero Ghani evitó, dijo, “una catástrofe humana” al decidir no resistir en esta ciudad de seis millones de habitantes.
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El ministro de Defensa afgano, Bismillah Mohammadi, que padeció la semana pasada un ataque talibán a su residencia en Kabul, culpaba sin embargo al mandatario. “Nos ataron las manos a la espalda y vendieron la patria, maldito Ghani y su pandilla”, sentenció.
El acecho de los talibanes había aumentado la presión para tratar de encontrar una salida de urgencia de parte de la población ante la probable caída de la ciudad, un temor que se cierne sobre funcionarios públicos, académicos, periodistas y, sobre todo, entre aquellos que han trabajado con alguno de los países que enviaron tropas a Afganistán para combatir a los insurgentes.
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Pero la rápida llegada de los talibanes a Kabul, que ni los más pesimistas pensaban que pudiera ser tan rápido, trastocó los planes de evacuación de varios países en Afganistán, que esperaban una salida de un modo más coordinado y escalonado.
En vez de eso, se vivieron hoy imágenes que Estados Unidos nunca quiso que se produjeran, como la salida en helicóptero de su personal diplomático desde la azotea de su embajada en Kabul, o escenas de desesperación y caos en las cercanías y el interior del aeropuerto internacional de Kabul entre aquellos que quería huir.
Países como Canadá, Alemania, Reino Unido o España también han anunciado el inicio o la próxima evacuación de parte del personal de sus embajadas y de otros ciudadanos afganos con sus familias que trabajaron codo con codo con ellos, pero todo es incertidumbre ahora sobre cómo se procederá ante la masiva presencia de talibanes
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