
La madre de Moisés Martínez se abraza con una de sus hijas para consolarse. Otra familiar, a la derecha de ellas, también llora. Estas mujeres, junto a otra decenas de personas que estaban en una audiencia judicial, acaban de escuchar que Moisés no tendría el “perdón” de la Justicia uruguaya. Acababan de saber, por tanto, que el hombre iría a la cárcel por parricidio.
Martínez, de 28 años, fue condenado a 12 años de prisión por haber asesinado a su padre después de disparar al menos 15 veces. Lo había hecho porque quería hacer justicia por una vida marcada por los abusos y la tortura.
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La defensa de Moisés quería que evitara la cárcel a través del “perdón”, una figura del Código del Proceso Penal uruguayo que permite la absolución de los delitos. Pero para la jueza María Noel Odriozola no aplica para este caso. Sin embargo, la magistrada tampoco le dio la razón a la Fiscalía, que pedía 18 años de condena por este homicidio.

El dictamen generó una fuerte conmoción social, con críticas de la familia y de movimientos feministas. Odriozola se escudó en que el tiempo de sanción que otorgó fue prácticamente el mínimo que pudo dar.
Una hermana abusada 60 veces
Tres días antes del 25 de mayo de 2025, Moisés había estado en Paysandú –una ciudad limítrofe con Argentina, ubicada a 380 kilómetros de Montevideo– donde vive su madre. Ella le confesó un miedo: se había enterado que su ex marido estaba planificando mudarse para esa ciudad. Le dijo que eso la angustiaba y decidió contarle la “tortura” que había vivido en la infancia.
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Martínez supo, por ejemplo, que cuando estaba embarazada de él le bajó los dientes a los golpes.

Sin comer ni dormir, Moisés partió rumbo a la casa de su hermana en Montevideo y se encontró con una historia similar. Ella había sido abusada por su padre, que también la había extorsionado: si contaba lo que estaba viviendo, su hermana menor sufriría lo mismo.
Moisés supo, entonces, que él no había sido el único abusado durante la infancia. Y decidió salir al encuentro de su padre.
En la sala judicial fueron varios los que no encontraban consuelo. Que se abrazaban y lloraban.

Tras escuchar el fallo, Sara Martínez, una de las hermanas del condenado, expresó su “dolor, enojo y bronca”. Cuando tenía 12 años, Sara había denunciado a su padre por violencia, lo que derivó en que fuera condenado a tres años de cárcel.
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“Siento que hoy de nuevo me falla. No solo la Justicia deja mucho que desear sino que vuelven a fallar. Decir que no hubo más denuncias es no entender cómo funcionó la Justicia en ese momento, cuando yo con 12 años me animé a denunciarlo”, dijo en una rueda de prensa tras la audiencia.
Contó que en su momento se consideró que el caso fue un atentado violento al pudor, algo que ella criticó: “Ni siquiera (fue abuso sexual). Y a mí abusó más de 60 veces”, expresó.

“Hoy lo tomo con mucho dolor, pero decirle a la justicia y al país que se topó con una familia que está dispuesta a ir hasta lo último. Porque no solamente es hacer justicia por nosotros sino por todos los niños, niñas y adolescentes que el Estado sigue sin cuidar. A nosotros nos caen porque no hubo más denuncias y eso es no entender cómo funciona un agresor, sobre todo cuando es tu propio padre. Es como si te entrenara para el silencio”, agregó Sara Martínez, en una rueda de prensa.
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Martínez recordó que cuando su padre salió de la cárcel, lo primero que hizo fue ir a la secundaria a buscarla. La Fiscalía –que pretendía 18 años de pena– cuestionó que no lo haya vuelto a denunciar.
“Obviamente que no lo iba a volver a denunciar. Mucho más después de todo el proceso que me hicieron pasar cuando no hubo una contención y, ni cerca, una reparación”, cuestionó.

Para Sara, un padre que abusa deja de serlo porque no cumple con el “rol de la paternidad”.
Los argumentos de la jueza
Para definir la pena, la jueza Odriozola expresó que los relatos de abusos narrados por la familia “tienen validez en cuanto a la historia de vida”, fueron de “utilidad” pero solamente “en el contexto del resto de la prueba”, consignó El País.
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Señaló también que Moisés fue a la casa de su padre a “pedirle explicaciones”, aunque se probó que la familia “continuó con su vida, encontrándose en una situación distinta a la que atravesaron durante su niñez”. En el juicio quedó demostrado que el ahora condenado fue a la casa de su padre con la intención de matarlo.

“Si bien la prueba revela una historia familiar compleja y un estado emocional alterado del imputado al momento de los hechos, ello no resulta suficiente para eximir de pena la conducta del imputado, ya que sin haber una situación de peligro ni de él ni de sus familiares, Moisés se dirige a la casa de su padre y lo mata”, concluyó.
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Tras la audiencia, Sara contó que su padre tenía once hermanos. Cuando murió, nadie fue a despedirse. Ella sí: quería asegurarse que esa persona oscura de su vida nunca más iba a estar.
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