
En el extremo norte del planeta, situado en el círculo polar ártico se encuentra el archipiélago de Lofoten, un paraíso de hielo noruego conformado por nueve islas que resguardan los mejores paisajes en pequeñas aldeas y pueblos pesqueros.
Las islas que conforman Lofoten son Moskenesøya, Gimsøya, Austvågøy, Flakstadøya, Hinnøya, Stormolla, Mosken, Værøy y Vestvågøya. Con un promedio de 24.500 habitantes, la pesca es el motor que impulsa la economía de esta región.

Las bajas temperaturas no son un impedimento para el turismo. De hecho, seducen a muchos visitantes ansiosos y expectantes de observar los increíbles paisajes en todo su esplendor, y disfrutar en primera persona del espectáculo visual de la aurora boreal en uno de los lugares más remotos del planeta.
La aurora boreal es un fenómeno increíble. Estas luces del Norte nacen en el firmamento como manchas o columnas de diferentes colores, producto de la radiación solar. Se puede observar en los extremos más gélidos del mundo, en el Polo Norte y en el Sur, donde este fenómeno es conocido como aurora austral. En el hemisferio norte, los mejores momentos del año para observar este fenómeno son entre los meses de septiembre y marzo.

Entre los turistas más frecuentes en este territorio se encuentran los artistas escandinavos, que llegan al archipiélago noruego en busca de la luz natural perfecta. Y es que estas aldeas que forman parte de Lofoten gozan del fenómeno de sol de medianoche, es decir que durante la mitad del año, todas las horas del día gozan de luz natural.
En el conjunto de aldeas que conforman Lofoten, la actividad que prima es la pesca, y es considerado uno de los reductos pesqueros más importantes de Noruega. El pueblo que más resalta en este aspecto es el de Å, en el extremo meridional, al que se puede acceder fácilmente por ruta.

Esta pequeña aldea es uno de los pueblos pesqueros más antiguos, perteneciente al municipio de Moskenes. Su nombre coincide con la última letra del alfabeto noruego y también con su ubicación. En el alfabeto noruego se sitúa tras la z, æ y la ø y significa: lugar donde hay agua o riachuelo.
La actividad de la pesca es tan imponente que a pesar de ser un pueblito, Å cuenta con dos museos relacionados al trabajo: uno dedicado al pescado, con ejemplares de distintos peces como bacalao y recipientes útiles para la pesca; además de exhibir partes de embarcaciones, entre otros atractivos relacionados.
El otro es el Museo del Norte y simula ser una aldea pesquera tradicional. Allí se encuentra un horno del año 1844 en el que los visitantes pueden ayudar a hacer pan como se hacía antaño. Además, se aprenden otras actividades relacionadas a la gastronomía como, por ejemplo, cómo obtener el aceite de hígado de bacalao. También hay un barco-vivienda y una forja clásica que enseña cómo se fabricaban las herramientas metálicas.

A pesar de que muchos terminan su viaje en el pueblito de Å, las demás islas que conforman el archipiélago noruego ofrecen para el turista amante de la pesca, el senderismo, ornitólogos, y amantes de los paisajes una experiencia completa casi en el fin del mundo.
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