Cuántas veces sucede que nuestros sueños se quedan en simples ganas, y todas las aspiraciones que decimos tener terminan por ser frases sin demasiado contenido? Lo cierto es que ningún proyecto puede llevarse a cabo con éxito si no conlleva una motivación convincente, un profundo deseo de cambio, de mejora, de expansión. Lograrlo implica encontrar una causa capaz de ponernos en acción, de mantener nuestras pilas cargadas para avanzar hacia la dirección correcta.

Si nuestra motivación es débil, nuestros proyectos se tambalean y terminan siendo abandonados, a medio hacer. Y esto no sólo genera mucha frustración, sino que termina erosionando nuestra autoestima: creemos que "no podemos lograrlo".

Los planes que siempre soñamos pero nunca cumplimos van dejando en nuestra mente –y en nuestra personalidad– una marca de falta de confianza en nosotros mismos. Es que no hay nada peor para nuestra autoestima que ir acumulando fracasos, proyectos frustrados, palabras incumplidas. Esto nos pone bajo la sospecha de que nosotros mismos no somos de fiar.

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¡No te achiques! Podés revertir estas conductas y encontrar la motivación que necesitás. Por eso, a continuación, te marcamos 6 estrategias muy efectivas para motivarnos en esos proyectos cotidianos que más nos cuesta cumplir.

Sumá fuerza a tu voluntad para:

Ir al gimnasio

-Buscá una actividad que se adecue a tus intereses. Es fundamental que descubras tu "personalidad deportiva". Aunque no lo creas, todos tenemos una. La clave está en encontrar un deporte que vaya con tu estilo de vida y tus intereses. Si te gusta correr al aire libre, conectarte con la naturaleza y llenar tus pulmones de aire puro, nada de gimnasios. Si, en cambio, preferís una clase guiada; si te gustan las pesas, si preferís el yoga, la bici o nadar: opciones, hay miles.

-Lográ que el tiempo de ejercicio sea placentero, algo que esperás que suceda y no una obligación o, peor aún, un sacrificio. Tené en cuenta la cercanía. Si te cuesta arrancar, tratá de evitar aquellas cuestiones que luego te servirán como excusa para abandonar.

-El club, el gimnasio o el lugar que elijas para ejercitarte tienen que quedarte cómodos, cerca de tu casa o tu trabajo. Buscá horarios que te resulten fáciles de cumplir, para que este no sea un tema más. A veces es más rentable pagar unos pesos más pero ir, que anotarte en un lugar más barato y lejos al que no vayas a asistir más de un mes. Buscá apoyo. Aunque no debería ser así, a quienes nos cuesta incentivarnos ante la idea de hacer actividad física nos suele pasar que nos resulta más difícil romper con un compromiso con otro que con nosotros mismos. Por eso, no hay nada como quedar con un amigo para salir a trotar juntos, para jugar un partido de fútbol o para ir a una clase de aerobics. La compañía y el soporte de los afectos son claves para la motivación.

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-Anotate en actividades grupales. Del mismo modo, muchas investigaciones indican que la práctica en grupo aumenta el compromiso y permite mantener las actividades físicas a largo plazo, porque permite que las disfrutemos como un acontecimiento social. La contención del grupo también te ayudará a mantener un ritmo constante.

-Alimentate correctamente. Somos lo que comemos, se sabe. Una dieta con
alimentos energéticos y menos componentes chatarra te ayudará a sentirte más pleno y fuerte a la hora de ejercitar. Elegí tentempiés sanos como frutos secos, barritas de cereal o frutas. Alejate de las comidas pesadas y abundantes, que solo favorecen la fatiga y la somnolencia.

-Descansá adecuadamente. Cuidar tu cuerpo también implica dormir las horas suficientes. El ejercicio te ayudará a que descanses con más profundidad, pero es importante que no te sobreexijas. El
objetivo siempre es cuidar tu salud, y eso incluye noches de buen dormir.

-Ajustá la intensidad y la duración del ejercicio a tus necesidades. Es algo típico: empezamos una actividad con mucha energía y entusiasmo, por eso nos exigimos de más y, a los pocos días, con el cuerpo y la mente cansados, decidimos abandonarla con la excusa de que "no es para nosotros".

-Planteate un proceso donde la exigencia sea paulatina. La idea es que disfrutes de lo que hacés, minuto a minuto, y justamente que cuides tu cuerpo, no que lo resientas.

Ahorrar

-Marcate un objetivo claro. Es difícil ahorrar "por las dudas". Guardar dinero sin una causa concreta no es para todos, así que, si este no es tu fuerte, empezá por elegir una meta concreta que te motive día a día, algo que realmente quieras conseguir, como un viaje, un vestido soñado o una PC de última generación.

-Fijá objetivos reales y cercanos. Conseguir tus logros a corto plazo aumentará tu autoconfianza y tu fuerza de voluntad. Por eso, es mejor empezar por metas más pequeñas pero igual de deseables.

-Ahorrá para un traje que te gusta mucho, un sillón nuevo para tu casa o un curso de fotografía que siempre quisiste hacer. Ya habrá tiempo para pensar en pasar la vejez en la playa o tener el auto de James Bond: empezá por algo, y luego vas a tener más herramientas para metas más ambiciosas.

-Buscá nuevos modos de placer. La felicidad y la diversión no están estrechamente ligadas al dinero. Hay muchas situaciones de bajo presupuesto que podés disfrutar: un paseo por un parque con tus hijos, un viernes a la noche cenando en casa de tus amigos en lugar de gastar un dineral en un restaurante, una tarde de películas abrazado a tu pareja en el sillón o, incluso, un fin de semana apasionado leyendo a solas una novela de suspenso o escuchando tu música favorita.

-Disfrutá de renunciar a lo innecesario. Cuando empieces a poner en práctica tu plan de ahorro, vas a descubrir que no necesitamos tantas cosas para estar bien. Poco a poco, hasta vas a disfrutar del proceso liberador de dejar de lado aquellos bienes materiales que realmente no te importan. Al fin de cuentas, ahorrar implica elegir, enfocarnos en aquello que más nos interesa conseguir, lo que realmente vale para nosotros.

-Premiá tu esfuerzo. El fin de buscar objetivos tangibles es que la recompensa llegue pronto. Cuando por fin hayas logrado tu primer objetivo, no dejes pasar un segundo más y andá a comprar aquello que anhelabas, por lo que estuviste ahorrando. Lo vas a disfrutar muchísimo más que si te hubiera caído del cielo; de verdad.

Levantarse más temprano

-Encontrá buenas razones. Si querés aprovechar mejor la mañana, es por algo. En efecto, es un momento ideal para realizar un montón de actividades, esas que "nunca tenemos tiempo" de empezar. Tu vida es demasiado importante como para que la dejes pasar sin más.

-¡Fuera, pereza! Aunque tu horario no te lo exija, esta es una de las bases para ser una persona más activa y motivada. Vos podés más que la cama. Si te propusiste levantarte a un horario la noche anterior, ese ya es motivo suficiente para que lo logres por encima de la tentación de quedarte en la cama unos minutos más.

-Cumplí tus propias promesas. No fallarte a vos mismo es central, porque te dará más credibilidad (ante los otros tanto como en lo personal) y mejorará tu autoestima. Realmente no importa si lo hacés por inercia los primeros días, los primeros minutos. Después de unas semanas, tras una ducha y un buen desayuno, vas a ver la mañana de otro modo.

-Acostate temprano. Levantarse temprano no implica resignar horas de sueño. No trasnoches sin motivos y procurá tener un descanso pleno, que te proporcione la energía y la receptividad necesarias para que tu día sea óptimo.

-Programá tu día. Con esas cosas que nos cuestan, mejor no improvisar. Organizá qué vas a hacer cuando te levantes, de modo de no dispersarte y lograr resultados que den sentido a tu esfuerzo y tu buena voluntad.

Comer sano y ligero

-Buscá una foto que te resulte inspiradora. Puede ser de alguien famoso a quien admires o bien una tuya de "esa época dorada". Pegala en la puerta de
la heladera. Aunque parezca exagerado, esto te ayudará a mantenerte firme cuando la voluntad tambalee porque te brindará un objetivo claro y visible.

-Comprá de manera inteligente. Prevenir es la clave. Cuando te agarre hambre, vas a manotear lo primero que tengas a mano. Llená tu cocina de alimentos saludables: dulces, salados, para la cena o para picar entre comidas. Del mismo modo, eliminá de tu alcance y de tu vista aquello que te tienta. Una forma efectiva de contrarrestar la ansiedad es cocinar tus propios postres light, como tortas que te gusten pero que sean frutales y bajas en calorías.

-Utilizá rituales positivos. Otra clave para sostener en el tiempo este buen hábito es buscar el lugar apropiado para comer en familia, lejos de distracciones tales como la televisión, que te llevan a tragar sin pensar. Por el contrario, elegí ambientes que te permitan disfrutar del alimento. Los ritos son grandes aliados.

-Dedicá tiempo y espacio especial a ese momento íntimo. Con conciencia en este acto, es poco probable que ingieras muchas toxinas ni cantidades desproporcionadas.

-Recompensá tus logros. Si estás contenta con la forma que están tomando tus piernas, más esbeltas, comprate un vestido con el que lucirlas. Si tu abdomen está más plano, no dudes en usar una remera menos holgada. Esos
pequeños regalos van a ayudarte a recomponer tu autoestima y sentirte, día a día, cada vez mejor.

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