
"Estoy en contra de las tendencias", afirma una y otra vez la reconocida diseñadora venezolana y emblema de la high society neoyorquina Carolina Herrera. Una frase que llama la atención en una industria donde el fast fashion parecen regir el tiempo del mercado, sin pausas ni transiciones suaves.
Ese imperio gobernado por la elegancia audaz y la visión intuitiva y sofisticada a partir de este año cobrará otro rumbo: la venezolana que nunca perdió su su impronta latina decidió dar un paso al costado de la dirección creativa del taller familiar. En su lugar arribará un joven diseñador talentoso: Wes Gordon. Un importante legado que deberá comandar sin perder la esencia lograda durante estas últimas cuatro décadas.

Tenía 42 años y cuatro hijas ya formadas cuando decidió aventurarse en el universo del diseño para dar lugar a una pasión que pronto se transformó en su motivo de vida. Y su marido, Reinaldo Herrera (millonario aristocrático, actual director de la Revista Vanity Fair), fue quién la impulsó en su deseo.

"Yo anhelaba diseñar géneros y se lo comenté a Diana Vreeland, directora de Vogue entre 1963 y 1971. Me miró y me dijo 'eso es aburridísimo, prueba con una colección de vestidos", recuerda en una entrevista con Vogue.
Y ya pasaron 37 años desde su primer lanzamiento en 1981 en Nueva York, ciudad que rápidamente conectó con su manera de entender el estilo. Al principio lo hizo para su círculo íntimo – el jet set internacional de la mano de mujeres influyentes desde Jacqueline Kennedy Onassis, la primera dama Laura Bush y más tarde Michelle Obama, hasta Ivanka Trump , quien lució un vestido de gala de la diseñadora para el baile presidencial.

En poco tiempo los diseños de elegancia audaz, las faldas y las mil formas de lucir una camisa blanca impusieron una marca registrada bajo el estilo de lo que hoy se conoce, como "efecto Carolina".
Ese proyecto familiar con sede en Nueva York creció rápidamente a escala global levantando un verdadero imperio con presencia en más de 105 países, que luego se expandió con la creación de una línea nupcial, otra de ready to wear, otra de accesorios y fragancias femeninas (a cargo de una de sus hijas, Carolina Jr. ).

Proveniente de una familia aristocrática, se crió inmersa en el glamour: "Nací en un familia donde todas se vestían bien, mi abuela y mi madre sobre todo, con un ojo acostumbrado a la calidad, a las terminaciones precisas y sobre todo la silueta",reflexiona en su libro "Carolina Herrera", publicado en 2016. "El diseño puede ser el mejor, pero si no se adapta a la figura femenina pierde la magia,tiene que ser como 'un guante'".
'Queen Carolina', como la apodan las ediciones de moda más importantes del mundo, se despidió esta semana. La pasarela del Museo de NWFW fue el escenario perfecto para coronar su trayectoria, un cargo que ocupará su actual mano derecha, el diseñador Wes Gordon, egresado de la prestigiosa escuela Central Saint Martins en Londres. La primera colección como director creativo será "Resort 2019″.
"Estoy encantada con la evolución que ha tenido esta empresa durante 37 años. Nuestro éxito ha sido impresionante y un verdadero sueño. Queda todavía mucho por hacer y estoy feliz de seguir representando nuestros proyectos por todo el mundo", resaltó tras el anunció del cierre de ciclo.

Para Matilda Blanco -asesora de moda-, esta transición puede "renovar de manera positiva a la firma sin perder el ADN de Herrera. No estará en el día a día, pero sí detrás de la esencia y el savoir faire que la distingue. La cultura de Herrera no busca una marca moderna, audaz, sino un clásico atemporal sofisticado todo terreno. Es por eso que mujeres actuales son fanáticas de su trabajo", analiza la especialista sobre el nuevo rumbo del atelier.
Es que justamente su visión atemporal de la moda introdujo un concepto interesante en la década de los 80 en la industria norteamericana -el ready to wear o prêt-à-porter refinado- "la implementación de lo refinado, a lo cotidiano, con detalles simples, colores saturados y vibrantes de sus raíces latinoamericanas, siluetas sin complicaciones, prendas para el día y la noche", resalta Patricia Doria, profesora y diseñadora de indumentaria y directora del área de Moda de la Universidad de Palermo Facultad de Diseño y Comunicación.
"Un vestido de 1986 es un vintage que se adapta a la actualidad. Muy pocos maestros de la costura logran un sello tan fuerte y característico", agrega Blanco, pero también la marca combina la tradición de la artesanía de la alta costura con el uso y el pragmatismo de la moda estadounidense. "Una fórmula perfecta", sostiene.

"El verdadero estilo no se puede comprar con dinero. El estilo es algo sutil que se muestra en los pequeños detalles. No es la ropa que se usa, es la forma en la que se actúa, se mueve y se habla". Ésta es la filosofía que buscaba trasmitir en cada una de sus creaciones la dama de elegancia: Carolina Herrera.
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