Los bosques son irreemplazables. Sirven para dar sombra, liberar oxígeno mediante la fotosíntesis, capturar dióxido de carbono, retener agua e impedir que las lluvias erosionen nuestro suelo. Es decir, son fundamentales para enfrentar el cambio climático.

La Argentina se encuentra en "emergencia forestal" hace muchos años. Incluso una década después de la sanción de la Ley de Bosques la tala de montes y selvas no cesa y ha hecho que la ONU nos coloque en el puesto número nueve dentro de la lista de países que menos cuidan sus bosques nativos.

Pero no se trata, claro está, de un fenómeno local. La deforestación avanza en todo el planeta y una de sus tantas víctimas es el palmito.

Este producto tan bien cotizado por sus cualidades gastronómicas proviene de varias especies de palmeras que se encuentran en selvas y bosques tropicales. Su extracción tiene un alto costo ecológico ya que para obtener el contenido de una lata se necesita tirar abajo una palmera entera que tarda 18 años en crecer y madurar.

¿Tiene sentido? Esta actividad produce pérdida de biodiversidad, erosión del suelo, alteración del paisaje y del funcionamiento ambiental del área y destrucción de masas forestales.

Las principales regiones selváticas en las que se desarrolla esta extracción generalmente ilegal o, al menos, poco controlada están en Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay, Perú y Panamá.

Su extracción tiene un alto costo ecológico ya que para obtener el contenido de una lata se necesita tirar abajo una palmera
Su extracción tiene un alto costo ecológico ya que para obtener el contenido de una lata se necesita tirar abajo una palmera

Es cierto que hay razones para que sea tan demandado: sabor inigualable, varias propiedades nutricionales y bajo contenido graso. Pero por ser tan requerido se está al borde de declarárselo extinto. El palmito y la biodiversidad no pueden pagar semejante precio.

Cuando decimos "alguien debe hacer algo" pensamos en que otros –estados, ambientalistas o policías– tienen que encargarse.

¿Y si comenzamos nosotros? ¿Y si hoy mismo dejamos de consumir palmitos? Es sencillo: sin clientes no hay palmiteros.