¿Por qué cuanto más se repite una mentira, más creíble parece? La ciencia tiene la respuesta

Investigadores de varias universidades identificaron que ni el pensamiento crítico ni el escepticismo protegen al cerebro del efecto de verdad ilusoria, un mecanismo que las redes sociales amplifican sin distinción de audiencias

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
El efecto de verdad ilusoria explica cómo la repetición de afirmaciones falsas puede hacerlas parecer verdaderas en la era digital (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la era digital, el efecto de verdad ilusoria describe cómo la repetición frecuente de afirmaciones falsas puede hacerlas parecer ciertas, incluso si sabemos que son incorrectas. La psicóloga Sarah Barber, profesora asociada de la Georgia State University, señala que cuando nos exponemos varias veces a una idea, nos parece más veraz que la primera vez que la escuchamos, según informa TIME.

La repetición de afirmaciones falsas aumenta su credibilidad porque, al escuchar varias veces una misma idea, el cerebro procesa la información con mayor facilidad. Este fenómeno, llamado “fluidez de procesamiento”, puede llevarnos a percibir como más válidos contenidos que, en realidad, son erróneos.

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Cómo funciona el efecto de verdad ilusoria

Diversos estudios han identificado que el mayor salto en la percepción de veracidad ocurre después de la segunda exposición a una afirmación. Conforme nos enfrentamos repetidamente a la misma información, la impresión de legitimidad se va reforzando, aunque el efecto disminuya con el tiempo. Barber destaca en TIME que cada nuevo encuentro con una idea refuerza su apariencia de veracidad.

Esto no implica que aceptemos automáticamente una mentira tras escucharla varias veces. Sin embargo, Barber distingue entre la “percepción de verdad” y la creencia real: la repetición puede hacer que algo nos resulte menos falso, desplazando nuestra percepción hacia el extremo de la credibilidad, incluso si no llegamos a creerlo plenamente.

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Dos mujeres sentadas frente a frente en un sofá y una silla, con un efecto visual de cerebros iluminados sobre sus cabezas. Hay libros y tazas en la mesa de centro
La exposición continua a una información puede desplazar la opinión pública hacia el extremo de la credibilidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

La base del efecto de verdad ilusoria se halla en la fluidez de procesamiento. Aquellos datos o frases que resultan familiares al cerebro parecen automáticamente más fiables. Para Shauna Bowes, profesora adjunta de psicología en la Universidad de Alabama en Huntsville, esto tiene sentido evolutivo: “Si pensamos en la información transmitida de boca en boca como una forma de prueba, es lógico que valoremos más aquello que oímos repetidamente”, explicó a TIME.

Bowes advierte que, en el contexto actual, este mecanismo resulta menos útil debido a la sobreabundancia de información. La gran exposición a mensajes repetidos ya no discrimina entre hechos y falsedades, lo que facilita el avance de contenidos engañosos.

El rol de la desinformación y las redes sociales

El impacto del efecto de verdad ilusoria se potencia en entornos digitales. Barber indica que la desinformación sobre salud y la propaganda política suelen circular de forma repetida en redes sociales. Esta reiteración, mezclada con publicaciones de amigos o fuentes confiables, aporta una apariencia de legitimidad a datos inventados, según detalla TIME.

La vulnerabilidad va más allá del público general. El equipo de Bowes y la profesora Lisa Fazio de la Vanderbilt University demostró que incluso personas reflexivas y críticas frente a las afirmaciones son susceptibles al efecto por repetición. En su estudio publicado en enero, descubrieron que ni la capacidad de reflexión ni el escepticismo ante las teorías conspirativas atenúan este fenómeno.

Cuatro adolescentes, dos hombres y dos mujeres, sentados en una mesa, cada uno mirando intensamente su teléfono móvil con expresiones de preocupación y asombro.
El efecto de verdad ilusoria se intensifica en los entornos digitales debido a la repetición constante de información (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Estudio las diferencias individuales para ver si ciertas personas resisten mejor la información falsa, pero con el efecto de verdad ilusoria esas diferencias no parecen tener impacto”, aseguró Bowes a TIME. Incluso quienes tienden a analizar la veracidad de las afirmaciones pueden encontrar menos inverosímil una idea absurda, como que la Tierra sea un cuadrado perfecto, tras escucharla en varias ocasiones.

Conocer la existencia del efecto tampoco protege frente a su influencia. Saber que la repetición altera la percepción no es suficiente para evitar su impacto.

Qué podemos hacer frente a la desinformación

Frente a estos riesgos, los especialistas recomiendan limitar la exposición a información falsa y teorías conspirativas. Bowes afirma que la única defensa real consiste en reducir el tiempo en plataformas que difunden datos engañosos.

Sin embargo, la responsabilidad no recae solo en los usuarios. Según Bowes, la solución más efectiva implicaría que las propias redes sociales y medios digitales prioricen la promoción de datos comprobados y detengan la difusión de contenidos erróneos, indica TIME. Seleccionar cuidadosamente el origen de lo que consumimos y buscar fuentes confiables es vital para no caer en la trampa de la repetición.

Mientras los algoritmos sigan impulsando afirmaciones falsas en los entornos digitales, toda la sociedad permanece expuesta a que esas ideas, por el solo hecho de repetirse, terminen pareciendo menos inverosímiles y más familiares.

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