Noel Barrionuevo y lo que calló durante años: exigencia, TCA y el camino para volver a empezar

En La Fórmula Podcast, la ex capitana de Las Leonas abordó las raíces emocionales de los trastornos de la conducta alimentaria y contó cómo su recuperación implicó aprender a hablar, pedir ayuda y reconstruir su vínculo con la comida. Además, cuestionó los mandatos estéticos y llamó a no postergar la vida por un ideal físico, poniendo el foco en el presente y en los vínculos

Guardar
Noel Barrionuevo compartió cómo los trastornos alimentarios afectan la autoestima y aislan a quienes los padecen, incluso en el alto rendimiento

En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, la ex capitana de Las Leonas Noel Barrionuevo, campeona del mundo y medallista olímpica, dejó de lado sus logros deportivos para compartir lo que durante años no se vio: su historia personal atravesada por un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) en plena élite del alto rendimiento. A partir de su libro Un día a la vez, se animó a poner en palabras el impacto de la autoexigencia, la presión y el silencio en la salud mental, y cómo el proceso terapéutico fue clave para su recuperación.

Desde una frase que marcó su camino —“un día más”—, reflexionó sobre la importancia de atravesar las dificultades paso a paso, sin proyectar más allá del presente, incluso mientras sostenía una “doble vida” dentro y fuera de la cancha. Habló del rol fundamental del deporte como ordenador en su vida, pero también de sus tensiones, y con una mirada honesta advirtió sobre el impacto de los mandatos estéticos y las redes sociales. El episodio completo podés escucharlo en Spotify y YouTube.

Noel es exjugadora argentina de hockey sobre césped, considerada una de las grandes referentes históricas de Las Leonas. Se desempeñó como defensora y fue una pieza clave del seleccionado durante más de 15 años, etapa en la que disputó más de 300 partidos internacionales y se destacó también como goleadora en córners cortos. A lo largo de su carrera ganó el Mundial de Rosario 2010 y tres medallas olímpicas (bronce en Beijing 2008 y plata en Londres 2012 y Tokio 2020), además de múltiples títulos internacionales, antes de retirarse en 2021.

La disciplina y el orden que aporta el deporte ayudaron a Noel a superar obstáculos, pero también implicaron presiones y exigencias extremas /REUTERS/Bernadett Szabo
La disciplina y el orden que aporta el deporte ayudaron a Noel a superar obstáculos, pero también implicaron presiones y exigencias extremas /REUTERS/Bernadett Szabo

—Hay una frase con la que empezás el libro: “Solo es un día más”. ¿Por qué te gustó esa frase? ¿Por qué solo un día más?

— Para mí esa frase siempre nos decía en los grupos Héctor y creo que tiene mucho que ver también con la vida. Sea cual sea la dificultad. Estás en una situación, en un atracón, no querés comer la medialuna, en cualquier ámbito de la vida creo que nos toca a todos esa frase. Es un día más, hay que pasar este día, mañana será otro y pasado será otro. Como que en el momento de aferrarse a las cosas buenas, a la situación en que estás viviendo. Un día más… Esas frases nos iban diciendo en el grupo y que a mí me quedaron grabadas. Por eso están ahí muchas reflejadas en el libro.

—Cuando hablás del grupo, es del grupo de terapia.

— De terapia, de ayuda, en el cual estuve muchos años. Hacíamos terapia grupal, ya sea psicológica, con un terapeuta, un psicólogo, un psiquiatra y también con una nutricionista. Hacíamos terapia grupal, llevábamos un cuadernito para anotar las comidas de todos los días, que cada uno hacía y con eso tenías un registro de lo que cada paciente ingería en determinados días y con eso lo íbamos corrigiendo. Yo tuve que volver a aprender a comer a mis 17 años, cuando entré a este tratamiento, al hospital de día, porque yo hacía cualquier cosa. Tenía muchos periodos de restricción que no comía nada y otros periodos de atracones violentos y que no me autoprovocaba el vómito. Eso se llama bulimia no purgativa.

Y me pasaba eso, que comía, comía y no podía parar de comer. Entonces yo cuando entré ahí dije: “Yo no sé comer, no sé las cantidades, cómo tengo que manejar la comida”, que era un temón para mí. Y bueno, a los 17, con el cuadernito de nutrición que anotábamos, todas las ingestas que hacíamos ahí volví a aprender a comer. Porque uno mete a la comida en el medio, pero atrás de todo eso, a esa persona le está pasando un montón de situaciones que no puede ponerlas en palabras o atravesarlas.

También lo que hacen los TCA es que te baja la autoestima por el piso. No tenés confianza en vos misma, mezclas todo, te aislás, vas empezando a perder un montón de gente que por no salir, por quedarte aislada, por no querer compartir, por no ir a un cumpleaños o una fiesta donde hay una mesa llena de comida y para vos es un temón.

Durante años, Noel llevó una doble vida, ocultando su lucha interna con la alimentación mientras destacaba en Las Leonas

—Hay algo como particular de tu historia y es que eras una deportista de alto rendimiento y empezaste muy chica con tu carrera de hockey, que esos ambientes son de mucha disciplina, que requieren autocontrol. ¿Cómo conciliabas esas dos cosas?

— Sí, era complicado al principio. Porque yo con un TCA me comparaba con todas las chicas, tenía muy baja autoestima, no creía en que yo podía estar en el lugar donde estaba. Entonces, se empieza a ser un juego terrible en la cabeza de uno. El deporte igualmente a mí me ha ordenado y me ha dado una disciplina increíble para la vida, para todo. Me ha enseñado un montón de cosas.

Soy una agradecida de poder haber estado también en el alto rendimiento, porque yo al principio, cuando empiezo el tratamiento y a la vez estoy con Las Leonas, tuve muchos altibajos, pero ya después estuve bien. Entonces, tengo esas dos maneras de ver el deporte, ¿no? Con baja autoestima, mal y después con mucha autoconfianza, creer en mí, en tener el lugar que merecía. Y para mí también el deporte es un ordenador, fue mi vida y de todo esto.

—Mencionás mucho en tu libro esa sensación de llevar una doble vida. Creo que esto no solo aplica a alguien con TCA, sino también a esas partes nuestras que no nos gustan o que solemos esconder. Y aparece ese sentimiento de impostor aunque muchas veces los otros ya lo perciben.

— Sí, sí. Al principio, cuando entré al seleccionado nadie sabía mi situación, que yo estaba atravesando un TCA y que estaba haciendo hospital de día y que yo en el hospital de día después me iba corriendo a entrenar para llegar a horario y todas esas cosas. Al principio no lo quería decir. Es más, no lo dije hasta hace unos años atrás, que sentía que mi experiencia con todo esto podía ayudar a muchas personas. Por eso tomé la valentía de contar mi historia con ese fin de poder ayudar.

Pero al principio era: Noel está super bien, no pasa nada, juega al hockey, tiene una familia normal, estándar, sin problemas. Pero no, abajo de todo eso, de lo que se veía de esa Noel, tenía un montón de problemas. Uno se pone como una careta, una máscara, sale a la vida, diciendo que está todo bien, pero en el fondo, muchas personas, no solo un TCA, en cualquier ámbito de la vida a muchas personas le pasan cosas. Bueno, a mí me pasaba eso.

Piernas y pies descalzos de una joven sobre una balanza blanca. El suelo es de baldosas y hay una alfombra gris clara al fondo de un baño sencillo.
A los 17 años, Noel debió reaprender a comer, registrando cada ingesta con ayuda de terapeutas y nutricionistas especializados (Imagen Ilustrativa Infobae)

—“Estaba acostumbrada a vivir con sentimientos encontrados: feliz, preocupada, orgullosa y muerta de miedo a la vez”, explicás en tu libro y siento que eso es bastante natural. Contabas cuando llegaste a Las Leonas, que fue un sueño enorme durante mucho tiempo. Uno imagina que, al cumplirlo, todo va a ser perfecto, pero en realidad conviven mil emociones al mismo tiempo.

— Sí, totalmente. Siempre también trabajamos mucho en el grupo que vayas a donde vayas, si no resolvés el problema, te va a seguir. En cualquier ámbito de la vida, vos tenés un problema y decís: “No, bueno, me voy a ir a vivir a Barcelona porque ahí se me acaban los problemas”. Es una mentira. Vos vas a seguir con ese problema allá si no resolvés lo que te está pasando acá. Yo decía: “Bueno, entro al seleccionado, todo color de rosas, ya me voy a recuperar, que bla, bla, bla”. Y no, no sucedió eso. Que yo entrara al seleccionado, un sueño, estar con Las Leonas, entrenar con grandes figuras del deporte y no.

Si no lo trabajás el problema que uno tenga internamente, con profesionales, en mi caso de la salud, y la verdad que el problema te va a seguir a donde vayas, lamentablemente. Y por suerte yo tuve esta ayuda, encontré este tratamiento que a mí me funcionó y me salvó la vida. Yo creo que cada uno puede encontrar el método que quiera, pero desde mi experiencia sé que a mí el grupo me ayudó, el psiquiatra Héctor Bertera me salvó la vida porque confié en él y la verdad fue como un ángel para mí en mi vida y todo lo que me contuvo en ese momento fue lo que a mí me ayudó a hoy estar bien, a estar sana, a estar feliz, a dejar todo eso atrás y poder contar mi historia y ayudar, que ese es lo que más me interesa hoy en día.

Noel relata cómo la obsesión por el peso y la comida puede convertirse en una adicción, ocupando pensamientos las 24 horas del día

—¿Qué sentís que era lo que te llevaba a los atracones? ¿En terapia pudiste identificar qué había detrás de eso?

—Situaciones que yo no podía controlar, cosas que me daban mucha ansiedad. Por ejemplo, nos iban a pesar en el seleccionado, te venía la nutricionista, el nutricionista y yo sabía que esos dos días no tenía que comer porque tenía miedo que la balanza se haya disparado un montón y eso a mí me llevaba a una restricción. Otras situaciones eran familiares o cosas que yo estaba viviendo en el colegio, en la secundaria, viaje de egresados.

Fiestas de 15. Lo que a mí me costaba encontrar un vestido para una fiesta de 15… porque no tenía un físico homogéneo, a todo el mundo le entraba ese vestido. Pero yo a los quince años ya calzaba 39, tenía espalda, tenía músculo, era alta. Entonces, me costaba mucho encontrar. Y esas cosas a mí me angustiaban. Una nena de 15 años buscando un vestido debería ser algo divertido con sus amigas y para mí eso era una angustia terrible. Y era bueno, me doy un atracón porque a mí nada me queda, soy horrible.

Me miraba al espejo y la devolución del espejo era totalmente una distorsión corporal extrema y ahí me la agarraba con la comida, que no tenía nada que ver la comida y el atracón, sino que era poder resolver lo otro, ¿entendés? Además, tenemos unos parámetros de la belleza en Argentina extremadamente ridículos y nosotros seguimos absorbiendo eso. Y hoy los adolescentes con todo esto de las redes sociales siguen absorbiendo contenidos que no va, pero lo seguimos consumiendo. Entonces, ¿qué pasa? Sigue creciendo de una manera tremenda el consumo en las redes sociales de la imagen corporal.

—¿Por qué hacés la comparación de que un TCA es como una adicción? ¿Qué similitudes notaste en tu caso?

— Yo noté la dicción del alcohol o de las drogas, yo lo tenía con la comida. Yo no podía parar de comer o tenía momentos de restricción. El que consume también no puede parar de tomar alcohol o de drogarse. Es exactamente lo mismo. Es una adicción para mí. ¿Sabés lo que es estar 24 horas pensando en la comida, en las restricciones, en la ropa, que esto no me entra, que tengo que ir a entrenar y que el short me aprieta? Horrible.

Por eso yo todo lo que viví y lo que a mí me hizo bien de estos grupos de ayuda, lo voy a transmitir y lo quiero comunicar porque hay una salida y podés ser feliz corriendo todo lo que es la comida, el cuerpo, la imagen, las comparaciones y podés vivir feliz sin todo eso que está 24 horas en tu cabeza.

galeria 100 mejores fotos juegos olimpicos tokio 2020
Noel con sus compañeras tras conseguir la medalla de plata en Tokio 2020 (Photo by Anne-Christine POUJOULAT / AFP)

—Y aparte pienso también qué injusto no poder permitirse disfrutar todo lo que te estaba pasando: fiestas de 15, viaje de egresados, tenías un gran momento en tu carrera…

— Totalmente. Yo me he perdido, porque el tiempo no vuelve atrás, fiestas de 15 de amigas por estar mal, rayada con el cuerpo, no poder verme, no poder conseguir algún vestido, algún zapato, alguna sandalia que me guste, que vaya. Muchas cosas me he perdido por la enfermedad. Cumpleaños, porque no quería estar expuesta y comerme todo lo que había o en momentos, como dije antes, de restricción, no comer y que te digan: “¡Ay! ¿Por qué no comes?”.

O sea, uno también con la enfermedad se va aislando y va perdiendo muchas cosas. Yo he perdido muchas cosas y ahora las recontra recuperé y soy la primera en armar juntadas con amigas. Siempre fui social, pero la enfermedad me lo tapó muchos años y hoy lo disfruto y es algo que me encanta. Me gusta estar con gente querida y compartir una mesa, una comida. Lo disfruto muchísimo. Es muy, muy guacha esta enfermedad, porque te quita muchas cosas.

—Esto de decir: “No voy a ir a este plan porque no me veo como me gustaría verme” o “no voy a salir con alguien porque todavía no estoy como me gustaría estar para una cita” tiene muchas aristas que, en definitiva, terminan aislándote cada vez más.

—Sí, totalmente. O sea, decís: “En un mes voy a bajar tantos kilos, entonces ahí voy a llamar al pibe, ¿viste? Y voy a tener una cita para que me vea flaca”. Es una ridiculez total, pero yo lo he pensado, a mí me ha pasado. Ahora puedo decir que es algo totalmente enfermo esos pensamientos. Pero yo viví muchos años con esos pensamientos.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El deporte le enseñó resiliencia y empatía, pero también la enfrentó a frustraciones y desafíos que debió superar con fortaleza emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

—Yo te diría que esto le pasa a mucha más gente de la que pensamos, y no solo a quienes atraviesan un TCA. Creo que esta tendencia a postergar la vida —o a postergarse a uno mismo— hasta sentirse en su mejor versión es algo frecuente.

—Y nunca va a llegar cuando vos querés estar en ese momento, en el esplendor máximo de tu belleza. La vida pasa y para mí lo más importante, que también me quedó de después de todo esto, es vivir el momento, disfrutar el momento. Hoy tenés un kilo más, mañana un kilo menos, no pasa por ahí la vida, pasa por otro lugar la vida, por tus relaciones, con quién te rodeás, quién te hace potenciar, tu pareja, tus amigos, tu familia, los amigos que vos elegís.

Todo eso, por ahí pasa la vida, por tener un trabajo, salud. No por si tenés dos kilos más, dos kilos menos. Si no llegué a teñirme y tengo una cana. No, no pasa por ahí. Mañana irás a la peluquería (risas) o harás otra cosa. Pasa por otro lado. Eso es lo que para mí hay que entender, que no es por el cuerpo. Por ahí no pasa la vida. Y uno se queda maquinando todo el tiempo: si yo voy a estar flaca, voy a tener mejores trabajos, mejores amistades, más oportunidades.

No, para mí no. Lamentablemente, quizás, como estamos en un país muy de la estética y de la belleza extrema, muchas cosas pueden pasar por ahí, pero te aseguro que no, eso te lleva a una enfermedad, a una obsesión por el cuerpo que no tiene sentido y la vida se te pasa.

—¿Sentís que esto era algo común dentro de Las Leonas, dentro del mundo del deporte, o sentías que eras la única que estaba pasando por eso?

—En mi camada, en lo que yo conozco, era yo. Pero en el mundo del deporte hay un montón de problemas de TCA en la gimnasia, en la natación, hay un montón de atletas de alto rendimiento que padecen estos tipos de trastornos. Muchos no lo cuentan, no lo dicen, pero yo sé, doy fe porque conozco casos que sí, que atravesaron y atraviesan estos problemas. Pero no es que todos en ese ambiente tengan esa presión y canalicen por ese lado.

Quizás canalizan por otro, están en terapia y tienen un acompañamiento. Eso es muy personal. A mí me colapsó al principio y porque no sabía cómo manejarme, qué hacer, tener un nutricionista en el equipo sin yo contarle lo que me estaba pasando también fue muy doloroso que venían y nos tenían que medir el peso y todo eso adelante de todas las chicas. Eso también fue un momento muy, muy feo que yo viví. Pero otra compañera que no estaba pasando por eso, no tenía registro. Pero yo sí y estaba angustiada.

Una figura femenina sentada de perfil en una silla de madera, frente a una ventana que inunda su cabello de luz cálida en una habitación oscura.
“Un día a la vez” resume el aprendizaje de Noel: enfrentar las dificultades paso a paso, sin proyectar más allá del presente inmediato (Imagen Ilustrativa Infobae)

—En el libro también explicas que desde muy chica siempre fuiste muy disciplinada, con mucha fuerza de voluntad.

—Yo creo que eso nació también un poco conmigo. Desde chiquita soy muy ordenada, disciplinada, sin pasar por un TCA. Después, se fue agravando por la obsesión de tener todo bajo control y eso ya es otra cosa. Pero a mí también el deporte me dio mucha disciplina, mucho orden. A mí el deporte también me salvó. Yo lo uno el tratamiento y el deporte, las dos patas para mí fueron muy importantes en mi recuperación. Pero el deporte en sí te da una disciplina, un compromiso, un respeto, una empatía por el otro.

Pensar que es un juego en equipo también tenés que tener cierto respeto por tus compañeras. Un montón de cosas te da el deporte. Para mí el deporte también fue como una escuela en todo sentido. Aparte te da muchas frustraciones. Tenés que salir de esas situaciones, de estar perdiendo una final olímpica. ¿Cómo te levantás de eso? El deporte te da una serie de situaciones de la vida que te tenés que recomponer para seguir adelante.

No es solo jugar, ganar o perder. Te va marcando un montón de cosas en el camino que uno tiene que ir superando. Había ejercicios físicos, por ejemplo, que no podíamos más con las chicas. Con el Chapa Retegui nos fuimos a subir médanos a Pinamar y no podíamos más. Se nos caían las lágrimas con las chicas porque no nos daban más las piernas. El médano, la arena seca, no podíamos más. Y todo eso te tenía que recomponer esa situación, enfrentar esa situación, hacerlo. Y también el compañerismo dentro del equipo, eso también te alentaba y te ayudaba a seguir y a superar ciertos obstáculos para seguir en el camino.

Noel en otro de sus festejos con Las Leonas /REUTERS/Hamad I Mohammed
Noel en otro de sus festejos con Las Leonas /REUTERS/Hamad I Mohammed

—Dijiste antes que tu recuperación fue aprender a comer. ¿Qué aprendiste en ese proceso?

—Fue aprender a comer y enfrentar los problemas. Y hablar. Hablar para mí es algo sanador, que alguien te escuche, puedas desahogarte con problemas tuyos o que vos estés sintiendo en ese momento. Para mí es superimportante. Yo creo que la comida, después de todo eso, es anecdótico, porque en el fondo, como dijimos antes, los problemas pesados no, no es que es la comida. Por eso es tan importante un terapeuta, un psiquiatra, un psicólogo, para que esos pensamientos desaparezcan, se vayan, los puedas correr y veas otra realidad.

Para mí no existe la palabra dieta, por ejemplo, en mi vida. Yo como de todo y no por eso estoy obsesiva con la comida. Para alguien con un TCA, aunque su objetivo sea estar más flaca, piensa que limitando es como va a llegar a eso. Y en realidad es cuando te relajás aprendés a comer todos los alimentos sin miedo. No tenés que tenerle miedo a la comida. No pasa nada porque hoy, no sé, comas un postre. No pasa nada. Eso no te va a hacer engordar o adelgazar. A mí me reeducaron en la alimentación. Por eso también estas extremidades de: solo keto, déficit calórico y todas las tendencias, en una persona que está atravesando un TCA es lo peor que hay.

Quizás a personas que no tengan tanto mambo y pensamientos oscuros con la comida y con sus complejos con sus cuerpos, está buenísimo. Pero ojo, no nos confundamos, no nos pasemos de tanta información y que esas personas consuman esta patología y sea peor. Muchas veces me preguntan: “¿Y ahora cómo comés? ¿Qué hacés? ¿Hacés dieta, no hacés dieta?” No, yo como de todo y para mí la palabra dieta está totalmente sacada de mi vocabulario.

—Noel, te voy a hacer la última pregunta que le hago a todos los invitados y es que nos dejes algo que te parezca importante compartir. Puede ser algo que viste o leíste últimamente, que te gustó o te llamó la atención; una frase o lo que sea que sientas.

—Te diría el título del libro: Un día a la vez. Me representa. También vivir el presente, creo yo. Uno siempre está tan acelerado pensando si hubiese hecho, o en el futuro, en lo que vendrá y se olvida de que hoy estamos acá. Día a día, hora a hora, minuto a minuto. Creo que eso es lo más preciado que la persona tiene, ¿no? El tiempo y con quién uno lo pasa. No perder el tiempo con cosas banales, que no te nutran, que no te sirvan. Estar todo el tiempo comparándose tampoco. Simplemente vivir el presente.