Este miércoles se conmemora el Día Mundial de la Felicidad. El ranking anual elaborado por la Universidad de Oxford y la consultora Gallup revela que la felicidad de los jóvenes cayó un 10 % en los últimos años en países como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, aunque existen grandes diferencias por región, edad y contexto.
El informe destaca que América Latina es una de las zonas donde la felicidad entre los jóvenes aumentó en las últimas dos décadas, a contramano de lo que ocurre en países de Europa y Estados Unidos. Entre los datos que llaman la atención, el estudio no atribuye un impacto negativo generalizado a las redes sociales, sino que indica que su efecto depende del contexto y del tipo de uso que se haga de ellas.
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Según las fuentes consultadas, 85 de los 136 países evaluados presentan jóvenes más felices que hace veinte años. Costa Rica aparece en el cuarto puesto, el más alto de América Latina, mientras que Finlandia lidera el ranking por noveno año consecutivo.

Diferencias regionales y factores que inciden en la felicidad
El informe subraya que la felicidad de los jóvenes varía según la región y el sexo. En América Latina y Asia, la mejora de los índices contrasta con la caída observada en Europa Occidental y Norteamérica. Costa Rica alcanzó la cuarta posición mundial en el ranking, superando a muchos países europeos.
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Finlandia encabeza la lista, seguida por Islandia, Dinamarca, Costa Rica y Noruega. Países Bajos e Israel completan los diez primeros lugares, junto con Luxemburgo y Suiza. Argentina ocupa el puesto 44 entre 136 países evaluados.
Una característica del estudio es la forma de medición. Se pregunta a los encuestados su nivel de satisfacción con la vida en una escala del uno al diez. Además, se evalúan aspectos como satisfacción económica, seguridad, empleo, relaciones familiares y uso de redes sociales.
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El papel de las redes sociales y el contexto cultural
Paula Salomone, doctora en Neurociencias Afectivas, psicóloga e investigadora de la Universidad de Linköping, en Suecia, explicó en Infobae en Vivo: “Más que la cantidad de horas, lo importante es el tipo de uso que se hace de las redes sociales, si es un uso activo o pasivo. Por ejemplo, usar WhatsApp es muy activo porque conecta con otras personas”.
Salomone destacó la diferencia entre ver videos instructivos en plataformas como YouTube y consumir videos breves en aplicaciones de entretenimiento: “Probablemente tenga un mayor beneficio ver un tutorial que pasar ese tiempo viendo cien videos cortos de TikTok”.
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En relación a las diferencias entre regiones, sostuvo: “En América Latina usamos muchísimo las redes sociales para conectarnos con la familia, hacer videollamadas. No es lo mismo que pasarse el tiempo en TikTok o Instagram. Ese puede ser un factor central”.

El individualismo y el contacto social
Consultada sobre el impacto del individualismo, Salomone afirmó: “El individualismo de las sociedades impacta en nuestra salud mental”. Agregó un ejemplo: “Pensar en una pareja en un bar donde uno está con el celular y el otro espera atención muestra cómo el uso de redes puede alejarnos de la persona presente”.
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La doctora remarcó la importancia del contacto físico para la regulación emocional: “El contacto social, el contacto físico, como recibir un abrazo antes de una entrevista laboral, tiene un efecto regulador real. Hay estudios que demuestran que los abrazos bajan los niveles de cortisol y aumentan la oxitocina”. Añadió que pasar mucho tiempo en redes puede disminuir las oportunidades de contacto físico y social, con un impacto visible en la salud mental.
En relación con los países nórdicos, donde los índices de satisfacción son altos a pesar de tasas elevadas de soledad o problemas como el alcoholismo, indicó: “Es por cómo se mide. Se pregunta principalmente por satisfacción con la vida, calidad de vida, PBI, seguridad. Pero muchas personas pueden sentirse solas aunque marquen alto en satisfacción con la vida por tener necesidades básicas garantizadas”.
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La medición de la felicidad y sus limitaciones
La especialista explicó la complejidad del concepto de felicidad en las mediciones: “La felicidad es un constructo complejo y muchas preguntas se responden rápidamente, sin ahondar en aspectos emocionales o de realización personal”.
Diferenció entre emociones transitorias y afectos duraderos en la ciencia: “Una cosa son las emociones, que son estados breves, y otra la felicidad como un estado duradero o afecto. La depresión o la ansiedad afectan ese estado y modifican la vulnerabilidad emocional a largo plazo”.
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Para la especialista, la clave cultural y metodológica explica parte de los resultados del ranking: la satisfacción personal puede medirse alto aún en contextos de aislamiento, si las necesidades materiales están cubiertas.
Su intervención dejó en evidencia la importancia del contacto social y el rol de las redes, que varía según el contexto sociocultural y la calidad de los lazos personales.
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