
Un abrazo consensuado entre desconocidos puede ser suficiente para despertar un mayor interés social y facilitar la creación de una nueva amistad, según un reciente estudio científico dirigido por Kira von Kleist en la Universidad de California en San Diego.
Los resultados, publicados en la revista Social Influence y difundidos por Psychology Today, confirman que este gesto básico puede tener un impacto medible en las primeras interacciones entre personas.
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El papel del contacto físico fue investigado durante décadas. Numerosos estudios demostraron que abrazar o acariciar fortalece la conexión entre individuos, reduce el estrés, fomenta conductas prosociales y mejora la salud en relaciones de pareja o familiares, de acuerdo con Social Influence. Sin embargo, la mayoría de estas evidencias se centraban en vínculos ya existentes, y no en la influencia entre personas que se acaban de conocer.

La investigación de von Kleist y su equipo abordó precisamente ese vacío. Entre 2014 y 2015, reunieron a 330 estudiantes universitarios en el campus de San Diego. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a diferentes condiciones: algunos recibieron un abrazo breve de experimentadores previamente entrenados, mientras que otros solo un apretón de manos o ningún contacto físico. El propósito era medir cómo un abrazo podía cambiar la disposición social hacia un desconocido.
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Para evaluar ese cambio, tras la interacción, se pidió a los participantes que completaran cuestionarios y luego se les invitó a ver 187 fotografías de unas vacaciones ficticias del experimentador, una maniobra encubierta para medir el interés social. La tasa de aceptación de esa invitación, el tiempo dedicado a mirar las imágenes y la cantidad de fotos vistas sirvieron como indicadores para los científicos.

Los resultados fueron contundentes. El 76% de quienes recibieron un abrazo accedieron a ver las fotos, comparado con solo el 52% entre los que no experimentaron ese contacto físico, según Social Influence.
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Además, quienes recibieron el abrazo no solo aceptaron en mayor proporción, sino que permanecieron más tiempo y exploraron más imágenes, lo que sugiere un incremento real en el interés social hacia el experimentador. Estos efectos persistieron incluso al analizar otras variables, como origen étnico.
El agrado por el abrazo se asoció con una mayor disposición a abrirse socialmente: quienes manifestaron haber disfrutado el gesto mostraron más interés por el experimentador, de acuerdo con los resultados detallados en Social Influence.
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El análisis estadístico también revisó diferencias de género. Las participantes mujeres demostraron un mayor interés social si el abrazo provenía de alguien del género opuesto, mientras que, en los hombres, el género del experimentador no hizo diferencia significativa.
Sin embargo, el estudio advirtió que el tamaño reducido de algunos subgrupos requiere cautela antes de generalizar conclusiones y que se necesitan más investigaciones para corroborar este fenómeno.
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Este experimento sobresale por su validez en situaciones reales, al desarrollarse fuera del laboratorio y en condiciones cotidianas. Contrasta con la mayoría de los estudios previos sobre contacto físico y prosociabilidad que suelen centrarse en ambientes artificiales o muy controlados. El hallazgo brinda evidencia de que simples gestos afectivos pueden jugar un papel relevante en la vida diaria.

A pesar de estos resultados positivos, los autores señalaron varias limitaciones. La muestra se compuso principalmente de estudiantes de Estados Unidos y los datos fueron recopilados antes de la pandemia de COVID-19.
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Además, las normas culturales estadounidenses en torno al abrazo, generalmente más reservadas que en otras sociedades, pueden influir en el alcance de los hallazgos en distintos contextos. Un factor clave fue el consentimiento explícito: solo se incluyó a quienes aprobaron activamente participar y aceptar el abrazo, un requisito indispensable para el resultado observado.
En síntesis, los responsables del estudio sostienen que futuras investigaciones deben analizar cómo varían estos efectos en otras culturas, rangos de edad y contextos sociales, especialmente considerando los cambios de normas sociales tras la pandemia. Lo encontrado reafirma que un abrazo consensuado puede convertirse en un gesto sencillo pero poderoso para fomentar nuevas conexiones sociales e iniciar amistades.
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