Exencargado de Negocios de EE. UU. describe a Nicaragua como una “dictadura extremadamente personalista”

Tras dos años de observar desde adentro los mecanismos del poder en Managua, el exencargado de Negocios de Estados Unidos, Kevin O’Reilly, ofreció un diagnóstico crítico sobre la realidad nicaragüense

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Caricatura de Daniel Ortega y Rosario Murillo rasgando un cartel de 'Sociedad Civil', con edificios oficiales y papeles cayendo en el fondo.
Caricatura política de Daniel Ortega y Rosario Murillo rompiendo una pancarta con la inscripción 'Sociedad Civil', mientras papeles rotos caen sobre un fondo de edificios gubernamentales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El panorama político de Nicaragua ha sido sometido a un escrutinio sin precedentes tras las declaraciones ofrecidas ayer, 5 de mayo, por el diplomático estadounidense Kevin O’Reilly.

Durante el foro titulado «La crisis democrática de Nicaragua: consolidación del régimen autoritario y el futuro de la política de Estados Unidos», organizado por el Diálogo Interamericano en Washington, el exfuncionario rompió el silencio con un análisis quirúrgico que describe al país centroamericano como una “dictadura extremadamente personalista” y un “Estado paranoico”.

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Para entender el peso de estas palabras, es imperativo revisar la trayectoria de quien las pronuncia. Kevin O’Reilly no es un académico hablando desde la distancia, sino un diplomático de carrera con una vasta experiencia en política hemisférica dentro del Departamento de Estado.

Entre 2018 y 2022, ocupó cargos de alta relevancia como la subsecretaría adjunta para América del Sur y Política Económica del Hemisferio Occidental. Su vínculo directo con Managua inició el 26 de junio de 2023, cuando asumió funciones como Encargado de Negocios.

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Su nombramiento fue una solución pragmática de la administración Biden ante la negativa del régimen de Daniel Ortega de conceder el beneplácito al embajador designado, Hugo Rodríguez. O’Reilly se mantuvo al frente de la misión diplomática hasta diciembre de 2025, navegando un clima de hostilidad constante y vigilancia estatal. Tras concluir su misión oficial, su análisis actual se convierte en el testimonio de quien gestionó la diplomacia en el epicentro del conflicto.

Durante su intervención en Washington, Kevin O’Reilly calificó al régimen de Daniel Ortega como una "dictadura extremadamente personalista" y cuestionó la transparencia de la seguridad estatal nicaragüense.
Durante su intervención en Washington, Kevin O’Reilly calificó al régimen de Daniel Ortega como una "dictadura extremadamente personalista" y cuestionó la transparencia de la seguridad estatal nicaragüense.

La parálisis ministerial y el control de “El Carmen”

Uno de los puntos más reveladores de la intervención de O’Reilly fue su descripción de la inoperancia institucional en Nicaragua. El diplomático detalló cómo la toma de decisiones ha sido secuestrada por la familia presidencial, eliminando cualquier vestigio de burocracia estatal independiente.

“Se ha convertido realmente en una dictadura muy personalista, a un grado que creo es difícil de internalizar para quienes no la siguen obsesivamente cada día. No puedo recordar ocasiones en que un ministro o viceministro con quien interactuamos dijera ‘sí’, ‘no’ o ‘lo haremos así’. Siempre decían: ‘Déjeme consultar con El Carmen’, que es la residencia donde vive la familia Ortega”.

Para O’Reilly, esta dinámica no solo es autoritaria, sino que representa la culminación de una traición histórica. Afirmó que el sandinismo, como proyecto social, ha muerto para dar paso a una “oligarquía muy exitosa” que ha centralizado toda la autoridad. “Viniendo desde la izquierda, traicionaron eso. Cuando nací, este era el segundo país más pobre del hemisferio. Me he jubilado y sigue siendo el segundo país más pobre del hemisferio. Es una revolución fracasada”, sentenció con crudeza.

Además, el diplomático dedicó una parte sustancial de su intervención a la destrucción del tejido educativo y social. Citó cifras alarmantes: el cierre de aproximadamente 1,000 escuelas primarias y secundarias, afectando a más de medio millón de estudiantes, y la intervención de unos 30 centros de educación superior, incluyendo la Universidad Centroamericana (UCA).

Vista frontal del arco de entrada de la Universidad Centroamericana (UCA) con vehículos SUV, personal de seguridad uniformado y civiles congregados en la calle.
Fuerzas de seguridad y personal civil se congregan frente a la Universidad Centroamericana (UCA) tras la intervención por el régimen de Daniel Ortega. (Imagen Ilustrativa Infobae)

O’Reilly explicó que esta ofensiva responde a una intolerancia absoluta hacia cualquier forma de autonomía. “No toleran la acción ni el pensamiento independiente... y esto alcanza especialmente de manera muy dura a quienes son miembros desilusionados de la antigua coalición del FSLN”. Advirtió que la vigilancia es extrema y que cualquier leve nota de disidencia termina en la pérdida de empleos, ataques a familias, confiscación de pensiones y, en los casos más graves, el destierro o la cárcel.

En materia de seguridad, O’Reilly fue implacable al desmantelar la propaganda oficial que presenta a Nicaragua como un bastión contra el crimen organizado. Reveló que Estados Unidos retiró su oficina de la DEA del país porque el régimen impedía cualquier labor útil, priorizando el uso de recursos en lugares donde sí hubiera transparencia.

Sobre el tráfico de narcóticos por aguas territoriales, utilizó la lógica científica para cuestionar al régimen:

“Hay tráfico que cruza el país. No es racionalmente posible que un barco viaje por aguas costarricenses y desaparezca mágicamente para reaparecer en la costa de El Salvador. Así no funciona la física. Sus afirmaciones están muy exageradas”.

Kevin O'Reilly, lideró la misión diplomática estadounidense en Managua hasta diciembre de 2025 (Cortesía U.S. Embassy Managua).
Kevin O'Reilly, lideró la misión diplomática estadounidense en Managua hasta diciembre de 2025 (Cortesía U.S. Embassy Managua).

El diplomático concluyó lamentando que Nicaragua haya renunciado incluso a las funciones consulares más básicas para sus ciudadanos en el extranjero, utilizando la diplomacia no para servir, sino para evadir la rendición de cuentas. Con el cierre de este foro, las palabras de O’Reilly quedan como un diagnóstico terminal de un sistema que, según sus palabras, ha dejado de funcionar para su pueblo para servir exclusivamente a una familia.

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