
La cepa Andes del hantavirus, la única variante conocida hasta el momento que es capaz de transmitirse entre humanos, es la responsable del brote que dejó tres muertos y ocho infectados a bordo del crucero MV Hondius, que había partido de Ushuaia, Argentina, a principios de abril.
El Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles de Sudáfrica realizó las pruebas e identificó a la cepa Andes a partir de muestras de la mujer neerlandesa fallecida en Johannesburgo y de un hombre británico que está internado en ese país.
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El virus Andes pertenece a la familia Hantaviridae y circula principalmente en el sur de Argentina y Chile. Su reservorio natural es el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus).
Se trata de un roedor que habita en zonas boscosas y rurales de la Patagonia, y la infección en humanos ocurre por contacto con heces, orina o saliva del animal, o por inhalación de partículas contaminadas en espacios cerrados.
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Lo que lo distingue de todos los demás hantavirus del mundo es su capacidad de pasar de una persona a otra.
Cómo se descubrió el virus Andes

En 1995, un brote familiar en El Bolsón, Río Negro, dejó dos muertos por una enfermedad respiratoria que los médicos no lograban identificar.
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Los tejidos de autopsia de uno de los fallecidos llegaron al laboratorio del Instituto ANLIS/Malbrán, donde un equipo liderado por las científicas Nora López y Paula Padula analizó el material genético del virus.
Lo que encontraron cambió la historia: el virus no era ninguno de los hantavirus conocidos hasta ese momento. Era uno nuevo, con un perfil genético propio, al que llamaron virus Andes. El hallazgo, publicado en la revista Virology en 1996, fue la primera identificación genética de un hantavirus en toda América del Sur.
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Más adelante, la doctora Padula y colegas publicaron el análisis de un brote que había ocurrido en El Bolsón y Bariloche en 1996. Allí confirmaron que la transmisión de la cepa Andes entre humanos era posible. Lo publicaron en la revista Virology.
En ese momento, los investigadores compararon secuencias virales de 26 casos y encontraron que 16 pacientes con contacto estrecho compartían una secuencia genética idéntica en los segmentos S y M del genoma viral.
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Dos casos cercanos geográficamente pero sin vínculo epidemiológico diferían de esa secuencia, lo que descartó una fuente ambiental común y señaló a la transmisión entre personas como única explicación posible.
Fue la primera evidencia genética directa de transmisión interpersonal de un hantavirus en el mundo. Desde ese hallazgo, otros brotes aportaron más certezas.
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En 2014, un grupo de tres casos en El Bolsón fue analizado por Daniel Alonso y otros colegas de ANLIS/Malbrán. Publicaron los resultados en Emerging Infectious Diseases en 2020.

Los pacientes eran dos hermanos y una enfermera que había atendido a uno de ellos, y la transmisión persona a persona fue confirmada con secuenciación de genoma completo: los genomas del paciente fallecido y la enfermera mostraron una identidad nucleotídica del 100%, la confirmación más robusta hasta ese momento.
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El brote más extenso llegó entre octubre de 2018 y enero de 2019 en Epuyén, una pequeña localidad rural de la provincia de Chubut.
Las muestras fueron estudiadas por Valeria Martínez y equipo, que publicaron los resultados en la revista New England Journal of Medicine. Registraron 29 casos confirmados y 11 muertes, con una tasa de letalidad del 32%.
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Todo partió de una única introducción del virus desde un roedor, pero tres personas sintomáticas asistieron a reuniones sociales y se convirtieron en las “superpropagadoras”.

¿Qué cuadro clínico puede provocar la cepa Andes?
La cepa Andes provoca el síndrome pulmonar por hantavirus, una enfermedad que comienza con fiebre, dolores musculares y fatiga, y puede progresar en días hacia una insuficiencia respiratoria aguda con alta probabilidad de muerte.
A diferencia de otros hantavirus, su capacidad de transmitirse entre personas la convierte en una amenaza sanitaria de vigilancia permanente.
En diálogo con Infobae, el científico argentino Gustavo Palacios, quien fue coautor e varios estudios sobre la transmisión de hantavirus entre humanos y hoy es investigador de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí en los Estados Unidos, dijo: “El virus Andes tiene una capacidad que no se ha confirmado para otros hantavirus: puede transmitirse de persona a persona”.
El investigador resaltó que “no se conoce todavía la explicación completa, pero probablemente intervengan diferencias en cómo replica el virus, cómo evade la respuesta inmune y cuánto virus elimina el paciente. Esos factores pueden depender tanto del virus como del huésped y sus circunstancias de contacto”.
Además, el doctor Palacios aclaró: “Que aparezca otro hantavirus con características similares es posible. También es posible que alguno de los hantavirus ya conocidos tenga cierta capacidad de transmisión entre personas, pero que hasta ahora no se hayan dado las condiciones ambientales, epidemiológicas o biológicas necesarias para observarlo, como sí ocurrió con el virus Andes. Justamente por eso estos brotes deben estudiarse rápido y con mucho cuidado”.

En tanto, Teresa Strella, médica infectóloga, epidemióloga y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología, aclaró que para que se produzca la transmisión interhumana del hantavirus, se deben dar algunas condiciones: la persona afectada debe estar cursando el inicio de la enfermedad y haber adquirido la cepa Andes y haber ocurrido un contacto cercano.
“El hantavirus es de baja frecuencia pero de alta mortalidad. La transmision interhumana ocurre por contacto estrecho, cuando la persona enferma se encuentra en lo que se denomina período prodrómico, es decir, en el inicio de la enfermedad”, explicó.
Hasta hoy no existe ninguna vacuna aprobada contra el hantavirus Andes ni un tratamiento antiviral específico para el síndrome pulmonar por hantavirus.
El manejo de los pacientes es de soporte: ventilación mecánica, estabilización hemodinámica y, en los casos más graves, oxigenación por membrana extracorpórea (si está disponible).

Hay candidatos vacunales en desarrollo. Una vacuna de ADN completó una fase 1 con resultados seguros e inmunogénicos, y una vacuna de ARNm desarrollada por la Universidad de Texas mostró resultados prometedores en modelos animales, ambas publicadas en 2024.
Este año los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. incluyeron a la cepa Andes entre los patógenos sin vacuna ni tratamiento aprobado y de mayor preocupación pandémica, lo que aceleró el interés científico por encontrar una respuesta terapéutica.
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