
La fascinación por los pulpos trasciende la biología marina y se ha instalado en la cultura popular, impulsada por su inteligencia, su capacidad de manipular objetos y su asombrosa versatilidad.
En el marco del Día Mundial del Pulpo, que se celebra cada 8 de octubre, un repaso por los mecanismos que hacen de estos animales una de las criaturas más enigmáticas del océano.
Un avance significativo en la comprensión de los pulpos llegó en 2020, cuando un equipo de investigadores de Harvard logró descifrar el funcionamiento de los sensores presentes en las ventosas de sus brazos.
Según el informe publicado en la revista Cell y recogido por Harvard Gazette, el sistema nervioso de los brazos de estos animales opera de manera casi independiente del cerebro central, lo que les permite realizar tareas complejas de forma autónoma.

Los científicos identificaron una familia inédita de sensores en la capa superficial de las ventosas, adaptados para detectar moléculas poco solubles en agua. Estos receptores, denominados quimiotáctiles, permiten al pulpo distinguir entre diferentes objetos y presas a través de una combinación de tacto y sabor.
Nicholas Bellono, profesor adjunto de biología molecular y celular y autor principal del estudio, explicó a Harvard Gazette que “creemos que, debido a que las moléculas no se solubilizan bien, podrían, por ejemplo, encontrarse en la superficie de las presas de los pulpos y en cualquier objeto que toquen”. De este modo, el animal puede diferenciar entre una roca y un cangrejo, ya que su brazo reconoce no solo la textura, sino también una especie de sabor característico.
El equipo de Harvard también observó que existe una notable diversidad en las respuestas de estos receptores y en las señales que transmiten a las células y al sistema nervioso. Bellono señaló que “esto podría facilitar la complejidad de lo que el pulpo siente y también cómo puede procesar una variedad de señales utilizando su sistema nervioso del brazo semiautónomo para producir comportamientos complejos”.
La investigación sugiere que estos hallazgos podrían extenderse a otros cefalópodos, como calamares y sepias, y contribuir a esclarecer cómo evolucionaron sus capacidades sensoriales.
Lena van Giesen, investigadora postdoctoral del Laboratorio Bellono y autora principal del artículo, afirmó que “se sabe poco sobre el comportamiento quimiotáctil marino, y con esta familia de receptores como sistema modelo, ahora podemos estudiar qué señales son importantes para el animal y cómo se codifican”. Este conocimiento sobre la evolución de las proteínas y la codificación de señales trasciende el estudio de los cefalópodos.

El proceso experimental incluyó la clonación de los receptores táctiles y químicos, que luego fueron insertados en óvulos de rana y líneas celulares humanas para analizar su función de manera aislada. Los resultados mostraron que solo las moléculas poco solubles, como los terpenoides, activaban los receptores, mientras que las hidrosolubles, como sales y azúcares, no generaban respuesta.
Al replicar el experimento con pulpos en laboratorio, los investigadores comprobaron que los animales respondían únicamente a las zonas del tanque que contenían estas moléculas específicas. Bellono detalló que “el pulpo mostró una alta sensibilidad solo a la parte del fondo que contenía la molécula”, lo que respalda la hipótesis de que estos receptores permiten al animal tomar decisiones rápidas sobre si atrapar o no una presa.
El estudio también destaca la necesidad de futuras investigaciones, ya que existen numerosos compuestos naturales aún no identificados que podrían activar estos receptores y mediar comportamientos complejos. Bellono indicó que “ahora estamos tratando de buscar otras moléculas naturales que estos animales podrían detectar”.

Otras curiosidades sobre los pulpos
La singularidad de los pulpos no se limita a sus ventosas. Según el Museo de Historia Natural de Londres, cada uno de sus ocho brazos contiene un “minicerebro” propio, lo que les otorga un control tanto localizado como centralizado sobre sus movimientos.
Jon Ablett, responsable de la colección de cefalópodos del museo, explicó que esta organización permite a los pulpos realizar tareas con los brazos de manera rápida y eficiente, incluso en ausencia de instrucciones directas del cerebro central. Un experimento realizado en 2011 demostró que el cerebro central puede guiar un brazo a través de un laberinto para alcanzar comida, aunque el brazo actúe de forma independiente en otras circunstancias.
El uso de herramientas es otro rasgo distintivo de la inteligencia de los pulpos. Ablett relató que, además de resolver tareas en laboratorio, en la naturaleza se ha observado a estos animales construir guaridas y utilizar piedras, conchas e incluso objetos artificiales como tapas de botellas para protegerse. Un caso notable documentado en 2009 mostró a ejemplares de Amphioctopus marginatus recolectando cáscaras de coco desechadas en Indonesia para emplearlas como refugio.

La habilidad de los pulpos para manipular objetos y adaptarse a su entorno ha sido reconocida también por el Foro Económico Mundial, que subraya su capacidad para crear cúpulas protectoras, cambiar de color según el terreno y emplear estrategias defensivas poco comunes en el reino animal.
En el ámbito genético, un estudio citado por Live Science reveló que los pulpos poseen “genes saltarines” o transposones, elementos genéticos móviles presentes también en los humanos.
Investigadores identificaron estos transposones de la familia LINE en el lóbulo vertical del cerebro de dos especies, Octopus vulgaris y Octopus bimaculoides, una región clave para el aprendizaje y la memoria, análoga al hipocampo humano. El análisis mostró que estos genes están activos en áreas cerebrales asociadas a la plasticidad conductual, lo que podría explicar la notable capacidad de los pulpos para resolver problemas y adaptarse a diferentes estímulos.
La combinación de un sistema nervioso descentralizado, habilidades cognitivas avanzadas y adaptaciones moleculares únicas sitúa a los pulpos como uno de los invertebrados más complejos y fascinantes del planeta.
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