
En el último capítulo del podcast de Mel Robbins, la reconocida experta en desarrollo personal, entrevistó a Emma Grede, empresaria británica y referente en la moda inclusiva, cofundadora de Good American y SKIMS.
En esa charla, Emma habló sin filtros sobre su infancia, los desafíos que enfrentó- incluyendo su dislexia- y cómo su forma de ver la vida la ayudó a llegar a donde soñaba.
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Infancia y formación de carácter
Desde la infancia, Grede asumió responsabilidades poco habituales para su edad. Como la mayor de cuatro hermanas en una familia monoparental, se ocupaba de tareas domésticas y del cuidado de sus hermanas, desarrollando así una madurez temprana.
“Me levantaba por la mañana, planchaba tres camisas escolares, preparaba tres almuerzos y las enviaba a la escuela. A veces, ni siquiera iba yo misma porque ya estaba agotada”, recordó. En un entorno donde la supervivencia era la prioridad y la seguridad no estaba garantizada, Grede forjó una determinación inquebrantable para cambiar su destino.
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Durante la adolescencia, su deseo de independencia y la necesidad de trabajar la llevaron a dejar el hogar a los 16 años y a instalarse sola en un pequeño departamento sin comodidades básicas.
Ingresó al London College of Fashion, pero la falta de recursos la obligó a abandonar los estudios. “Luché mucho para entrar en esa universidad, pero no podía continuar. No podía pagar el transporte ni la comida”, relató. Ante ese obstáculo, optó por buscar prácticas no remuneradas en la moda, convencida de que la experiencia directa sería su mejor escuela.
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Primeros pasos y filosofía de trabajo
Durante esos años, Grede desempeñó trabajos precarios: desde hacer sándwiches en una charcutería hasta empaquetar ropa en agencias de relaciones públicas. En cada puesto aplicó una filosofía clave: “Cómo haces cualquier cosa es cómo lo haces todo”.
Para ella, la excelencia no depende de la tarea, sino de la actitud ante cada desafío. “Cuando hacía sándwiches, hacía el mejor sándwich. Cuando doblaba ropa, lo hacía con perfección. La excelencia atrae a la gente”, afirmó.
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La empresaria reconoce que su camino incluyó dificultades emocionales. La dislexia, diagnosticada en su adultez, y una tendencia a reaccionar con ira la llevaron a buscar ayuda profesional desde los 19 años. “Crecí en un lugar donde la culpa era parte de la cultura. Nada era nuestra responsabilidad. Aprender a asumir la responsabilidad de mi vida fue un punto de inflexión”, explicó.
Esta autogestión emocional y la aceptación de que el progreso no es inmediato ni lineal se convirtieron en ejes de su desarrollo personal: “La idea del éxito de la noche a la mañana es una historia bonita, pero no es real”.
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Consolidación profesional y visión inclusiva
Tras una década en la intersección entre marcas y moda, y varios trabajos en desfiles y producción, Grede fundó su propia agencia de marketing de entretenimiento a los 24 años. La empresa creció durante diez años con oficinas en Londres, Nueva York y Los Ángeles, gestionando acuerdos entre marcas, celebridades y diseñadores. Esta experiencia le permitió identificar oportunidades y necesidades no cubiertas en la industria, los llamados “espacios en blanco”.
Así nació Good American. su propia marca de moda que se especializa en prendas inclusivas, especialmente jeans y ropa diseñada para mujeres de todas las tallas, Grede observó que el 68% de las mujeres en Estados Unidos usaba una talla superior a la 16, pero casi no encontraban opciones atractivas en las tiendas.
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“La mayoría de las mujeres están desatendidas por la industria de la moda”, sostuvo. Su enfoque en la inclusión de tallas y la representación diversa revolucionó el sector: el primer día, Good American vendió por 1 millón de dólares, pero el éxito trajo un desafío inesperado: la falta de experiencia logística los dejó sin stock en pocas horas, generando frustración en muchas clientas.
“Tuve que aprender sobre la marcha. Llamaba personalmente a las clientas para explicarles la situación y buscar soluciones”, recordó. Este episodio le enseñó la importancia de las relaciones empresariales y de contar con expertos en áreas claves.
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Visión de futuro: tecnología y acción
En su visión del futuro laboral, subraya el rol de la mujer y la urgencia de no quedar atrás en la revolución tecnológica. “Las mujeres se perdieron la primera ola tecnológica. No podemos perdernos el auge de la inteligencia artificial”. Anima a aprender y aplicar herramientas de IA en cualquier sector. En su empresa, promueve la integración tecnológica incluso en áreas inesperadas como la contabilidad.

El mensaje final de Emma Grede es una invitación clara: convertir los sueños en acción. Su historia demuestra que la perseverancia, la responsabilidad y la excelencia pueden abrir caminos donde antes solo había obstáculos.
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