
La creencia de que la capacidad de atención humana disminuyó en los últimos años ganó popularidad, en parte por datos como los difundidos por Microsoft en 2015, que sugirieron una reducción de 12 a ocho segundos en la atención promedio entre los millennials y la generación Z.
Este dato, reiteradamente citado, generó preocupación sobre una supuesta incapacidad de concentración en las nuevas generaciones.
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Sin embargo, un análisis de The Conversation invitó a cuestionar la validez de este mito y llevó a examinar la verdadera complejidad de la atención, sus diferentes formas y los factores que la determinan.
El mito de los ocho segundos: ¿realidad o exageración?

La llamada regla de los ocho segundos, incorporada recientemente por la UEFA en la Premier League, estableció que un portero no puede retener el balón más de ese tiempo o, de lo contrario, el equipo rival obtiene un saque de esquina.
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Aunque la cifra coincide con el dato de Microsoft, el propósito de la norma consistió en evitar la pérdida de tiempo y se vincula con la capacidad de atención de jugadores y espectadores cuando el juego se detiene, pero no con la atención.
Es que este límite respondió principalmente a una estrategia deportiva, no a una realidad científica.
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Tipos de atención: diferencias clave entre el enfoque emocional y el racional

Comprender cómo funciona la atención requiere distinguir entre sus distintos tipos. No se trata de un fenómeno único ni estático. Por ejemplo, la exploración visual, esencial en el fútbol, permite a los jugadores analizar rápidamente el campo y decidir el destino del balón.
Estudios sobre futbolistas de la Premier League demostraron que quienes dedicaron más tiempo al escaneo visual obtuvieron mejores resultados, salvo cuando un rival se ubicó muy cerca. Este tipo de atención, denominada “cognición caliente”, implica respuestas rápidas y emocionales, en contraste con la “cognición fría” o racional, más frecuente en el análisis de jugadas y que exigía atención sostenida.
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El cerebro emplea redes neuronales diferentes según el tipo de enfoque. Las decisiones rápidas y emocionales activan la corteza prefrontal ventromedial u orbitofrontal, mientras que las decisiones racionales y prolongadas involucran la corteza prefrontal dorsolateral, responsable del control ejecutivo y la memoria a corto plazo.
Además de la exploración visual y la atención sostenida, existen la atención dividida y la alterna, que permiten gestionar varias tareas o modificar el foco entre estímulos durante largos periodos.
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Atención en la vida cotidiana y en el entorno digital
En situaciones cotidianas, estos mecanismos estuvieron presentes de forma constante. Volviendo al mismo ejemplo, en el fútbol, la atención de los jugadores y los espectadores se adaptó a los cambios en el ritmo del partido. En las primeras impresiones, el cerebro utilizó una atención instintiva que, posteriormente, pudo transformarse mediante procesos reflexivos.
El consumo de redes sociales, videojuegos, podcasts y audiolibros exigió atención sostenida, especialmente entre jóvenes de la generación Z, quienes dedicaron en promedio 2,5 horas diarias a plataformas digitales. Según los expertos, la preferencia por contenidos que facilitan la multitarea reveló que la motivación y el interés constituyeron factores fundamentales en la capacidad de concentración.
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La motivación destacó como elemento central. Madres de niños con TDAH observaron que sus hijos consiguieron enfocarse durante horas en videojuegos, pero no lograron mantener la concentración en las tareas escolares. El análisis atribuyó esta diferencia al interés y la diversión que ofrecieron los juegos. Este hallazgo sugirió la posibilidad de mejorar la atención mediante actividades más atractivas y motivadoras.

Atención y aprendizaje: claves para mejorar la concentración en el aula
El ámbito educativo presentó retos similares. Algunos psicólogos propusieron acortar la duración de las clases ante la posible disminución de la atención.
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Sin embargo, un estudio con estudiantes de medicina reveló que la información presentada entre los 15 y 30 minutos de la clase se retuvo mejor que el contenido inicial. Además, la ubicación en el aula influyó en la retención: los estudiantes sentados al frente recordaron el 80% del contenido, frente al 71,6% en el centro y el 68,1% al fondo. Esta elección de asiento pudo reflejar la motivación personal.
En ese tono, el investigador Neil Bradbury sostuvo en el documento que la motivación estudiantil, el entusiasmo del profesorado y la calidad del material e ilustraciones resultaron factores decisivos para sostener la concentración en clase. Alternar entre escuchar, observar y escribir ayudó a prolongar el enfoque, favoreciendo el aprendizaje.
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