
Hoy se celebra el Día Internacional del Orgasmo Femenino, y esta fecha es una gran ocasión para profundizar en las distintas dimensiones del placer que pueden alcanzarse en la vida sexual.
En estos últimos tiempos encontramos uno de los cambios más relevantes en la sexualidad femenina: la libertad sobre el cuerpo y el sentir placer. Si en las mujeres el cuerpo erógeno ha sido desde siempre objeto de represión, de temor y de pudor, en estos tiempos se da la libertad para sentir el propio placer y guiar al partenaire expresando lo que necesitan y les gusta.
La anorgasmia es una disfunción que afecta a más del 20 % de las mujeres adultas; revisando las causas, el escaso contacto con el cuerpo y de las sensaciones que de él provienen, es la más frecuente.
A pesar de los cambios actuales aún muchas mujeres desconocen sus genitales y las partes que los configuran. Además muchas aún creen que los orgasmos son vaginales y clitorianos (solo este último genera el orgasmo); esperan que la penetración por si sola dispare la respuesta orgásmica y no se estimulan el clítoris en el encuentro erótico porque “qué podría pensar el hombre si ella lo hace”.

Las inhibiciones sobre la respuesta orgásmica devienen de tabúes y mitos, sumado a la creencia basada de qué debe complacer al hombre, lo cual lleva a dejen de lado su deseo y su sentir. La genitalidad para las jóvenes de este nuevo siglo no es una prioridad, tampoco cumplir con las reglas impuestas por el entorno. Quieren saber de qué se trata esto de ser libres en cuerpo y alma, una revuelta que exige ser sentida con toda, y no solo con las sensaciones que aporta la unión genital.
Las parejas de jóvenes han naturalizado como “norma” la defensa de los tiempos de cada uno, por lo tanto, no existen reclamos; si el otro estudia, trabaja, hace deportes o se reúne con amigos, no son motivo de conflictos. Se busca que la unión de pareja que no absorba la vida personal.
El orgasmo es el resultado placentero de los encuentros sexuales autoeróticos o con otras personas. Sin embargo, existen varios mitos en torno al orgasmo femenino. Eso debería desmentirse. Estos son los más frecuentes:
Mito 1: el orgasmo sólo se logra con penetración

En realidad, la mayoría de las personas con vulvas no tienen orgasmo solo con penetración. Un estudio de 2015 en el Journal of Sex & Marital Therapy preguntó a 1.055 mujeres de entre 18 y 94 años sobre sus experiencias con el contacto genital, el placer sexual y orgasmo.
Solo el 18,4% de los participantes informaron que podían alcanzar un orgasmo solo a través del coito.
Por el contrario, el 36,6% de las encuestadas afirmó que necesitaba estimulación del clítoris para conseguir orgasmo.
Mito 2: las parejas deben alcanzar el clímax al mismo tiempo
Las parejas sexuales a menudo llegan al orgasmo en diferentes momentos. No hay razón para preocuparse en llegar al orgasmo al mismo tiempo.
De hecho, esta situación puede generar ansiedad por “acabar juntos” con la consiguiente decepción si no lo consiguen.
Cada uno llegará al orgasmo según el grado de excitación y ambos deben acompañarse para lograrlo, cada uno con sus tiempos siendo más placentero para todos.
Mito 3: el buen sexo siempre termina en un orgasmo

El sexo puede ser gratificante y placentero, incluso cuando no culmina en un clímax. Los juegos, la buena comunicación, dar y recibir placer y mejorar la conexión con la pareja contribuyen a una experiencia sexual satisfactoria.
Poner demasiada presión para alcanzar el orgasmo puede crear ansiedad en torno a la experiencia sexual y, de hecho, disminuir las posibilidades de tener orgasmo.
El sexo puede ser parte de un gran sexo que incluya diferentes prácticas que brinden placer. Una buena idea es recordar que el sexo también puede ser excelente sin un orgasmo.
*El doctor Walter Ghedin (MN 74.794) es médico psiquiatra y sexólogo.
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