En la mayoría de los hogares, el aceite vegetal es un ingrediente básico de uso diario: se emplea para freír, saltear, dorar o conservar alimentos. Pero una vez usado, muchas personas lo desechan por la bacha, también conocido como fregadero, sin saber que este hábito genera graves consecuencias ambientales.
Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica de España, un solo litro de aceite usado puede contaminar hasta 1.000 litros de agua. A nivel local, un informe de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) advierte que el vertido de esta sustancia en los desagües contribuye a la obstrucción de cañerías y al colapso de sistemas cloacales, además de alimentar plagas urbanas.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) también ha alertado sobre el impacto de los residuos de cocina en el agua y la biodiversidad, especialmente en zonas urbanas densamente pobladas. Frente a este panorama, reutilizar el aceite usado se presenta como una alternativa sustentable, económica y práctica.
Fabricar jabón casero, velas, lubricantes, cremas o exfoliantes son solo algunas de las formas posibles de transformar un residuo cotidiano en recursos útiles y amigables con el ambiente.

¿Cuántas veces se puede usar el aceite de cocina para freír?
El aceite de cocina, especialmente el de girasol o el de maíz, no está diseñado para soportar un número indefinido de usos. Reutilizarlo demasiadas veces no solo disminuye su valor nutricional, sino que también puede representar un riesgo para la salud.
A medida que se recalienta, el aceite sufre un proceso de oxidación que genera compuestos tóxicos y cancerígenos, como la acroleína. Según expertos en seguridad alimentaria, lo ideal es no reutilizar el aceite más de tres veces.
En el caso del aceite de oliva, se puede extender a cuatro o cinco usos, siempre que se haya filtrado adecuadamente y no haya sido sometido a temperaturas extremas. Señales como el cambio de color, la aparición de espuma, el olor rancio o una textura espesa indican que el aceite ya no es apto para cocinar.

¿Qué pasa si se tira el aceite usado en la bacha o fregadero?
Verter aceite por la bacha de la cocina o fregadero es una de las prácticas más contaminantes en los hogares. Aunque se realice en pequeñas cantidades, el impacto ambiental es enorme. En Argentina, por citar un ejemplo, como en muchos países, no existe todavía un sistema masivo y accesible para recolectar este residuo, lo que facilita que termine en el desagüe.
Una vez en las cañerías, el aceite se adhiere a las paredes internas y se solidifica, generando obstrucciones que dificultan el paso del agua.
En sistemas cloacales, puede mezclarse con detergentes y otros desechos, formando acumulaciones conocidas como “fatbergs”, es decir: masas gigantescas de grasa y otros desechos que bloquean los sistemas de tratamiento. Además, una vez que el aceite llega a ríos o lagos, puede crear una película superficial que impide el paso del oxígeno, afectando a la flora y fauna acuática. Se calcula que un solo litro de aceite usado puede contaminar hasta mil litros de agua.
Las 5 formas de aprovechar el aceite de cocina usado

Reutilizar el aceite que ya no sirve para freír no solo es una práctica sustentable, sino también una forma de ahorrar y reducir residuos. Estas cinco alternativas te permitirán dar una segunda vida a ese recurso tan común en la cocina.
1. Hacer jabón casero
El jabón artesanal es una de las formas más conocidas y útiles de aprovechar el aceite usado. La fórmula más tradicional combina aceite filtrado, soda cáustica, y agua, a la que se puede añadir ralladura de limón o aceites esenciales para perfumar. Se requiere cuidado en el manejo de la soda, guantes, protección ocular y un ambiente ventilado. Tras mezclar los ingredientes y verter la pasta en moldes, el jabón debe curarse entre tres y cuatro semanas para perder alcalinidad. El resultado es un producto económico y eficaz para lavar ropa, utensilios o superficies.
2. Fabricar velas o antorchas
Con aceite filtrado, un frasco de vidrio, una mecha de algodón y unas gotas de aceite esencial aromático, es posible crear velas caseras que arden con eficacia y aportan calidez decorativa al hogar. Para las antorchas exteriores, se recomienda utilizar una tapa metálica perforada, donde se pase la mecha. Estas antorchas pueden durar horas y se recargan fácilmente, siendo ideales para iluminar balcones, patios o terrazas de forma económica.

3. Lubricar bisagras y herrajes
El aceite usado puede servir como lubricante doméstico para bisagras, cerraduras o pernos que presentan fricción o se atascan. Aunque no reemplaza al aceite mineral, su uso es práctico en emergencias. Basta con aplicar una pequeña cantidad con una jeringa o un algodón en los puntos de contacto. Es fundamental colar previamente el aceite para evitar introducir impurezas en los mecanismos.
4. Proteger y dar brillo a la madera
La madera sin barniz, como la de muebles de jardín o elementos decorativos, puede beneficiarse de una capa fina de aceite de cocina usado. Aplicado con un pincel o paño, el aceite nutre la superficie y la protege de la humedad. Se recomienda realizar esta aplicación dos veces al año, sobre todo en exteriores, donde la exposición solar desgasta la superficie. El aceite de oliva es especialmente efectivo, aunque su aroma puede resultar fuerte en interiores.
5. Elaborar exfoliantes naturales
Una mezcla de café molido y aceite filtrado da como resultado una pasta exfoliante ideal para remover células muertas de la piel. Esta opción casera y ecológica es útil para el cuerpo y el rostro, dependiendo del grosor del café utilizado. Tras aplicarla con masajes circulares, se retira con agua tibia y jabón, dejando una piel suave y lista para la hidratación. También se puede experimentar con azúcar o sal marina como alternativa al café.
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