
Independientemente de la edad, el género y la orientación sexual, las personas se comportan de manera similar y crean expectativas sobre cómo deberían ser las relaciones. Estas se basan en interacciones con familiares y amigos y relaciones anteriores, y se llevan a relaciones futuras. Sigmund Freud solía decir que en todo vínculo afectivo hay tres integrantes: la propia pareja y una tercera presencia llamada “miedos”. Así, y por llamativo que nos parezca, esta última figura tiene a menudo un poder inusitado.
Cuando nos domina el miedo, la inseguridad y nos sentimos vulnerables, solemos estar en hipervigilancia constante, como si estuviéramos esperando en cada esquina que se asomara lo malo, para protegernos. De esta manera, cualquier sombra será un indicativo de lo temido se está acercando y no solo confirmaremos que teníamos razón sino que volveremos a sentirnos pequeños y heridos de nuevo. Este ciclo de repetición es común cuando anteriormente hemos sufrido. Saber identificarlo y alejarnos del autosabotaje nos ayudará a romper ese patrón de conducta.
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En el amor, el autosabotaje más frecuente ocurre cuando la actitud defensiva, la dificultad para confiar en el otro y la falta de habilidades para relacionarse se vuelven amenazas constantes para dos personas que desean compartir sus vidas y juegan en su contra. ¿Te sentís constantemente criticado por tu pareja? ¿Mirás muy seguido sus perfiles en las redes sociales? ¿Admitirías que te equivocás en algo? Si estás totalmente de acuerdo o en desacuerdo con algunas de estas afirmaciones, es posible que obtengas una puntuación alta en la “Escala de sabotaje de relaciones”.
Desarrollada por un equipo dirigido por la doctora Raquel Peel, investigadora de psicología y profesora de la Universidad del Sur de Queensland, el instrumento desarrollado a raíz de dos estudios cualitativos preliminares y publicado en la revista académica BMC Psychology, tiene como objetivo medir empíricamente el autosabotaje (término que se usa con más frecuencia en la cultura popular) en las relaciones románticas.
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Después de entrevistar tanto a psicólogos especializados en relaciones románticas como a personas con experiencias vividas, la especialista describió tres tipos de auto-saboteador de relaciones: personas que se mueven apresuradamente de una relación a otra, y hacen evaluaciones rápidas mientras buscan “al indicado”; aquellos que permanecen en una relación a largo plazo pero se alejan emocionalmente; y aquellos que deciden dejar de entablar relaciones por completo.
Estos tipos eran los “qué” del autosabotaje, mientras que la escala está destinada a medir el “cómo”. En cuanto al por qué, Peel descubrió que “la motivación detrás de por qué las personas no tenían éxito en las relaciones era el miedo”. “Eso suena simple y, es de esperar. La escala se desarrolló no para medir este miedo, sino las formas en que las personas responden a los miedos y las inseguridades en el amor”, aseguró la experta.
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Para construir la escala, Peel y sus colegas comenzaron con una lista inicial de 60 “elementos” (afirmaciones como “A menudo me pongo celoso de mi pareja”) derivadas de sus dos estudios anteriores que las personas califican en una escala de uno (totalmente en desacuerdo) a siete (totalmente de acuerdo). “Los elementos en realidad provienen de citas directas de entrevistas. Esas citas y experiencias nos ayudaron a formular los artículos”, sostuvo.
“Hasta hace poco, el término ‘autosabotaje’ no se había utilizado empíricamente en el contexto de las relaciones románticas. La literatura que discute los patrones autodestructivos en las relaciones íntimas sugiere que el sabotaje de las relaciones es un producto de estrategias defensivas orientadas a objetivos informadas por estilos de apego”, explicaron los investigadores.
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En el transcurso de tres estudios más, se encuestó a 1365 personas para probar y refinar la lista de la estructura final de la escala: 12 ítems que clasifican en términos generales tres comportamientos o actitudes que conducen al autosabotaje. Esos comportamientos son la actitud defensiva, la dificultad para confiar y la falta de habilidades para relacionarse, cada uno de los cuales se mide mediante cuatro elementos.
La escala de sabotaje de relaciones
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1. Me culpan injustamente por problemas en mi relación.
2. A menudo me siento incomprendido por mi pareja.
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3. Constantemente me siento criticado por mi pareja.
4. Mi pareja me hace sentir menos persona.
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5. Me molesta la cantidad de tiempo que mi pareja pasa con sus amigos.
6. Creo que para mantener a mi pareja segura, necesito saber dónde está.
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7. A menudo me pongo celoso de mi pareja.
8. A veces reviso los perfiles de redes sociales de mi pareja.
9. Cuando noto que mi pareja está molesta, trato de ponerme en su lugar para entender de dónde viene.
10. Estoy abierto a encontrar soluciones y resolver problemas en la relación.
11. Le admitiré a mi pareja si sé que estoy equivocado en algo.
12. Estoy abierto a que mi pareja me diga cosas que debo hacer para mejorar nuestra relación.
- Los elementos deben ser aleatorios.
- La escala es una escala Likert de 7 puntos, que va de 1 (muy en desacuerdo) a 7 (muy de acuerdo), se emplea donde las puntuaciones altas indican niveles altos de las dimensiones medidas.
- Subescala de defensividad = 1, 2, 3, 4.
- Confianza en la subescala de dificultad = 5, 6, 7, 8.
- Subescala de habilidades para las relaciones = 9, 10, 11, 12.
- Invierta las preguntas 9, 10, 11 y 12 para representar la “falta de habilidades para relacionarse”.
- Puntuaciones de subescala entre 4 y 11 (bajo)
- Puntuaciones de subescala entre 12-20 (moderado)
- Puntuaciones de subescala entre 21-28 (alto)
La escala da una puntuación general como baja, moderada o alta e indica puntuaciones separadas para cada uno de los tres comportamientos y actitudes clave. En todos los estudios que realizó Peel, se descubrió que la actitud defensiva era el comportamiento de autosabotaje más fuerte.
“Es difícil sostener que ‘nos boicoteamos en el amor’ tan simplemente. Esa afirmación da por sentado definiciones previas sobre las que no hay tanto acuerdo. Los sujetos contemporáneos se ocupan principalmente de sí mismos y tienen poco resto para cultivar el amor, es decir dirigir su mirada y su tiempo a un otro. Ese priorizarse permanentemente dificulta el lazo amoroso y facilita el deambular solitario”, explicó en diálogo con Infobae, Agustina Fernández, psicoanalista especialista en adolescentes y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Sin embargo, para Peel, “la escala no es una medida clínica ni proporciona un diagnóstico”. Pero asegura que el instrumento “está diseñado para ser utilizado tanto clínicamente como por individuos”. “Puede ser utilizado por cualquier persona, es solo una forma de entender el tipo de cosas que podrías estar haciendo en una relación. En un entorno clínico, un psicólogo hace todo tipo de evaluaciones con sus clientes, por lo que esta podría ser una evaluación adicional”, dijo.
El valor de la escala en un entorno clínico aún no se ha probado. “Sería interesante saber si los profesionales creen que esto es útil. Para las personas que trabajan con clientes que experimentan problemas de relación, sería muy interesante saberlo”, añadió la experta y advirtió que la escala “no pretende presentar una imagen perfectamente matizada”. “Cuando se trata de relaciones -añadió-, hay muchos factores que se combinan. Al final, podrían ser 50 cosas las que nos lleven a actuar como lo hacemos. Pero cuando tenemos una medida real, debemos poder reducirla. Lo he reducido a las tres razones más importantes por las que las personas hacen lo que hacen“.
Peel espera que la escala les brinde a las personas una idea de sí mismas y de sus relaciones para forjar vínculos más fuertes. “Necesitamos saber qué está pasando, debemos reconocer que es miedo, que puede haber algunos problemas de autoestima, debemos reconocer que somos vulnerables. Si estamos enamorados, somos vulnerables. Existe la posibilidad de que las cosas no funcionen y de que nos lastimemos, y eso es el amor. No creo que puedas sacar eso de la ecuación”, finalizó. Para ella, la escala “es solo el primer paso” en el camino para explorar estos temas, “pero no tiene por qué detenerse allí”.
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