"Siempre tuve una inquietud con la literatura. Desde muy chiquita me gustaba escribir, como cualquiera, ¿no? Empecé a leer poesía y cuentos. Desde la adolescencia siempre escribí diarios y conté historias", cuenta Cielo Latini durante una entrevista con Infobae en una librería del barrio de Palermo. Tardó una hora y media para llegar en auto desde City Bell, donde vive con sus hijas, pero sabe que las idas y venidas a Capital son un mal necesario por el que tiene que atravesar como autora de un libro –Adiós– que hoy es bestseller en las librerías del país.

Pero antes que libros, Cielo Latini primero tuvo un blog. Fue en la época cuando todavía la anorexia se adueñaba de su vida y no había reconocido que era una enfermedad. La reivindicaba y la llamaba un "estilo de vida". Tiempo después, describió a su adolescencia como "su descenso a los infiernos" y escribió Abzurdah (2006), que fue un éxito de ventas y cuya primera tirada se agotó en unos pocos días. Resonó particularmente entre adolescentes y chicas jóvenes que necesitaban hablar sobre una temática que había sido durante mucho tiempo tabú, escondida en el núcleo familiar como una "vergüenza" en la que era mejor no ahondar.

"Yo era más retraída, no salía a jugar con amigas, me escondía en casa y cuando mi mamá me encontraba estaba leyendo un librito", recuerda Latini con una sonrisa. "Fue una infancia un tanto solitaria pero metida entre las páginas. Tuve una tía que me alcanzó mucha poesía desde muy chica. A mí no me gustaba la tele". Así, entre los poemas de Bécquer y una obsesión por Sidney Sheldon -"me encantaban las historias de mujeres espectaculares; ¿viste que él escribía sobre mujeres siempre?"-, Latini se decidió a estudiar periodismo. Y luego llegó Abzurdah.

Cielo Latini vuelve con su nueva novela “Adiós”
Cielo Latini vuelve con su nueva novela “Adiós”

-Nosotros te conocimos con Abzurdah, un libro en el que revelaste cuestiones muy personales, y con el que muchas chicas se sintieron identificadas. ¿Cómo ves ese momento en retrospectiva?

-En ese momento me aturdió mucho lo que pasó con Abzurdah. Pensá que tenía 20 años cuando lo escribí, y 21 cuando se publicó la novela. Yo era una chiquita que lo había escrito en su casa como desahogo, con el deseo siempre de escribir, de dedicarme a eso, pero desde la fantasía, no es que lo planeaba en serio. Y cuando se dio, yo todavía estaba revoloteando en la enfermedad, en la anorexia, porque había cosas que yo no había resuelto todavía, y esa novela me ayudó mucho, por un lado. Pero por el otro, la exposición fue un poco desestabilizante. No me arrepiento, y me encanta, y hoy estoy acá porque escribí esa novela. Pero bueno, estuvo muy bien, y sin embargo me hizo mucho ruido a mí, me cambió mucho la vida. Ya te digo, de chiquita yo era más introvertida, de esconderme, de leer, y de repente, la salida al mundo con algo tan íntimo, que siempre es difícil.

-Pero sacar ese libro fue sanador, entonces, a pesar de todo…

-Sí, tuve mucha suerte porque se ve que escribí sobre algo que estaba dando vueltas en el aire, porque muchísimas chicas se acercaban a mí y me decían "me pasó lo mismo" o "me está pasando lo mismo", o "tu libro me hizo darme cuenta de que me estaba pasando lo mismo". La llegada a la gente fue muy sanadora y también algo perturbadora, me aturdió un poco, pero también fue súper sanador saber que yo no era la única de mi edad, o incluso más chicas también. Les pasaba lo mismo y se formó como una especie de comunidad, donde se hablaban entre ellas y se hacían amigas y me iban a ver a la Feria del Libro juntas. O se pasaban el libro de amiga a amiga en el colegio. Por eso estuvo bueno, pero también fue difícil, muy difícil. Todo el mundo de golpe sabe todo de tu vida y parece que quizás porque leyeron ese libro te conocen totalmente y no es tan así, pero da esa sensación.

-En mi colegio pasaba eso de prestarse el libro entre compañeras, porque muchas madres no se los dejaban comprar por la temática, entonces lo leían a escondidas.

-¿Vos cuántos años tenías cuando se publicó?

-14, 15…

-Claro eras re chiquita, el tema es que a mí me hubiera gustado poner como una advertencia que no es para niñas, pero ¿cómo hacés? Yo creo que en la literatura es medio difícil.

Las portadas de “Adiós” y “Abzurdah”
Las portadas de “Adiós” y “Abzurdah”

-Yo creo que la portada te decía todo. Además, lo provocador genera un "boca a boca". ¿Te imaginás qué hubiera ocurrido si el libro hubiera salido ahora, con las redes sociales?

-Hoy con las redes se habla de todo, todo el tiempo. Si vos seguís a alguien ya sabés de qué va a hablar o no, y ahí los padres no tienen ningún tipo de opinión o poder porque ya lo que hace un chico o una chica con su teléfono… No podés estar mirando mucho. Me parece que cambió para bien eso. Cuidando un poco lo que se mira, tenés acceso a todo y está buenísimo. Si Abzurdah hubiera salido en época de redes sociales habría sido mayor el fenómeno, porque se hubiera llegado mucho más rápido a mucha más gente. Eso es algo muy valioso de esa novela, que casi sin prensa se agotó en una semana la primera edición, cuando a mí no me conocía ni el loro. Sin embargo, pasó algo que hizo que estallara, y ahora me doy cuenta con Adiós, que me escriben de todas partes del mundo, y sin las redes hubiera sido imposible. Es bárbaro, me encanta eso, te da libertad y acceso.

-¿Creés que el fenómeno estalló con el libro porque hace tiempo se esperaba que se discutieran abiertamente problemas como la bulimia o la anorexia?

-Sí, siempre fueron temas que existieron pero antes era tabú, y en las familias "bien", eso "no pasaba". Y si pasaba había que taparlo, meterlo debajo de la alfombra. Ayudó un montón la novela en su momento a que las chicas pudieran decir "a mí me pasa esto, mamá". Viste que las madres son las últimas en enterarse, siempre. Yo ahora soy mamá, espero que no me toque. A las mamás nos cuesta abrir los ojos a veces ante una realidad tan dolorosa y muchas madres también la compraban, para ver de qué se trataba, ver qué estaban leyendo sus hijas, y ver por qué lo estaban leyendo. ¿Le está pasando? ¿Tiene una amiga que está pasando por esto? Está bueno. Dejó de ser tabú me parece. Antes daba miedo hablar de esas cosas. Bueno, también muchas personas me dijeron "desde que leyó tu libro mi hija se enfermó", como si la literatura tuviera tal poder, ¿no? Como si yo por contar mi historia enfermara a alguien… ¡Una locura! Eso es estar ciego, no querer ver. No se puede culpar a un libro o una peli; yo no voy a salir a los tiros porque miré una de Bruce Willis. Nadie se va a enfermar de anorexia por leer un libro. Pero es esa ceguera de los padres, porque duele mucho enfrentarse con la realidad de que tu hija tiene un problema. Porque hay que resolverlo. Quizás es más fácil culpar a alguien. Pero así como hubo de estas madres, más madres vinieron a agradecerme por haber escrito ese libro, porque así entendieron lo que estaba pasando, porque sus hijas se pudieron abrir y contarles y compartir su angustia. Es un momento muy fuerte cuando finalmente confesás lo que te pasa. Fue un libro que a mí me cambió la vida y que ayudó en muchos otros niveles. Ahora me estoy dando cuenta de lo importante que fue.

La “China” Suárez y Esteban Lamothe en la película de “Abzurdah”
La “China” Suárez y Esteban Lamothe en la película de “Abzurdah”

-Y años después, en el 2015, el fenómeno se masificó con la película. ¿Qué significó eso para vos?

-Yo estaba en una época un poco oscura, recién separada, no la estaba pasando muy bien. Y cayó esta noticia que la verdad me llenó de alegría, hizo mi vida un poco más placentera. Presencié uno de los días de grabación, conocí a la "China" (Suárez) y a Esteban (Lamothe). Ahora lo recuerdo como una etapa linda, pero cuando me tuve que sentar a ver la película fue tremendo. Porque la verdad es que la China la rompió, lo hizo muy bien. Yo me veía reflejada ahí. Y la verdad es que nunca pensé que me iba a sentar en un cine a ver y a repetir todo lo que yo ya había vivido, con una precisión escandalosa. Fue muy fuerte y creo que me ayudó a sanar. El arte siempre me ayuda a sanar. Primero el libro, después la película, ahora Adiós… Todo converge en convertirme a mí en mejor persona. Lo tomo como un salvavidas.

-Ahora volviste con la novela Adiós, que es un éxito de ventas nuevamente. ¿Por qué decidiste contar esta historia?

Adiós es mi novela favorita, y es una novela dura sobre la violencia invisible, sobre la violencia indenunciable; habla sobre el maltrato psicológico y emocional. La protagonista es Helena, una chica de 22 años, que se enamora profundamente de Jaime, que tiene 20 años más. Y de repente hay una sensación de "almagemelismo" (sic), hacen un click instantáneo. Él es un seductor nato y ella está enamoradísima, y la relación va a mil por hora, y enseguida se van a vivir juntos, ella cree que él es el amor de su vida, él le dice "nunca había amado así", y ella lo siente de verdad, que nunca la habían amado así, que por fin había llegado a un lugar, que Jaime era su casa, y de repente esa casa se empieza a caer, se pudren las paredes, hay humedad por todos lados. Esa casa hace agua. Y Helena un día levanta la mirada, desde el idilio, y dice "¿quién es esta persona que está durmiendo al lado mío? ¿Por qué este hombre que me prometió todo, el cuidado, el respeto, el amor, de repente se ha transformado en un monstruo?".

Habla un poco de esto, del desconocimiento de la otra persona, de estos amores rápidos, intensos, como son ahora. Y de estas situaciones de violencia que no se pueden denunciar porque, ¿qué vas a ir a decir? Es un poco difícil. Si no hay un moretón, una agarrada a piñas parece que la otra violencia es menos. Y no, porque las marcas las deja por dentro, y después esa persona queda con un trauma espeluznante. Cuesta años y años de trabajo intenso para salir de ahí y no siempre se puede. Me pareció que era un momento importante para hablar, para poner en carpeta, como la anorexia lo hizo con Abzurdah.

“Si no hay un moretón, una agarrada a piñas parece que la otra violencia es menos. Y no, porque las marcas las deja por dentro, y después esa persona queda con un trauma espeluznante”
“Si no hay un moretón, una agarrada a piñas parece que la otra violencia es menos. Y no, porque las marcas las deja por dentro, y después esa persona queda con un trauma espeluznante”

-En este momento en el que se están denunciando situaciones que antes se normalizaban, ¿cómo creés que se sienten las mujeres que leen hoy esta novela y se sienten reflejadas?

-Con el éxito que está teniendo esta novela, la cantidad de mensajes que me llegan de chicas diciendo que pasaron por algo así me hacen acordar a Abzurdah. Se replica. Se ve que era un tema que estaba dando vueltas y que faltaba que sea contado desde esta perspectiva, ¿no? Que se puede salir de ahí y que es una violencia tan válida como cualquier otra, a pesar de ser indenunciable, si querés. Que te maltraten psicológicamente es tan grave como que te maten a trompadas, y da vergüenza a veces la gente que te pregunta "¿y porqué no te ibas si sabías que te estaba maltratando?". Como diciendo, "te gustaba un poco estar ahí". O los que te dicen, "bueno, pero si te quedabas, por algo era". No podemos seguir pensando así. Es algo imposible que en el año 2019 en la Argentina pensemos de esa manera porque eso es hacer que la víctima se sienta como la "miércoles", y que se canse y que no hable más por vergüenza, que no pueda salir de ahí porque la van a juzgar sus pares. Es muy difícil salir de ahí sin tener a alguien que te abrace. Es muy, muy difícil. Hay que dejar de juzgar a la víctima. Si no sale de ahí, es porque realmente no puede. Cuando vos sos maltratada psicológicamente y depredada emocionalmente, te quedás sin herramientas físicas o emocionales. No ves cómo salir de ahí. En una relación tóxica te van depredando de a poquito, te van consumiendo la autoestima. Vos te vas percibiendo cada vez como menos, como algo más chiquito que vale cada vez menos.

Además está la violencia económica. Jaime le dice a Helena "¿vos qué vas a hacer si salís de esta casa? ¿De qué vas a laburar?" cuando ella se quiere ir con su hijo. Y ella se queda. Porque es verdad, ¿dónde va a ir una mamá con su hijito sin dinero? ¿Con quién lo deja después? Es todo una violencia terrible. Nunca hubo una piña, nunca hubo nada de ese tipo, pero te vas sintiendo cada vez más chiquita hasta que perdés todo sentido de vos misma y perdés tu identidad. En principio son tan encantadores que te bajan las alarmas, entonces después ya te vas acostumbrando a que te maltraten, a que en chiste te digan algún tipo de cosa, y vos primero te reís, y te vas quedando así hasta que es imposible. De verdad sentís que es imposible. Hay que hablar de estas cosas. Hay que dar la importancia que realmente tiene. Y somos muchas; somos muchas las mujeres que hemos pasado por algo así. Es tiempo de alzar la voz y de saber que no hay que quedarse, que somos muchas las que también vamos a entender y vamos a estar ahí para abrazar.

“Cuando estoy mal, lloro, y cuando estoy bien, me muestro maquillada y divina. Pero creo que ya tengo la edad suficiente para dejar de caretear”
“Cuando estoy mal, lloro, y cuando estoy bien, me muestro maquillada y divina. Pero creo que ya tengo la edad suficiente para dejar de caretear”

-Y hoy con las redes sociales, en las que se muestra una perfección irreal y mentirosa, la gente ve una ilusión de que todo es perfecto y color de rosa, y se siente sola en ciertas situaciones. ¿Qué pensas al respecto?

-Mirá, yo tengo una ambivalencia con las redes sociales, porque por un lado las necesito para trabajar porque necesito difundir lo que hago, pero estoy un poco en contra de las redes sociales, o de las "it girls", si querés. Yo no sigo ese tipo de cuentas. A ver, es su laburo, y las respeto en ese sentido, pero yo no las sigo porque a mí me genera un malestar. Me doy cuenta de que hay muchas chicas, por ahí adolescentes, que están mirando eso y dicen "yo tengo que ser así" y "yo tengo que vacacionar acá" y "mirá qué linda relación que tienen estos dos". Creen que eso es real, y no lo es. Casi todo está maquillado, hasta las relaciones están maquilladas. Es como una maqueta, y no están vendiendo ningún mensaje verdadero; es pura imagen. Mis hijas son chiquitas todavía, tienen 8 y 10, pero las amigas ya tienen redes sociales y yo no las dejo todavía, porque quiero que entiendan cuál es el verdadero valor de todas las cosas. Que irse de viaje no es tan importante, que ser linda no importa, que lo que importa es lo que vos tengas para decir, que la cantidad de likes no te da tu valor, ni la cantidad de seguidores. Yo estuve un año y medio fuera de redes mientras escribía Adiós y a mí me cambió la vida. Te juro que fuera de redes la vida es otra. No te enterás de lo que hizo nadie todo el tiempo. Cuando te juntás con tus amigos todo es una novedad. Es como que hay un montón de cosas a las que no les prestamos atención por estar mirando para abajo. A mí me encantaría que siguiéramos sólo a personas que nos dejan mensajes positivos, que nos muestran una vida real. Yo ya no la quiero caretear más. Cuando estoy mal, lloro, y cuando estoy bien, me muestro maquillada y divina. Pero creo que ya tengo la edad suficiente para dejar de caretear.

Realización de video: Samuel Cejas
Edición de video: Damián Rodríguez
Entrevista: Martina Putruele

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