Chocolates solidarios, el emprendimiento de inserción laboral para jóvenes

La Asociación Civil Generación de Cambios emplea a personas con capacidades diferentes, expulsados del sistema laboral. Bettina Bulgheroni visitó el centro de formación profesional para adentrarse en una iniciativa comunitaria

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Los jóvenes con discapacidad intelectual hacen chupetines y bombones de chocolates (Shutterstock)
Los jóvenes con discapacidad intelectual hacen chupetines y bombones de chocolates (Shutterstock)

Fabiana Lingeri es terapista ocupacional por vocación y trabajadora social por decisión. Tras una experiencia de varios años en un centro de formación laboral para personas con discapacidad, notó una falencia del sistema: los chicos egresaban preparados para trabajar pero no encontraban un lugar donde emplearse y poner en práctica lo aprendido.

"Claudia, una de mis alumnas, fue la que me inspiró. Trabajaba de manera excelente: era muy prolija, ordenada y con buena capacidad para delegar tareas. Pero no podía creer que, después de egresar del centro de formación laboral, se quedara en su casa sin hacer nada", explicó Fabiana. Fue así que a principios de 2012 creó la Asociación Civil Generación de Cambios, que actualmente brinda oportunidades laborales a personas con discapacidad intelectual con la certeza de que el trabajo es uno de los pilares fundamentales para la inclusión, el reconocimiento y la valoración de las habilidades.

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En Generación de Cambios, los diez jóvenes elaboran bombones de chocolate que luego se venden a empresas y particulares. También hacen chupetines de chocolate como souvenirs para cumpleaños y otros eventos. Parte de las ganancias van para los chicos y lo restante se reinvierte en materia prima. "Notamos que los chicos logran mayor independencia, incorporan rutinas de trabajo, mejoran la socialización y la autonomía y aprenden a trabajar en equipo", analizó Fabiana, quien coordina el taller voluntariamente.

En este momento la asociación funciona en un lugar prestado. Están en la búsqueda de uno propio, más amplio, porque proyectan hacer un taller de panadería, además del de bombonería. Pero mientras tanto ellos siguen avanzando, tratando de generar su aporte ayudando a aquellos que tienen deseos de progresar.

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Los cursos pasaron de tener 30 cupos a más de tres mil y ya se han celebrado más de 250 (Shutterstock)
Los cursos pasaron de tener 30 cupos a más de tres mil y ya se han celebrado más de 250 (Shutterstock)

Una labor cultural capaz que establecer cierto parangón con la dedicación que profesa Sergio Rieznik, director del colegio secundario Parroquial San Carlos Borromeo en Villa Madero, partido de La Matanza, Gran Buenos Aires. Él naturaliza su vocación: "Brindamos un servicio más a la comunidad". Pero lo que empezó siendo una mera excusa para aprovechar el turno vespertino de un establecimiento con profundas preocupaciones sociales derivó en una serie de cursos y capacitaciones para gente adulta, que cuenta con la ayuda de la Fundación Educando.

El crecimiento fue exponencial. Pasaron de unos iniciales 20 y 30 cupos para un taller de informática a tener más de 3.500 alumnos capacitados a través de 250 cursos otorgados. Semejante evolución se produjo en una década, brindando un servicio más a la comunidad. El colegio ofrece cursos, talleres y capacitaciones gratuitas que superan el rango etario. El objetivo de esta alianza es mejorar la calidad de vida de las familias de la localidad.

La educación se convierte en trabajo y el trabajo en dignidad. Es un puente de esperanza entre la rutina diaria y el sueño de cada persona, entre los saberes actuales y el manejo de una nueva herramienta, entre el presente y el futuro, entre la ausencia de derecho y una posibilidad de crecimiento.

La educación para adultos, una necesidad que no todas las instituciones tienen en cuenta (Shutterstock)
La educación para adultos, una necesidad que no todas las instituciones tienen en cuenta (Shutterstock)

Lo dice orgulloso Rieznik: "En cada persona hay un mundo, de emociones, de logros". El proyecto educativo ya lleva una década de éxitos con la expectativa y el deseo de cambiarle la vida a las personas. A la fecha ya se han realizado cursos de informática y de inglés, como talleres de creatividad. Mientras que en el área de oficios: se dictaron clases de Maquillaje Social, Manicuría, Peluquería, Panadería, Moldería, Corte y Confección, Electricidad y Herrería. La duración es de 42 horas, repartidas en cuatro meses, con tres horas por semana. Al finalizar la capacitación se entregan certificados de asistencia y, de aprobación a los que asisten y aprueban el examen.

"Se genera un movimiento bárbaro de gente, con personas que además de venir a aprender se relacionan entre sí", detalló el director del colegio secundario. Empezaron siendo padres de los alumnos y luego se difundió a toda la comunidad de Villa Madero, un barrio que, en definitiva, le abrió las puertas de una nueva oportunidad laboral a jóvenes y adultos.

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