Por Susana Ceballos

Susana Giménez y su perro Jazmín
Susana Giménez y su perro Jazmín

Encerrada en su mansión una mujer se siente sola. Su matrimonio se derrumba y ella no puede, no quiere o no sabe cómo recuperarlo. Retrocede diez años y recuerda el día del casamiento, el civil el 5 de diciembre de 1988 a la una de la tarde, en Uruguay al 400. A la noche, la fiesta fastuosa en el Alvear con 500 invitados, el vestido imponente, la torta de diez pisos, la orquesta en vivo, los 90 mozos, el baile interminable y su amado marido, cantándole "Cada día te quiero más".

La mujer que se siente triste y sin poder escapar del laberinto de su soledad se pregunta cómo puede ser que ese hombre que le prometió que sería su compañero de vida y aventuras, se transformó en este ser aburrido, taciturno e ¿infiel? Un hombre con el que comparte techo pero que se levanta cuando ella se acuesta, que se enciende cuando habla de caballos y se apaga cuando habla de cualquier otro tema. Piensa que hasta le perdonaría una infidelidad –aunque ella nunca le fue infiel-, pero lo que resulta imperdonable es que junto a él la vida dejó de ser una aventura para transformarse en algo abismalmente aburrido. Necesita compañía, alguien que la mime y a quien mimar.

"Me compro un perro o me voy a morir", medita y decide. Y lo hace, elige un Yorkshire. Le dijeron que es una raza que se caracteriza por su inteligencia, por su fuerte personalidad y fidelidad. Y eso es lo que ella necesita. Cuando le entregan el perro, aunque es macho lo bautiza con un nombre femenino, Jazmín. Se miran y se eligen. La mascota ladra feliz en los brazos de su nueva dueña. No sabe que ella lo convertirá en el perro más famoso de la Argentina, es que su dueña es Susana, la gran diva de la televisión.

Hasta la llegada de Jazmín pocos perros ocuparon un lugar de privilegio en las coberturas de los medios. Quizá los primeros canes mediáticos fueron los caniches de Perón, los "perritos bandidos", como él los llamaba, que en ocasiones ocupaban la atención del general mucho más que los asuntos de Estado. En la televisión también solía aparecer Corbata, el único que podía arrancar de la melancolía a su dueña, Tita Merello.

Pero cuando Susana irrumpió con Jazmín en brazos, sus fans se revolucionaron y los fotógrafos lo amaron. Hasta ese momento la diva marcaba tendencia con su vestuario, pero desde ese momento también marcó tendencia con su mascota. Aún hoy si a cualquier persona se le muestra un Yorkshire, pocos identificarán su raza pero dirán sin titubear que es "el perro de Susana".

Susana Giménez le cuenta a "La Abuela" una anécdota con Jazmín (Video: Telefe)

La diva reconoció que Jazmín llegó a su vida en un momento donde la tristeza y la soledad eran parte de su cotidianidad. Pronto Jazmín la conquistó y ella se dejó conquistar. Primero por mimo y luego por costumbre, la mascota comenzó a pasar más tiempo en brazos de su dueña que en el piso. La acompañaba a la tele y permanecía sentado en su regazo mientras la maquillaban o peinaban, también estaba presente en notas y producciones. Viajaba con ella en el auto de su casa al canal, pero también compartía butaca en primera en los vuelos a Miami o a cualquier otro destino.

Los fotógrafos amaban esa imagen de puro glamour de la gran diva y su Yorkshire. Sin embargo, muchos periodistas debían disimular que lo detestaban. Es que Jazmín -que pesaba menos de cuatro kilos- se mostraba furioso cada vez que un notero se acercaba a su Susana. Gruñía y emitía sin parar los famosos ladridos "taladro de oídos".

Antes de que Susana se mudara a su mansión en Barrio Parque vivió en una piso 24 en el barrio de Belgrano. Todas las noches, Jazmín se acostaba a los pies de su cama. Pero en algún momento de la noche paraba sus orejas y empezaba a ladrar mirando la ventana. Sus ladridos se repitieron por semanas. De nada valía que Susana le explicara que era solo el viento. Solo un rato después y ante el enojo de su dueña, Jazmín se tranquilizaba. "¿Verá fantasmas?", se preguntaba. Pero un día, Jazmín ladró más de lo habitual. Enojada, Susana abrió las cortinas para mostrarle que no había peligro, pero en ese instante algo salió volando. Con cuidado Susana corrió el taparrollo y descubrió ¡un nido de murciélagos! Ante el grito de la diva, Jazmín guardó silencio. No necesitaba ladrar, en su mirada se leía un gigante: "Te lo dije".

Pero así como alertaba a su dueña de la presencia de murciélagos también una tarde casi "la mata de un susto". En ese mismo edificio de Belgrano vivían los hijos de Sergio Denis. Una tarde se cruzaron con el cantante en la puerta. Se pusieron a charlar y Jazmín cruzó la calle. En ese momento una camioneta –literalmente- lo pasó por encima, pero por su tamaño, Jazmín quedó entre el chasis y el asfalto. Salió de entre las ruedas, ileso y feliz de su aventura, mientras Susana no paraba de temblar.

Jazmín, el perro de Susana, "al ataque" en "Por el mundo" (Video: Telefe)

Jazmín solía salir a pasear. Para evitar el acoso de sus fans, en general Susana encargaba esta tarea a sus empleadas. Pero algo de vivir con una celebridad se le debe haber pegado porque en sus paseos solía acompañarlo a veces una mariposa y otras una paloma. Era insólito, porque Jazmín caminaba erguido e indiferente mientras ellas lo sobrevolaban, sin miedo. Las empleadas bromeaban que así como existían los cholulos de la diva, la paloma y la mariposa eran los cholulos de Jazmín.

La fama de Jazmín crecía y provocaba curiosidad y rating. Comenzaron a circular historias con mucho de impacto y poco de verdad que aseguraban que había muerto y lo habían reemplazado para no apenar a Susana. Se dijo que en la chacra de Jorge "Corcho" Rodriguez, fue atacado por un dogo y que sin decir nada lo cambiaron por otro. En un informe en la televisión -que hizo picos de audiencia- una mujer aseguraba que ella había vendido al nuevo Yorkshire.

Se dijo que un empleado que quería vengarse de Susana metió a Jazmín en una camioneta con un Rottweiler que lo destrozó. Ante lo que había pasado, sus empleados se ocuparon de comprar otro igual pero que ladraba mucho más.

Se dijo que contaba con su cuarto propio en la mansión, tapaditos de piel, cama con sábanas de seda y hasta bebederos con bordes de oro.

Pese a los mitos que circulan, Su lo amaba y cuidaba con amor pero sin excentricidad. Nada de collares con diamantes como lucían los perros de Britney Spears, ni un masajista tres veces por semana como la mascota de Jim Carrey, mucho menos dos personas contratadas especialmente para acariciarlo y darle de comer como la gata del fallecido Kark Lagerfeld.

Jazmín seguía feliz en brazos de su dueña. Solo estuvieron a punto de separarse cuando sucedió el gran divorcio Roviralta- Giménez. Es que no solo los hijos son rehenes de las parejas que se separan, también las mascotas.

La escena es tan famosa como recordada. Después de la feroz pelea con Roviralta, esa donde una Susana desencajada gritaba "¿¡cuándo te vas a ir de acá, hijo de puta, ladrón?!", Huberto sale a la vereda con sangre en la cara y Jazmín escapa. Rápido de reflejos, el periodista Daniel Gomez Rinaldi piensa: "Va a bajar a la calle y lo van a pisar". Entonces lo agarra. A los cinco minutos Huberto vuelve a salir y reclama a Jazmín. Es que sabía que para la diva la infidelidad no era factor de separación, maltratar a Jazmín sí.

Su tenencia fue uno de los puntos más complicados del divorcio. "La tenencia, en justicia, le correspondería a Huberto Roviralta: él estaba en la casa mucho más que ella, él fue quien integró al perro como miembro de la familia", presionaban los abogados de Hube.

Sin embargo, fue Susana quien se quedó con Jazmín. "Se lo quedó ella porque siendo un perro de raza, tiene un certificado de pedigrí que debe estar a nombre de ella: es un bien personal, no ganancial", argumentaron los abogados de Su. La Justicia les dio la razón y la tenencia.

Susana Giménez y Huberto Roviralta
Susana Giménez y Huberto Roviralta

Pese al amor de su dueña y su celebridad, Jazmín envejeció. A comienzos 2006 su salud estaba muy deteriorada. Cuidado por los mejores veterinarios poco se podía hacer ante el ciclo de la vida.

Sin contener su tristeza la diva contaba: "No está bien. Tiene un edema pulmonar, agua en los pulmones, insuficiencia renal y cardíaca, un soplo en el pulmón. Él es mi vida. Hace un año que está mal". Por las noches, Susana se levantaba y con infinita ternura le daba los diferentes medicamentos y gotas.

Jazmín dejó de respirar la mañana del 28 de febrero de 2006. Nadie se animaba a darle la noticia a Susana; lo hizo Mercedes, su hija. Esa noche, en el programa RSM conducido por Mariana Fabbiani, el humorista Humberto Tortonese anunció la muerte, pero por el estilo risueño que lo caracterizaba nadie le creyó. Cuando se confirmó la noticia los principales diarios la publicaron en su portada y hasta los noticieros serios le dedicaron un espacio central. Y mientras diarios y noticiero hablaban de Jazmín, en su mansión de Barrio Parque una mujer se volvía a sentir sola…

Susana siempre amó a los animales y en especial a los perros. Hace poco contó que en su chacra de Punta del Este tiene un "Jardín de Paz de perros" donde están Clara, Rosa, Cholo y el Indio. ¿Y Jazmín? "A Jazmín lo tengo enterrado en la entrada de mi casa de Barrio Parque, allí está su tumbita. Con una lápida en mármol. Es que Jazmín fue el compañero de mi vida durante 17 años", contó.

Susana adhiere al dicho que asegura que "cuanto más conozco a los hombres más amo a los animales" y argumenta: "Ellos tienen mil cosas que no tiene el hombre, ellos solo te dan amor, son desinteresados, no tienen envidia… Nunca esperan nada. Solo están a tu lado para cuidarte y amarte". Al fin de cuentas, cómo no amar a un perro si logra algo tan increíble como acompañar a una mujer a encontrar la salida que le permita escapar del laberinto de su soledad.

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