
"Claudia Villafañe es una ladrona", dijo Diego Maradona. Corría el año 2017. Y sí: el Diego hablaba de la Claudia. La misma que lo había conocido en su Villa Fiorito natal, la que se había enamorado de él siendo pobre, la que le había dado a dos de sus hijas, la que le había perdonado varias infidelidades, la que lo había sostenido en su peor momento y la que, después de mucho sufrimiento, había decidido rehacer su vida lejos de él.
¡¿Cómo?! Sí: después de diez años escondiendo su relación para no herir la susceptibilidad de Maradona, Claudia había decidido blanquear su noviazgo con el productor Jorge Taiana. Y Diego no se lo perdonó. Así que comenzó con una seguidilla de demandas judiciales contra ella por irregularidades en la división de bienes gananciales, por la compra de departamentos en Miami cuando todavía estaban casados, por defraudación a la AFIP, por la tenencia de los banderines y las camisetas que quedaron en el hogar que él abandonó… Y de aquella historia de amor que se había gestado cuando los dos eran apenas unos adolescentes, ya nada se rescató.
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Diego vio por primera vez a Claudia a los 17 años. Y los testigos del encuentro aseguran que el flechazo de Cupido fue inmediato. "Es la mujer de mi vida", cuentan que dijo el por entonces jugador de Argentinos Juniors no bien la vio. Y que ella, deslumbrada por este entusiasta futbolista con más ilusiones que pesos en el bolsillo, decidió dejar todos sus proyectos de lado para acompañarlo.

La historia del Diez que conquistó al mundo con sus gambetas y sus irrepetibles goles es por todos conocida. La de sus excesos y debilidades, también. Claudia aplaudió una y padeció la otra. Estando embarazada de su primera hija, Dalma, se enteró por televisión de que Maradona se había convertido en padre de Diego Junior, junto a la italiana Cristiana Sinagra. Y el mundo se le derrumbó en un instante.
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Pero Diego negó esa paternidad. Y, aunque la Justicia lo obligó a darle su apellido al niño, él lo siguió negando durante más de treinta años. Se lo negó a su mujer, a sus hijas, a su propio hijo y a cuanto periodista se lo fuera a preguntar. Y Claudia le creyó. Así que siguió adelante con la pareja y, a los dos años, dio a luz a su segunda hija: Gianinna.
Así, el 7 de noviembre de 1989, con un Diego en pleno esplendor profesional, llegó la boda. Tanto Claudia como Maradona estaban felices. Y lo celebraron a lo grande, con una majestuosa fiesta en el Estadio Luna Park, a la que asistieron las personalidades más destacadas de la Argentina. Pero los sinsabores para la abnegada Claudia no terminaron ahí. Y, siete años más tarde se enteró de la llegada de Jana, la cuarta hija de Maradona, quien nació como fruto de la relación del jugador con Valeria Sabalain, una joven a quien había conocido en un restaurante en el que ella trabajaba de mesera.
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Como era de esperar, en este caso Diego también negó su paternidad. Pero, una vez más, la Justicia se encargó de darle el apellido a la niña, a la que él recién aceptó después de dieciocho años, cuando ella se enteró de que estaba en un gimnasio de Palermo y decidió ir a conocerlo.
¿Si hubo más infidelidades por parte de Maradona? Quizá, demasiadas. Pero Claudia se conformaba con que él volviera a la casa. Hasta que un día, ya no volvió. Según contó Villafañe en el pedido de divorcio que presentó formalmente en 2003, Diego había hecho "abandono de hogar" desde el mes de julio de 1998. Y ni siquiera se había llevado las camisetas y banderines que hoy le reclama vía judicial…
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Pero, por aquel entonces, Diego estaba muy entretenido en Cuba, adonde había ido a realizar un tratamiento de recuperación por sus adicciones y en donde se habrá enamorado de una joven llamada Adonay Frutos, entre algunas otras entre las que figuran una tal Judith y una tal Eileene.
Ahora se supo gracias a la confirmación de Matías Morla, abogado de Maradona, que en ese período Diego había tenido tres hijos con dos mujeres, cuyas identidades aún se desconocen, a los que finalmente estaría dispuesto a reconocer. Sin embargo, aún después de su regreso de Cuba, fue Claudia la que vivió pendiente de la tambaleante salud de Maradona, que tuvo en vilo a todo el país.
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Un par de años más tarde, en tanto, Diego conoció a Verónica Ojeda y comenzó con ella una relación formal. La pareja se mantuvo hasta el 2012, cuando ella anunció su embarazo de Dieguito Fernando y él la abandonó para blanquear su romance con Rocío Oliva.

¿Y Claudia? Ella comenzó una relación con Taiana en el año 2003, cuando producía la obra Pijamas en la que él trabajaba como actor de reparto. Pero lo hizo en el más absoluto silencio. Jamás se mostró en público con él. Y, aunque para muchos era un secreto a voces, durante una década no hubo manera de confirmar el romance. Es que ella sabía que esta era la única manera de seguir teniendo un trato ameno con su ex.
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Pero un día apareció una tapa de revista que cambió todo. En ella, se veía a Taiana pescando con Benjamín, el hijo de Gianinna, nieto de Diego y Claudia, junto al muelle de su casa. Y Maradona estalló de ira. "Cuando vi la foto sentí un puñal en el alma", dijo el futbolista. Hasta ese momento, Villafañe contaba con un poder absoluto como para administrar los bienes de su ex. Pero, a partir de ese momento, todo cambió.

Es que, a los ojos de Diego, Claudia había dejado de ser la incondicional, la mujer leal que vivía pendiente de él a pesar de estar divorciada. "Lo tengo en la mira a ese Tontín", había dicho Maradona rebautizando a Taiana. Lo acusaba de disfrutar, junto a su ex, de los bienes que él había generado jugando a la pelota. Y decidió acudir a la Justicia una y otra vez, quizá como una manera de intentar sanar su orgullo herido. Algo que, por lo visto, todavía no logró.
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