Tras un año de muchísimo éxito profesional que la llevó a viajar por el mundo recorriendo festivales internacionales, Mercedes Morán, reina del cine argentino, eligió pasar sus vacaciones en un campo, con la visita de sus hijas y nietos.

El descanso que terminó para acompañar el estreno de Sueño Florianópolis, el filme que protagoniza junto a Gustavo Garzón, donde interpretan a una pareja de psicólogos separados que decide pasar las vacaciones en familia con sus dos hijos adolescentes. "Si algún paciente les presenta el caso en consultorio, ellos seguramente le dirían: 'No lo haga'", cuenta entre risas sobre el punto de partida delirante que plantea la película de la directora Ana Katz.

Sueño… transcurre en los 90, y retrata al argentino que fantaseaba con dejar sus problemas y escapar a las playas cariocas. "Un Brasil barato, donde podías irte y sentías que estabas en el exterior", agrega Morán, que pasó más de un mes rodando en el país vecino con la compañía de una de sus hijas, Manuela Martínez, que también forma parte de la película al igual que Joaquín Garzón, hijo de Gustavo.

"Me encanta verlas actuar. Y además mis hijas tienen un vínculo tan bueno con lo que las rodea que ver eso me encanta, me tranquiliza un montón", dice, en referencia a Manuela, Mercedes (también psicóloga) y María Scápola.

¿Y el amor? "Candidatos no hay ni habrá. El concepto de candidato me pone los pelos de punta", reconoce asegura Morán, que está separada hace casi un año. Pero su fastidio con el término no tiene nada que ver con relacionarlo con la política. "Lo asocio a esa cosa de educación que tuvimos algunas mujeres, donde nos preparaban para enganchar un buen candidato. Detesto todo ese folclore. También al revés: prepararte vos para ser una buena candidata", advierte.

"He tenido cuatro o cinco matrimonios en mi vida. Y habla a las claras de que me encanta el romance, la pareja, todo lo que significa compartir con otro la vida, las cosas lindas, lo otro no tan lindo. Me siento súper ilusionada: espero volver a enamorarme, estoy segura que me va a suceder, es un estado perfecto, corto, pero que cuando está, vale la pena transitarlo".

Sin embargo, no está en la búsqueda. Feliz con su presente, acompañando sus películas por el mundo, y a días de convertirse en Doña Tota, la mamá de Diego Armando Maradona para la serie de Amazon sobre la vida de El 10, Morán asegura: "Uno tiene que estar disponible de mente y de alma para disfrutar de la vida y que ahí pueda aparecer o no. Ya no me pasa como a los 30, cuando me separaba, agarraba la agenda y decía: 'A ver…'".

—¿Podés enamorarte de un hombre que no sea feminista?

—No. Ya se ha hecho tan evidente… No es una cosa que me imponga: hay un tipo de humor que ya no me hace gracia. No es que decido no reírme más porque es un humor machista, sino que no me causa gracia. Entonces, tampoco me seduce un tipo que tenga una mirada machista.

—¿Y cómo se les explica a los hombres, a los buenos, a los que tienen que recorrer el camino y aprender? ¿Cómo se hace?

—Es un camino largo, tenemos que desaprender. Muchos amigos con buenas intenciones me dicen: "Sentimos que hemos perdido espontaneidad". Es verdad, y es una pena. Pero nosotras hemos perdido cosas más importantes que la espontaneidad; la vida inclusive. Entonces les tengo paciencia hasta un punto porque lo que los pone incómodos de todo este cambio, comparado con las cosas que nos hacen sufrir… Además, estoy convencida de que esto es una revolución y es un cambio de paradigma que va a terminar haciendo que seamos un poco más felices todos. Cuesta que este tipo de cosas bajen, y que se entienda. Todavía seguís escuchando frases que no podés creer: "No soy feminista porque no estoy en contra de los hombres", o "¿Por qué habló ahora y no habló antes?". Es toda una cultura que tiene que cambiar, y no son solo los hombres: el ojo patriarcal que mira con más sospecha el comportamiento femenino que el masculino también les hace cargo a los hombres de responsabilidades y de cosas que los aplastan y los vuelven locos. Es dañina, es general, especialmente para las mujeres porque las pone por debajo. Entonces, es doblemente mala para las mujeres, pero también es siniestra para los hombres.

—La semana pasada hablamos con Calu Rivero por la nueva serie de Telefe, Campanas en la noche, y están quienes convocaron a un boicot contra esa ficción. Siguen sin creerle a pesar de la denuncia de Thelma Fardin. ¿Qué estamos discutiendo?

—Quiero creer que lo que provoca estas reacciones tan poco humanistas, de tan poca empatía con el dolor ajeno, debe ser producto de miedo. Quiero pensar que es miedo lo que hace que alguien intente denostar a este tipo de mujeres, que lo único que merecen es gratitud y apoyo.

—Pero con el detalle con que se expuso Thelma a contar lo que vivió, así y todo alguien puede cuestionar que no hablara por tantos años. ¿Qué tiene que hacer una mujer para que le crean?

—Tenemos que seguir hablando de lo que hay que hablar, explicando lo que hay que explicar, con mucha paciencia.

Mercedes Morán junto a Ricardo Darín en San Sebastián (AFP)
Mercedes Morán junto a Ricardo Darín en San Sebastián (AFP)

—No sos parte del colectivo de Actrices Argentinas. Sin embargo, cuando tenés que estar, estás: sos una mujer que le pone el cuerpo a las causas con las que acuerda.

—Sí. Las quiero, las admiro, las apoyo, participo; sé de muchas cosas que van a hacer, tengo comunicación con ellas. No estoy dentro del colectivo formalmente; en general trato de correrme de esa formalidad de todos los colectivos, pero sí tienen todo mi apoyo, por supuesto.

—Ahora acompañaste también una causa de Greenpeace.

—Sí, hace bastante tiempo que colaboro con Greenpeace y hace poco que acercaron esta propuesta para colaborar con ellos. contra el desmonte en el Chaco. Lo hice con mucho gusto también.

—Te trajo problemas poner el cuerpo en ciertas causas.

—Sí, claro, pero no más que el que me hubiera traído callármelas.

—Eso es parte de la herencia paterna.

—Eso es parte de la herencia paterna, sí. El compromiso social. Mi viejo fue un referente en que hay un tipo de felicidad individual que no se vive, no se siente completa si no hacemos algo por la felicidad de nuestro entorno.

Mercedes Morán en “Familia Sumergida”
Mercedes Morán en “Familia Sumergida”

—En este sentido, dijiste en una entrevista: "Me gusta tener ese lugar de francotiradora, de no pertenencia, lo que me permite decir qué me gusta y qué no. Pago costos, pero si tuviera que callar, el costo sería más alto".

—Exacto.

—De cara a un año electoral en la Argentina, ¿tenés esperanza de lo que viene?

—No. Tengo toda mi esperanza puesta en el movimiento feminista que todavía es horizontal, donde todavía no hay jerarquías.

—¿Es más sano que la política?

—La política como herramienta es un instrumento transformador, necesario y maravilloso. Escuchaba el otro día a esta mujer que admiro tanto, Rita Segato, decir que las feministas tenemos que ocuparnos de hacer una política feminista, que es otra manera de hacer política. Intuyo que esa manera de hacer política va a tener una plataforma que a lo mejor no es la forma esta de los partidos, esa estructura piramidal con jerarquías, donde aún los mejores intencionados no pueden evitar la corrupción por la acumulación de poder que generan estas cosas. Ojalá encontremos una manera de hacer política que de verdad trascienda las buenas intenciones.

—Hay quiénes critican al colectivo de actrices y al movimiento feminista en general, por estar cooptados por el kirchnerismo.

—El feminismo es un movimiento transversal. Eso es lo que tiene de bueno. Entonces, es una ideología que trasciende el partido, la agrupación política.

—Se puede ser de derecha y ser feminista.

—Está difícil, está difícil, me parece que todo lo que promueva la igualdad de derechos, la igualdad de oportunidades y la igualdad de derechos tiende más a una mirada más socialista. Que haya partidos de derecha que puedan tener esta mirada, no es tan fácil

—¿No te asusta Bolsonaro en Brasil?

—Me da terror. No me asusta, la parada siguiente de asustarme, me da terror, sí. A mí todos los fundamentalismos me dan mucho miedo de cualquier signo.

—¿Y en ese sentido te parece que nos podemos pasar con el feminismo? ¿Le tenés miedo al escrache?

—No. A mí el feminismo me parece de lo más revolucionario, en el buen sentido de la palabra, etimológicamente, es algo que viene a cambiar estructuras que están arraigadas desde hace mucho tiempo. Cualquier movimiento que venga a cambiar algo arraigado es revolucionario, y toda revolución no se caracteriza por ser prolija: no podemos pedirle prolijidad a un movimiento que tiene que correr límites tan fuertes. Lo que importa acá es el contenido, entonces me parece que estar preocupándonos por algunas desprolijidades, excesos o como los quieras llamar de parte de este movimiento tan nuevo que tiene que gritar para hacerse oír… Alguien, en un programa de televisión, dijo algo que me pareció importante: "Si recibís un mail, una carta, de alguien que te escribe y te dice 'Estoy encerrada en el baño, me quedé con la llave del otro lado de afuera, se está prendiendo fuego la casa'", lo importante no es corregir: "Pero incendiado se escribe con c, y no con s". Hay momento para ponerse atentos a determinadas cosas, y en este momento las formas no es lo más importante. Siempre los contenidos son más importante, pero en determinados momento más que en otros.

—Arranca un año electoral y uno de los ejes de la discusión tiene que ver con la inseguridad. Hoy, que vuelve a estar sobre el tapete es la imputabilidad de menores, ¿qué te pasa con eso?

—En principio, yo creo que no, que hay que defender a los menores. Yo no creo en el castigo, sí quiero creer en la Justicia. Como todo el mundo soy víctima de la inseguridad callejera. Temo por mis hijas, por la violencia de todo tipo, pero creo que los menores tiene derechos que no deben ser vulnerados. Son menores y no se les da la opción de elegir, ni de votar, porque son menores, porque se supone que no han terminado de tomar decisiones, porque tienen una cabeza que está en formación. Bueno, apliquemos al misma ley a la hora de castigar los delitos que pudieran haber cometido.

—Empezamos a hablar de menores, de pistolas Taser, o de endurecer la política migratoria.

—Tuve la posibilidad de estar mucho tiempo ahora en Europa y te digo que no tenés que entender mucho, simplemente ver los noticieros y ver lo que dejan estas políticas contra los inmigrantes deshumanizadas, y es tremendo. Y quién puede apoyar semejante deshumanización, ¿no?. Todo lo que es minoridad me parece que tiene que ser intocable. Pero en general no estoy ni por la mano dura, ni por la Justicia por mano propia, ni la pena de muerte.

—¿Ni siquiera cuando te pasa a vos?

—No. Además, sinceramente creo que la cárcel es el peor castigo. Con respecto a la pena de muerte, primero que no creo que nadie pueda decidir sobre la vida de otro, aún sobre aquellos que han matado, que para mí tienen que estar en cadena perpetua. Pero además, qué seguridad deberíamos tener de que la Justicia funcionara perfecto. Porque, ¿cómo volvés de una equivocación con una sentencia de pena de muerte?

—Que está probado que sucede.

—Totalmente.

—Un textual tuyo decía: "No es que piense que al morir nos vamos al Cielo o al Infierno, pero me cuesta encontrarle sentido a la vida si pienso que somos solo esto. Me gusta pensar que estamos en una cadena de aprendizaje". ¿Qué te tocó aprender en esta vida?

—Tantas cosas todavía, ¿no? Me tocó aprender a ser madre, me tocó aprender a crecer sola, me tocó aprender de dónde sacar energía para torcer un destino impuesto, poder discriminar mis verdaderos deseos de mis mandatos, empezar de nuevo muchas veces, descubrir mi profesión, mi vocación, todo. Y sigo aprendiendo todo el tiempo.

Mercedes Morán en el Festival de Mar del Plata (Revista Gente)
Mercedes Morán en el Festival de Mar del Plata (Revista Gente)

—¿Cómo fue que Carlos Gandolfo te dijo que no te dedicaras a la actuación?

—Fue un momento durísimo para mí. Yo era muy joven, había sido la elegida de Gandolfo, de sus alumnas, tenía el privilegio… Le había dicho a todos que yo era la elegida, y después me dijo que se había equivocado, que sentía que yo no era actriz. Si no fuera por dos o tres que en ese momento me salvaron y me dijeron "¡Quedate!", yo me iba.

—¿Dudaste en ese momento?

—Sí, fue uno de los dolores más grandes que sufrí. Siempre mi escucha para los que yo considero mis maestros es muy alta y muy abierta, y me dejo intervenir mucho por las cosas que me dicen. Pero además, tenía 19; era muy chica.

—¿En qué momento, o con qué película, con qué premio, volviste y dijiste: "Dale, decímelo ahora…"?

—No. Lamentablemente, Gandolfo se murió tempranamente. Si bien yo había desobedecido, había insistido con dedicarme a la actuación y ya me había convertido en una actriz conocida y con algún tipo de prestigio en el teatro y algunos premios, cuando él se murió todavía no había yo hecho tanto y no tuve oportunidad. Me hubiera encantado.

—¿Se hubiera puesto feliz?

—Sí, seguramente. Finalmente, lo sigo considerando uno de mis grandes maestros en el sentido de que me abrió la cabeza y me hizo ver un montón de cosas, aunque después me golpeó fuerte.

—¿Y quiénes fueron los desubicados que te dijeron que te operaras la nariz?

—Ni me acuerdo los nombres.

—Hay que decirles: "¡Mirá, tomá!".

—A esos sí (risas). También era lo lógico, había un tipo de rostro de una mujer, de una joven actriz para poder acceder a protagonizar un determinado formato de telenovela, de programa de televisión. No es que el que me dijo en ese momento: "Tenés condiciones pero operate la nariz", era un desubicado. En ese momento la desubicada era yo, en el sentido de que pretendía lo que pretendía con una cara que no era para nada la convención.

—Cerraste un 2018 increíble en lo laboral y arrancás un 2019 en el que ya te ponés a grabar a Doña Tota, y después se viene el estreno de Araña. Qué afortunado que es quien trabaja y le va bien en lo que ama hacer.

—Totalmente. Me siento una privilegiada absoluta. Agradezco a la vida sentirme en este momento, tener la certeza de que tengo trabajo, que trabajo de algo que me gusta. Pero estoy rodeada de personas que están angustiadas por esta situación, por la falta de futuro, por la falta de trabajo, porque la plata no les alcanza, porque está todo tan mal. Así que espero que, ojalá, las cosas cambien para mejor.

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