Es políticamente incorrecto decir que Mirtha Legrand debería retirarse de la pantalla. Su caso es único en el mundo y su trayectoria -y vigencia- incomparables. Sin embargo muchos lo piensan pero no lo dicen. ¿Por qué?

Porque Mirtha celebró este año medio siglo de sus almuerzos televisivos. La cifra redonda perfecta para dar un cierre de oro y brillante y no estirar como chicle una etapa impecable y en su mayor gloria.
Porque -salvando las distancias y con todo respeto- finalmente muchos artistas, incluidas ella, caen en el mayor pecado de los políticos: perpetuarse en un lugar que quizás puede dejar paso a nuevas generaciones.
Porque la dura competencia televisiva le exige ceder audiencia frente a un nuevo formato basado en el suyo, pero aggiornado, como es PH Podemos Hablar, que si incluyera una edición dominical le haría gran daño a su rating.
Porque justamente su mayor competencia se puso de nombre el defecto del ciclo de Legrand; allí no siempre se puede hablar. Sobre todo si se disiente con la conductora. Mirtha reta, interrumpe y siempre tiene la última palabra, sobre todo si se trata de política.
Porque nadie va a discutirle a una dama, una primerísima figura como ella, una diva nacional e Institución nacional y de la tele, por lo cual en general muchos se guardan la opinión por no faltarle el respeto -nadie dice que deban hacerlo- pero allí la pluralidad pierde la partida.
Porque en búsqueda de impacto ha tenido que cometer errores que la han disgustado con gente que la respetaba a ultranza. El affaire televisivo del reportaje a Natacha Jaitt puede minimizarse en una tele donde todo se perdona, pero aquello fue un despropósito televisado que aún deja esquirlas aunque se lo tape.
Porque muchos actores consagrados dejaron de ir a su mesa a riesgo de ser reprendidos o no poder expresarse. Mirtha tiene sus listas y en general la repetición de invitados atenta contra el rating del programa.
Porque aunque es punzante y hace preguntas que ni los periodistas más avezados se animan a veces, tiene una gran presión que quizás a esta altura de su intachable carrera podría evitarse. ¿Necesita una figura de su talla exponerse al escarnio de las redes sociales, por ejemplo?
Porque el amor que se le tiene a una estrella como Mirtha Legrand ya no depende de una aparición semanal televisiva, una pregunta picante o un momento que se recuerde: Mirtha es del pueblo argentino y será amada siempre, pese a las críticas, y eso la hace única para la posteridad.
Porque puede seguir vigente en otros formatos -como cuando hizo la serie La dueña-, un ciclo de entrevistas personales, una obra de teatro… Dicho esto, aunque pueden existir motivos para su eventual retiro, Mirtha Legrand tiene la potestad ganada para decidir y respetarle cuando ella quiera hacerlo. Si le hace bien, si le da salud y la mantiene feliz, los nueve motivos anteriores -discutibles o no- serán en vano.
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