Víctor Heredia y su encuentro con Teleshow

Nació en Buenos Aires el 24 de enero de 1947. Comenzó a estudiar música y a componer para luego participar en numerosas radios, programas de televisión y festivales. En 1967 se presentó en Cosquín: ganó el premio revelación juvenil con la zamba "Para Cobrar Altura". Y desde entonces, la carrera de Víctor Heredia siempre fue hacia arriba.

Sus inquietudes se mueven más allá de la música, pero siempre en contacto con ella. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras. Curso materias hasta tercer año, pero terminó abandonando para dedicarse definitivamente a su primitiva vocación.

El 7 de junio de 2019 en el teatro Gran Rex, Heredia presentará 50 en vuelo, celebrando 35 años de la canción "Todavía cantamos", una canción que dedicó a los hijo desaparecidos de las Madres de Plaza de Mayo.

 —¿Cómo llevás estos 50 años de carrera?

—Muy bien, muy bien. Con felicidad, sinceramente, porque más allá del tiempo que ha transcurrido también lo que sucedió es que crecieron los amigos, y la convocatoria sigue intacta: ahí está mi público. Incluso algunos saben mis canciones más que yo (risas).

—¿Cuál es el secreto para mantener el público cautivo durante tanto tiempo?

—La verdad que no lo sé, no lo sé… Pero es emocionante sentir de golpe desde la platea que te piden canciones que vos hace tiempo no cantás o que dejaste olvidadas, no se sabe bien por qué porque a veces no entran en el listado. Y es hermosísimo encontrarse con gente que quizás sepa más de la obra que uno mismo. O que por lo menos tengan mejor memoria. Es muy lindo eso.

"Todavía cantamos", de Víctor Heredia (Video: Encuentro en el estudio, YouTube)

—Y si tendrías que volver a empezar, ¿tomarías el mismo camino?

—Sin ninguna duda. La música, el arte, la poesía, son alicientes extraordinarios desde todo punto de vista, y permiten expresarte. Creo que hay un vínculo muy especial entre los artistas, entre los que escriben poemas, los que hacen música. Y no quiero poner la palabra mágico yo diría que a veces anda por ahí, es algo invisible pero es una suerte de cordón umbilical que te ata a la realidad, y en alguna medida te hace representante de esa realidad, y sos un emergente que la cuenta.

—¿Sería como un observador?

—Sí, sin ninguna duda. A veces uno cree que es solamente un emergente social, y creo que sí, en un alto porcentaje. Pero también hay una cosa mágica: ¿por qué uno y no lo demás, no? ¿Por qué uno puede expresar, y los otros esperan, o disfrutan o critican lo que vos expresás?

—¿Y dónde está la respuesta? ¿Por qué uno?

—Creo que es un milagro, un don; en principio, es un don. Quienes elegimos este camino lo hacemos con una fuerza vocacional muy especial, muy profunda, y ese respeto a la vida, a la verdad, a lo auténtico, te permite magnificar ese don. Y tenés la posibilidad de comunicarte y abrazarte con una cantidad increíble de conciencias. Es muy fuerte eso, muy fuerte.

—¿Qué ves en la sociedad del día de hoy?

—Creo que hay una enorme cantidad de cuestiones que hemos mejorado, y otras que tenemos que seguir mejorando. Los artistas tienen ese punto de vista crítico. Yo siempre menciono una respuesta que le dio Picasso a los derechistas, a los fascistas españoles cuando le inquirieron muy duramente frente al Guernica: "Usted hizo eso como criticándolo, como tirándoselo al rostro". Y él dijo: "No, lo hicieron ustedes". Él había hecho ese cuadro concretamente para criticar y para expresar lo que él sentía como ser humano frente al horror del enfrentamiento, de la violencia, de la guerra.

—¿Te pasa con tus canciones?

—Sí, me pasa mucho. Me pasa mucho porque encima en algunos momentos, obviamente por escribir lo que escribo, recibí censuras. Tuve que exiliarme en la época de la Dictadura. Claro que me pasa.

—¿Y cómo lo llevás adelante?

—Con mucha entereza porque creo que uno no puede doblegarse frente a la exigencia externa. La única razón por la cual uno se acuesta tranquilo justamente es porque le hace caso a la conciencia, nada más que a ella.

—¿Pero no tuviste miedo? ¿No dijiste "Bueno, dejo la carrera"?

—Sí, claro. No sé si es de valiente: claro que uno tiene miedo, pero se sobrepone. A veces, la verdad es mucho más poderosa que el miedo. Quizás uno de mis miedos más profundos, y que seguramente algunos de los que siguen la senda que elegí, es que le tienen mucho miedo a perder la verdad. Y yo quiero seguir sosteniendo mi verdad.

— ¿Además de ese miedo hay otro miedo que sostuviste a lo largo del tiempo? Que la gente no vaya a verte, que se te acabe la carrera: ¿aparecían ese tipo de fantasías?

—Eso pasa siempre. En realidad, en algún momento esto me sucedió y lo aparté de esta manera: me acordé de cuando empezaba. Cuando yo empecé había tres o cuatro en la platea, o en los cafés concerts había muy poquita gente: ocho, 12, 20 personas. Entonces dije: "Si yo empecé con esta cantidad de personas, ¿por qué me va a doler que en un concierto no esté la sala llena o no tenga la convocatoria que los empresarios suponían?".

Hay gente que estaba ilusionada con participar de una fiesta, y se transformó en esto, en un cúmulo de intereses, de guiños, de tergiversaciones, de mentiras

—Una manera razonable ante una emoción que uno no puede controlar.

—Sí, pero creo que lo más lindo que te puede llegar a pasar es que no le prestes atención a eso, y sí sepas que cuando subís a un escenario vas a hacer exactamente lo que te dicta tu conciencia. Y de la mejor manera profesional que puedas.

—¿Tuviste que resignar muchas cosas por este oficio?

—Lo que se resigna en general es tiempo para la familia. Quizás ese es uno de los costos más importantes que tiene la carrera.

—¿Y recuperaste ese tiempo perdido, entre comillas?

—Sí, aprendí, aunque lo de la calidad va entre comillas, ¿no? Porque estar mucho tiempo con los hijos es maravilloso, pero cuando no podés hacerlo lo que intentas es darles calidad. Y darles calidad, entidad, a ese tiempo. El mejor afecto que puedas ofrecer.

—¿Lo mismo te pasó con las mujeres de tu vida, los amores, las parejas?

—Sí. Supongo que en una vida normal las relaciones son un poco menos complicadas. Nosotros (los músicos) viajamos mucho, pero cuando tenés un verdadero amor, cuando hay una verdadera amistad, verdadera comunión con el otro, eso no pasa: sigue estando ahí.

—¿Te preocupa lo que pasa en el país?

—Sin ninguna duda, claro. Vivo aquí: todo lo que pasa me golpea. Creo que nos pasa a todos. Me da mucha pena porque siento que empezamos a darnos cuenta de que somos una sociedad degrada que ha perdido los valores esenciales de la convivencia. Más allá de los intereses que a veces pueden llegar a forzar una situación como esta, evidentemente hay gente que se presta a estas locuras. Y no solo se dañan a sí mismos sino que dañan a muchísima gente. Allí había familias, niños, personas, gente que estaba ilusionada con participar de una fiesta, y se transformó en esto, en un cúmulo de intereses, de guiños, de tergiversaciones, de mentiras. Y realmente no está bien que nos pase eso.

Víctor Heredia, en los estudios de Infobae
Víctor Heredia, en los estudios de Infobae

—¿Sentís que esto viene pasando desde hace mucho tiempo en la sociedad, o solo en el último tiempo?

—En los últimos años se ha exacerbado mucho. Aparte, también se ve esta violencia en cosas inusitadas: en la calle, en los roces de tránsito, en los insultos, en el grito, en la descalificación, en la mentira. Creo que la Argentina debería reconsiderarse y hacer una revisión muy profunda, muy seria de qué es lo que hemos elegido para nosotros desde la dirigencia política, desde el Congreso, quiénes queremos que nos representen, verdaderamente.

—¿Lo ves posible?

—Yo creo que sí, yo creo que sí. Somos un pueblo que pasó situaciones realmente muy complicadas, muy duras, muy difíciles, de dolores muy profundos. Y hemos salido adelante. No tengo ninguna duda de que lo vamos a volver a hacer.