Formada en en 1988 en Florencio Varela con la idea de recrear el repertorio clásico de blues, y debutando en los escenarios un año después, La Mississippi es una de las bandas más añejas del rock nacional. Y una de las más prestigiosas. Si bien pronto comenzaron a componer su propio material, recién en 1993 abrieron su discografía con Mbugi, que contenía su gran éxito: "Café Madrid".

Desde entonces, han registrado 15 álbumes, 13 de ellos integrados por su propio material, y dos con versiones de clásicos del rock y blues. Entre sus shows más destacados se encuentra el realizado junto a Eric Clapton en el estadio de River Plate, en octubre de 2001. Al fin, para La Mississippi son tres décadas de blues, nada menos, siempre liderados por la voz de Ricardo Tapia. Y que el 15 de noviembre celebrarán con un show especial en el Luna Park. 

—¿Cómo vivís estos 30 años de la Mississippi?

—En Argentina, uno puede pasar de muchas formas 30 años y más. Si te ponés a ver lo histórico, lo cultural, lo político, este país puede llegar a ser un vaivén tremendo. Pero nosotros siempre fuimos muy previsores con el laburo, con la forma de trabajar, y en todo este tiempo nunca nos metimos en callejones sin salida. Siempre tratamos de ver hacia adelante, hacia donde íbamos, teniendo proyectos constantes.

—¿A qué se debe esa disciplina?

—Somos tipos que siempre tuvimos otros trabajos. La música no fue nuestra primera dedicación. Entonces, al haber laburado de todo, uno aprende la metodología del trabajo, lo que es laburar en grupo. Esa experiencia de trabajo te ayuda a organizar una empresa, digamos.

—¿De qué trabajaste?

—De todo. Laburé mucho en oficina, trabajé bastante en construcción. Así que conozco diferentes aspectos, tanto el de estar sentadito como el de construir.

—¿Construcción?

—Sí, me gustó mucho. Hacía pintura de obra. Me encantaba toda la terminación y trabajaba con mi viejo y con otros arquitectos. Aprendí mucho de eso, como la disciplina de trabajo. También tuve negocios. Siendo música, tener experiencia de trabajo es ideal porque sabés para qué lado.

—¿En qué momento dijiste: "Bueno, ya está, dejo de lado estos trabajos y me dedico a la música"?

—Recién estaba en pareja con la mamá de mis hijos, como empezando… Estaba con el tema de la música, pero era muy difícil sostenerse. Había que trabajar de un par de cosas para poder hacer todo eso. Entonces, en un momento me decidí: "Bueno, tengo que componer, tengo que trabajar de esto como proyecto". Si lo iba a dejar a medio camino, creo que no iba a ser lo que fue. Entonces nos tiramos todos a la pileta. Dijimos: "Dediquémonos 100% a esto".

"Café Madrid", un gran clásico de La Mississippi

—¿Cómo es la química en el grupo?

—Buena. Con Gustavo Ginoi nos conocemos desde la adolescencia porque es de Florencio Varela, mi ciudad de chico. Él tocaba la guitarra, pero no estábamos en los mismos grupos. No es tanto como ahora, que salís a la calle, pedís un guitarrista y aparecen 40. Antes buscabas un guitarrista y tenías que ir a buscar a un barrio a uno que tocaba bien. Y todavía más si era, por ejemplo, un baterista. Se calcula que en un estadio de 60 mil personas que van a ver un espectáculo, 22 mil son músicos, como mínimo.

—¿Te preocupa?

—No, no me preocupa. Me preocupan ellos. Me preocupan los músicos que se dedican exclusivamente, a veces ciegamente, a la música. Argentina es un país muy difícil para dedicarte ciegamente a la música.

—¿Por qué?

—Porque económicamente no es estable, es complicado. Los elementos de música son todos en dólares, como sabrás, todos los equipos. Es todo muy caro: es muy caro ser músico, es muy caro sostenerlo. Por eso también es muy bueno el auge de luthiers argentinos. Casi todas las guitarras que uso son de luthiers argentinos porque son geniales, hacen mejores instrumentos que en otras partes del mundo. A veces tenés al luthier para que te ayude si se rompe (el instrumento). Hay opciones.

—Este año en particular, ¿notaste este cambio en lo económico?

—Sí, lo noté. Lo noté muchísimo en el trabajo. Lo noté también en los insumos: subieron a precios tremendos.

—¿Hacen menos shows?

—No, no. Pero hay cosas que se van absorbiendo en la economía de los shows y de las giras, costos que se van absorbiendo. Para una banda que recién empieza, puede ser la diferencia entre seguir tocando y no tocar. Es muy grande. Hay muchos músicos, y está muy bien que haya un ímpetu tan grande con la música, pero está bueno que tengan un backup: que tengan un estudio, que tengan un trabajo. O sea, no jugártela de golpe. Hay que ir viendo, hay que ir viendo…

—Pero existe un poco esa idea de que "sos músico, no tenés que estudiar, está la inspiración".

—Es una idea muy loca, sí. No creo que haya algo más cansador, físicamente, que ser músico profesional. Es tremendo. Cuando salís de giras y estás todos los días yendo de un lugar a otro, de un lugar a otro, de un lugar a otro… Hay gente que se cansa, se estres,  porque se va de vacaciones y espera dos horas un avión. Y para nosotros, esperar dos horas un avión no es nada. Pasamos toda una vida, años con problemas en la ruta y millones de situaciones que a veces te podrían volver, pero es parte de tu trabajo, de lo que hacés. Yo no me quejo porque es parte de lo que hago. Pero bueno, es un tiempo que vos pagás por hacer eso.

—¿Nunca tuviste la presión de "Tenés que estudiar una carrera tradicional, tenés que hacer esto"?

—No, no. No tuve una casa muy tradicional en ese sentido. Había muchos libros y música en mi casa. En la primaria aprendí música y también idiomas. Entonces de chico, en cierta forma, me formé un poco en la música. Siempre me gustó. Estudié talleres de pintura porque me gusta lo gráfico. Siempre fui para ese lado.

—¿Cómo definís tus canciones?

—Uno siempre está escribiendo sobre tres o cuatro grandes temas de la vida, nada más. Se enmascaran en situaciones, pero los temas son el amor, la vida, la muerte: no hay mucho más que escribir. Todo lo demás son sinónimos. Vos vivís haciendo discos y vivís explicando de diferentes formas las cosas que quizás explicaste en otros discos de otra manera, con otra experiencia. Por eso cuando uno cambia los discos, cambian las letras, cambian los años, y quizás tenés un poder de síntesis diferente cuando hay más años haciendo esto.

La Mississippi (Foto: Faceboook)
La Mississippi (Foto: Faceboook)

—¿Qué cosas te fueron costando en el camino?

—El tiempo: es un tirano que pasa adelante tuyo y te va quitando todas las cosas. Y hace que a veces no puedas estar todo lo que necesitás con tu pareja, tus hijos, tus parientes o tus amigos. Y lo compensás de otras formas, pero vos suponés que lo compensás de otras formas. No siempre lo lográs. El tiempo es así: es lo que perdés.

—Hay otra canción que me gusta mucho que es "Mala memoria", que habla de la relación de la política.

—Sí, sí. La política y la decepción, y los políticos que mienten. En Argentina es un mal endémico. Ni lo solucionamos en el pasado ni creo que lo solucionemos mucho tampoco en el futuro. No me hago muchas esperanzas al respecto: creo que es un tema muy grande de educación. Van a tener que pasar un par de generaciones de gente joven que consideren al ciudadano como ciudadano y no les roben lo que es de ellos. La Argentina pasa por un momento de carencia de educación, en muchos sentidos.

—¿Lo notás en lo cultural, en lo social?

—Lo noto en todo. En lo cultural, en la calle, en el trato de la gente. Lo noto en la vida diaria, en los atropellos constantes también. Y lo noto en la educación formal también.

—¿Y esto lo notás hace mucho tiempo?

—Sí. Probablemente mi generación, en ese sentido, en lo educativo, era un poquito más completa. Y nos faltaban otras cosas, más lo humanístico quizás, pero me parece que ahora la educación entró en una fase complicada. Los pibes tienen que formarse mucho mejor, el mundo es mucho más competitivo y está bastante más complicado. Y estaría buenísimo que el Estado les dé las posibilidades a todos los muchachos y chicas. Uno viaja afuera y ves en otros países las posibilidades que tienen otros jóvenes, y decís: "¿Por qué nosotros no tenemos tan claramente la posibilidad para que los jóvenes tenga todo lo que tienen que tener?". Más allá de lo ideológico, porque ni siquiera corre por lo político esto. La educación no es un tema político. Cuando se deje de hablar de la educación como un tema político, va a volver a florecer la educación.