Tiene 17, pero Martina Ciano nota que puede comunicarse mejor con aquellas personas que le llevan algunos años. Ocurre que se siente más madura. Ese es uno de los aspectos positivos que le dejó todo aquello que debió enfrentar en este tiempo.
Martina es vegana e influencuer. Y ambas características están relacionadas. Porque hace dos años decidió cambiar su forma de comer, si bien hacerlo no le resultó sencillo: arrastraba trastornos alimenticios. Entonces, al ir contando su experiencia en las redes sociales, muchas otras jóvenes se identificaron con ella. Y empezaron a seguir sus consejos.
Los 30 mil seguidores en Instagram llamaron la atención de editorial Planeta, y le e ofreció escribir su propio libro de recetas, Rico, sano y vegano, asesorada por una médica nutricionista. Además, dicta talleres en espacios privados de la ciudad de Buenos Aires, donde muestra cómo prepara sus recetas, qué ingredientes usa y cuáles son sus beneficios.
Aquí, su historia.
—¿Cómo empezaste?
—En octubre de 2016, después de ver muchos videos, de informarme, mirar documentales, etcétera, me empezó a interesar todo lo que era la dieta vegana. Tengo un pasado con un trastorno alimenticio, y me quise recuperar con eso, pero mi familia obviamente tuvo miedos (con la idea de ser vegana) y nos comunicamos con un grupo de profesionales que me ayudaron a llevar adelante esa dieta.
—¿Cuál fue tu problema inicial?
—El sobrepeso. Cuando era chiquita tenía un poquito de sobrepeso y empecé a recibir comentarios ofensivos de mis compañeros: "Che, gordi, bajá los postres", y cosas así. Entonces fue como que dije: "Tengo que hacer algo con esto", y me empecé a obsesionar, obsesionar, obsesionar. Cada vez que bajaba, quería bajar más: llegaba a un punto, tres kilos más; llegaba a otro punto, tres kilos más. Ahora que lo veo desde otra mentalidad, siento como: "¿Qué estaba haciendo?".
—¿Cómo eran esos momentos cuando te criticaban por tu peso?
—Obviamente, cuando uno es chiquito tiene ganas de ser aceptado, y de que no te digan cosas ofensivas. Y ver que, ponele, todas mis amigas eran flacas, y decir: "Che, yo soy diferente a ellas y no me gusta cómo soy". Y yo lo quería cambiar, pero me obsesioné, y no estuvo nada bueno. Cuando llegué a pesar 42 kilos, o sea, había bajado como 20, mi mamá me dijo: "Ya está, basta", y ahí es como que me fui dando cuenta, porque mi cuerpo también me lo estaba comunicando. Una persona que tiene principio de anorexia lo siente en el cuerpo: tenés más pelo, te sentís mal, tenés frío todo el día…
—¿Te cambió el humor?
—Sí, también. Tenés las uñas todo el día violeta. Eso es horrible, es un sentimiento re feo.
—¿Cómo lo tomaban en tu casa?
—Siempre quisieron ayudarme y tomaban mal el hecho de que yo no comiera lo suficiente, o que entrenara mucho. Y era como una pelea mía con mi otro yo, mi yo bueno versus mi yo malo; y mi yo entero, con mi familia. Todo era horrible.
—¿Qué te decían tus amigas?
—"Marti, estás muy flaca"; "Marti, come"; "Vamos a tal lugar, vamos al otro". Porque yo ahí no era vegana, entonces siempre me invitaban a lugares de comida rápida. "Che, ¿no querés venir?". O cuando me invitaban a los cumpleaños o a merendar, lo les decía: "No, chicas, estoy haciendo gimnasia". Me aislé yo, sola.
—¿Cuánto tiempo duró esta etapa?
—Creo que seis meses. Sí, logré quedarme sola, realmente.
—¿Y cómo te acercaste de nuevo a tu entorno?
—Creo que cambiando mi mentalidad: cuando vos querés salir y tenés la iniciativa. Pero es un trabajo de todos los días. Con la dieta vegana yo estaba muy inspirada, entonces empecé a hacer la cuenta. Y me sentía mucho mejor, y ahí empecé a hablar con mis amigas de nuevo, o a comunicarme mejor con todos mis compañeros, y ellos también conmigo.
—Y ellos, ¿en algún momento se dieron cuenta de lo que te había afectado? Porque todo empezó por comentarios ajenos que te dolían.
—Claro. Ellos realmente se dieron cuenta en el momento en que me vieron que yo estaba bajando, bajando, bajando… El tema es que cuando yo bajé (de peso), todos me decían: "¡Ay, que linda que estás!", "¡Qué linda que estás!", "¡Qué linda que estás!", y ahí es como que…
—Te estimulaban.
—Claro, te dan el pie para seguir bajando, ¿entendés? Y realmente lograron meterme en mi cabeza todos los comentarios, sean buenos o sean malos. Pero todo se llevó a un extremo.
—¿Tenías días sin comer?
—No, no, nunca dejé de comer: comía muy poco y entrenaba mucho. O sea, hacía doble entrenamiento todos los días, corría una hora en elíptico. Era como alto rendimiento. Y después tuve secuelas en lo que tiene que ver con las hormonas, el cuerpo. Me hice muy mal en esos 6 meses; un año o dos también. Me hice muy mal…
—¿Tu personalidad también cambió?
—Sí, también. Me parece que soy una persona más madura que los demás en este momento de mi vida. Siento que viví algo que me hizo cambiar de una. Y como a las personas que les llega todo eso son más grandes, entonces me junto con gente más grande: con ellos, la comunicación es mejor.
—¿En el colegio te decían: "No te aceptamos", o "No podés hacer gimnasia"?
—Sí. Una vez estaba en el colegio y la profesora de gimnasia me dice: "Che, ¿no estás muy flaca vos?". "Sí, no sé", algo así le digo, como que yo no lo quería aceptar. Y en el colegio me llamaron y me dijeron: "Estás muy flaca", "Estás muy flaca", "¿Qué te está pasando?", siempre me quisieron dar una mano.
—¿Vos te veías gorda en el espejo?
—Sí, yo me veía gorda. Tenía la mente mal, no sé. O sea, como el cuerpo difuminado.
—¿Te pasaba que veías las fotos en Instagram de modelos y querías seguir ese estilo de belleza, copiarlas o llegar a un peso determinado?
—Siempre están los estereotipos. Ahora la sociedad te impone ser algo que no todo el mundo puede ser. O sea, no todo el mundo puede tener un cuerpo fitness, cero grasa, cero retención de líquidos, porque no todos somos así. Entonces me parece que cada uno de nosotros tendría que aceptar lo que somos, y trabajar para hacer nuestra mejor versión, pero sin obsesionarse.
—¿Cómo llegaste a esta conclusión?
—Las redes también me ayudaron mucho. Si bien primero que nada está mi familia, en las redes cuando buscás cosas malas te aparecen cosas malas, pero cuando buscás cosas buenas y motivación, en páginas de autoayuda o relacionadas con la comida, es como que te vas motivando. Y mi cuenta también me motivaba porque veía que a la gente le gustaba lo que yo hacía. Cuando tuve dos mil o tres mil seguidores, hice mi primer taller. Ahí me di cuenta de que es impresionante el impacto que tienen las redes. Eso me motiva mucho.
—¿Qué es lo que aprendiste en todo este tiempo?
—Que nunca vas a conformar a todos. Nunca vas a ser amiga de todos ni les vas a caer bien a todos. Entonces, tenés que trabajar en vos y seguir con tu personalidad. Y si a alguno le gusta, bien; y si al otro no le gusta, está bien también. Aprendí mucho sobre cómo comunicarme con las personas, qué es lo que siente el otro, o qué le gustaría. Y me encanta todo lo que es la comunicación, llegar tanto. Justo ayer me llegó el mensaje de una chica que me dice: "Me ayudás mucho, realmente me inspirás. Sabé que hay gente que te quiere". Y cuando te llega eso decís: "Algo estoy haciendo bien…". Sí, sí, realmente aprendí mucho. Sobre la personalidad también.
—¿Sentís que muchas chicas se identifican con vos, con tu historia?
—Sí. Y más ahora, en esta época. Hay mucho trastorno alimenticio, problema de alimentación, querer seguir un estereotipo pero no poder. Entonces cuando vos encontrás a alguien que no te da ese mensaje o que te quiere ayudar para que no sigas con eso que no está bueno, cuando conseguís a alguien que pasó lo mismo que vos, sentís como: "Che, ella vivió lo mismo…". Y yo creo que sí, que se llega a un montón, y que se puede relacionar.
—Si mirás para atrás, ¿hay algo que hubieses cambiado en tu historia?
—No, yo no hubiese cambiado absolutamente nada. ¿Sabés por qué? Porque si hubiese cosas que no hubiesen pasado, esto no sería posible. Si no me hubiesen dicho: "Che, gordi, baja los postres", "Che, Marti, estás muy flaca", "Che Marti, ¿no querés cambiar?", "¿No querés ir a un psicólogo?", "Tenés que ir a una nutricionista que te puede ayudar", o yo no hubiera visto los videos de YouTube, nada de esto hubiese pasado.
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