En un departamento de dos ambientes compartido con sus padres, empezó a escuchar música a los tres años: de Mozart a los Beatles. Pero lo atrapó el rock. Y terminó escribiendo su propia página en la escena nacional con los Ratones Paranoicos. Pero muchas cosas cambian con el tiempo. O evolucionan, tal vez. Y Juanse también puede inscribir su nombre allí.

Tras volcarse a la religión en un momento que no puede precisar, su mirada es muy distinta. Desde el vamos, hablando de música: ya no escucha rock sino canto gregoriano. Y hoy, lee el Antiguo Testamento. Además, en esta entrevista con Teleshow realiza una defensa a su amigo Pity Álvarez (confeso autor de un crimen) que traerá polémica. Quizás porque Juanse considera que "la lealtad es muy importante".

—¿Por qué tu nuevo disco se llama Stereoma?

—Vendría a ser la traducción del griego de firmamento. Y es un juego de palabras con el estéreo. Hablo de que es un proceso creativo también el stereoma, está en el Antiguo Testamento. Yo estoy estudiando y al leerlo no aparece muy frecuentemente en el relato, en la narrativa digamos, y me llamó mucho la atención. Me encantó el concepto.

—¿Qué te gustó de eso?

—Es el momento en que la creación empieza a diferenciarse: la división entre lo que es el Cielo y el límite del horizonte con la Tierra, o el mar. y me gustó.

— Hay un tema muy particular que habla de las pastillas..

—Fijate que si hacés una encuesta, digamos que no tan estadística, sino en general, entre amigos o gente conocidas, vas a ver que el 80% toma cosas para algo. Es una realidad.

¿De qué te salvó la religión?

—Fundamentalmente te salva de la pérdida de esperanza, de la pérdida de humor, de la pérdida de alegría, de la pérdida de creatividad. Te salva de los malos hábitos, te salva de un montón de circunstancias que, sin ayuda y el apoyo o la regencia de ese ente superior, uno no está en condiciones de llevar adelante. Tampoco podría yo mantener semejante estadio si no hubiera algo detrás, lo que nosotros llamamos Espíritu Santo. No soy yo, digamos, el que hace que ese fervor crezca y se regenere.

—¿Sentís que llegó tarde a tu vida?

—Llegó cuando tuvo que llegar. O sea, no hay un cuestionamiento, al contrario. ¿Cómo te puedo explicar? Por ahí llega cuando uno se encuentra preparado, o cuando hay una circunstancia extrema.

—Tu papá también era músico, ¿no?

—Sí, sí.

—¿Y cómo era esa relación?

—Muy buena, muy buena. Mi mamá, mi papá y yo eramos un trío, pero no de amigos, eh. O sea, mi papá siempre fue mi papá, fue la autoridad. Y mi vieja, al yo ser hijo único, era la sobreprotectora, obsesiva, pero con mucha dinámica, de explorar, de estar siempre en actividades o darme esa famosa libertad controlada de la década de los 70. De hacer lo que quiera pero saber dónde estoy.

—Y cuando vos le dijiste a tu papá que querías dedicarte a la música, ¿él te aconsejó que sí?

—Al ser músico mi papá, yo a los tres, cuatro años ya estaba escuchando a los Beatles, Brahms, Debussy, Mozart. Pensá que hasta que yo cumplí 22 años vivimos en un dos ambientes. Tuvimos 11 domicilios en Villa Devoto porque alquilábamos, entonces había que cambiar porque la renovación del alquiler siempre se transformaba en un precio superior, y había que mudarse. Eso nos dio una dinámica a la cual yo me acostumbré, yo fui muy feliz.

—¿Sos una persona muy prejuiciosa?

—No, no, para nada, para nada. Sí soy un poco autoritario. Pero desde hace muchos años pertenezco a una comunidad que me ha ayudado muchísimo a modificar esa situación. A través del padre Fernando Abraham, de la Comunidad de Avellaneda Jesús Pan de Vida, uno entra en contacto con otra dinámica. Ahí no hay jerarquías sociales.

—¿Te costó desprenderte de eso?

—No me costó porque en la conversión te desprendés al toque de toda la pavada, de la vanidad y todas esas cosas.

—Pero ayudame a entender algo: ¿cuándo fue el día que dijiste "Hasta acá llegó mi vida"? ¿O cómo se dio?

—No sucede así. No te lo puedo relatar…

—¿Hubo algún hecho o algo que digas: "No quiero más esto, no quiero más esta vida, quiero convertirme"?

—No, no hay. No te sabría decir. Sí hay cosas que marcan. Es como cuando te enfrentás a un Chrysler Carabela oxidado, ¿viste? Y te viene de frente. O sea, te tratás de correr. Eso es lo que hicimos. Lo que hicimos, digo, porque obviamente la operabilidad que adquirís no la tenés vos, está otorgada.

Ya no escucho rock sino canto gregoriano, que es lo más fabuloso que hay en el mundo

—¿Fue una búsqueda de ayuda?

—Es que no lo pedís… Tal vez sí haya pedido con mucha angustia e insistencia que se manifieste.

— ¿Sentís que se te pasó muy rápido desde que arrancaste hasta ahora?

—No, lo miro como algo que, bueno, es una gracia otorgada también, porque si no no hubiera podido hacer nada. O sea, no renunciar y retractarme de nada: yo sigo haciendo. El rock n roll es algo que está dentro mío, fue lo que yo recibí para poder expresarme. Y ahora creo que el verdadero testimonio es ese: hacer lo que siempre hice, pero en la condición en la cual me encuentro ahora.

—¿Seguís escuchando rock?

—No, la verdad que no.

—¿Te aburre?

—No me aburre, qué sé yo. Lo escucho porque tengo un programa de radio en Nacional Rock, La nave del rock, y ahí hay que programar y escuchar música. Y me engancho un poco de nuevo. Pero en realidad, si te digo lo que escucho… Escucho canto gregoriano, que es lo más fabuloso que hay en el mundo.

—Cómo lo tomaron en tu familia, tu esposa…

—Se fueron dando cuenta también de que esto empezaba a hacerme sentir bien, y que podía tener otra actitud frente a cosas que para mí antes eran terminantes.

—¿Como cuáles?

—Actitudes, situaciones… Ese desprendimiento que uno tiene. El tema de los malos hábitos y la falta de disciplina o las drogas generan como una especie de insensibilidad, un vacío del alma. Contenidas, a veces pueden llegar a terminar muy mal.

—¿Recuperaste ese tiempo perdido?

—Es que el tiempo es un absurdo. Por ejemplo, yo estoy casado desde hace 26 años, hubo crisis, hubo momentos complejos, te imaginás. Llega un momento en que se transforma en una especie de Premiere League donde no te podés ni lesionar ni echar para atrás ni arrepentirte, y si no hacés goles, el club te pone en el banco. Entonces, eso también de alguna manera interfirió. Pero siempre recibí mucho afecto, mucho amor por parte de ellos. Incuestionablemente, son el respaldo que tengo en la vida…

—¿Es fácil estar en una banda de rock?

—No es para nada fácil. Es hermoso, pero tiene un lado que es muy complejo: el desgaste de tener que resolver permanentemente. Y como te decía antes, hacer goles. No tenés otra.

—¿No se te permite el fracaso?

—Mirá, Ghandi decía una frase muy interesante: "Al principio te ignoran, después se burlan de vos y después te atacan, pero siempre triunfamos". Entonces, en el proceso de lo que vendría a ser la biología de la banda, digamos, nosotros atravesamos todos esos momentos. Cuando sos joven te fisuran, después te critican. Y estás por todos lados expuesto.

—Sé que hiciste un tema con Pity Álvarez. ¿Cómo fue ese encuentro?

—Con Pity tenemos una relación de muchos años..

—¿Qué pasó cuando te enteraste que había asesinado a una persona?

—Un gran dolor, por supuesto, desde el punto de vista de los dos aspectos. Se perdió una vida, eso nunca hay que dejar de tenerlo en cuenta; y por otro lado, se podría haber contenido la situación. Lo que pasa es que hay algo que toca los límites y somos nosotros mismos.

—¿Sentís que se pudo haber evitado?

—Yo no estoy en condiciones de decírtelo. Lo que sí, el ejemplo del padre César es un ejemplo importante de acompañamiento, de contención, de lealtad más que nada, que es muy importante. Obviamente, hay una patología, y cuando detrás de eso hay una figura, hay un protagonismo, hay un… ¿cómo te puedo explicar?

—Pero cuando te juntaste a hacer el tema, ¿vos ya lo notabas mal?

—No, no, yo nunca lo noté mal, jamás. Es muy educado, muy cariñoso, muy afectuoso. Y muy talentoso además. Entonces, ¿yo qué te puedo decir?

—¿Cuándo te enteraste no lo podías creer?

—No, pero uno lo teme. Porque hay que estar en esa situación también, ¿no? O sea, es incomprensible porque tenés que estar. Nadie va a poder entender lo que vos sentís. Viste cuando vos perdés a alguien y vienen y te dicen "Te acompaño en el sentimiento" o "Lo que necesites", en lo que vos sentís nadie puede acompañarte, ni nadie puede ponerse en tu lugar. Hace algunos meses perdí a un gran amigo mío de toda la vida, y por más que uno se distrae, hace lo que tiene que hacer, bueno…

Lo lamento, pero no voy a dejar de sentir lo que siento. Y al contrario: vamos a apoyarlo a Pity en todo lo que tenga que apoyárselo

—¿Pero vos decís que no podríamos entender lo que hizo Pity? ¿No podríamos entender su situación?

No lo podemos entender porque yo no sé qué hubiera hecho en la misma circunstancia. Nadie sabe lo que podría… No somos nosotros los que tomamos… No es una decisión, es una reacción. Entonces…

—¿Lo ves como una reacción?

— Claro. Es algo que solamente en esa circunstancia íntima del acontecimiento ocurre lo inexplicable.

—¿Pudiste hablar con él, tuviste comunicación ahora que está en el penal?

—No, no. No, hasta ahora no. Yo estoy al tanto de lo que ocurre a través del padre César. Yo lo lamento por los que puedan tener algún tipo de condicionamiento, pero no voy a dejar de sentir lo que siento. Y al contrario: vamos a apoyarlo en todo lo que tenga que apoyárselo.