En 1972 salió a la luz el primer disco de Sui Generis, Vida. Y a 45 años de ese momento histórico compartido con Charly García, Nito Mestre presenta un nuevo show en el que hace un repaso de toda su carrera. Esta vez en un formato trío, el músico reversiona sus grandes canciones, desde aquella época de Sui Generis hasta su etapa solista, pasando por Los Desconocidos de Siempre.

—¿Qué es lo que más te emociona de tu historia?

—Estar vivo (risas).

—¿Sí?

—Sí, porque cuando tuve todos los problemas con el alcohol: casi me muero. Entonces, es realmente lo que más disfruto. Algunos me dicen: "Ah, pero siempre se te ve feliz". Y sí, me salvé. O sea, me salvé trabajando, no es que me lo regalaron: hubo parte de suerte, parte del de arriba, y mucho de trabajo.

—¿Qué tipo de trabajo?

—Ponerse las pilas para rehabilitarse, dejar un problema como es el alcohol, el alcoholismo. Y hay que trabajar bastante porque hay que reeducarse, no solamente leer, ir a reuniones, juntarse con gente, y tiempo, tiempo, tiempo. Y paciencia. Y lleva tiempo, no es un automático, no es algo que digo: "Ah, dejé de tomar", y al otro día ya está, cambió tu vida. No. Hay que reeducar todo: la forma de pensar, la forma de vivir…

—¿Quién te ayudo?

—Me ayudaron grupos de apoyo, claro. Y una cosa fundamental fue pedir ayuda. Yo antes trabajaba en equipo, o decía que trabajaba en equipo, pero después de pedir ayuda sabés que decís "Esto, solo no lo puedo hacer". Entonces pido a ver con quién lo podría hacer, pido ayuda a la gente que sabe, o la gente que tuvo el mismo problema y que lo afrontó. ¿Sabés lo que tenés que hacer? Medio cerrar los ojos y decir no importa lo que opinen los demás, porque ahí influye mucho: "Eh, mira lo que está haciendo".

—¿El alcohol te hizo alejar de tu esposa, de tus amigos, de tu trabajo?

—Sí. Cuando estás mal no solamente se alejan, si no que vos también hacés lo posible para que se vayan. Cuando te quieren cuidar, las personas se esmeran mucho por cuidarte, y más si son cercanas. Y vos te ponés en rebelde y hacés lo contrario. Entonces… es bastante complicado para contar mucho, ¿no?

—¿Que le falta hoy al rock?

—Cantantes femeninas, ya que estamos hablando tanto del feminismo hoy día. Yo suponía que con una progresión geométrica de crecimiento de músicos iba a haber muchas más mujeres cantantes, que ejecuten instrumentos. Sí, las hay, pero creía que iba a haber muchísimas más. Cuando tengo que pensar hoy a qué cantantes femeninas invitar, me voy a olvidar de alguna, pero pienso en Hilda Lizarazu, Silvina Garré, Sandra Mihanovich, Fabiana Cantilo.

—Siempre escucho que a los chicos que quieren música les decís: "Hacé de todo".

—Cuando vos entrás en un teatro, el hombre de teatro, el actor de teatro, sabe adónde está la maquinaria, adónde está la subida, la bajada, las luces, los telones, cómo es la interacción con la gente, cómo trabajan los boleteros. Todo. Y cuando sos músico tenés que saber un poco de todo: de los equipos, el sonido, algo de luces… Aparte vos no trabajas solo: hay mucha gente que te ayuda a poner las luces, el sonido, con los asistentes, es todo un equipo para que algo funcione. Falta algo y el show no sale igual. Entonces, hay que hacerse de abajo. Nosotros empezamos cargando equipos y hacíamos de plomos, como se decía antes al asistente. Hacíamos el sonido, opinábamos sobre las luces, a veces vendíamos los shows. Manejábamos hasta los lugares a los que había que ir, antes con la Guía Filcar, ahora con Waze. Pero digamos que saber de todo es embeberse, y no solamente decir: "Yo subo, canto, me pongo frente al micrófono, me voy y no me importa el resto". A eso llamo saber de todo. Por supuesto, hay que estudiar música y tratar de ser lo más eficiente posible de movida, tomárselo como una profesión.

—Cuando recién comenzabas, ¿con qué soñabas?

—Con unir generaciones, de alguna manera, que vayan los padres con sus chicos a ver los shows, cosa que se está dando hace mucho tiempo. También soñaba cambiar el mundo. Bueno, no hace falta ser músico para desear, de joven, cambiar el mundo. Pusimos un granito de arena para ayudar, aunque por supuesto, nosotros soñábamos que íbamos a cambiar todo el mundo. Cuando Neil Armstrong fue a la Luna, le dijeron: "¿Está preparado?". "Yo sé manejar la nave, sé todo, ahora falta el de arriba y suerte", respondió. Y no sé qué porcentaje es el de arriba y qué es suerte, o si el de arriba influye con el grado de suerte.

—¿Creés que tuviste mucha suerte a lo largo de tu vida?

—Sí, sí. Me creo un tipo afortunado. En  la parte profesional, y en la parte personal, porque estoy casado con una mujer fantástica hace mil años. Y todo se fue dando. Por supuesto, con todas las subidas y bajadas que tiene la vida. O sea, no tuve una vida pareja, y quizás yo tampoco la deseaba. Y hay ciertas pérdidas: perdí a mi padre cuando tenía 11 años. Es un golpe doloroso. Pero me fui rearmando, tuve una madre maravillosa también. Tuve problemas con el alcohol después. Las subidas y bajadas que puedas tener con la carrera. Lo malo me ayudó a ponerme mejor.

—Hablando de tu esposa, recién me contabas que te casaste dos veces.

—Sí, soy insistente (risas). Nos casamos la primera vez. Y todo este problema con el alcohol empezó a influir a los ocho, nueve años. Después de diez años, cuando estaba mal, nos separamos. Y creo que a los dos años y medio, tres, nos volvimos a casar de nuevo.

—¿Lo seguís viendo a Charly?

—La última vez que lo vi fue en el homenaje que le hizo CAPIF a Palito Ortega, y yo estaba invitado. Lo vi mucho mejor. De hecho, después de que tocó con Palito le fui a que se había mandado un solo de teclado bárbaro. Y anda mucho mejor; yo creo que todavía se va a poner mejor. Depende mucho de él. Pero lo vi con mucho entusiasmo de ponerse (bien), no como otras veces, que estaba más flojo. Esperemos que siga así.

—Ustedes fueron al colegio juntos…

—Al Instituto Social Militar Doctor Dámaso Centeno, de Caballito. Colegio dependiente de militares, mixto. Y lo conocí en el tercer año de la secundaria, cuando teníamos 15. Él tenía una banda, yo tenía otra, y las fusionamos.

—¿Qué aprendiste a lo largo de todos estos años?

—En la vida algo fundamental: saber el manejo del tiempo, no desperdiciarlo. Cuando uno es más joven lo desperdicias bastante. Y yo he visto que los tipos que saben utilizar el tiempo y se enfocan en una determinada actividad, puede ser músico, ingeniero, el que creó Apple, etcétera, cuando dirigen su tiempo tienen más posibilidad de tener éxito en lo que quieren lograr. Y tienen el resto del tiempo para hacer lo que tengan ganas de hacer. El multitasking que hay ahora es fantástico, pero el enfocarse me parece más útil.

—¿Cuándo te diste cuenta o cuándo empezaste a enfocar bien tú tiempo?

—Cuando empecé a dejar de tomar alcohol, porque entonces te tenés que enfocar en un objetivo claro. Y debés hacer varias cosas que te conduzcan a ese objetivo. Tu cabeza va dirigiendo las acciones para llegar a eso. Y al tener ese objetivo uno maneja mejor los tiempos, no desperdicia. "¿Esto me sirve para lo que quiero llegar? No. ¡Chau!". A veces decir que no resulta engorroso para mucha gente, o a un tercero le puede llegar a molestar. Se acerca: "¿Tenés 15 minutos para mí?". "No, no tengo ahora, disculpame". De buena manera. "Eh, ¿cómo me vas a decir que no?". "No los tengo". Y aprender a decir que no. A mí no me cuesta tanto, me ayudó a enfocarme. Cuando en el año 2000 me reuní con Charly para hacer la reunión de Sui Generis, y él llevaba tres años de rehabilitación, le dije: "Voy a plantearte unos puntos para llegar al objetivo. Si cumplimos esos puntos lo vamos a poder hacer; si no, no". Y él los cumplió, a rajatabla.