Humilde, sencillo y sensible: así es Gonzalo Bambi Moreno Charpentier (33), integrante de Tan Biónica. Pero no viene a conversar con Teleshow acerca de su exitosa banda, sino a comunicar que acaba de lanzarse como solista. Su primer disco ya tiene nombre: El encuentro. Y no se basa en una temática específica sino que son canciones que hablan de un encuentro con él mismo.

Reconocido por su rol como bajista, productor y compositor de Tan Biónica, donde cosechó muchos éxitos junto su hermano Santiago Moreno Charpentier, fue Bambi el hacedor del apodo Chano. Y más allá del vínculo sanguíneo, siempre los unió la misma pasión por la música. Así sembraron el fanatismo de miles de jóvenes junto a Seby Seoane y Diega Lichtenstein, los otros integrantes de la banda.

Hoy, ya con caminos separados y nuevos desafíos, Bambi se prepara para presentar su disco en La Trastienda, el próximo 19 de agosto. Allí lo espera por primera vez pararse en un escenario como cantante, liderando una banda de cuatro músicos.

El proceso del disco tuvo un recorrido intenso ya que nació su hijo Félix, quien hoy tiene un año y medio, y lo ha cambiado por completo, llevándolo a un poco de caos y a redescubrir a ese niño interior, lo que se refleja en las canciones. También se inspiró en el amor de pareja, dedicándole a su esposa una canción muy profunda, Lo Nuestro, que ya interpretó arriba de un escenario junto a la cantante chilena Mon Laferte.

Aún con un largo camino por recorrer, Bambi dice que le falta aprender mucho, pero que nunca pensó que llegaría hasta donde lo hizo. Para eso aprovechó al máximo sus pocos recursos. Y hasta se prohibió el viaje de egresados con sus amigos para comprarse los equipos. Así, con trabajo, se consagró en la música. Y hoy se reinventa.

—¿Cómo vivís esta experiencia de solista?

—Para mí es un renacimiento artístico. Porque en los últimos 15 años estuve tocando en Tan Biónica, y ahora llegó El encuentro. Y ese es un encuentro conmigo: al ser un primer álbum, quería que surgiera de esa investigación que hice al irme a buscar un poquito más atrás, tratando de hurgar un poco más de mí.

—¿Y qué podemos encontrar en el disco?

—En realidad, ahora que tomo distancia me doy cuenta de que en el disco me hablo bastante. O sea, me digo algunas cosas para recordarlas, y encontré muchas que me estaban pasando. Entonces quizás aparecen ahí esas ideas de un modo bastante natural e intuitivo. Ahora estoy empezando a ver de qué se tratan, y entenderlas.

—¿Te sentís más preparado que antes para lanzarte como solista?

—Yo creo que tengo todo para aprender pero no tanto en contacto con la humildad sino porque el que se las sabe todas, está listo. Y todos los días el contacto con las personas, mirar a los ojos a la gente, tratar de ver qué es lo mejor de cada cosa, me lleva a una experiencia que termina enriqueciéndome. Por eso tampoco daba nada por sentado, y a la hora de hacer mi primer disco sentía que tenía todo para aprender. De hecho, es una forma completamente diferente a la que yo tenía.

—¿Qué se siente ser la cara de la música?

—Mucha ilusión. Se dice disco solista pero no lo hago solo: trabaja mucha gente en el disco y en el proyecto. Entonces, sería medio como desagradecido llamarlo así. Es el primero que lleva mi nombre. Y también va a ser el primer concierto de esa forma, y tengo que ir encontrándola.

—¿Tu canción "Lo nuestro" es una historia real?

—Habla un poco de cómo nos conocimos con mi mujer, de la primera vez que nos vimos. Cuenta cuáles son las impresiones que te llevás cuando tuviste un encuentro con alguien y te quedás pensando si lo vas a volver a ver. Esto pasó hace muchos años, 15, pero me acuerdo mucho de ese día: sentí algo especial, diferente a otras relaciones o a otros encuentros.

—Y ya sos padre…

—Sí. Tengo un hijo muy chiquitito que llega en este momento tan particular de mi vida, en ese hueco que me da la banda, para que empiecen a nacer otras canciones. Tener un bebé es toda una experiencia. El mundo se da vuelta patas para arriba.

—¿Te cambió la vida la paternidad?

—Uno piensa que va a llegar un hijo y que te vas a llenar de responsabilidades, y yo lo vi totalmente al revés: viene a ayudarme, a dar la mano, a acompañarme en la vida. Después veré qué puedo hacer, si seré o no un buen padre para él.

—¿Y qué te hizo descubrir Félix?

—Lo primero que hice fue divertirme. Tengo unos amigos que me dicen que hay que tener a los hijos todos juntos para sacárselos de encima. Yo los quiero disfrutar. A diferencia de los últimos años de mi vida, por primera vez no estaba en un hotel o arriba de un avión, sino en casa. Durante el embarazo sí tuve más viajes, y me dolía un poquito no estar compartiendo eso. Pero cuando Félix nació ya me tocó compartir mucho tiempo con él, mientras hacía el álbum. Y fue muy inspirador para mí.

—¿Te gusta empezar de cero con este nuevo proyecto?

—En este sueño que para mí es la música, cuando a los nueve o diez años empecé a hacer canciones, no me imaginaba ni un Luna Park. Es una cosa que es muy difícil de procesar recibir tanto cariño de la gente, o que nuestras canciones lleguen tan lejos. Me acuerdo que cuando presentamos Obsesionario con Tan Biónica, lo hicimos en La Trastienda, que es el lugar donde voy a tocar ahora. Y la vida me pone todo el tiempo ese tipo de ejemplos. Es un recomienzo, un volver a empezar, pero a la vez las situaciones son las mismas. Cada vez que me enfrento a una hoja en blanco o a una guitarra y digo que voy hacer algo nuevo no tengo ni idea de lo que va a pasar realmente. No lo sé.

—¿De qué habla tu canción "El sendero de los caminos lentos"?

—Me gusta la idea de la cosa paulatina, lenta, y que se va construyendo con pasos más sólidos. Lo veo en el amor pero también lo veo en la música. Con la banda nos pasó crecer mucho para arriba en cinco o seis años, y de una forma muy importante. Pero cuando vas para arriba, si no crecés un poco horizontalmente los cimientos se mueven un poco. Entonces yo creo un poco en esa idea del sendero de los pasos lentos, que es un lugar al que vas pero no hay apuro porque del otro lado está la ilusión, los sueños; no hace falta correr.

—¿Te sentís cómodo en la estructura?

—La estructura es medio mala compañera. A la hora de la composición, me gusta más un poco de caos. Y un nene chiquitito te ayuda mucho porque dormís a cualquier hora, te tira comida en la cara, te conecta con un niño y con un bardo que no tenías hace mucho tiempo. Y me hizo muy bien, me enriqueció mucho, me trajo mucha energía y vitalidad.

—¿Cómo te ves dentro de un tiempo, con qué te imaginás o qué soñás?

—Sueño mucho con la música. Muchas canciones las escribí en el medio de la noche con una idea musical, y la tuve que bajar de alguna manera. Sueño mucho despierto también, con poder encontrar una forma de comunicarme con el que está ahí del otro lado de las canciones. No intentar nada, ni ningún tipo de mascarada. El hecho de poder hacer este disco y llamarme Bambi es un atajo porque la gente más o menos me conocía de ahí: soy Bambi de Tan Biónica. Mi nombre es Gonzalo. No es muy conocido.

—¿Y por qué te dicen Bambi?

—Me lo puso mi hermano Chano: viene de bambino por ser el hermano más chico.

—¿Hay algún otro hermano que se dedique a la música?

—Tenemos muchos hermanos pero ninguno más se dedica a la música. Por ahora. Denles tiempo, quizás… Nosotros empezamos más chiquitos pero tampoco había una tradición familiar artística. O sea, yo empecé con la guitarra, después le enseñé (a Chano) a hacer canciones, teníamos una banda de punk rock en los primeros años de la adolescencia.

—¿Qué pensaba tu mamá cuando los dos decidieron abocarse a esta profesión?

—Supongo que tendría miedo y quería que laburáramos, no sé… Yo creo que ella es muy feliz con que los dos podamos realizar tantas cosas como artistas.

—¿Cómo era tu infancia?

—Cuando era chiquito y jugaba con la guitarra decía que me alcanzaba con el fogón del colegio. En el viaje de egresados de séptimo grado a Carlos Paz, porque al de quinto año no fui para comprarme el bajo, ya me llevé la guitarra y en el fogón me daba cuenta que yo tocaba y los otros se quedaban con las chicas… Para conquistar no me sirvió, pero sí empecé a conectarme con la música desde un modo muy natural, como algo que me gustaba mucho. Siento que tengo 33 años y recién estoy empezando y tengo todo para aprender y todo por vivir. Hacer este disco fue una experiencia alucinante para mí y todos los que hice antes, todos los que voy hacer…

—¿Es fácil trabajar con tu hermano?

Trabajar juntos durante tantos años que no es para nada fácil. La relación con Chano la extiendo un poco con Diega y con Seba, mis compañeros de Tan Biónica: es una relación de hermandad muy fuerte. Pasamos de ser adolescentes a atravesar la vida juntos arriba de aviones, de colectivos, de escenarios, de estadios, de miles de situaciones gloriosas, y de las menos, porque laburamos muchísimo para llegar adonde estamos. Y eso te termina hermanando, generando un compartir diario que es como tu familia. Ahora este es un momento diferente.

—¿Cada integrante de Tan Biónica está haciendo su carrera solista?

—Empezó Chano, incluso antes de que saliera "Color", mi primera canción: salió con un tema y hace poquito sacó otro. Los otros chicos ya les contarán, pero están haciendo unos proyectos que están buenísimos.

—¿Extrañas algo de Tan Biónica?

—Pasó poco tiempo en realidad. Los grupos tienen esa cualidad como de escuadrón artístico, como que vamos para adelante en bloque. Es una fuerza muy poderosa. Me sentí muy angustiado cuando en el primer tiempo no le encontrábamos la vuelta, y decidimos parar un cachito. Me parece que los grupos tienen una química irrepetible y en este tiempo también estoy aprendiendo a redescubrir otro camino.