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“Mi misión era sacar a los bailarines de la comisaría”: el crudo relato de Moria Casán sobre una escena de su serie

En su biocpic, la diva refleja cómo se convirtió al teatro y la noche en espacios de protección. Su vínculo con las minorías y la gratitud que celebra hasta hoy

Moria Casán mencionó su apoyo a las minorías y recordó un hecho ocurrido en la dictadura militar (Bailando 2023. América)
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La imagen de Moria Casán enfrentando al personal de una comisaría en los años ‘70, decidida a liberar a sus bailarines, sintetiza un momento clave de su vida y de una época marcada por la represión. En la reciente biopic estrenada en Netflix, la secuencia teatralizada —con Sofía Gala en la piel de su madre— retrata ese instante con crudeza y precisión. La escena no es solo una anécdota personal: expone el riesgo y la violencia a la que estaban expuestas las disidencias sexuales durante la dictadura militar argentina, y la forma en que el espectáculo se convirtió en refugio frente al hostigamiento policial.

La propia voz de Moria en el relato lo resume sin filtros: “Durante la dictadura, ser diferente te podía costar la vida. Putos, tortas y travas construyeron su refugio de fiesta y fantasía, y me abrazaron hasta iconizarme como el gran puto argentino”. Esta declaración no solo revela el contexto de miedo y persecución, sino también la manera en que figuras del arte y el entretenimiento se transformaron en aliadas y referentes para los colectivos más vulnerables. En esos años, la noche porteña se convertía en territorio de resistencia.

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Moria, desde su rol central en los teatros de revista, no dudó en asumir una postura activa frente a la represión. El episodio en la comisaría —entrando a buscar a sus “chicos”, como los llama— es parte de una experiencia reiterada de acompañamiento y defensa. La artista no solo brindaba trabajo y contención, sino que también se involucraba directamente cuando sus bailarines eran víctimas de hostigamiento.

La biopic lo muestra como un acto de coraje, pero también de empatía genuina: salir de la comisaría con ambos jóvenes a su lado, en medio de la dictadura, tenía un significado político y humano de alto riesgo.

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El impacto de aquel acto trasciende el hecho puntual. Moria misma contó en diferentes oportunidades cómo la comunidad LGBTIQ+ la abrazó y la elevó a la categoría de referente. La identificación de la artista con quienes vivían en los márgenes no surgió de una estrategia de posicionamiento, sino de una convivencia cotidiana y de una solidaridad construida en la adversidad.

Décadas más tarde, en el marco del Bailando 2023, Moria volvió a mostrar su compromiso durante la participación de dos chicas trans, que se presentaron como Sol 1 y Sol 2, quienes bailaron junto a Romina Uhrig. Al momento de la devolución, la entonces jurado se quebró. “Nace una estrella para mí hoy, acá. Por la impronta, por el desenfado, por cómo se para, por cómo maneja el escenario. No te estoy halagando, mi amor, te estoy diciendo la verdad. Yo sé que te emocionás, yo me emocioné cuando ustedes lo abrazaron a Marcelo y le dijeron ‘gracias’, porque sé que es un sueño cumplido. Son personas grandes que han pasado por todo. A mí también me da ganas de llorar, de verdad. No puedo contener la emoción. Yo siempre estuve al lado de la marginalidad, perdón”, dijo, con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada.

Moria se cuidó de aclarar que no buscaba ocupar un lugar ni apropiarse de causas ajenas: “No quiero hacerme la gurú de nadie, ni la feminista, ni la que ocupa lugares. Yo, desde el año ‘70, estaba en los teatros y mi misión era ir a la comisaría a sacar a mis amigos bailarines. Sé por lo que pasan, sé de qué se trata. Y me emocionaron muchísimo. No sé por qué lloro tanto”.

La escena en la serie muestra a Sofía Gala en el rol de su madre encarando a un comisario. Con todo su encanto, le pide por la liberación de “mis chicos”, dos bailarines que trabajaban en su revista y que se encontraban demorados por “exhibicionismo”, un eufemismo para enmascarar la persecución que sufrían las minorías. Moria resuelve el asunto con su seducción natural, invitando al superior y al resto de la seccional al teatro, y la noche culmina en un gran festejo en la zona del Tigre.

Sofia Gala, en la piel de Moria Casán (Cr. Alina Schwartz / Netflix ©️2025)
Sofia Gala, en la piel de Moria Casán (Cr. Alina Schwartz / Netflix ©️2025)

En ese mismo espacio televisivo, Moria relató una experiencia personal que refuerza su vínculo con los procesos de búsqueda de identidad de género. “Entiendo la vida, porque una amiga mía, Ana Lupes, decidió hacerse mujer viviendo en mi casa, cuando se puso un sobretodo de una pareja mía y se fue a sacar un pasaporte para sentirse mejor, para sentir que era una mujer en otro cuerpo. Conozco la lucha, las quiero, las respeto, voy a estar siempre al lado de ustedes, y sin ningún oportunismo, porque lo siento. Por todo eso, mi mejor nota para ustedes”, concluyó en medio de lágrimas, alentando a las concursantes para seguir peleando por sus sueños.

Al cierre de su intervención, Moria dejó en claro que los logros de la comunidad LGBTIQ+ no son el resultado de una moda ni una concesión, sino de años de pelea y resistencia. “La marcha del orgullo gay es para celebrar, pero esta es una lucha de años. Y tiene que seguir. A no bajar los brazos”, señaló, reivindicando el carácter colectivo y persistente de la búsqueda de derechos y reconocimiento.

La biopic de Moria en Netflix, al recuperar la escena de la comisaría y las palabras de la propia artista, revaloriza el papel de quienes, desde el arte y la vida cotidiana, enfrentaron el miedo y la violencia con acciones concretas. El gesto de entrar a una comisaría y exigir la libertad de dos jóvenes detenidos por ser “diferentes” es, al mismo tiempo, un acto de amor y de desafío. Como ha dicho Moria, “sé por lo que pasan, sé de qué se trata”.

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