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Estar en internet no es gratis: así ‘pagas’ por usar redes sociales, escuchar música o buscar información

Desde el momento en que se crea una cuenta, un usuario está pagando con sus datos el acceso a esa plataforma

Los servicios gratuitos de Internet funcionan a cambio de datos personales que los usuarios entregan al crear cuentas, aceptar cookies o usar geolocalización. (REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración)
Los servicios gratuitos de Internet funcionan a cambio de datos personales que los usuarios entregan al crear cuentas, aceptar cookies o usar geolocalización. (REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración)
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El acceso a servicios gratuitos en Internet, como redes sociales, buscadores y aplicaciones, no es gratis. Aunque no tiene ningún costo crear una cuenta o usar la mayoría de sus funciones, los usuarios están ‘pagando’ con algo más que dinero: datos personales.

Si bien esto no es algo oculto por las aplicaciones o las plataformas, que en sus términos y condiciones hablan del tratamiento de datos, hay muchos usuarios que pasan esto por alto y no tienen los cuidados necesarios, porque aunque existe un uso legal de esa información, también hay actividades ilícitas de las que debemos estar atentos.

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Cómo se paga con datos en los servicios gratuitos de Internet

Cada vez que un usuario crea un perfil, acepta unas cookies o utiliza una función como la geolocalización, entrega fragmentos de información que, sumados, permiten a las plataformas construir perfiles detallados.

Según Pintos & Salgado Abogados, firma especializada en derechos digitales, “no pagamos con dinero, pero sí con otro bien tanto o incluso más preciado: nuestros datos”. Esto incluye nombre, dirección de correo, historial de búsquedas, intereses, relaciones y hasta datos bancarios cuando se utilizan determinados servicios.

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Primer plano de una mano sosteniendo un teléfono inteligente con pantalla que muestra gráficos digitales y un icono de escudo, simbolizando la ciberseguridad y la protección de datos en dispositivos móviles.
El pago con datos personales comienza cuando el usuario acepta términos y políticas de privacidad sin una lectura profunda. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El proceso de pago con datos inicia con la aceptación de términos y políticas de privacidad, generalmente sin una lectura profunda por parte del usuario. Las grandes tecnológicas como Facebook o Amazon logran así acceder a miles de millones de puntos de datos, que utilizan para personalizar servicios y, sobre todo, para segmentar la publicidad.

La información que proporcionamos, tanto de forma consciente como inconsciente, alimenta un sistema que transforma cada clic, pausa o compra en una pista sobre quiénes somos y cómo puede captarse nuestra atención.

Cuáles son los usos lícitos e ilícitos de los datos de los usuarios

Grupo Atico34, firma especializada en protección de datos, asegura que los usos lícitos ocurren cuando el usuario ha sido informado y ha dado su consentimiento.

En estos casos, los datos se utilizan para mejorar la experiencia, personalizar servicios y dirigir publicidad según los intereses del usuario. Las plataformas pueden incluso ceder los datos a terceros, siempre que se respete la normativa vigente y se informe de forma clara.

Una persona encapuchada teclea en un portátil. Frente a ella hay tres monitores que muestran código, gráficos y una calavera roja. Hay latas y envoltorios.
Los usos ilícitos de los datos personales surgen cuando se obtienen sin consentimiento o se destinan a fines distintos de los autorizados. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, no todos los usos respetan este marco legal. Los usos ilícitos aparecen cuando los datos se obtienen sin consentimiento o se utilizan con fines distintos a los consentidos.

Esto puede suceder mediante ataques informáticos, técnicas de phishing, ingeniería social o la venta directa de bases de datos en la dark web.

Europol describe el mercado negro de datos como un ecosistema en la dark web donde se comercializan contraseñas, accesos a cuentas y bases de datos robadas. El valor de estos datos depende de su actualidad y utilidad: pueden facilitar fraudes, suplantaciones de identidad, extorsiones o contrataciones fraudulentas.

Dos antecedentes que han marcado la protección de datos

La historia reciente está marcada por filtraciones y escándalos derivados del mal uso de datos personales. Uno de los ejemplos más notorios es el caso de Ashley Madison, la web de contactos que en 2015 sufrió el robo de información de 39 millones de usuarios.

Entre los afectados había figuras públicas y miembros de distintos ámbitos sociales, lo que derivó en chantajes, extorsiones y graves daños a la reputación personal y profesional. El caso dejó en evidencia que la seguridad absoluta no existe cuando se trata del almacenamiento masivo de datos y que la información personal es un activo codiciado tanto por delincuentes como por competidores.

El caso Cambridge Analytica mostró que los datos de Facebook pueden usarse para segmentar mensajes políticos e influir en campañas electorales. (Foto: Archivo)
El caso Cambridge Analytica mostró que los datos de Facebook pueden usarse para segmentar mensajes políticos e influir en campañas electorales. (Foto: Archivo)

Otro caso emblemático es el de Cambridge Analytica. A través de una aplicación aparentemente inocente en Facebook, la empresa accedió a los datos de al menos 50 millones de perfiles, aunque solo 270.000 usuarios habían dado consentimiento explícito.

Esta información fue utilizada para segmentar mensajes políticos, influir en campañas electorales y polarizar a la opinión pública. La investigación posterior demostró que los datos personales, aunque se entreguen para un propósito específico, pueden acabar siendo utilizados para objetivos completamente distintos o incluso ilícitos.

Cómo proteger la privacidad digital en los servicios gratuitos

Los expertos de Grupo Atico34 y Pintos & Salgado Abogados recomiendan adoptar una actitud activa para proteger la privacidad: leer detenidamente las políticas de privacidad y cookies, configurar las opciones de los perfiles de manera restrictiva, rechazar cookies innecesarias y ser selectivo con la información compartida.

Limitar los permisos de aplicaciones y desconfiar de solicitudes de datos bancarios o códigos de verificación son medidas esenciales para reducir la exposición y el potencial abuso.

El precio de la gratuidad depende, en última instancia, de lo que cada persona está dispuesta a entregar y de lo que otros pueden llegar a construir con esos datos.

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