
Conectarse a una red WiFi pública puede resultar tentador cuando se necesita acceder a internet fuera de casa. Sin embargo, hacerlo sin precauciones expone el equipo y los datos personales a riesgos que muchas veces se subestiman.
Existe un truco sencillo en Windows que permite reforzar la seguridad en estos entornos: ajustar correctamente el perfil de la red para que el sistema la trate como pública.
Al ingresar a la red de un aeropuerto, hotel o cafetería, el equipo comparte conexión con desconocidos. Muchos usuarios no tienen en cuenta que Windows puede estar comportándose en ese entorno como si estuviera en un espacio privado, facilitando el acceso a recursos y dejando abiertas puertas que no deberían estarlo en lugares ajenos. Una configuración que se puede cambiar con este truco que dejamos desde Infobae Tecno.
Cómo funciona el ajuste de red pública en Windows
Cuando un dispositivo con Windows 10 o Windows 11 se conecta por primera vez a una red, el sistema solicita identificarla como pública o privada. Esta elección no es menor: determina el nivel de visibilidad y apertura del equipo frente a otros usuarios conectados.

Si se marca una red como privada, Windows la considera segura. Permite que el equipo sea visible, facilita el descubrimiento de dispositivos y activa servicios de uso compartido, como archivos o impresoras. Esto resulta útil en el hogar o en una oficina pequeña, donde se conoce y controla a los demás usuarios.
En contraste, el perfil público está diseñado para entornos donde no se tiene control sobre quién más se conecta. Al seleccionar “pública”, el sistema oculta el equipo, desactiva el uso compartido y aplica reglas de firewall más estrictas, bloqueando conexiones entrantes no solicitadas. Esta configuración es la recomendada para bares, hoteles, bibliotecas o cualquier espacio con WiFi abierto.
La decisión de Windows se toma la primera vez que se entra a una red, con la pregunta: “¿Quieres que este PC sea detectable?”. Muchos usuarios contestan sin prestar atención, lo que puede dejar el equipo expuesto en redes peligrosas. Por eso, revisar el perfil asignado y corregirlo si es necesario es fundamental.
Para cambiar el perfil de la red en Windows 10 o Windows 11, hay que abrir la aplicación de Configuración, ingresar en el apartado de Red e Internet, acceder a la sección de WiFi y pulsar sobre el nombre de la red conectada para ver sus propiedades.

Allí aparece el apartado de Tipo de perfil de red, con las opciones privada y pública. En cualquier red que no sea la del hogar o la oficina, la opción correcta es pública.
Beneficios de marcar una red como pública en Windows
La principal ventaja de activar el perfil público es que el equipo queda oculto para otros dispositivos en la misma red. Esto reduce la superficie de ataque, dificulta que posibles intrusos identifiquen el dispositivo y limita lo que pueden intentar hacer sobre él.
Además, al no ofrecer recursos compartidos ni anunciar servicios, se cierran oportunidades para que atacantes exploten vulnerabilidades o accedan a archivos personales. Las reglas de firewall se endurecen, bloqueando intentos de conexión no solicitados que podrían provenir de usuarios malintencionados.
Es un gesto sencillo, pero con impacto real: al marcar la red como pública, Windows activa su modo defensivo, restringiendo al máximo la exposición del equipo. Así, se evita que el portátil viaje “de puertas abiertas” por redes de ferias, hoteles o cafeterías.
Este ajuste, aunque poco conocido, constituye una barrera adicional frente a los riesgos de las redes abiertas. Si bien no reemplaza el uso de otras medidas como el antivirus o una VPN, contribuye a mantener la privacidad y la integridad de la información.

Riesgos de conectarse a redes WiFi públicas
A pesar de las precauciones, las redes WiFi públicas son entornos propensos a ataques. Según Kaspersky, la falta de autenticación en estos puntos de acceso permite que cualquiera se conecte, lo que favorece la presencia de hackers.
Uno de los métodos más peligrosos es el “ataque de intermediario”, donde el atacante se coloca entre el usuario y la red, interceptando el tráfico. Así, puede acceder a correos electrónicos, credenciales bancarias y contraseñas. Si el equipo está configurado como privado, con servicios compartidos activos, el riesgo aumenta considerablemente.
También existe la posibilidad de que los atacantes distribuyan malware a través de la red. Si está habilitada la función de compartir archivos, pueden instalar software malicioso sin que el usuario lo advierta. En otras ocasiones, el hacker modifica el punto de acceso para mostrar ventanas emergentes con supuestas actualizaciones de software, que en realidad son programas dañinos.
La información comprometida puede incluir desde datos personales hasta información empresarial confidencial.
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