
La nave Orión de la misión Artemis 2 enfrentará uno de los retos más extremos de la exploración espacial moderna al regresar de su vuelo tripulado alrededor de la Luna. La cápsula de la NASA entrará en la atmósfera terrestre a una velocidad de 38.600 kilómetros por hora, generando temperaturas de hasta 2.760°C sobre su escudo térmico.
Este escudo será la única barrera entre los cuatro astronautas y el abrasador entorno del reingreso, y su correcto funcionamiento resulta vital para la seguridad de la tripulación.
Un desafío térmico en el regreso lunar
La cápsula Orión, diseñada por la NASA, transportará a Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen en el primer viaje tripulado de regreso a la Luna desde el programa Apolo. El escudo térmico de la nave —con 5 metros de diámetro— deberá soportar fuerzas y temperaturas comparables a la mitad de la superficie visible del Sol.
La protección depende del material ablativo Avcoat, formulado para absorber y disipar el calor extremo mientras la nave reduce su velocidad hasta amerizar en el océano Pacífico.
Amit Kshatriya, administrador asociado de la misión, afirmó en un comunicado a la prensa: “tenemos mucha confianza en el sistema, en el escudo térmico y los paracaídas, así como en los sistemas de recuperación que hemos integrado”. La confianza se apoya en los resultados de la misión Artemis 1, que en 2022 probó la cápsula sin tripulación y validó su capacidad para resistir el reingreso. Sin embargo, el escudo experimentó daños inesperados que generaron inquietud en el equipo técnico.
Problemas detectados durante Artemis 1
Durante el vuelo de prueba de Artemis 1, la cápsula siguió una trayectoria de reingreso denominada “skip”, un método en el que la nave rebota parcialmente en la atmósfera antes de realizar la caída final. El objetivo es disminuir la velocidad y ampliar las opciones de amerizaje ante posibles condiciones climáticas adversas.
Tras la recuperación, ingenieros de la NASA identificaron más de 100 puntos donde el material Avcoat mostró un desgaste distinto al previsto. Porciones de la capa externa se fragmentaron y desprendieron en forma de residuos, en lugar de fundirse progresivamente como estaba diseñado.
El análisis posterior reveló que el daño se relacionó con la permeabilidad insuficiente del material. Durante la primera fase de reingreso, el calor permitía que los gases generados por la descomposición interna escaparan a través de la capa externa. Al salir de la atmósfera y perder temperatura superficial, la capa “char” dejó de ser permeable, mientras el interior aún retenía altas temperaturas y generaba gases. La presión interna, sin vías de escape, rompió la superficie y expulsó fragmentos del escudo.

Ajustes en la misión Artemis 2
A pesar de los problemas detectados, la NASA decidió mantener el escudo original en la cápsula de Artemis 2, idéntico al de la misión anterior. Reemplazarlo por un nuevo diseño habría supuesto un retraso de al menos 18 meses. La solución adoptada fue modificar la trayectoria de reingreso.
El nuevo perfil reduce el tiempo fuera de la atmósfera tras el primer contacto, manteniendo temperaturas más altas en la capa exterior y permitiendo que el material siga “respirando”, liberando gases y evitando la acumulación de presión interna.
Este ajuste implica una reducción en la distancia de maniobra para el amerizaje, pero los ingenieros consideran que el riesgo es inferior al de repetir el comportamiento observado en Artemis 1. Una revisión independiente apoyó la decisión tras extensas pruebas en túneles de viento, pruebas láser y simulaciones de alta velocidad.
Confianza y escepticismo en la protección térmica
El comandante Reid Wiseman expresó su tranquilidad tras presenciar la investigación y los resultados de los ensayos, destacando el nivel de detalle y el rigor científico de la NASA. “Si hubieras estado en las reuniones y escuchado a los expertos, compartirías la misma confianza”, afirmó. Victor Glover también manifestó respaldo a la solución, aunque reconoció la exigencia y los cuestionamientos planteados por especialistas externos.
No todos los expertos comparten ese optimismo. El exastronauta Charles Camarda criticó la decisión de volar con el diseño actual, alegando que los ingenieros no comprenden plenamente la causa raíz de los daños y no pueden prever todos los escenarios posibles. “La historia demuestra que los accidentes ocurren cuando las organizaciones creen entender problemas que no comprenden”, escribió en una carta al administrador de la NASA.
La agencia espacial estadounidense sostiene que la combinación de datos de vuelo, pruebas de laboratorio y análisis independientes respalda la seguridad del diseño y del perfil de reingreso. El sistema de escudo térmico de Orión representa uno de los puntos críticos de la misión, y su desempeño será observado con atención por la comunidad internacional.
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