
Hoy se espera que la cápsula Orión de Artemis II americe en el océano Pacífico, tras un viaje de 10 días en el que cuatro astronautas completaron la vuelta a la Luna. Al regresar, la tripulación será recibida con atención médica especial, ya que se anticipan cambios en su cuerpo relacionados con la exposición al espacio, como alteraciones en el equilibrio, el sistema cardiovascular y la masa muscular.
Durante su estadía en el espacio, los astronautas han seguido una estricta rutina de ejercicios para contrarrestar la pérdida de masa muscular y densidad ósea provocadas por la microgravedad.
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Los equipos de rescate y médicos se preparan este viernes para recibir a Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, quienes enfrentarán intensos cambios fisiológicos y deberá seguir protocolos específicos para su recuperación.
Artemis II es la primera misión tripulada en más de 50 años que logra circunnavegar la Luna y supone un nuevo escenario experimental para la medicina espacial.
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Ejercicio a bordo: una rutina esencial para la salud en el espacio
Durante la misión, cada astronauta de Artemis II dedicó 30 minutos al día a entrenar con un volante de inercia, un aparato de apenas 14 kilogramos que permite realizar movimientos de fuerza y resistencia. “El dispositivo funciona como una máquina de remo y permite sentadillas, peso muerto y remo ergométrico”, detalló la doctora Patricia Sawyer-Simmons de la Florida Gulf Coast University. Este entrenamiento permite frenar la pérdida de un 1% a 1,5% de densidad ósea por mes y la atrofia muscular, dos consecuencias directas de la falta de gravedad.
La práctica no solo apunta a conservar la estructura ósea y muscular, sino que previene complicaciones metabólicas como el incremento de calcio en sangre, que aumenta el riesgo de cálculos renales. El sistema de resistencia del volante se regula según la fuerza de cada usuario y soporta cargas de hasta 181 kilogramos. “El ejercicio favorece tanto la función mental como la física. Son deportistas de élite y deben rendir en ambos frentes”, subrayó Sawyer-Simmons.
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Además, la NASA reportó que la rutina física ayuda a compensar los efectos de la desincronización de los ritmos circadianos, una alteración habitual en misiones lunares que puede causar insomnio y fatiga crónica.
El impacto de la microgravedad en músculos, huesos y órganos
En ausencia de gravedad, los músculos pierden volumen y fuerza. Los huesos, privados de la carga habitual, reducen su densidad mineral y se debilitan. Según la NASA, este proceso es inevitable pese a rutinas estrictas de ejercicio. “La reducción de masa muscular en microgravedad obedece a la falta de resistencia constante que la gravedad terrestre impone sobre piernas, espalda y otras áreas clave”, explicó la agencia en un informe.
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En estos diez días pudieron haber sufrido una reducción de entre el 1% y el 2% de la masa muscular, especialmente en piernas y espalda. La acumulación de líquidos en la parte superior del cuerpo genera el efecto de “cara de luna”, mientras que la disminución de la densidad ósea puede derivar en osteoporosis acelerada.
A nivel inmunológico, estudios recientes de la NASA confirmaron que tras misiones espaciales anteriores se observó una caída en la eficacia del sistema inmune, lo que eleva la vulnerabilidad a infecciones en el periodo inmediatamente posterior al regreso.
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Reentrada y regreso: riesgos cardiovasculares y pérdida de equilibrio

La fase de reingreso a la atmósfera representa un desafío extremo para el organismo. De acuerdo a datos del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, los astronautas de Artemis II soportaron fuerzas de hasta 3,9 veces la gravedad terrestre durante la reentrada. Estas condiciones extremas pueden provocar fatiga, desorientación y mareos, por lo que la NASA exige una extracción paulatina y una inmediata evaluación médica antes de abandonar la cápsula.
El regreso a la gravedad terrestre demanda que el sistema cardiovascular y el sentido del equilibrio se readapten. “No es que se olvidan de caminar, pero no pueden mantener el equilibrio”, explicó Tartaglione. Los astronautas quedan vulnerables a trastornos del sueño, alteraciones visuales y una disminución temporal del sistema inmune, fenómenos que requieren monitoreo médico exhaustivo tras el amerizaje.
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Durante la fase más crítica de la reentrada, la comunicación entre la cápsula y la Tierra se interrumpe varios minutos debido al plasma que envuelve la nave. Este ‘blackout’ es un momento de máxima tensión donde los sensores internos registran datos vitales sobre la integridad de la cápsula y la salud de los tripulantes, información clave para futuras misiones.
Protocolo de recuperación: ciencia, monitoreo y adaptación
El protocolo de la NASA tras el amerizaje en el Pacífico incluye inspección de la cápsula, recolección de datos de los sistemas embarcados y estabilización del módulo con dispositivos de flotación. La tripulación permanecerá cerca de dos horas dentro de Orión antes de ser extraída por los equipos de rescate y trasladada al buque USS John P. Murtha. Allí recibirán las primeras evaluaciones médicas y, luego, volarán al Centro Espacial Johnson para estudios más detallados.
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La NASA también monitorea posibles alteraciones psicológicas, como ansiedad o estrés postmisión, ya que el aislamiento y la exposición a ambientes controlados durante días pueden afectar la salud mental de los astronautas. Se realizan entrevistas y evaluaciones psicológicas durante y después del viaje para anticipar y tratar posibles efectos adversos.
La NASA considera el programa de ejercicios y el monitoreo médico de Artemis II como una prueba crucial para futuras expediciones a la Luna y Marte. La experiencia acumulada en la Estación Espacial Internacional sirvió de base para diseñar rutinas eficientes en espacio reducido y con recursos limitados. “El objetivo es que, al regresar, los astronautas puedan readaptarse sin complicaciones graves”, concluyó la agencia en su balance.
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