Si tienes más de 30 y sigues jugando videojuegos no eres inmaduro: la ciencia lo explica

La generación que creció en los 80 y 90 le da un lugar diferente a estas experiencias, viéndolas como una recompensa

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El estigma sobre adultos y
El estigma sobre adultos y videojuegos persiste, pese a los avances sociales y culturales en generaciones nacidas en los 80 y 90. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante décadas, la imagen de un adulto enganchado a los videojuegos fue vista con desprecio y burla. Las generaciones que crecieron en los años 80 y 90, hoy superando los 30, han desafiado ese estigma, manteniendo una pasión por el juego que la psicología y la sociología contemporáneas buscan explicar con nuevas claves.

Por qué existe el estigma de la inmadurez

Hasta hace poco, la persistencia en el mundo de los videojuegos más allá de la adolescencia era interpretada como un síntoma de inmadurez. Se asumía que un adulto debía dejar atrás estas prácticas para asumir las responsabilidades propias de la vida adulta.

Sin embargo, investigaciones recientes revelan que la afición por los videojuegos en los 30 y más allá, responde a factores mucho más complejos y racionales que una mera evasión.

Los millenials, considerados durante años la generación mejor preparada académicamente, crecieron con la promesa de que el estudio y el esfuerzo les garantizarían un futuro más próspero que el de sus padres.

Solo el 50% de los
Solo el 50% de los millenials logró superar el estatus económico de sus padres, según datos del economista Raj Chetty de Harvard. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El economista Raj Chetty, de la Universidad de Harvard, demostró que esa promesa se rompió: solo el 50% de los nacidos en los 80 lograron superar el estatus económico de sus padres, frente al 90% de la generación anterior.

Este desencanto colectivo ha influido notablemente en la motivación y el bienestar psicológico de quienes hoy son adultos jóvenes.

En este contexto, los videojuegos ofrecen un espacio alternativo donde las reglas son claras, las recompensas inmediatas y el progreso depende exclusivamente de la habilidad y el esfuerzo personal.

Las motivaciones de una generación adulta para no dejar de jugar

Lejos de ser simples herramientas para el escapismo, los videojuegos clásicos de los 80 y 90 enseñaron a los jugadores lecciones de resiliencia, tolerancia a la frustración y adaptabilidad. Los títulos de esa época se caracterizaban por su dificultad: vidas limitadas, ausencia de tutoriales, puntos de guardado escasos y la obligación de repetir una y otra vez hasta alcanzar el éxito.

Los títulos clásicos de los
Los títulos clásicos de los años 80 y 90 enseñaron valores como la resiliencia, tolerancia a la frustración y adaptabilidad gracias a su dificultad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta dinámica de ensayo y error, conocida como el “ciclo de fracaso y mejora”, fue central en la formación de habilidades cognitivas y emocionales.

Jesper Juul, diseñador de juegos danés, conceptualizó el “paradigma del fracaso” como el motor real detrás del atractivo de los videojuegos. Aunque la derrota genera malestar, los jugadores la buscan porque representa una oportunidad de aprendizaje y superación personal.

Así, el fracaso en un videojuego revela una carencia en la estrategia o habilidad del jugador, quien se siente motivado a intentarlo de nuevo hasta perfeccionar su desempeño.

Esta dinámica es fundamental: los juegos no solo permiten experimentar el fracaso en un entorno seguro, sino que enseñan que es posible levantarse, corregir errores y mejorar con cada intento. El ciclo se repite: enfrentar un reto, fallar, analizar la causa y probar otra estrategia.

Lo importante no es que los jugadores aprendan habilidades aplicables directamente fuera del juego, sino que interioricen la idea de que la mejora es posible y que el esfuerzo trae recompensas.

Juegos de acción y plataformas
Juegos de acción y plataformas multijugador ayudan a mejorar tiempos de reacción, potenciar la creatividad y fomentar la colaboración en línea. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Beneficios cognitivos y sociales del videojuego bien entendido

A pesar de las diferencias entre épocas, está comprobado que los videojuegos pueden aportar beneficios tangibles. Los juegos de acción modernos mejoran los tiempos de reacción hasta en un 25%, mientras que plataformas multijugador fomentan la comunicación, el trabajo en equipo y la colaboración global. Juegos tipo “sandbox” como “Minecraft” estimulan la creatividad, la resolución de problemas y hasta habilidades básicas de programación.

Sin embargo, el equilibrio es esencial. Los estudios del Oxford Internet Institute han demostrado que jugar de forma saludable no implica escapismo, sino la búsqueda de satisfacción y bienestar que, a veces, la vida cotidiana no ofrece.

Solo aquellos que se refugian en el juego por necesidad insana muestran un bienestar reducido. Para los demás, el videojuego es una válvula de presión que ayuda a sobrellevar frustraciones y a mantener la motivación, sin convertirlos en una “generación de cristal”.

El verdadero aprendizaje de los videojuegos no radica en los éxitos fáciles, sino en la capacidad de experimentar el fracaso, analizarlo y superarlo. Esta mentalidad de crecimiento puede trasladarse a la vida real, enseñando a niños y adultos que habilidades, conocimientos y capacidades están en constante desarrollo y no son inmutables.

La diferencia clave entre generaciones reside en cómo cada una ha sido expuesta al reto, la frustración y la superación dentro del universo digital. Mientras los millenials interiorizaron la importancia de la perseverancia a través del error y la repetición, la generación Z enfrenta el desafío de encontrar el equilibrio entre la creatividad, la inmediatez y la capacidad de resistir el fracaso, en un mundo que cada vez ofrece menos espacios para aprender a levantarse después de caer.