
El cable submarino de fibra óptica TAT-8 marcó un hito al ser la primera gran infraestructura de este tipo en el mundo, pero actualmente está en proceso de extracción.
En 2002, un fallo técnico irreparable y costoso dejó al TAT-8 fuera de servicio. Décadas después, tras permanecer inactivo en el fondo del océano, ha comenzado su remoción, según Wired.
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Esta operación persigue tres objetivos principales: liberar espacio en el lecho marino para nuevas infraestructuras, gestionar de forma responsable la infraestructura obsoleta y recuperar materiales valiosos para su reciclaje.
La retirada está a cargo de Subsea Environmental Services, empresa líder mundial en reciclaje de cables submarinos.

El proceso implica una logística sofisticada y una coordinación precisa. El buque Maasvliet, equipado con tecnología diésel-eléctrica, se encarga de localizar, enganchar y extraer los kilómetros de cable desde las profundidades oceánicas.
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Para la recuperación, se emplean tanto técnicas tradicionales como métodos modernos: los equipos utilizan listas de posicionamiento detalladas con coordenadas exactas para identificar cada tramo, empalme y repetidor presentes a lo largo del recorrido del TAT-8.
Cómo es la extracción del TAT-8
Para extraer el TAT-8, el equipo emplea un anzuelo plano conocido como “pez plano”, que se deja descender hasta el fondo marino siguiendo la trayectoria registrada en documentos históricos.
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Una vez que el anzuelo encuentra el cable, la tripulación realiza una maniobra llamada “carrera de corte”, navegando lentamente para enganchar el cable sin dañarlo.

Este procedimiento puede durar varias horas o incluso todo un día. Cuando el cable llega a la superficie, se corta y se enrolla manualmente antes de guardarlo en los tanques del buque.
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Los repetidores, dispositivos fundamentales para amplificar la señal óptica a lo largo del trayecto, deben ser retirados por separado, ya que cada uno supera los 400 kilos de peso.
Cuál es el impacto ambiental de esta extracción
El impacto ambiental de la extracción de cables submarinos como el TAT-8 fue analizado por el Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido.
Sus estudios indican que desmantelar cables en desuso no causa daños significativos al ecosistema marino, ya que la mayoría de los tendidos evita zonas sensibles y, en los casos en los que las cruza, esos tramos se dejan intactos.
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Las principales alteraciones derivan del uso de equipos de fijación y del movimiento de los buques, no del retiro del cable en sí.
El destino de los materiales recuperados subraya su valor industrial, incluso tras décadas bajo el mar.
Empresas especializadas como Mertech Marine procesan y reciclan estos materiales: el acero y el cobre de alta pureza se reutilizan en diversas industrias, mientras que el polietileno se transforma en pellets para fabricar productos plásticos no alimentarios.
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La fibra óptica, en cambio, tiene un valor reciclable muy bajo. Con la creciente demanda de cobre a nivel mundial, los kilómetros de cable recuperados representan un recurso estratégico.

Cuál fue el impacto histórico del cable submarino TAT-8
El TAT-8 representó un hito en la historia de las telecomunicaciones al ser el primer cable submarino de fibra óptica, inaugurado en 1988, exactamente 130 años después de la primera conexión transatlántica entre Irlanda y Terranova, en Canadá.
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Impulsado por un consorcio integrado por AT&T, France Télécom y British Telecom, entre otras operadoras, el TAT-8 permitió establecer una capacidad inédita de 40.000 circuitos telefónicos simultáneos entre Francia, Estados Unidos y Reino Unido.
Con un costo de USD 335 millones, el TAT-8 estaba compuesto por tres cables de fibra óptica —dos operativos y uno de respaldo— y fue retirado del servicio en 2002.
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Su despliegue sentó las bases para la expansión global de las redes de datos y las comunicaciones internacionales, consolidando la tecnología de fibra óptica como estándar en las infraestructuras submarinas.
Uno de los desafíos inesperados para el TAT-8 fueron los ataques de tiburones, un problema técnico que también afectó a otras redes, como señala la experiencia de Telefónica en la década de 1980.
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