Invertir en la salud del cerebro puede potenciar la economía mundial, según un informe

Un estudio internacional revela que mejorar el bienestar mental y las habilidades del cerebro podría sumar miles de millones de dólares a la economía global y aumentar la productividad de países y empresas

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La salud cerebral y el
La salud cerebral y el desarrollo de habilidades cognitivas avanzadas emergen como factores claves para la resiliencia y productividad en la era de la inteligencia artificial (Imagen Ilustrativa Infobae)

La salud cerebral se posiciona como una de las inversiones más estratégicas para el desarrollo económico en la era de la inteligencia artificial, según un informe conjunto del Instituto de Salud de McKinsey y el Foro Económico Mundial publicado en enero de 2026.

El documento indica que fortalecer el capital cerebral —concepto que reúne el bienestar del cerebro y el desarrollo de habilidades cognitivas avanzadas— puede sumar hasta USD 6,2 billones al producto interno bruto (PIB) mundial acumulado en 2050, además de aumentar la resiliencia y productividad de las sociedades en todo el mundo.

El informe sostiene que el capital cerebral emerge como un activo central para gobiernos, empresas y trabajadores que quieren adaptarse a una economía global marcada por el avance de la inteligencia humana y la artificial.

Según McKinsey, “los cerebros más fuertes fortalecen la resiliencia, la productividad y la prosperidad compartida. Es momento de invertir en consecuencia”. Para el Foro Económico Mundial, el capital cerebral “es una prioridad compartida, que requiere compromiso desde los gobiernos, empresas y sociedad civil”.

A medida que la automatización y la inteligencia artificial modifican tareas y procesos económicos, la ventaja competitiva radicará en la capacidad de combinar las fortalezas humanas y tecnológicas.

El informe señala que, si bien la tecnología progresa, “nada aún replica la capacidad del cerebro para contribuir a la sociedad”. Países y empresas que no promuevan estrategias para fortalecer el capital cerebral “podrían registrar menor crecimiento y quedar rezagados”, advierte McKinsey.

El capital cerebral se define
El capital cerebral se define como la combinación de bienestar cerebral y competencias como creatividad, pensamiento analítico, resiliencia y gestión emociona (Imagen Ilustrativa Infobae)

La salud cerebral se define como el funcionamiento óptimo del cerebro, alcanzable a través de la promoción y tratamiento de trastornos mentales, neurológicos y asociados al consumo de sustancias.

Sin embargo, el desarrollo de habilidades cerebrales —cognitivas, interpersonales, autoliderazgo y alfabetización tecnológica— es también determinante para el avance socioeconómico. Estas competencias, precisa el Foro Económico Mundial, van desde la creatividad y el pensamiento analítico hasta la resiliencia, la flexibilidad y la gestión emocional, habilidades cada vez más valoradas en los empleos del futuro.

El estudio subraya la relación entre una buena salud cerebral y la adquisición de nuevas competencias. Factores como el estrés, la calidad del sueño y la participación comunitaria afectan tanto la salud mental como las capacidades para adaptarse, lo que resalta la necesidad de intervenciones coordinadas.

El déficit de inversión en capital cerebral acarrea costos sustanciales: según el informe, las condiciones vinculadas a la salud cerebral representarán el 24% de la carga mundial de enfermedad en 2025, impulsadas por el envejecimiento poblacional y mayores factores de estrés.

McKinsey y el Foro Económico Mundial calculan que extender intervenciones eficaces de prevención y tratamiento puede evitar hasta 267 millones de años de vida ajustados por discapacidad antes de 2050 y generar hasta USD 6,2 billones en incrementos acumulados del PIB global para esa fecha.

El informe detalla que invertir de forma temprana ofrece beneficios aún mayores. “Los programas de calidad en la primera infancia presentan retornos anuales de 7% a 13% y una relación beneficio-costo de hasta 9 a 1”, según datos recabados por McKinsey, con impactos comprobados en el desarrollo y productividad futura, especialmente en países de ingresos bajos y medios.

La falta de inversión en
La falta de inversión en salud cerebral podría significar menores tasas de crecimiento y rezago para países y empresas en el nuevo contexto global (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para fortalecer el capital cerebral, el informe plantea cinco ejes de acción prioritarios:

1. Salvaguardar la salud cerebral: garantizar la promoción, prevención y el acceso a tratamientos eficaces en todas las etapas de la vida.

2. Fomentar habilidades cerebrales: adaptar los sistemas educativos y laborales para desarrollar competencias clave desde la niñez hasta la adultez avanzada.

3. Investigar el capital cerebral: impulsar una agenda interdisciplinaria que permita generar métricas y orientar estrategias basadas en evidencia.

4. Invertir en capital cerebral: movilizar recursos públicos, privados y filantrópicos con instrumentos innovadores como bonos de impacto social y modelos de financiación combinada para reducir riesgos y acelerar soluciones.

5. Movilizar en favor del capital cerebral: coordinar gobiernos, empresas, organizaciones multilaterales (como ONU, G20 y OCDE) y sociedad civil en torno a metas y métricas compartidas.

En cuanto a herramientas para la medición y la innovación, el informe destaca el Panel de control Global de Capital Cerebral desarrollado por la Asociación de Economistas Euro-Mediterráneos, que permite comparar indicadores entre más de 100 países, así como la experimentación con “cuentas satélite” que reflejen el valor del capital cerebral en los registros nacionales.

McKinsey y el Foro Económico Mundial proponen estrategias de inversión combinada que integran fondos públicos y privados, incentivos fiscales y mecanismos como créditos garantizados o reestructuración de deuda para canalizar recursos hacia la salud cerebral, especialmente en países de ingresos bajos y medios.

El texto resalta la importancia de impulsar la innovación a escala, desde tecnologías para detectar problemas de manera precoz y ampliar la cobertura en zonas rurales, hasta la formación de personal no especializado que pueda ofrecer atención básica.

El déficit de atención a
El déficit de atención a trastornos mentales y neurológicos representa el 24% de la carga mundial de enfermedad en 2025, especialmente en países de ingresos bajos y medios (Imagen Ilustrativa Infobae)

El informe advierte sobre desigualdades marcadas en el acceso a servicios en regiones de menores ingresos: más del 75 % de las personas con trastornos mentales, neurológicos o relacionados con el consumo de sustancias no recibe atención adecuada.

La implementación de intervenciones eficaces en la primera infancia y la adopción de nuevos modelos de financiamiento pueden ofrecer retornos económicos especialmente altos en estas economías. Además, “la inversión en salud cerebral y desarrollo de habilidades desde edades tempranas reduce desigualdades y fortalece la cohesión social”.

A escala global, gobiernos y empresas ya comienzan a diseñar políticas y productos con la promoción del capital cerebral como orientación estratégica.

Organismos como el G20, OCDE y la ONU han incluido el tema en sus agendas, mientras la coordinación multinivel y el establecimiento de entidades especializadas buscan convertir esta visión en acciones concretas que permitan evaluar el retorno de la inversión.

En la conclusión del informe, tanto McKinsey como el Foro Económico Mundial destacan que estimular el capital cerebral es al mismo tiempo un imperativo económico y una ruta hacia sociedades más saludables y productivas.

El desarrollo cerebral, concluyen, será clave para liberar el potencial humano y asegurar el bienestar colectivo en las próximas décadas.