Bill Gates ha dado su opinión sobre el plan que han propuesto varias empresas emergentes de apagar el sol, como una vía para luchar cambio climático.
En una entrevista con Axios, el filántropo confirmó que ha apoyado este tipo de investigaciones, que buscan manipular artificialmente la radiación solar para enfriar el planeta. Lo que para él no indica que crea que sea el mejor camino.
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En qué consiste la idea de “apagar el sol”
La tecnología que respalda este polémico plan se denomina geoingeniería solar, y en concreto, su versión más comentada es la llamada gestión de la radiación solar (SRM, por sus siglas en inglés).
La propuesta busca reducir la cantidad de energía solar que llega a la Tierra, reflejando luz hacia el espacio exterior y mitigando así el ascenso de la temperatura global. Para lograrlo, el método más estudiado contempla la inyección de partículas reflectantes, como ácido sulfúrico, en la estratósfera, replicando el efecto que provocan grandes erupciones volcánicas históricas que han oscurecido el cielo y reducido la temperatura durante meses o años.
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Esta tecnología ha dejado de pertenecer al terreno de la ciencia ficción, posicionándose como una posibilidad analizada en conferencias climáticas y laboratorios de prestigiosas universidades, desde Harvard hasta Caltech.
Los recientes avances de startups como la israelí-estadounidense Stardust Solutions, que recaudó 75 millones de dólares de fondos privados para financiar sistemas capaces de liberar partículas reflectivas desde aeronaves, han acelerado la transición de la geoingeniería desde la investigación básica hacia una posible aplicación real.
Qué piensa Bill Gates sobre esta idea de la ciencia
Bill Gates, uno de los principales financiadores de investigación en geoingeniería, abordó el dilema, diferenciando entre apoyar el desarrollo científico y respaldar la implementación a gran escala.
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Sobre la posibilidad de intervenir artificialmente el clima, Gates aclararó que “sí, he financiado intentos de entender la geoingeniería”, pero remarcó que no está promoviendo activamente su uso, sino más bien fomentando el conocimiento porque “tener información sobre esto podría ser muy valioso”.
Su enfoque está determinado por la interpretación de los llamados puntos de no retorno climático. Gates señala que solo llegaría a defender el despliegue de tecnologías para apagar el sol si el mundo atraviesa escenarios de extremo peligro, en los que el aumento de la temperatura desencadene cadenas de retroalimentación, como el derretimiento acelerado de hielos o la pérdida masiva de bosques, que hagan incontrolable el calentamiento.
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Gates sostiene que, por ahora, el despliegue masivo no es necesario gracias a la expansión de energía limpia, afirmando que “el mundo va en camino de evitar los peores impactos climáticos” si se consolidan las tendencias actuales. Sin embargo, subraya que los posibles eventos extremos e impredecibles obligan a contar con soluciones de última instancia, si “se necesitaría recurrir a algún otro tipo de intervención”.
El filántropo marcó una línea divisoria crucial: la diferencia entre avanzar en el conocimiento sobre las tecnologías y promover que sean usadas. “De ninguna manera estoy incitando al mundo en esa dirección”, enfatiza, y añade, que la investigación prudente es deseable para evaluar riesgos y evitar sorpresas si en el futuro hubiese “motivos fundados” para activar intervenciones de emergencia.
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Cuáles son los riesgos científicos de “apagar el sol”
En sus declaraciones, Gates puso el foco en dos grandes objeciones legítimas al desarrollo de la geoingeniería solar. La primera es política: confiar en la capacidad para enfriar el planeta puede debilitar el impulso para reducir el uso de combustibles fósiles, retrasando las políticas de transición energética que son la única solución sostenible de fondo. “Sería terrible si eso enlenteciera la reducción de combustibles fósiles”, advierte.

La segunda objeción pone el acento en vacíos de conocimiento: los científicos aún no comprenden completamente cómo la inyección de partículas afectaría los patrones climáticos regionales, con riesgos asociados a lluvias alteradas, sequías y posibles impactos negativos para comunidades vulnerables o sistemas agrícolas.
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Entre las preocupaciones adicionales, muchos especialistas alertan sobre las consecuencias para la gobernanza internacional, dado que no existen normas globales que regulen el despliegue de estas tecnologías.
El surgimiento de compañías privadas como Stardust Solutions exacerba la alarma sobre la posibilidad de que decisiones de alto riesgo para el planeta se tomen fuera del control público o estatal.
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